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#NosotrasParamos: Construir lo que no existe

07 Mar, 2017 Etiquetas: , ,

Este 8 de marzo mujeres de más de 50 países del mundo realizaron una huelga [y otras acciones coordinadas] para mostrar que están unidas y listas para plantar cara a la violencia machista y a los problemas estructurales que las aquejan y padecen. ¿Cómo y por qué surge este llamado al paro? ¿Cuáles fueron sus objetivos? Para atender estas y otras preguntas preparamos esta cobertura especial que incluye una conversación con dos de las organizadoras del Paro Internacional de Mujeres [PIM], y crónicas de las protestas que se vivieron en ciudades de países como Argentina, Bolivia, España y México este Día Internacional de la Mujer.


¿Por qué #NosotrasParamos?
[Texto: Lizbeth Hernández]

Toda acción tiene un por qué. Una acción, por supuesto, es parte de una historia con un principio, un desarrollo, puntos de inflexión y un final. La que enmarca a ésta se compone de distintas voces y contextos. Carece de un final, pero sí tiene un punto climático que se perfila, tal y como apunta la historiadora mexicana Karla Motte: «como un hito en construcción, que seguramente marcará una coyuntura significativa para la historia del feminismo» y ocurrirá este 8 de marzo de 2017. Este día, miles de mujeres de más de 50 países del mundo [según la información dada a conocer este 7 de marzo] realizarán una huelga [y otras acciones coordinadas] para mostrar que están unidas y listas para plantar cara a la violencia machista y a los problemas estructurales que las aquejan y padecen, así lo han dicho en el llamamiento que da pie al Paro Internacional de Mujeres:

«Nosotras, las mujeres del mundo, estamos hartas de la violencia física, económica, verbal y/o moral dirigida contra nosotras.

No la vamos a tolerar pasivamente. Exigimos que nuestros gobiernos dejen de usar insultos misóginos y empiecen a tomar medidas reales para resolver numerosos problemas relacionados con nuestra seguridad, acceso gratuito a la atención médica, incluyendo los derechos reproductivos, el establecimiento de graves sanciones legales a criminales en casos de violación, violencia en el hogar y de todo tipo de crimen de género que sufrimos cada vez más, así como el cumplimiento de la secularización de nuestros Estados. Antes que las condiciones biológicas femeninas somos sobre todo, seres humanos y lo que es más; estamos en 2017.

Como ciudadanas conscientes, nosotras, las mujeres, sabemos que el mundo está pasando por una fase de crisis pero no aceptamos ser víctimas de ella. Exigimos gobernadores de nuestros países que sean maduros y aborden los problemas del mundo de una manera directa, pacífica y sin daño a nosotras. Nosotras, las mujeres del mundo, anunciamos que si no se toman medidas inmediatas para detener esta violencia, vamos a hacer un paro, somos solidarias y estamos unidas, en todo el mundo, para defender nuestros derechos humanos. Constituimos más de la mitad de la población del mundo y sabemos que el poder está en nuestras manos.

No se olviden de que de nuestra decisión depende la continuidad de la vida en la Tierra.» [sic].

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La historia de esta acción, de este Paro Internacional de Mujeres [PIM] inició en octubre de 2016. El primer detonante fue la huelga que hicieron las mujeres polacas el 3 de octubre «siguiendo el ejemplo de las islandesas, las primeras mujeres que convocaron a un paro nacional en 1975» para frenar un proyecto de ley que pretendía «introducir la penalización del aborto, incluso del aborto espontáneo o del realizado como consecuencia de violación». El segundo fue otro paro y movilizaciones que se realizaron en Argentina [el 19 de octubre] en protesta contra la represión que sufrieron manifestantes que participaron en la marcha del Encuentro Nacional de Mujeres en la Argentina y contra casos de feminicidio que se registraron en días previos en ese país. El tercero fue encabezado de nueva cuenta por las mujeres polacas el 24 de octubre, cuando volvieron a declararse en huelga «contra la violencia y la ignorancia por parte del estado».

Ante este contexto y luego de ver las muestras de apoyo que recibieron durante y tras el «Lunes negro» [como se le conoce al primer paro polaco] las polacas empezaron a ponerse en contacto con mujeres de Corea del Sur, Rusia y Argentina. Poco a poco se articularon para comunicarse mejor y crearon un grupo de Facebook [que después se nombró como Paro Internacional de Mujeres]. Al paso de los días se sumaron más personas de otros países como Irlanda, Israel, Italia. El grupo creció y empezó a ser un punto de encuentro en distintos idiomas en el que confluyen diferentes perspectivas sobre los problemas que enfrentan mujeres de distintos lugares del mundo, con un lema asumido: «Solidaridad es nuestra arma».

