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Adiós Mujer Blanca. Te llevas nuestra agua

15 Ago, 2017 Etiquetas: , ,

¿Qué significa que el Cambio Climático nos despoje de las capas de hielo del Iztaccíhuatl? Paisajísticamente, perdemos un ícono de México. Pero las consecuencias de ello podrían alcanzar el agua que consumimos, escribe Juan Mayorga en esta entrega.

TEXTO: JUAN MAYORGA

La Iztaccíhuatl no es la  «mujer dormida», como los habitantes de la Ciudad de México solemos repetir. En náhuatl, la lengua originaria de este valle, el nombre de este volcán situado al oriente de la capital mexicana significa «mujer blanca». Esta etimología describe la vista de los primeros mexicanos hacia sus volcanes desde su ciudad lacustre: una mujer colosal recostada boca arriba y cubierta por un blanquísimo mantón de nieve.

Quienes tenemos suficiente edad hemos disfrutado de esta postal de nuestra ciudad en algún día claro, despojado de la habitual contaminación. Sin embargo, el cambio climático nos asegura que este patrimonio paisajístico será menos visible en los próximos años.

Tenemos menos de una década para dar un último vistazo al vestido glacial de la Iztaccíhuatl, pues sus hielos perpetuos se perderán hacia 2025, tal vez incluso antes de 2020, según investigadores del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México.

«Es posible que sea más acelerado, porque hemos visto cómo las condiciones atmosféricas van cambiando, de manera que la temperatura requerida para conservar los hielos va ascendiendo», estimó en entrevista para Meganoticias TVC Hugo Granados, quien además de disfrutar pasear por los picos nevados de México ha estudiado la pérdida de glaciares en estos picos.

Según Granados, existen al menos tres factores que nos despojan de los glaciares mexicanos. El primero es totalmente natural, simple consecuencia de que el planeta se encuentra en un periodo interglacial; es decir, en medio de las grandes caídas de temperatura que en otras eras han congelado buena parte de nuestra geografía.

Los otros dos factores, sin embargo, son totalmente atribuibles a la humanidad. Uno es el cambio climático, que 97% de los científicos del mundo han señalado como consecuencia de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero, y que solo algunos insensatos como Donald Trump se atreven a cuestionar.

El otro factor es más asequible. Lo tenemos en casa: la contaminación local generada por las metrópolis que circundan al volcán, como México, Puebla o Toluca. De acuerdo con el glaciólogo Granados, el efecto de «isla de calor» generado por la quema de combustibles fósiles, la cementificación del entorno y la falta de áreas verdes, asciende por sus propiedades físicas y eleva el punto en el cual la temperatura permanece constante por debajo de los cero grados, justo el punto en el que se conservan los glaciares.

Dicho de otro modo, todas nuestras emisiones alrededor de la mujer blanca la están despojado de su vestido, no solo las que genera la industria pesada china, la deforestación en Indonesia o cualquier otra fuente del otro lado del mundo.

sus hielos perpetuos se perderán hacia 2025, tal vez incluso antes de 2020.

 

Una pérdida ontológica

La Sociedad Internacional de Glaciología, a través de un estudio publicado en 2015, sostiene que los glaciares alrededor del planeta están sufriendo retrocesos y pérdidas. Una validación científica más de ese fenómeno que vemos con alarma en el casquete polar ártico, el glaciar Perito Moreno, el Himalaya, el Popocatépetl o cualquier otra masa de hielo emblemática para la humanidad.

En el caso de la Iztaccíhuatl, la pérdida de su glaciar no significa que no la volveremos a ver vestida de blanco. El punto es que esto sólo ocurrirá de manera temporal durante el invierno.

Desnudar a la Iztaccíhuatl hubiera ocurrido de manera natural, debido a las oscilaciones de las temperaturas geológicas, pero los humanos hemos acelerado el proceso a un grado que será perceptible de una generación a otra. Hace apenas un mes, el investigador del Instituto de Biología de la UNAM, nos contaba en un blog de la revista Nexos cómo en su último paseo por el Iztaccíhuatl, un acompañante del viaje lamentaba que su hija no vería el glacial de nuestra mujer blanca.

