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Alex Joan Rivera: El artista del retrete

17 Mar, 2014 Etiquetas: , ,

En la actualidad, ¿el arte es una mierda o la mierda ahora es arte?

TEXTO: FRANCISCO BENAVIDES

Como era de esperarse, mi extravagante entrevistado llega tarde a la cita en el café que él mismo sugirió. En la pared derecha cuelgan numerosos cuadros indescifrables –algunos intencionalmente chuecos- y de la pared izquierda pende toda clase de objetos: desde un antiquísimo catalejo hasta un monociclo, pasando por los típicos luchadores con rebaba en el codo hasta una burda reproducción de la máquina de escribir de The Naked Lunch de David Cronenberg. Un mesero con corte de mango chupado y las cejas delineadas se acerca y me da la carta amaneradamente.

Alex Joan entra por la puerta del café situado en Coyoacán. La Condesa es muy fresa, dirá después el artista con su peculiar acento francés, cuando le pregunte por qué Coyoacán. Su rostro bien afeitado parece un accesorio de sus enormes lentes de pasta. Arriba de la frente, su cabeza luce un despreocupado bed hair que por alguna extraña razón se le ve diferente al del resto de las demás cabezas casualmente despeinadas que ocupan el lugar: el peinado-despeinado de Joan tiene estilo.

Allá en Quebec todo es diferente. Nos tratamos con respeto. Aquí en México entiendo que si pides una cosa te la traen al momento, o nunca la traen. Sólo es un ejemplo. Yo llego hoy tarde a la cita porque no quiero pedir taxi desde el hotel y en la calle todos van con alguien a bordo. Otros, inexplicablemente no se detienen aunque vayan sin pasajero. Aquí pasan muchas cosas que difícilmente pasarían en otros lugares, te dice esto alguien que ha viajado a sitios considerados como exóticos. Pero nada como esto. En Canadá vemos al mexicano como un ente mágico capaz de sobrevivir aun en las peores condiciones. No nos molestan. Al contrario, nos parecen cool. Un pariente muy lejano es de origen mexicano, supongo que tengo algo de eso.

Da otro sorbo a su té chai, se acomoda la bufanda y continúa:

Me interesó México desde que pregunté el origen de mi inusual apellido a mi madre, que es senegalesa, y mi padre francés. A ella le molestaba un poco que sintiera afición por la cultura maya y ningún interés por Senegal. En Saint Martins tuve un compañero de madre mexicana. Al graduarnos ya habíamos ahorrado bastante dinero como para vivir un año acá, y esa fue la primera vez que vine a México. Me cambió la vida el ver que el mexicano no es el guerrero arquetipo que encarna la fortaleza y el valor que yo imaginaba, sino un ser encorvado y cálido en su trato que esconde tras la sonrisa una profunda melancolía. Un ser doblegado pero firme como nopal rodeado de sol y aridez.

Rivera toma la taza de su chai, a punto de levantarla de inmediato la regresa a su sitio. Cruza la pierna como si no tuviera nada en medio y se queda pensativo. De repente, frente a él, Alex Joan Rivera, el artista de moda, me siento tocado, embelesado. Ya no me parece el vulgar charlatán que, he de confesar, me parecía en principio. No obstante, la pregunta sobre The Lucky Shit es obligada, la formulo con la mayor delicadeza posible.

Entiendo que la gente cuestione si es arte. Ha pasado en todas las épocas, en todas las latitudes. Aún hoy leen a Heráclito y eso no significa que lo entiendan, pero perdura porque hay verdad en sus palabras. En su momento fue cuestionado, hoy se toma sólo como un ser ajeno y lejano que dijo cosas obsoletas sobre el hombre. Ya no lo cuestionan, la gente ya no se pregunta nada. Si mi obra ha logrado hacer que la cuestionen, entonces la respuesta salta por sí misma. No espero ni quiero que me entiendan, porque creo que el arte en sí no lleva un mensaje, sino que el receptor se lo da de acuerdo a su experiencia personal. Puede decirse lo que sea de The Lucky Shit, pero no que sea un tipo de arte impuro. No imagino nada más puro que eso. Y es el presente y futuro del arte, tanto se ha abusado del término y las técnicas que la evolución del mismo tiene que llegar al extremo de definirse por la casualidad de eventos. Tal como pasó con The Lucky Shit.

Con la respiración agitada, hace una pausa y bebe de su chai. El autor de la célebre obra de un excremento en forma de trébol flotando en una taza de baño –que asegura salió de su intestino de un solo golpe y en esa forma–  parece un poco molesto. Termina su chai de un sorbo y me pregunta si ya terminé mi americano. Lleva en la mirada las ganas de alguien que no quiere estar solo, que quiere ser escuchado. Tiene en cada célula del cuerpo una necesidad voraz de hablar de todo, mientras habla de sí mismo. Me pregunta si me gusta el tequila y me invita a su cuarto de hotel a compartir una botella. No me agrada el tequila, pero una entrevista a Alex Joan Rivera ebrio de compañía mientras se aloja en nuestro país no se desprecia. Diría él mismo en la madrugada que había acudido a la entrevista con toda la intención de acabarla en borrachera.

No intento decir que el arte en la actualidad sea una mierda. Si acaso, que la mierda puede ser arte. Y tampoco podría asegurar eso. Lo que hace arte a The Lucky Shit es el instante capturado. Un fragmento de espacio-tiempo, de materia, destinado a ahogarse en la taza adopta una forma para llamar la atención sobre sí, no obstante su naturaleza. Podría decir que trata de la condición humana, o del arte mismo. Yo tomo ese evento casual y lo exhibo tratando de perpetuarlo, sabiendo que todo tiene caducidad, sobre todo si hablamos de arte o de un excremento, aunque haya pasado por un proceso de…llamémoslo disecado. La gente cada vez tiene menos memoria, y eso repercute en las artes. Todo se vuelve más repetitivo y desechable. Ante la ignorancia del pasado y la incertidumbre del futuro, el presente necesita repetirse si aspira a mantenerse en la mente del hombre actual. Estamos hechos de instantes. Y por primera vez en la historia, nos damos cuenta de ello. Ahí tienes el tatuaje, el street art, el happening. El artista ya no busca vivir para siempre a través de su obra, sabe que ésta es temporal. El tatuador ve a su obra irse caminando en cuanto la termina. Y su nombre permanece en la penumbra. Otros veremos a nuestra obra irse por el retrete.

Me deja pensando. Hace una pausa esperando mi siguiente pregunta, mas no tengo otra. No puedo preguntarle por qué la gente paga por ver trozos de mierda. Alex Joan Rivera,  a quien el tiempo olvidará pronto, hoy me convence de que hay arte en su obra. Tiene significado. Aunque quizá signifique la decadencia del arte como reflejo de lo decadentes que somos.

Imagen de portada: WCS by CSeeby-Flickr-(CC BY-NC 2.0).


Francisco Benavides
Francisco Benavides

Artista del hambre, gusta de la brevedad y no así de las semblanzas. Fin de la entrevista.





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