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Ante la violencia y la impunidad, ¿qué periodismo necesita nuestro país?

06 Ago, 2015 Etiquetas: , , ,

El brutal asesinato de cinco personas en la colonia Narvarte nos ha cimbrado. Por ello, quienes conformamos Kaja Negra le tomamos la palabra a Horizontal sobre la urgencia de discutir la crisis de la libertad de expresión en nuestro país y lanzamos estas reflexiones a modo de posicionamiento, buscando contribuir al inicio de una discusión pública, no sólo del tema, sino de otros aspectos que, consideramos, debemos, desde los medios, desde nuestra posición como periodistas, discutir, definir, replantear.

TEXTO: REDACCIÓN KAJA NEGRA / FOTOGRAFÍA: RUBÉN ESPINOSA*

Nadia Vera, activista y promotora cultural; Yesenia Quiroz, maquillista; Olivia Alejandra Negrete, trabajadora doméstica; Mile Virginia Martin, mujer colombiana; y Rubén Espinosa, fotoperiodista, fueron brutalmente asesinados el 31 de julio en la colonia Narvarte de la ciudad de México.

Los torturaron. Hubo violencia sexual contra ellas. Les dieron un tiro de gracia.

Este multihomicidio nos ha sacudido. Es un crimen paradigmático porque engloba mucho de lo que es nuestro país: violencia, omisión, indiferencia, criminalización de las víctimas (invisibilización de algunas de ellas), vicios de la prensa al reportar los hechos.

Cabe hacer una pausa. Reiterar el reclamo, aunque nos cueste confiar en que puede haber una diferencia esta vez: queremos una investigación puntual, rigurosa, transparente y con perspectiva de género para esclarecer este multihomicidio. Agotar todas y cada una de las líneas de investigación. La referente al ejercicio periodístico de Rubén Espinosa y al activismo de Nadia Vera. Que no se descarte ni minimicen los feminicidios. Que haya castigo a los autores materiales e intelectuales.

E ir más allá. No podemos quedarnos sólo con la rabia, el temor, la impotencia.

Por eso, quienes conformamos Kaja Negra le tomamos la palabra a Horizontal sobre la urgencia de discutir la crisis de la libertad de expresión en nuestro país y lanzamos estas reflexiones a modo de posicionamiento, buscando contribuir al inicio de una discusión pública, no sólo del tema, sino de otros aspectos que, consideramos, debemos, desde los medios, desde nuestra posición como periodistas, discutir, definir, replantear.

Porque tras este brutal multihomicidio no es momento de callarnos.

No podemos perder de vista la situación y problemas de nuestro país. Sirva recordar lo que ha ocurrido en el último año: Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, Tanhuato, Ostula. Recordemos que en México las desapariciones forzadas están generalizadas.  No olvidemos la violencia feminicida. La corrupción institucional. La pobreza. El crimen organizado. El sistema partidista. Señalemos que, como ha documentado la organización Artículo 19, la violencia contra la prensa en México está generalizada.  Este es el contexto en el que estamos. No nos permite ser reduccionistas.

Tenemos que referirnos al Estado.

Es en este contexto que debemos comprender que la violencia, las violencias, que ahora padecemos no son espontáneas. Tienen orígenes, motivaciones, lógicas. Intenciones.

Este multihomicidio nos confirma que los y las periodistas y defensoras y defensores de derechos humanos, al igual que cualquier persona, somos vulnerables. Nos muestra que la violencia en la ciudad de México, sí, aquella de la que las autoridades capitalinas no quieren hablar, se empeña en mostrarse. Hace tiempo que la burbuja se tronó. Nos recuerda que, además, la violencia de género, la violencia feminicida, sigue siendo un problema que invisibilizamos ¿Por qué tardamos tanto en nombrar a las otras víctimas? El atentado contra la libertad de expresión que representa el asesinato de Rubén es tan grave como la violencia feminicida ejercida contra Nadia, Yesenia, Alejandra y Mile Virginia. Ya, por sí mismo, este crimen da cuenta del horror que vivimos en este país.

El país en el que queremos ejercer nuestro periodismo.