Para el doctor en Semiótica y profesor de lengua náhuatl, Ignacio Pérez Barragán, la pérdida de su blancura representa para la Iztaccíhuatl una pérdida ontológica: la razón misma de su nombre.

Pérez Barragán recuerda el mismo fenómeno en La Matlalcueyetl conocida también como La Malinche, un volcán colindante con su natal Tlaxcala que, al igual que el Popocatépetl, presumía hielos perennes hasta hace algunos años.

«En toda la región se están perdiendo los santuarios naturales debido a la contaminación, una catástrofe que hemos visto desde la industrialización de los años setenta», explica el académico tlaxcalteca.

Desnudar a la Iztaccíhuatl hubiera ocurrido de manera natural […], pero los humanos hemos acelerado el proceso.

 

Te llevas nuestra agua

Si la pérdida ontológica fuera la única en el deshielo del volcán, tal vez las autoridades de municipios aledaños al Iztaccíhuatl no estarían apurados tratando de aprovechar el agua que cada vez escurre menos.

En marzo pasado, en medio de una escasez de agua que obligó al gobierno a enviar agua a través de carros cisterna para abastecer a sus 35 mil habitantes, el regidor del ayuntamiento de Atlautla aseguró que el abasto por el deshielo del Iztaccíhuatl se había reducido tanto que averió las baterías del sistema de bombeo en pozos locales, ya que están diseñados para funcionar con flujos mayores de agua.

El gobierno de Amecameca anunció a fines de 2016 la construcción de un tanque de almacenamiento de 20 mil metros cúbicos de agua con el que capturarían agua del deshielo para compensar durante la época de secas el insuficiente abasto a una población de casi 50 mil habitantes.

Las obras están detenidas por conflictos partidistas, indicó un alto funcionario de Amecameca que pidió no publicar su nombre, pero la voluntad de acogerse a las aguas de la Iztaccíhuatl sigue en pie.

el abasto por el deshielo del Iztaccíhuatl se había reducido tanto que averió las baterías del sistema de bombeo en pozos locales.

 

Además de estos dos municipios, varios más como Ayapango, Ozumba, Tepetlixpa, Tlalmanalco y Ecatzingo se abastecen desde hace décadas directamente del deshielo de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, aunque muchos de ellos cuentan también con alimentación por pozos.

En sus investigaciones con su equipo de la UNAM, el glaciólogo Hugo Granados estimó que el agua proveniente del deshielo en la zona representa alrededor del 5% de la que se infiltra al acuífero, del cual se extrae el agua para consumo humano. La cifra lo llevó a concluir que el deshielo no es determinante para el abasto de agua.

Sin embargo, en varios de los municipios aledaños al Iztaccíhuatl, el agua que baja del volcán es un pilar para la irrigación de cultivos de temporal y la provisión diferentes servicios turísticos [hoteles, balnearios o spas], con lo que supone también un componente de la economía local. El efecto real se verá en los próximos años, a medida que desaparezcan los arroyos que hacían de ese rincón del Estado de México un paraíso agrícola, turístico e inmobiliario.

En marzo pasado, el encargado del abasto de agua en el Estado de México, José Manuel Camacho, celebraba que las nevadas de la temporada habían acumulado algo de nieve en las cimas de la Iztaccíhuatl y otros volcanes aledaños. El funcionario estimó que, tras el derretimiento de esa nieve temporal, la población local tendría nieve para casi un mes. Pálida razón de su entusiasmo, cuando en décadas pasadas el deshielo ha alimentado a comunidades enteras durante todo el año.

En Tlalmanalco, mientras llena una cubeta para lavar su patio, una mujer voltea a ver al volcán desde el dintel de su puerta. «Antes en esta época se veía blanca, blanca la mujer dormida, aunque el agua del deshielo corría más en la época de calor», recuerda. «Ahora ni mujer blanca ni agua».


Imagen de portada: Snow on the Mountains near Popocatépetl by Waywuwei-Flickr-[CC BY-ND 2.0].


Juan Mayorga
Juan Mayorga

Periodista especializado en asuntos ambientales. Entusiasta de la movilidad urbana, agricultura sustentable y las transiciones energéticas. Crítico del desarrollo malentendido. Ex de El Universal, CNNMéxico y colaborador de Expansión, Chilango y Animal Político. En Twitter: @JuanPMayorga





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