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Aplaude, que se oiga el ‘clap’, y disfruta el ritmo del rap

14 Jul, 2013 Etiquetas: ,

Fluye como la verborrea diaria, es coloquial aunque no por ello ausente de cierta estética que encanta. O bien es rápido simulando un martilleo pesado o con una rima lánguida como el humo espeso de un buen tabaco.

TEXTO: CÉSAR PALMA

Que chingue a su pinche madre…
Este mundo me tiene encarcelado
Bien presionado, en este lado
Vicioso pa salir con un milagro
Cuidado, ¿no lo has mirado?

Confessions,The Mexakinz

El rap está caracterizado por ser uno de esos géneros que van duro y a la cabeza. Fluye como la verborrea diaria, es coloquial aunque no por ello ausente de cierta estética que encanta. O bien es rápido simulando un martilleo pesado o con una rima lánguida como el humo espeso de un buen tabaco. El rap es una voz legítima de las calles tanto como el rock urbano, pero con otro color, digamos que no tan marginal, porque no lamenta la miseria, no hace blues. Se aprovecha de ella para subrayar una declaración política, sobre todo en sus inicios en Estados Unidos (EUA) -finales de los años 70 y principios de los 80-; fue una revelación de lo urbano con lo que hubiera a mano: un micrófono, una pluma y un papel. Tenían mucho qué decir, lo duro que puede ser vivir en un barrio segregado, la droga celando la calle, las peleas con armas. Ahora parece un cliché, pero así se representó la realidad de ese momento en rimas bien ajustadas al paso del beat. ¿Y quién podría asegurar que la vida en las calles ya no es dura?

Mientras en EUA se iba consolidando el rap como un género digno de la inventiva negra, en México las cosas todavía eran inciertas para uno de los géneros más populares hoy en día entre los jóvenes. Aquí el rap llegó en una forma inesperada, más dance, pop y poca lírica controvertida. Fueron los de Caló quienes produjeron el primer álbum de rap en México (Lengua de Hoy – 1990) lo cual ha generado una discusión; si realmente podría considerarse rap o un intento con grandes ventas. Lo cierto es que fueron los primeros y únicos durante varios años. La propuesta que traían era más o menos al estilo de Mc Hameer

Pasaron algunos años para que el rap dejara de ser un género ausente en las fiestas o con conciertos aislados sobre una tarima desgastada. La conexión vía dial-up era un recurso en pocos hogares y obtener música de otro país era una tarea difícil: Por ahí se empezaron a filtrar algunas canciones de la diáspora rapera en español, o porque algún primo venido del gabacho se traía unas cintas de Biggie o Tha Mexakinz. El poco material discográfico resultaba curioso, un sonido novedoso. Algunas canciones hacían mover el pie y asentir con la cabeza repetidamente, pero después de un tiempo era tedioso, porque era ininteligible el inglés con todo ese slang, toda una diarrea verbal, no obstante, había algo valioso. Ese sonido tenía una plasticidad increíble, electrónica, pero podía apoyarse en percusiones, trompetas, teclados, tornamesas, lo que sea. El rap tiene una cualidad universal: la calle, ninguna en particular. 

Luego vino el boom del rap en español, surgieron las primeras estrellas, la más brillante fue Cypress Hill con toda la onda y el olor a cannabis. Ellos lograron disparar la creatividad de aquellos que todavía no se lanzaban a rapear en español, al menos no con esa honestidad, narrar historias de la vida cotidiana en un barrio de cholos. Cypress logró dar ese empujón que necesitaba el rap mexicano para tener su propia identidad, al menos una temporal; eran las experiencias de alguien con una misma genética, una cultura particular, ya no era el rap hecho por negros neoyorquinos, sino sangre cubana y mexicana. 

Control Machete fue la primera agrupación mexicana -regiomontana- que logró adoptar el rap sin imitar, diferente a inspirarse, sobre lo que se hacía en el norte. Si bien la narrativa es similar a otros álbumes, como pasear en auto, vivir la vida con cerveza en mano, etc., la peculiaridad reside en utilizar jerga completamente nativa, español perfectamente fluido en cada canción; además, las vivencias relatadas resaltan por su nitidez y verosimilitud con cualquier experiencia cotidiana de un barrio medio-bajo. Apoyados en el antecedente de Cypress Hill, pero lograron una síntesis exquisita de los barrios mexicanos. Sabían que era falso hablar de una clica, de lo chicano, o utilizar el spanglish, porque todo sería ficción mal hecha, mejor impulsaron letras sin destilar

Venimos tronando el patrón,

De barrio en barrio el Rey Nuevo León

que ha sido nominado el más matón,

no me digas cabrito porque soy un cabrón.

 

Guadalupano,

hermano y no lo sientas extraño,

conciencia reclamo, sin llanto, sin daño,

y no lo sientas malsano porque soy Mexicano,

levanto la mano,

invoco al paisano.

* * *

La receta fue simple, un disco exaltando lo mexicano. Usaron todos los recursos a su mano para crear un disco amalgamado con “Dios Nunca Muere” de Macedonio Alcalá, “El Chubasco” de Manuel Esperón. Eso lo hizo un clásico del rap. Y es que, cuándo no nos hemos resistido al nacionalismo, está en todos los géneros, al diablo con el mundo cosmopolita, somos la mayoría de las veces escuchas locales, sobretodo, pensando que en los noventa Internet era un medio poco accesible. Control Machete logró encaminar los esfuerzos para hacer rap mexicano, obviamente, algunas agrupaciones buscaban expresarse en otras formas, abordar temas sociales, referirse al amor y otras cosas amargas. La producción comenzó a crecer exponencialmente con el inicio del milenio. Una ola de rap inundó la urbe, a veces como diversión, en otras como industria, lo cierto es que miles de jóvenes se han adherido a esta actividad y realmente han plasmado lo que ven cada día en su vecindario. 

Imagen de portada: Raw Lit by Chris Humphrey-Flickr-(CC BY-NC 2.0).


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com



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