Ahora, tras otro asesinato de un periodista, ¿qué sigue? No ha transcurrido ni una semana del multihomicidio en la Narvarte y ya hay nuevos casos de crímenes contra colegas. ¿Se investigarán a fondo? ¿Podremos ver que se esclarezcan? ¿De qué modo podemos prevenirnos? ¿Podremos hacerlo? ¿Podremos las y los periodistas comunicarnos, mirarnos, hablar y construir un contrapeso para protegernos? ¿Si, ante denuncias de acosos, amenazas o agresiones a medios y periodistas, autoridades siguen siendo omisas, indiferentes, negligentes o cómplices, qué opciones tenemos? ¿Para qué tenemos a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) y al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas? ¿Qué están haciendo, si, como señaló Horizontal, el presupuesto asignado a iniciativas de protección ha ido creciendo en los últimos años? “¿Cómo un Estado que gasta tanto garantiza tan poco?” ¿No es tiempo de exigir rendición de cuentas y sanciones? ¿Y si no confiamos ya en estas instituciones, qué? ¿Cuáles serían las vías para que los crímenes contra la prensa no sigan acumulándose, que no sigan siendo cifras que den cuenta de la impunidad? ¿Y las organizaciones civiles que se especializan en temas de defensa de libertad de expresión y protección a periodistas, qué pueden abonar? ¿Cómo unir esfuerzos y hacerlos más efectivos?

En esta discusión, en la que sería sano que no participemos puros periodistas, no sólo importa señalar a funcionarios, como Javier Duarte o Roberto Borge, que persiguen o amenazan a periodistas. También es necesario hablar del sistema de medios en México. Ese en el que buena parte de los medios que lo conforman dependen de publicidad oficial. Y que, muchas veces debido a esto, replican sin cuestionar versiones oficiales. Ese en el que dueños de medios pocas veces respaldan a sus periodistas. Ese en el que se reproducen prácticas machistas, misóginas, clasistas, de abuso y falta de plenos derechos laborales al interior de las empresas. Ese sistema cuyos medios muchas veces re-victimizan a quienes de por sí ya fueron vulnerados. [Un botón: lo que hicieron algunos medios al reportar este multihomicidio]. Ese en el que los y las colegas freelance quedan olvidados. ¿Y qué de los medios digitales independientes? Tenemos que repensar este sistema de medios ¿Es en el que queremos estar? ¿Qué tanto este sistema de medios, más nuestros vicios y fallas particulares como periodistas, abona a que seamos vulnerables? ¿No es tiempo de reencontrarnos con la sociedad civil? Pensamos  en ello porque hemos visto la distancia que hay. Un ejemplo, en la concentración que se realizó el domingo 2 de agosto en el Ángel de la Independencia para exigir justicia para Rubén Espinosa, un hombre expresó: “claro, como ahora tocaron a uno de ustedes, ahora sí exigen, y cuando ustedes mienten, qué”. Esa expresión, casi igual, la escuchamos en 2010, cuando se realizó una marcha para protestar contra las agresiones contra la prensa. El periodismo importa. El periodismo tendría que dar elementos a la sociedad civil para informarse y tomar decisiones, acciones. Para la democracia. ¿Qué periodismo necesita nuestro país? ¿Qué medios? ¿Lo tenemos claro? ¿Estamos dispuestos a apostar por esto?

Sí, el contexto es complejo. Es fácil desanimarse. Encabronarse. Dudar. Responder desde la víscera. Dejar pasar. Callarnos hasta que otro caso, otra muerte, nos haga gritar. A repetir el ciclo. Sin embargo, empezar, mínimo, a dialogar sobre la crisis de la libertad de expresión que vivimos, de la violencia generalizada contra periodistas y medios, del contexto que vivimos en el país y qué periodismo queremos, es clave. Nos lo debemos.

Se lo debemos a los y las colegas que han sido asesinadas y asesinados por ejercer el periodismo. Se lo debemos a las personas.

 

*Un grupo de fotógrafos acordó y convocó a que las imágenes de la protesta del 2 de agosto pasado fueran firmadas por Rubén Espinosa, 
a modo de homenaje. Kaja Negra se sumó a esta acción.



Redacción Kaja Negra
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