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Cómo atrapar a un criminal, reflexiones a partir de Mindhunter

09 May, 2018 Etiquetas: , ,

Tras la lectura de Mindhunter —sí el libro que Netflix convirtió en serie—, el autor de este texto reflexiona sobre la ciencia detrás de la criminalística, detrás de la justicia y de los modelos para atrapar criminales que Estados Unidos impulsó a través del FBI y se pregunta qué pasaría si México perfeccionara su sistema de justicia y pusiera más énfasis en la ciencia.

TEXTO: CÉSAR PALMA

¿Cómo se captura un criminal en México? Es una pregunta que la mayoría de los habitantes del país deberíamos hacernos y hacerle a las autoridades. Es esencial en el contexto de violencia que vivimos.

Pero la pregunta es todavía más apremiante cuando se trata de personas que le arrebatan la vida a otros, ¿cómo se atrapa a quien asesina por un celular; a los que matan a una persona secuestrada; a quienes

ponen una bala en la frente y después tiran el cadáver a una fosa; a un feminicida; a tantos otros homicidas; incluso a quienes hacen justicia por propia mano?

Estoy seguro que la respuesta unánime es: más y mejores policías, ministerios públicos, cárceles, jueces, alcaldes, armas, tecnologías… Sí, pero no es suficiente, porque esencialmente los crímenes más horrendos y violentos sólo se pueden «resolver en un nivel moral», dice John Douglas, autor del libro Mindhunter. Al interior de la unidad de élite de crimen serial del FBI.

Es decir, si queremos una solución a largo plazo y desde la raíz, «debemos dejar de aceptar y tolerar [los crímenes] entre nuestras familias, amigos y asociados». Así de general y simple es la recomendación que hace Douglas.

La petición del autor es muy peculiar, y hasta parecería absurda e ingenua, sino es porque es hecha hacia el final del libro. E incluso, para un lector mexicano como yo, nos puede crear la sensación de «¿en serio me estás diciendo eso?». Estadounidense creído.

Sin embargo, la «solución» cobra un sentido poderosísimo al cierre de la obra. Pues antes Douglas ya expuso cómo se atrapan estos criminales que asesinan sistemáticamente, en serie, en los Estados Unidos. Y, pese a todos sus esfuerzos y recursos, saben que no se puede hacer mucho frente a la maldad de las personas. Es ahí que uno se da cuenta que los recursos materiales son poco frente a un problema como la violencia. La moral juega un papel importante.

«Debemos dejar de aceptar y tolerar [los crímenes] entre nuestras familias, amigos y asociados». Así de general y simple es la recomendación que hace Douglas.

Douglas relata —en una entendible alabanza al Buró Federal de Investigaciones [FBI por sus siglas en inglés]— cómo fue la construcción de la Unidad de apoyo de investigación y ciencia del comportamiento del FBI, la cual se especializa en la elaboración de perfiles psicológicos de los asesinos seriales. El autor nos deja ver con mucho detalle cómo esta técnica de investigación cambió para siempre la ciencia forense y, por supuesto, nuestro entendimiento [o el de los estadounidenses] sobre la mente de un asesino.

Poco aportaría a esta reseña decir que la obra inspiró la producción de la serie Mindhunter de Netflix, la cual hizo aún más famoso el libro, pero siento que me desviaría de mi cometido, el que me hizo plantearme la pregunta del principio y sobre la que el libro arroja mucha luz.

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No se pueden negar las aportaciones de los estadounidenses a la ciencia. Esa nación prácticamente ha destacado en todos los campos científicos; sin embargo, sí resulta extraño —si se toma en cuenta que es uno de los países desarrollados más violentos— saber que sólo hasta los años setenta y ochenta se esmeraron en comprender qué hay en la mente de un criminal, al menos científicamente.

La falta de este interés científico y del desarrollo de una política pública, Douglas la atribuye a la filosofía puritana que prevaleció en el sistema de justicia durante décadas: los asesinos son frutos podridos, es gente mala y punto. Nadie se detenía a pensar en los motivos y a nadie le interesaba. ¿Le interesa a la población y al sistema de justicia saber por qué un hombre violó, por qué decapitó? ¿En México nos interesa saber las motivaciones de un sicario, de un feminicida?

En todo caso, creo que en México domina más un enfoque político y sociológico. Se explican los asesinatos a causa de un malestar social: pobre economía, pocas oportunidades de trabajo, abuso y abandono de las autoridades. Todo tipo de entornos precarios, fundamentalmente materiales. ¿Pero qué hay en su psique, por qué ese comportamiento y no otro? ¿Cómo podemos saber quiénes asesinan motivados por esas condiciones sociales y quiénes por otros factores, como el odio, la excitación, el poder? ¿Por qué mata una persona desempleada y otro que vive en las Lomas de Chapultepec?

