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10 cosas que debes saber del arte contemporáneo

03 Jul, 2013 Etiquetas:
Hay ideas, reflexiones y comentarios que podemos tomar en cuenta,
o no, al momento de hablar o acercarnos al arte contemporáneo. Aquí un listado.
TEXTO: ALEJANDRO GÓMEZ ESCORCIA

 

1. El arte no se ha muerto 

Desde hace 60 años se han anunciado infinidad de muertes del arte. Todas apuntan una crisis profundísima e irresoluble de lo que podemos llamar «objeto artístico». No es más que un pataleo purista de los que piensan que el arte sólo debe ser pintura y escultura. No les hagamos mucho caso. ¡El arte está vivo porque ahora más cosas pueden ser arte! (guiño-guiño). 

2. No todo es arte 

Por otro lado, también hay muchos oportunistas que se aprovechan de este momento histórico para llamar cualquier cosa arte. Nunca faltan los que abren una galería, invitan a sus amigos a exponer y ¡pfff!, ya creen que están en el codiciado mundo del arte. No chicos condechi, no insistan.

3. Hay que pensar

La escena ya es típica: alguien llega a un museo o galería, ve lo que está expuesto, se pone la mano en la barbilla y se pregunta: «¿esto es arte?». Consecutivamente se molesta y se retira sin haber hecho el mínimo esfuerzo por averiguar qué es lo que pasaba con lo que tenía en frente. Si quieren entrarle bien al arte contemporáneo, observen, analicen, lean, platiquen y vuelvan a ver. Ya no basta con ir a pasmarse, chavos. Rásquenle.

Damien Hirst, The immortal, 1997-2005. 

4. Se acabaron los genios 

Será muy común que al estar en contacto con el arte ya no vean obras geniales, únicas e intocables. Ahora pasa mucho que los artistas se dedican a seleccionar cosas, crear situaciones, hacer chistes -que no está mal-, resignificar obras pasadas, copiar/robar ideas a sus amigos -que sí está mal- y demás prácticas que definen lo que se hace hoy en día. ¿Esperaban ver Picassos toda la vida? 

5. El arte contemporáneo no sólo es arte

Por mucho tiempo, el arte se dedicó a sí mismo. Se preguntó sobre los límites de la bidimensionalidad, el color, la habilidad técnica y demás detalles. Hoy el arte, en su aspiración ontológica por convertirse en vida, ha llegado a muchos campos de la vida social, como la moda, la música, la tecnología, la ciencia, entre muchos otros. El arte está más cerca de nosotros y, con frecuencia, no lo vemos.

6. Hay mucho dinero de por medio

Hoy en día los coleccionistas compran obras de arte por millones de dólares, las instituciones museísticas adquieren piezas por cantidades estratosféricas, la iniciativa privada dona grandes presupuestos para que se realicen muchas cosas de las que vemos en el arte. Sí, todo eso genera una burbuja económica, pero nadie sabe cuándo reventará –si es que revienta-.

7. No existe la crítica

A diferencia del cine o la música, el arte contemporáneo no tiene crítica. Bueno, sí tiene, pero es poca y muy tímida. Esto se debe a que en el arte contemporáneo se han generado sistemas de legitimación –donde está la curaduría- que no contemplan a la crítica de arte como dispositivo autorizado. Así que si quieren ir a una muestra y pretenden leer más o menos de qué se trata sólo encontrarán lo que dice el statement oficial –reproducido en medios ad infinitum-. No más.

Francis Alÿs, La paradoja de la praxis. A veces hacer algo no lleva a nada, 1997. 

 

8. Los curadores no son artistas

Suele decirse que ahora ellos hacen el arte. No es así. Mal que nos pese, los artistas no han dejado de ser los motores del campo. Lo que los curadores hacen es mediar la relación de los espectadores con el arte. Digamos que son un filtro. Ellos, con suerte, nos ayudan a situar las obras históricamente, nos dicen cuál es su relevancia actual y qué temas se tocan a nivel general. Lo cierto es que hay pocos curadores que saben hacer estas valoraciones; muchos sólo usan la etiqueta de “curador” para organizar simulaciones de exposiciones o para intentar colocarse socialmente en el medio. No hay que ser expertos para distinguir a unos de otros, no se apuren.

9. Los museos seguirán existiendo

Junto con la muerte del arte, se anuncia la muerte del museo. Los museos, como pueden constatar, están ahí, con sus vigilantes malhumorados y todo. Un museo es un lugar donde los objetos están muertos y raramente cobran vida. Si hoy existen, es porque alguien tiene que hacer la memoria de lo que sucede con el arte que está vivo. No es tan difícil de entender. Imaginen esto: el arte sucede ahora, genera cosas y discursos importantes, luego se apaga y justo en el lecho de muerte de esa expresión llega el museo y la vuelve arte de culto. Más o menos así se construyen las colecciones institucionales. Y no es para nada negativo: alguien tiene que resguardar el arte que hace historia.

10. El arte contemporáneo no importa

Todo lo que se ha escrito en estos diez puntos no importa. Al final de cuentas, el arte –casi todo- no ha dejado de ser una instancia de regocijo de las clases dominantes –tanto económicas como intelectuales-. ¿No lo creen? Ya no se diga que no todos podemos comprar arte, sino tan sólo quiénes hablan de arte. Ese mito que dice que el arte no es para todos es cierto. Y el de que el arte puede cambiar al mundo, mucho menos. Pero, ¡baah!, es divertido e interesante.

 



Colaboración especial
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