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#25N: Reconocernos en las otras

28 Nov, 2016 Etiquetas: , , ,

«La violencia contra las mujeres es el abuso más generalizado de los derechos humanos y el feminicidio es su expresión extrema», dice la ONU, quien da cuenta de que las tasas más elevadas de feminicidios están en América Latina. Estas violencias nos conectan, pero también lo hace la organización de las mujeres latinoamericanas, quienes salieron a las calles en distintas ciudades de la región el #25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Aquí tres miradas sobre estas movilizaciones en la Ciudad de México y Buenos Aires, Argentina.


#25N: Nombrarles
[Lizbeth Hernández]

Las denuncias y reclamos de miles de mujeres mexicanas y centroamericanas se aglutinan en los rostros de quienes pasan por un templete instalado afuera de Palacio Nacional. Están ahí madres de víctimas de feminicidio, madres de personas desaparecidas, madres de migrantes desaparecidos en su tránsito hacia Estados Unidos, jóvenes que ya no quieren sentirse acosadas al caminar por las calles, mujeres que ya no quieren ser explotadas en sus trabajos, mujeres trans que denuncian los crímenes de odio que han ocurrido en semanas recientes, una de ellas dedica sus palabras a la madre de una de sus amigas, dice que la lucha contra la violencia machista también les incluye, también es su lucha. Las mujeres en el templete hablan de la violencia generalizada que se vive en el país, y matizan: «este contexto nacional no es ajeno al fortalecimiento y reagrupamiento de la derecha y la ultraderecha a nivel internacional evidenciados en el golpe institucional en Brasil y el triunfo de Macri en Argentina; orientado desde el machismo y el sexismo fue el triunfo de Trump en Estados Unidos, quien a ganó a pesar de su discurso xenófobo, clasista y misógino. Esta violencia sistémica es producto de un estado capitalista patriarcal y neoliberal, se fundamenta y se fortalece en la exclusión y en la precarización de la población, y particularmente en la precarización de las mujeres». Las palabras pertenecen a un manifiesto que se ha escrito para este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Han elegido leerlo tras la marcha que partió de la Victoria Alada. Son distintas mujeres las que se turnan para ponerle voz. Cada una enfatiza sus preocupaciones. ¿Qué hacen las autoridades locales y federales de México ante la violencia de género? Frente al templete están quienes marcharon, quienes cantaron e hicieron sonar ollas, sartenes, quienes gritaron consignas que se han reiterado con mayor fuerza este 2016 en México:«¡Vivas nos queremos!». Pese al contexto, el número de mujeres que marchó fue más bien reducido. La marcha de este viernes en este punto del país no alcanzó a igualar la convocatoria del #24A, 24 de abril pasado, cuando, como no había ocurrido en los últimos años, miles de mujeres salieron a plantarle cara a las violencias que padecen. Sin embargo, las mujeres que están esta noche en el zócalo de la Ciudad de México insisten en no decaer, en dar pasos juntas. Habrá más acciones, anuncian. Tras concluir la lectura del manifiesto toman la palabra representantes de distintas organizaciones. Hablan las madres centroamericanas. Habla la activista Norma Andrade, una de las mujeres que se ha convertido en referente en la lucha contra la violencia feminicida. Andrade recuerda la desaparición y asesinato de su hija Lilia Alejandra García Andrade ocurrido hace 15 años en Ciudad Juárez. La noche y el frío se acentúan. El mitin se prolonga hasta pasadas las ocho de la noche. A un costado del templete brillan unas luces azules. Iluminan una ofrenda dedicada a las mujeres asesinadas en el país. Hay prendas, flores, cruces rosas, carteles «No más acoso», «¡No me toques!», «¡Ni una asesinada más!», hay hojas con nombres: Elisa, Frida, Lucía, Gabriela, Dafne, Emma, Gaby, Diana, Esther…Liz. Al leer siento un espasmo, tengo amigas con estos nombres, sé de mujeres con esos nombres. Las y los manifestantes se empiezan a alejar. El mitin concluye. Me quedo pensando en los reclamos, en las denuncias, en aquello que muchas veces las cifras de los casos de feminicidios no pueden mostrar: los rostros, sus historias. Pienso que entre las hojas colocadas en el piso frente a Palacio Nacional también leí mi nombre.

