Recomendamos

Carol, el amor que escapa por los ojos

15 Feb, 2016 Etiquetas: , ,
La novela escrita por Patricia Highsmith que ha sido adaptada al
cine por Todd Haynes con el mismo nombre, es el pretexto para
hablar sobre el amor entre dos mujeres en el cine y la literatura.
TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ

El amor entre dos personas puede iniciar de esta manera: ojos que se encuentran en el mismo instante. Que se atrapan aún sin saberlo. Cuerpos que vibran casi hasta el desmayo, rostros que arden. Así empezó esta historia, la de Therese Belivet y Carol Airb. Así la concibió la escritora Patricia Highsmith en 1948, cuando vivió una escena similar en un almacén en el que trabajaba porque estaba escasa de dinero. «Una mañana, en aquel caos de ruido y compras apareció una mujer rubia con un abrigo de piel. Se acercó al mostrador de muñecas con una mirada de incertidumbre […] Era una transacción rutinaria, la mujer pagó y se marchó. Pero yo me sentí exaltada, como si hubiera tenido una visión», contó Highsmith en 1989 en el prólogo del libro.

Highsmith terminó de escribir la historia en 1951. Logró publicarla en 1952, pero la firmó con el seudónimo «Claire Morgan» porque no quería que se le etiquetara como «una escritora de libros de lesbianismo». Su libro obtuvo algunas buenas críticas, pero fue en 1953, cuando se editó la edición de bolsillo, que The Price of Salt [El precio de la sal, primer título con que apareció Carol] empezó a cobrar la dimensión que, décadas después, la llevaría a ser adaptada al cine por Todd Haynes.

___

Supe de la novela de Highsmith cuando era adolescente. Había escuchado a una compañera de la escuela hablar de ella. Era una referencia vaga que me quedó grabada y que cobró sentido un poco después, cuando empecé a buscar con insistencia referencias de historias de amor entre mujeres. Como cualquier persona que reconstruye su identidad sexual, quería comprender un poco más lo que me pasaba. Lo que sentía.

La historia es la siguiente: Therese, una joven que trabaja en una tienda departamental conoce a una mujer elegante, atractiva, mayor que ella, Carol. Se flechan. Van relacionándose. La joven tiene un novio. La mujer está en proceso de divorcio y disputa la custodia de su hija. Esta situación de confrontación lleva a Carol a poner distancia entre ella y la que era su familia e invita a Therese a ir con ella a un viaje por carretera. El recorrido marca el ritmo de su relación, de su amor, de las complicaciones que tienen que enfrentar, de sus decisiones. ¿Por qué tendría que ser un problema que dos personas que se desean y quieren estar juntas lo estén?

Tiempo después empecé a pensar y a leer sobre el contexto en que estaba situada la historia: inicios de los años 50 en Estados Unidos, cuando dominaban políticas conservadoras y de represión impulsadas por el senador Joseph McCarthy. La homosexualidad era considerada no sólo como una conducta clandestina sino como una «enfermedad mental curable» [fue hasta 1990 que la OMS la retiró de manera definitiva de la lista de trastornos mentales] y los movimientos por los derechos de las minorías sexuales eran incipientes. El punto de inflexión para el movimiento LGBT se daría en junio de 1969 con las protestas de Stonewall. Y vale recordar que las lesbianas, además, tuvieron que luchar contra la invisibilidad. Fue hasta los años 70 y 80 que se empezó a discutir más el carácter político del lesbianismo, una de las voces más destacadas fue la de la activista Adrienne Rich, quien escribió el artículo «Compulsory heterosexuality and lesbian existence».

Highsmith terminó de escribir la historia en 1951. Logró publicarla en 1952, pero la firmó con el seudónimo «Claire Morgan» porque no quería que se le etiquetara como «una escritora de libros de lesbianismo».

Lo anterior le da otra dimensión a lo que dice la misma Highsmith en el prólogo de Carol: «El atractivo de The Price of Salt era que tenía un final feliz para sus dos personajes principales, o al menos que al final las dos intentaban compartir un futuro juntas. Antes de este libro, en las novelas estadounidenses, los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad [al menos así lo afirmaban], o cayendo en una depresión infernal.»

Sí, Highsmith escribió una historia que marcó una pauta. Que dos mujeres se amen o se deseen no es un crimen que amerite un castigo. Eso, debo decirlo, también me emocionó cuando leí por primera vez la novela. Pero, ¿quién es Patricia Highsmith?

Patricia Highsmith nació en Fort Worth, Texas, en 1921. «Desde muy pequeña aprendí a vivir con un intenso odio que me hacía tener sentimientos asesinos», escribió en sus diarios. Su historia tiene datos como los siguientes: nueve días antes de su nacimiento sus padres, ambos ilustradores, se habían divorciado. Patricia sabía que su padre, Jay Bernard Plangman, había presionado a su madre, Mary Coates, para que la abortara. La relación con su madre fue siempre de amor/odio. Y la relación con Stanley Highsmith, segundo esposo de su madre y de quien tomaría el apellido, también fue tensa. Comenzó a beber siendo adolescente. También empezó a escribir muy joven. Incluso fue guionista de cómics. Llegó a sentirse culpable de su homosexualidad. Vivía sus emociones al límite. Amaba con intensidad, pero, al mismo tiempo, no era fácil convivir con ella. Para muchos incluso era una misántropa. Esto es parte de lo que se cuenta en Patricia Highsmith. El talento de Miss Highsmith, la biografía que realizó Joan Schenkar, quien investigó durante ocho años la vida de la escritora.