Países y ciudades en donde habrá paro de este 8 de marzo. [El mapa elaborado por el PIM]

Consulta aquí las actividades que se realizarán en México.

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El primer llamado al PIM en redes sociales lo vi días después de la #WomensMarch — la protesta de impacto mundial que encabezó un movimiento organizado y dirigido por mujeres estadounidenses, cuyo objetivo fue exigir a Donald Trump respeto y protección a los derechos de las mujeres, las minorías [culturales, raciales] y todas aquellas personas que se sientan diferentes—, ¿cómo y qué buscaba el PIM?, me pregunté y hablé con dos de sus impulsoras [una polaca y una mexicana] para saber más al respecto.

El despertar polaco

—¿Cuál es el contexto que se vive en Polonia y cómo es que detonó el paro del 8 de marzo? —es la primera pregunta que suelto a Klementyna Suchanow vía Skype.

—En Polonia desde hace poco más de un año estamos viviendo bajo un nuevo gobierno que está introduciendo ideas muy conservadoras, ultra católicas. Cuando cayó el muro de Berlín y acabó el comunismo en esta parte de Europa tuvimos 25 años de una vida liberal en todos sentidos, también en el económico, lo cual no es tan bueno. El país dijo sí a la Unión Europea y compartimos valores, pero ahora estamos experimentando cosas horribles, no solo en el campo de los derechos de las mujeres, pero sí hay que decir que el conservadurismo que está introduciendo el gobierno va enfocado a aspectos reproductivos y a los valores católicos. Los obispos están proclamando cosas horribles desde la iglesia. Es, me atrevería a decir, lo mismo que está empezando a pasar en los Estados Unidos; es lo que pasó en Hungría hace unos años. Hay una ola de conservadurismo que está impactando al mundo. Entonces, cuando se iba a introducir un proyecto de ley que criminalizaba y penalizaba los abortos, incluso los abortos naturales, nos organizamos y salimos a las calles. Este paro fue proclamado por Marta Lempart, que es también una de las organizadoras del PIM. Después pasaron muchas cosas violentas y muchos insultos de políticos de la derecha empezaron a aparecer en la prensa, comentarios sobre nuestro paro, así que volvimos a salir a la calle el 24 de octubre. Al ver el apoyo que recibimos en el mundo, de países con los cuales no estamos muy en contacto, como Corea del Sur, nos dimos cuenta que las chicas están sufriendo las mismas cosas que nosotras. El gobierno coreano también quiere introducir una ley contra los abortos. Y nos empezamos a dar cuenta de que estas cosas son universales. En el año 2015 [en Polonia] no pensábamos mucho en las cuestiones de mujeres, no nos tocaba nada excepcional, es decir, había problemas pero eran cosas por arreglar, pensábamos que todo iba en una buena dirección y de pronto nos despertamos. Yo me puse en contacto con las coreanas, luego con las rusas y argentinas, y con éstas últimas decidimos que no hay otra manera de luchar contra los machismos locales si no damos también una dimensión más global, porque padecemos las mismas cosas; en Polonia empezaron a llamarnos «feminazistas» y veo que en Argentina están haciendo lo mismo, pero ¿qué es eso? Para mí nunca existió esa palabra, en mi vida nunca la escuché y de pronto estaba por todas partes. Entonces decidimos que sería bueno armar algo común. Abrimos un grupo en Facebook y así salió la idea de que para luchar contra el machismo local también hay que entender lo que está pasando afuera, no estar encerradas por nuestras fronteras, decir: esto está pasando en todo el mundo, y nos estamos uniendo y ustedes están mal, no es que de pronto nos volvimos locas, porque eso es lo que muchos dicen.

Para luchar contra el machismo local también hay que entender lo que está pasando afuera, no estar encerradas por nuestras fronteras.

—Dentro de este proceso de organización rumbo al PIM, y al encontrar lo que nos pone en común a todas las mujeres en distintas partes del mundo, ¿qué es lo que más te ha movido? Entiendo que estás en más contacto con mujeres de latinoamérica.