Si seguimos caminando bajo esa perspectiva, existe el riesgo [y sucede] de que muchas investigaciones estén sesgadas por juicios de orden social, que suelen ser genéricos, con poco soporte en evidencia y una salida fácil para terminar con el caso. Como claro ejemplo tenemos a los crímenes de odio contra las comunidades homosexuales y otras, que cuando se denuncia un crimen «[…] donde la víctima es un homosexual o una lesbiana, de inmediato se procede a calificarlo como crimen pasional, desechando por esta vía todo vínculo con lo que pudiera considerarse un crimen de odio, haciendo de la víctima el responsable de lo sucedido», apunta el periodista Carlos Bonfil en este texto.

En este sentido, la ciencia forense [y los perfiles] permiten darle otra dimensión a los crímenes. Se logran tipificaciones más precisas y por supuesto se logra un mejor entendimiento de los criminales. La ciencia también es una manera de disminuir la impunidad, ya que toda acusación o sentencia deberá estar muy bien sustentada en evidencias. Aunque en el caso de Mind hunter, Douglas señala que las pruebas materiales no son suficientes para atrapar a un asesino, siempre se requiere de su valoración con ayuda de un perfil elaborado.

Douglas comenta en el libro que conocer las motivaciones no sólo facilitan capturar a un criminal, pues en los detalles es posible leer la desesperación, el miedo, la ira y todo lo que podría estar experimentando un asesino en ese momento.

Otra de las ventajas que resalta el ex agente del FBI, es que la ciencia y los perfiles son conocimientos útiles para el policía de calle, a los investigadores y a otros funcionarios. Algo que me pareció excelente, sobre todo por la perspectiva sociológica que ya mencioné. Se habla de necropolítica, del negocio de la muerte administrado por el neoliberalismo, de la muerte que acumula el capital, etcétera. Todos son enfoques válidos, pero cuál de ellos sirve para detener a un criminal, para detectar patrones, para entrenar a los Ministerios Públicos, a científicos, a criminalistas. Hoy en día muchos meten todo a la bolsa del crimen organizado, todo asesinato lo explican por vínculos con capos de la droga o «ajustes de cuentas».

Esas perspectivas hablan en torno a un sistema, a prácticas de una sociedad. Pero, al final, todo se resume a individuos con una forma de pensar y sentir distinta. Los perfiles psicológicos parecen una herramienta poderosa y han dado resultados considerables, de acuerdo al libro. ¿En México los utilizamos?

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En general, un asesinato causa tres sensaciones: tristeza, impotencia y miedo mezclado. Nos queremos alejar del hecho, nos parece lamentable, pero también insoportable. No queremos escuchar charlas de violencia en la mesa con la familia o durante una fiesta con los amigos.

Y por otra parte, el morbo nos seduce y comienzan a interesarnos los detalles. En esta categoría encontramos al público que consume la nota roja, los blogs de narcotráfico y contenido similar. Incluso la muerte nos parece atractiva como entretenimiento. ¡Cómo es que llegué a este libro!

Pero raramente nos preguntamos más allá de los detalles, no por placer, sino para saber qué significan. Deducir algo de esos datos. Está bien, no somos especialistas. Pero, ¿qué significa que un asesino arroje a un río a la víctima o que la deje botada en un paraje desolado? ¿Por qué un extraño mata a otro extraño y otros crímenes se llevan a cabo entre familiares? ¿Cómo deducir la inteligencia del sospechoso a partir del uso que hizo de una piedra o de un cuchillo?

No obstante, casi nadie se pregunta aquello. Otras personas más [y me incluyo] sólo exigimos que se lleve a los culpables a la justicia. Sin embargo, ello no terminaría por eliminar la violencia en el país. Y todavía más importante, eso no garantiza que los asesinos dejen de ejecutar estos graves delitos, pese a la creencia que los castigos disminuyen los incentivos para el crimen. Aunque, no quiero decir que ejercer justicia no es importante.

Douglas comenta en el libro que conocer las motivaciones no sólo facilitan capturar a un criminal, pues en los detalles es posible leer la desesperación, el miedo, la ira y todo lo que podría estar experimentando un asesino en ese momento. Esta información incluye lo que sintió la víctima: sorpresa, miedo o si fue indoloro.

Esto va bosquejando un panorama más amplio sobre el sospechoso. Los detalles hablan del carácter de la persona, de sus manías, gustos y fobias. Luego viene la predicción, se sabe qué hará y de qué forma, más o menos, llevará a cabo las siguientes acciones.