Ni Una Menos, un pacto: «Si tocan a una, nos tocan a todas»
[Gabriela Lozano]

Buenos Aires, Argentina, 25 de noviembre de 2016. «A la iglesia católica apostólica romana / que se quiere meter en nuestra cama / le decimos que se nos da la gana de ser locas, travestis y lesbianas / aborto legal… en el hospital», «Yo sabía / yo sabía / que a los violadores los cuida la policía».

Éstas y otras consignas se escuchaban en la Avenida de Mayo, una de las calles principales de la ciudad de Buenos Aires, el 25 de noviembre [25N] en la marcha que cerró la jornada de asambleas, radios abiertas y actividades en todo el país en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres. En la capital, la cita para la movilización fue a las 17 horas en la Plaza del Congreso, emblemático sitio donde se encuentra, además del Congreso Nacional, el local de las Madres de Plaza de Mayo. Banderas de colores cooptaron los 1,9 kilómetros que la separan de la Plaza de Mayo. Las agrupaciones y partidos políticos comenzaron a encolumnarse y se distinguían por sus banderas, vestimenta y cánticos. La presencia de las banderas en las movilizaciones en Argentina es histórica, la importancia radica en que constituyen un elemento sustancial de la identidad [color, siglas] de cada colectivo, por ello en cada movilización se arma una logística específica para transportar  hasta el lugar de la concentración las innumerables cañas que sirven de asta para las banderas.

La leyenda «Ni Una Menos. Vivas nos queremos. El Estado es responsable» encabezó la marcha. Entre las mujeres que estaban en primera fila se encontraban la madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora Nora Cortiñas, Marta Rosemberg y Nina Brugo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito; las diputadas Myriam Bregman del Partido de los Trabajadores Socialistas y Soledad Sosa del Partido Obrero; la dirigente de la agrupación Pan y Rosas, Andrea D’Atri; Vilma Ripoll del Movimiento Socialista de los Trabajadores e Ileana Celotto, Secretaria General de la combativa Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires. La marcha se abrió paso entre las miradas de los curiosos turistas y locales que disfrutaban de la tarde porteña en los cafés de Avenida de Mayo.

Detrás, la seguía una especie de ciempiés que lleva a su cuesta banderines en palos de caña que parecen tocar las nubes. En Argentina, una movilización exige creatividad y reclama ruido, mucho ruido. Los tambores son un accesorio presente en las expresiones de denuncia, algunas mujeres, niñas y adultas, mueven sus caderas al ritmo. Otras realizan rituales para la madre tierra, portan flores en la cabeza y visten de morado. Otro colectivo porta pelucas fiusha. Mujeres de distintas edades se visten de rojo y cubren su rostro con antifaces para captar las miradas, en sus cuellos llevan retratos de mujeres que han desaparecido en las redes de trata. Algunos colectivos hacen performances in situ y carreras colectivas cortas entre humo de bengalas. Todo vale para hacer el hartazgo evidente.  

Durante el 2015, 235 mujeres fueron víctimas de femicidios en Argentina, un promedio de una cada 30 horas, el 70% de los agresores era cercano [pareja o familiar] y sólo el 3% ya recibió condena. Esta información, entre otros datos sobre la violencia de género en este país, se pueden consultar en el «Primer índice nacional de la violencia machista», documento que se presentó en el marco de las actividades de este día.

Para cerrar la jornada, cuando el sol empezaba a caer en la calurosa Buenos Aires, en un escenario montado frente a la Pirámide de Mayo, en la Plaza de Mayo, centro político del país, las organizaciones convocantes compartieron el micrófono para dar lectura al documento que sintetiza los principales reclamos del 25N.

1. Aborto legal, seguro y gratuito.

2. Implementación del Plan Nacional contra la violencia con presupuesto adecuado.

3. Libertad a Milagro Sala, presa política.

4. Rechazo a la justicia misógina que condiciona la vida de mujeres, niñas y niños, criminalizando a las mujeres que abortan.

5. Aplicación del protocolo Interrupción Legal del Embarazo [ILE] en todo el territorio nacional.

6. Valoración de las tareas de cuidado [se exigen guarderías en los lugares de trabajo, extensión de las licencias por maternidad y paternidad].

7. Presupuesto y funcionamiento pleno del programa nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable e implementación plena de la Educación Sexual Integral.

Con estas demandas y la convocatoria a una huelga de alcance global el próximo 8 de marzo, Día de la mujer, concluyó la jornada.  