—Soy madre, mi hija tiene 14 años y me hacen muy mal las noticias de allá, por ejemplo, esta noticia de Lucía [Pérez], la de su asesinato y violación en Argentina, me la tomo muy personal. Yo me acuerdo de mi juventud a principios de los 90 cuando se terminó el comunismo y entramos a un nuevo mundo, entonces yo tuve un sentimiento de que había mejores perspectivas para mí en el futuro porque se abrieron las fronteras y ahora veo a mi hija, que nació en el año en que Polonia votaba por la anexión a la Unión Europea, y veo cómo las posibilidades de una mejor vida para ella se están cerrando. No sabemos cuál es el futuro de la Unión Europea pero sabemos que la posición de Polonia dentro de la Unión está muy mal porque el gobierno está cortando las conversaciones con el parlamento europeo. Mi hija es bilingüe, polaco-inglés, ella soñaba con ir a Inglaterra pero ahora tras el Brexit se pregunta a dónde irá a estudiar, ¿a los Estados Unidos? Bueno, con lo que pasa allá, tampoco. No se sabe nada con certeza pero se sabe que hay miedo, amenazas. Nosotros estamos muy cerca de la guerra entre Rusia y Ucrania y estas cosas se sienten también en el aire. Y me da pena porque mi hija puede tener una vida peor que la que yo tuve. Y por eso hago esto, también por otras chicas y chicos de la familia.

Klementyna se asume como una mujer de naturaleza revolucionaria, es escritora y editora de libros, también es docente y a veces hace trabajos periodísticos. Tuvo una educación igualitaria, por esta razón el tema de género no era urgente para ella, pero, admite, lo que ocurre en Polonia le preocupa porque [las políticas públicas conservadoras] sí representan una amenaza. «Imagínate tener un aborto natural y que por eso después te investiguen, es una locura imaginar eso. Yo no creo tener más hijos, pero mi hija está en otra etapa de su vida, al igual que otras. Y yo no soy una persona de miedo, no suelo tener miedos en la vida pero esta vez es mucho más por mi hija que por mí misma».

—¿Cómo o qué elementos podríamos tener en cuenta para comprender la violencia machista que se vive allá, en Polonia? ¿Qué tanta voz pública tienen las mujeres en tu país?

—La situación en Polonia es muy especial, estamos determinados por la historia: durante dos siglos Polonia estuvo ocupada por Rusia, Alemania y Austria, ante esto la mujer aprendió distintas maneras de resistencia. Nosotros estamos acostumbrados a pasarla mal. Estos 25 años, luego de la caída del muro, son los únicos en los que Polonia vivió en libertad, es decir, fueron los mejores 25 años en esos dos siglos, esto es muy importante para entender la situación, y dentro de todo ese movimiento de resistencia que hubo todo este tiempo, las mujeres siempre tuvieron papeles importantes; por ejemplo, cuando se termina la Primera Guerra Mundial las polacas son las primeras en el mundo que reciben el derecho a votar. El comunismo después de la Segunda Guerra, es decir en los 50, introdujo el aborto libre y las mujeres podían trabajar. Y yo me acuerdo que en mi escuela, que puede ser un caso específico, fue una experiencia común el que no hubiera gran distinción entre chicos y chicas y ahora veo que quizá es el capitalismo el que está distinguiendo más los roles de los sexos. Entonces, en Polonia hay una tradición de mujeres muy fuertes, con muchas libertades, ganancias y ahora ver que nos están pagando con esto nos pone muy mal. Y vemos que se está despertando este ánimo de resistencia entre las mujeres polacas. Según las encuestas, las mujeres polacas son más liberales que los hombres. Los hombres son muy conservadores. Las mujeres aquí no votan por los partidos extremistas. Hay mucha resistencia hacia el conservadurismo, así que este choque produjo los paros en octubre. Y en cuanto a los cargos, no los conozco muy bien, pero una vez una chica en Londres me dijo que estudiaba las posiciones de las mujeres en instituciones públicas y comparando Inglaterra, Estados Unidos y Polonia resultó que es Polonia donde hay más mujeres en puestos políticos importantes y es algo que hace pensar, porque nosotras consideramos que aún hay mucho que hacer. Es decir, hay cosas muy avanzadas y también hay retrocesos y eso es lo que está pasando en Polonia, hay muchos retrocesos. Tenemos ganados muchos derechos y los estamos perdiendo ahora.