Los investigadores del libro, a partir de esos datos, construyen toda una estrategia. Van llenando los huecos de información que siempre genera un asesinato. Las deducciones son tan sofisticadas que pueden saber qué tipo de vehículo usa el sospechoso, cómo es de ordenado el lugar donde vive, qué tipo de actividades realiza y cómo se relaciona con las personas de su entorno.

Así la predicción de cómo, cuándo y dónde asesinará es más precisa. La justicia toma acciones.

¿Esto sucede en México? Quisiera pensar que sí, pero todo indica que no. Pues hasta hace pocos años, particularmente antes de 2008, nuestro sistema de justicia penal carecía de propiedades para capturar criminales con base en la ciencia o los perfiles psicológicos específicamente. Era un sistema penal donde predominaba la acusación y sentencia sin un análisis riguroso de evidencia; de hecho, las declaración [o sea los dichos] toman un lugar más importante que cualquier otro elemento. Es decir, bastaba con que alguien dijera que te «vio» cometiendo un ilícito para que el proceso continuara de oficio. ¿Perfiles, pesquisas, atrapar delincuentes con ciencia? ¡Qué va!

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Cuando terminé de leer Mindhunter no sentí otra cosa más que decepción. Vi a mi país tan en pañales, lejos de una justicia real. Tantas carencias de ciencia en la investigación de delitos. No dudo que haya intentos valientes desde las instituciones para mejorar la búsqueda de los criminales, como este, pero los datos duros muestran la verdadera magnitud del problema.

No contamos ni con lo más básico que ya han denunciado diversas organizaciones: un padrón de confiable sobre víctimas muy bien clasificado y organizado. Tampoco contamos con el mínimo de policías requerido por cada mil habitantes. Actualmente contamos con menos de 1.8 policías por cada mil habitantes, cuando el estándar es de 2.8; tendríamos que contratar 115 mil para compensar estos números. Y eso hablamos de policías en general. Si llevamos la conversación a personal especializado forense y de criminalística los números tampoco son buenos: la PGR cuenta con 267 peritos especializados para todo el país [2014] y se tiene registro [2011] de 2 mil 600 médicos que realizan labores forenses. Probablemente eso explica por qué se considera al Servicio Médico Forense tan solo como un depósito de cadáveres, donde se albergan cuerpos por meses e incluso años.

¿Cómo vamos a avanzar así?

Son muchos frentes los que se deberán trabajar. Y uno que me llamó especialmente la atención en el libro fue el papel de los medios de comunicación. La justicia no sólo es responsabilidad de las instituciones de gobierno, sino es un proceso que involucra a toda la sociedad.

Cómo podríamos, los ciudadanos y gente de los medios, trabajar de la mano con autoridades para disminuir la violencia o promover la justicia.

En el libro, Douglas recalca cómo el FBI ha trabajado con reporteros, editores y directivos de los medios para diseñar estrategias que ayuden a capturar a los criminales. Pese a lo que significa esto en términos de libertad de expresión e influencia del gobierno en un medio, los resultados eran más que buenos. Los medios ayudaban a publicar información que hacía reaccionar al criminal, lo cual aprovechaba el FBI.

En México es más complejo el asunto. Pero, cómo podríamos, los ciudadanos y gente de los medios, trabajar de la mano con autoridades para disminuir la violencia o promover la justicia. Propuestas ya hay, desde respetar a las víctimas y realizar un reporteo riguroso hasta cuidar el lenguaje y otras prácticas. Sólo hace falta trabajar en serio.

Sin embargo, creo que el primer paso, esencialmente, sí puede ser uno moral [y dejo constancia que esto no es propaganda política]. Sí, en el sentido que plantea Douglas: no tolerar. No tolerar que no se investigue, no tolerar que una persona tome la vida de otra. No tolerar en general la violencia. Esto creará una atmósfera más armónica entre las víctimas y los demás ciudadanos que no han sido dañados [aparentemente]. Además considero que esto disminuirá la atmósfera de miedo que impera actualmente.

Creo que el planteamiento moral de Douglas es útil, pero limitado en nuestro contexto. La realidad es que si buscamos alcanzar la paz debemos impulsar la ciencia a otro nivel. Requerimos de una justicia versada en el conocimiento más actual. Sólo podemos reparar los daños entendiendo y prediciendo los crímenes. No podemos vivir a merced de delincuentes y ni podemos tolerar una justicia ciega. La justicia debe ver a la cara a sus víctimas.

 

Imagen de portada: Anatomy of a Crime Scene by Peter Jackson. Flickr-[CC BY 2.0]


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com



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