Highsmith es reconocida por sus novelas de suspense Extraños en un tren [que fue adaptada al cine por Alfred Hitchcock], El talento de Mr. Ripley, El cuchillo, El grito de la lechuza o Ese dulce mal. Carol fue una disrupción. Una disrupción que al mismo tiempo es una fuga, me gusta pensar. En Carol hay piezas de la vida de Highsmith: alusiones a su relación materna, a las mujeres que la enloquecieron [Margaret Talbot lo abordó en The New Yorker]. De ahí que la lectura de esta novela también resulte íntima, y permita, así me ocurrió, percibir cercanía con esas mujeres, con Therese y Carol, incluso con Highsmith. No es imposible que muchas personas puedan evocar un momento con un diálogo semejante a este:

«—Eres una chica extraña.

—¿Por qué?

—Pareces caída del cielo —dijo Carol.»

carol_cartel

___

Vi Carol, la adaptación que hizo Todd Haynes del libro de Highsmith, más de una vez. La primera no quedé sorprendida. Esto no quiere decir que no me gustara. Cate Blanchett y Rooney Mara hacen un trabajo fabuloso. La química entre ellas es evidente. La producción: fotografía, ambientación y vestuario, es de gran calidad. Pero algo me faltaba. Así que decidí verla nuevamente. A veces una tiene que lidiar con sus obsesiones.

Lo que me hacía falta era tener una pausa para observar más detenidamente esa propuesta que hacen Haynes y Phyllis Nagy, el guionista, con Carol. Los momentos cumbres de la película no son dialogados. Son como esa escena con la que arranqué este texto: ojos que se encuentran en el mismo instante. Que se atrapan aún sin saberlo. Que transmiten desesperación, miedo, enojo, amor. La película tiene ahí su punto fuerte. Si bien retrata las complicaciones que enfrentan Therese y Carol: la resistencia de Harge Aird [Kyle Chandler] a separarse de Carol, el proceso de divorcio, la lucha de Carol por estar con su hija; si bien vemos a Therese asumir que es incapaz de decidir qué quiere, incluso si se trata de qué desayunar, que trabaja en un lugar que no le apasiona [ella aspira a ser fotógrafa], que no está enamorada de su novio; si bien se muestra la diferencia de contexto socioeconómico entre ambas mujeres… la historia fluye o crece cuando ellas están juntas descubriéndose incluso entre diálogos triviales. Cuando se miran. Cuando se enamoran.

Ese relato sobre cómo se enamoran, cómo se sienten y se comparten estas dos mujeres es lo que atrapa [me atrapó] en la novela de Highsmith, en la película de Haynes. Ese proceso que hace vibrar:

«Sus brazos se cerraban alrededor de Carol y sólo tenía conciencia de Carol, de la mano de Carol que se deslizaba por sus costillas, del pelo de Carol rosándole sus pechos desnudos, y luego su cuerpo también pareció desvanecerse en ondas crecientes que saltaban más y más allá, más allá de lo que el pensamiento podía seguir.»

Ahí lo bello del cine, de la literatura: el acercamiento a las sensaciones más íntimas, a lo humano.

Por eso, pienso Carol [el libro y la película] como parte de una retrato que puede nutrirse de otras obras narrativas, cinematográficas, sobre el amor entre dos mujeres, sobre los miedos y formas de vivir sus cuerpos, deseos, peligros, ansiedades. Sí, el contexto en 2016 es distinto al de los años 50. Las preocupaciones y demandas de las personas LGBT apuntan a otros temas que no son, necesariamente, la visibilidad, aunque tampoco podemos decir que todas las batallas están ganadas. La propia Highsmith señaló algo relacionado a esto en el epílogo que escribió en 1983: «El lector de la década de 1980 quizá encuentre a Therese demasiado tímida y vergonzosa para ser creíble […] Hoy, una chica con sus ambiciones y su nivel de percepción conocería el mundo gay desde los doce años, o desde la edad a la que descubriera hacia dónde se inclinan sus deseos.»

Así, me quedo con una idea que al mismo tiempo retoma una frase de Highsmith: las novelas y películas, las historias que ahí se plasman, siempre serán algo en que las personas podemos apoyarnos, cuestionarnos, mirarnos.

Traíler oficial:


Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com




Artículo Anterior

Cardenio, por el monte deambula ido de la mente

Siguiente Artículo

Veracruz: el foco rojo que volvió a prender





También te recomendamos


Más historias

Cardenio, por el monte deambula ido de la mente

Un chiquillo de secundaria nos sumerge en los molinos de viento que le ha dejado la lectura y la historia de un loco de amor,...

09 Feb, 2016