Recomendamos

¿A qué nos referimos cuando hablamos de movilidad?

29 Abr, 2014 Etiquetas: , ,

Pensar el tema de movilidad como la promoción del uso de la bicicleta se vuelve un tanto simplista, por eso, es necesario abrir el panorama y ocuparnos de todas las opciones de traslado.

TEXTO: JUAN MAYORGA

Aceptémoslo, la movilidad es una palabra de moda. Podemos discrepar sobre el nivel o el tiempo que esto ha sido así, pero definitivamente es un tema que hoy, a diferencia de hace 10 años, permea muchos y muy distintos ámbitos de la vida en ciudad. Lo vemos en discursos políticos, programas académicos, proyectos de ley y en banderas de organizaciones sociales.

El problema es que la movilidad es una de esas cosas de las que de pronto se habla demasiado —en algún momento todos se sienten autorizados para hablar— sin entender bien a bien de qué trata. Esto lleva a discusiones impertinentes, debates estériles y a decisiones que faltan a la realidad.

En 2013 fui parte del primer diplomado de Movilidad Urbana Futura en la Universidad Iberoamericana, un programa interdisciplinario y un tanto experimental que conjuntó durante casi medio año a arquitectos, urbanistas, diseñadores, empresarios y economistas, además de funcionarios de alto nivel de las secretarías de Transporte y Vialidad, Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de la Ciudad de México.

Entre lo primero que se dejó en claro fue que no adoptaríamos una definición de movilidad, porque todavía no había una lo suficientemente consensuada que valiera la pena retomar. En lugar de eso nos dedicamos analizar casos específicos de lo que no es o no debe ser la movilidad, como el uso excesivo del auto, el cierre de espacios públicos o los pocos incentivos al transporte público.

Traigo a cuento esta anécdota para ilustrar la complejidad del tema. Si un grupo de especialistas con doctorado y décadas de experiencia en sus campos no han podido alcanzar acuerdos básicos sobre la movilidad, es evidente que es un concepto difícil y que, por consecuencia, no podemos aceptar recetas de nadie (tampoco de mí).

Dicho esto, sin ningún afán determinista, me animo a señalar tres de las ideas comunes que he encontrado sobre la movilidad durante mi trabajo como periodista en lecturas, seminarios y entrevistas, además de mis andares durante casi tres décadas en la Ciudad de México, una de las propicias para analizar el tema.

En primer lugar, no podemos quedarnos en el estereotipo de la bicicleta.

El avance de la bici en distintas localidades del país ha sido positivo (aunque en muchas ocasiones aun mínimo), pero limitar la movilidad a las bicicletas equivale a afirmar durante las 24 horas del día y los 365 días del año nos desplazamos únicamente sobre dos ruedas.

La bicicleta ha sido una bonita estampa para ponerle rostro a la movilidad. No se me ocurren mejores ejemplos para ilustrar un reportaje sobre este fenómeno que el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México abarrotado un domingo cualquiera por miles de alegres ciclistas.

Sin embargo, la movilidad abarca desde los peatones —caminar no implica un medio de transporte, pero es la forma más elemental de desplazamiento— hasta sistemas complejos como trenes y aeropuertos, pasando por medios a menudo soslayados como el transporte de carga, las motocicletas y algunos alternativos y/o emergentes como el SEGWAY.

Así que, ¿por qué limitarnos a las bicicletas?, ¿acaso somos pocos los que usamos los peseros o los que caminamos a la tienda?, ¿nadie ha salido en patines a dar una vuelta a la calle?

Segundo: Seriedad, por favor.

Parte del estereotipo de ver la movilidad como “bicicletitas” implica simplismos sociales aberrantes, desde el hippie que se piensa moralmente superior por andar en bici hasta el político que cree que con improvisar una ciclovía ya cumplió con su cuota de movilidad.

Al igual que en muchos otros ámbitos, las decisiones que resuelven problemas en movilidad (vengan de funcionarios públicos, activistas o empresarios) ocurren cuando se deja de caricaturizar el tema. Aún persisten asociaciones con la movilidad que tienen que ver más con ocio, entretenimiento y estilo de vida que con economía, salud pública y política.

Es necesario pensar en la parte la movilidad que tiene repercusiones en el gasto doméstico de la contaminación ambiental,  el sedentarismo (y consecuentemente con los altos niveles de hipertensión y diabetes), la degradación urbana e incluso la desigualdad social.

Tampoco se trata de hablar de movilidad con grandilocuencia académica. El tema acepta toda la irreverencia que cualquier otra situación cotidiana. Solo hay que ver qué bien se la pasan los daneses, holandeses y noruegos sin dejar de ver sus ciudades con seriedad.

Tercero: La movilidad no lo es todo

Por relevante que hoy parezca, es solo un fragmento de esa gran prioridad que se llama ciudad, así que no podemos asignarle una importancia que no le corresponde. En términos médicos equivaldría a decir que en el sistema circulatorio (venas y arterias) recae toda la salud del cuerpo, sin tomar en cuenta otros como el digestivo o el nervioso.

Sin embargo, la movilidad sí puede servir como una puerta de acceso a los temas de ciudad. El hartazgo contra el camión miserable que nos tortura en nuestros trayectos de todos los días puede traducirse en la indignación mínima necesaria que nos lleve a revisar los problemas de baches en las calles, banquetas escasas o la contaminación.

Es valioso porque tenemos que revertir la desensibilización que hay sobre la miseria urbana. De alguna manera somos malvivientes en rehabilitación, así que hablar de las condiciones ínfimas en que nos desplazamos es solo un paso (uno muy fuerte e importante) para discutir otros como espacios públicos, disponibilidad de áreas verdes, accesibilidad a servicios, manejo de residuos sólidos, etcétera.

La discusión de movilidad es relevante si se habla del DF, Guadalajara o Monterrey, igual que si se trata de Oaxaca, Yucatán o Ensenada. Es un discurso común que ahora nos hermana en problemas, pero que tiene el potencial de unirnos como un factor de calidad de vida.

 

Imagen de portada: Downtwn by Marcos Guevara Rivera-Flickr-[CC BY-NC-ND 2.0] Actualizada abril 2016.


Juan Mayorga
Juan Mayorga
Periodista especializado en asuntos ambientales. Entusiasta de la movilidad urbana, agricultura sustentable y las transiciones energéticas. Crítico del desarrollo malentendido. Escribo mucho sobre México pero vivo en Berlín. En Twitter: @JuanPMayorga




Artículo Anterior

El Judío. Crónica de un gobernante absurdo en San Dionisio del Mar

Siguiente Artículo

De réferi a hijo de la chingada





También te recomendamos


Más historias

El Judío. Crónica de un gobernante absurdo en San Dionisio del Mar

Este extraño personaje recorre las calles de la localidad huave durante Semana Santa. TEXTO Y FOTOS: JUAN MAYORGA  Cada...

24 Apr, 2014