—A partir de la experiencia del PIM, lo que has visto, escuchado, ¿cuál es tu reflexión sobre a qué aspectos poner atención en la lucha de las mujeres?

—Primero, hay que seguir con la integración, la organización del PIM, de momento no hay intención de formalizar algo, todo se hace con las manos locales. Hay algunas decisiones que se toman en conjunto y luego se aplican localmente, siempre va a ser local, pero queremos seguir con futuras acciones, mantener la unidad. Otra cosa que estoy pensando es que un paro como éste va a tener impacto, como lo tuvo Women’s March on Washington, pero en realidad ¿qué cambiará? Es importante sentir que somos más, pero después hay que emprender otras iniciativas, yo incluso estoy pensando en hacer paros cada día 8 de cada mes. Otra idea es la de politizar más a las mujeres, decirles que vean cómo pueden entrar al juego político, porque si no entramos a los gobiernos, a la tomas de decisiones, no vamos a conseguir nada. Y otra más es la de compartir ideas, incluso las más duras o militantes, sobre cómo luchar. Yo creo que no vamos a evitar la agresión en algún momento, no es algo que queremos que pase, pero debemos prepararnos.

Al decir esto último Klementyna echa mano de su formación. Hace años escribió sobre la revolución cubana, la cual le dio herramientas para pensar los movimientos sociales y le ha sido útil cuando, al interior de la organización del PIM, hubo que llegar a acuerdos, «tuvimos algunos problemas para adoptar el color del paro. En Polonia usamos el negro porque el negro se asocia con fuerza, con resistencia, es algo que asusta, cuando estás en una guerra el negro es un color que puede asustar, pero en América Latina tienen otro concepto y tampoco podemos imponer nada, si las latinoamericanas se sienten bien con el violeta, que identifican como un color del feminismo, que usen ese. En Polonia no nos dice nada y sería raro salir de violeta, no funciona, entonces acordamos que Latinoamérica sale de violeta y nosotras de negro, lo que importa es protestar, no podemos unificar todo».

Nosotras tenemos que sobrepasar estas fronteras y construir algo que nunca fue construido en la historia.

Para concluir nuestra charla, Klementyna me comparte una reflexión sobre el PIM y el futuro: «El PIM es un movimiento internacional que está creado con base en un compromiso que tenemos que profundizar, lo peor que podemos hacer es desprendernos, lo peor sería buscar antagonismos, si no nos juntamos van a hacer con nosotras lo que quieran. Yo soy una anarquista, no veo al mundo en como países y fronteras, éstas siguen una lógica de divide y vencerás, entonces nosotras tenemos que sobrepasar estas fronteras y construir algo que nunca fue construido en la historia. Y viene el momento de decir: no vamos a regresar al pasado y si ellos se imaginan que sí, están equivocados».

Uno de los carteles oficiales del PIM. [«¿Por qué paro?», aquí pueden leer las respuestas de mujeres de los distintos países que se han sumado a esta acción.]

 

Cuando somos muchas, podemos

Sandra Muñoz es otra de las organizadoras del PIM, es mexicana. Hablamos una tarde de febrero a través de Skype. Antes de entrar de lleno al tema del Paro Internacional de Mujeres, Sandra aborda el contexto en nuestro país y el ejemplo que han sido las mujeres argentinas, acaso quienes tienen más articulada la protesta contra las violencias machistas en la región latinoamericana con el movimiento #NiUnaMenos. Sandra también rememora lo que significó el #24A, la gran movilización contra la violencia de género que se realizó en abril de 2016, para México y cómo motivó la discusión pública de este problema, y repasa la relevancia de otras marchas y fechas como el #25N [Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer].

Todo esto sirve, al mismo tiempo, de preámbulo para delinear el camino que la llevó a comprometerse con este tema. Sandra me comparte que una de sus primas fue víctima de feminicidio.

«Lo que nos ha dado fuerza en este paro es que muchas nos sentimos igual, los contextos son diferentes pero las violencias son las mismas», dice poco antes de referirse a otro aspecto, al del papel de los medios de comunicación al abordar los casos de violencia de género: «Uno de los temas del PIM es también el papel de los medios, visibilizar la forma en que cubren la violencia de género, porque luego promueven aún más misoginia, revictimizan o de plano ya no se interesan, y no están haciendo el servicio que deben, entonces uno de los temas es llamar al boicot de los medios que promueven eso, considerar que podemos crear nuestros propios medios, nuestras voces».