El movimiento crece

El movimiento de mujeres se ha consolidado como un frente ante el régimen político de Mauricio Macri que lleva a cabo un ajuste a gran escala contra la clase trabajadora. Por ello es necesario subrayar que la agenda de las mujeres argentinas se ha fortalecido de manera sustancial entre el 2015 y el 2016 y se debe a la masiva convocatoria que ha logrado el movimiento Ni Una Menos y al trabajo de las organizaciones sociales y partidos políticos. Este movimiento nació a partir de la iniciativa de un grupo de periodistas, activistas y artistas que convocaron a una movilización el 3 de junio de 2015. Miles de mujeres se reunieron en todo el país para denunciar la violencia machista. Las calles se decoraron con carteles, afiches, estampas y playeras con la imagen de una niña que levanta el puño en alto, mientras en la otra mano lleva su oso de peluche [ilustración del monero argentino Liniers]. Ni Una Menos constituyó un pacto: «Si tocan a una, nos tocan a todas». Al cumplirse un año de la primer edición, se llevó a cabo una segunda movilización masiva.

Otro evento importante de la agenda de mujeres fue la XXXI edición del Encuentro Nacional de Mujeres que tuvo como sede la ciudad de Rosario. Los días 8, 9 y 10 de octubre se dieron cita más de 70 mil mujeres, para intercambiar ideas en 69 talleres ubicados en teatros, hospitales y escuelas de la ciudad. En estos espacios se habló de temas como «Mujeres y sexualidades», «Mujeres, anticoncepción y aborto», «Mujeres y salud mental», «Mujeres, trata y explotación»,  «Feminización de la pobreza», «Mujeres y migraciones», «Mujeres y Estado laico», entre muchos otros. La marcha masiva e inédita que cerró el Encuentro fue registrada por la prensa nacional e internacional.

Días después, el 19 de octubre, las trabajadoras argentinas fueron parte de la jornada histórica de paro nacional en los espacios de trabajo y se realizaron movilizaciones en diversas ciudades en protesta a la violencia de género que sigue cobrando víctimas. El femicidio de Lucía Pérez, una joven de Mar de Plata, desató la ira  de todas y ellas vistieron de negro y  pausaron sus actividades entre las 13 a las 14 horas de ese día.

La sucesión de movilizaciones y el nivel de organización política han convertido a la Argentina en un referente de la lucha feminista, de los movimientos de mujeres y contra la violencia machista, lo que implica enfrentar a los tres poderes del Estado, cómplices de las muertes por abortos y femicidios.

#25N Lizbeth Hernández

Foto: Lizbeth Hernández.

Un canto de liberación
[Xochiketzalli Rosas]

Dije que ir a esta marcha era refrendar una promesa que me había hecho a mí misma siete meses atrás cuando me sentí una sola con todas las mujeres que tomamos las calles en una acto revolucionario para que se nos respete, para que no seamos asesinadas, para simplemente sacar la voz en aquel 24A [24 de abril].

Esta marcha, la del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres era un proyecto personal y profesional. Este día, ese 25 de noviembre, las calles le pertenecían a todas aquellas que desde las cinco de la tarde, en las inmediaciones del Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, se dieron cita para pintar sus rostros, sus cuerpos y las pancartas con las que caminarían por más de dos horas, sin aminorar los pasos ni las exigencias.

«Ni una asesinada más».

«Ni un golpe más».

«Ni un insulto más».

Porque estas manifestaciones tienen la valía de la valentía y de mostrar con vehemencia lo que se puede lograr con que un grupo de personas salgan a las calles. Si al menos cambiamos la vida de una, vale la pena tomar las vialidades con carteles, con los cuerpos pintados.

Y eso quiero creer que pasó la tarde-noche del viernes, que aunque fue un contingente de mujeres reducido el que decidió manifestarse, los pasos continuos y constantes de esas cuantas fue un canto de  liberación para dejar escapar la ira causada por la injusticia; el dolor por las mujeres a las que les fue arrebatada la vida, la impotencia por no poder detener que se repita la historia, incluso ahora con otros grupos como la comunidad trans, quienes también marcharon y exigieron como el resto, como sus iguales. Porque todas fuimos espejos. Nos miramos en la madre que busca, en la hermana que llora, en la mujer que quiere abandonar a su agresor, en los nombres de las asesinadas. Y de nuevo todas fuimos una sola.

 

Este material forma parte de la cobertura colectiva del #25N que realizamos junto 
a distintos medios de Latinoamérica y España.


Redacción Kaja Negra
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