Sandra sabe que ya no puede cambiar lo que le ocurrió a su prima, pero ahora también se enfoca en acciones preventivas y en cómo fiscalizar lo que están o no haciendo el gobierno federal y los estatales con las alertas de género, pues, observa, «no hay voluntad política para actuar ni para rendir cuentas».

Sandra no me repite detalles del PIM que ya me explicó Klementyna, pero sí me explica que en el paro participarán colectivos, organizaciones feministas, asambleas y mujeres que no están tan activas en temas sociales y políticos, y que no han aceptado se adhieran partidos políticos.

Lo que nos ha dado fuerza en este paro es que muchas nos sentimos igual, los contextos son diferentes pero las violencias son las mismas.

—¿Tienes alguna expectativa sobre el paro? —le pregunto.

—Yo voy a estar posiblemente a cargo de redes, para mí ese día va a ser para conocer de qué forma las personas se apropian del PIM, qué dicen, ver la creatividad, las expresiones. Mi rol va a ser escuchar. Mi expectativa es ver qué tenemos en común y registrar lo histórico que es que mujeres de 40 países [cuando ocurrió esta charla éste era el número de países que se habían sumado] se coordinen. Yo creo que el proyecto va a ir para largo, queremos organizar muchas cosas hacia el futuro, este problema de machismo y misoginia tiene miles de años y no lo vamos a resolver en un día. […] Es un problema global, tal vez necesitemos soluciones globales, confiar en que nosotras podemos participar, podemos encontrar formas de que nuestra voz se escuche, y tal vez poder apoyarnos inclusive con culturas diferentes, por ahí podría ser que el PIM se vuelva una plataforma global donde sí se escuchen las voces de todas. Cuando somos muchas, podemos, cuando estamos todas viendo hacia el mismo lugar, podemos.

—¿Qué es lo más gratificante que has vivido organizando el PIM?

—Fue una experiencia que tuve tras una llamada que recibí de una salvadoreña en Canadá, yo no había hecho algo contemplándolas a ellas porque pensé que en Canadá están mejor, y me dijo que ella pondría una banderita violeta y me habló de los grupos de mujeres indígenas allá. Esta llamada da cuenta de la gran alianza que mujeres latinoamericanas estamos haciendo, y eso es importante porque vivimos una misma narrativa, por así decirlo, vivimos en la región con más feminicidios.

Sandra también es consciente de las descalificaciones que suelen hacer a acciones como ésta y en general cuando se debaten cuestionamientos en torno al feminismo: «Recibimos tantas violencias de críticos, de quienes no creen que existe la desigualdad entre mujeres y hombres y nos tachan de feminazis, pero esa miopía o esa ceguera es gravísima, más viendo el empeño que se hace desde distintos sitios para que las chicas sepan qué es la violencia, se hable de sus límites, de los mitos del amor romántico, etcétera. Hay que ir a las raíces, a las causas, a la razón de que se perpetúe la violencia», asegura.

Hacia el final de nuestra conversación, Sandra se muestra entusiasta de lo que se ha logrado con el llamado al PIM y, dice, todo lo que han pasado es parte de articular otras maneras de protesta, de ver lo que significan esas acciones en la vida cotidiana: «Por ejemplo si alguien hace el paro de una labor no remunerada parece que el día es el mismo, porque nadie se entera del gran cambio que hizo esa mujer en su casa, pero también es muy fuerte que eso no sea visible, invita a pensar tu vida personal, tu trabajo y tu tiempo, también dinámicas familiares y sociales. También por ese lado pensamos que para muchos no ver a miles de personas en las marchas es indicativo de que no pasa nada, pero hay que delinear otras acciones [más allá de las marchas], hay que cambiar el sistema a fondo. Ya no nos vamos a quedar calladas».

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Toda acción tiene un por qué. El Paro Internacional de Mujeres tiene varios. El punto climático será este 8 de marzo. La historia aún no tiene final.

Buenos Aires: El movimiento de las mujeres sigue creciendo
[Texto y fotos: Gabriela Lozano Rubello]

El asfalto de la ciudad de Buenos Aires ha sido testigo esta semana de multitudinarias marchas de la clase trabajadora en su conjunto y especialmente de las mujeres trabajadoras, quienes se encargaron de hacer del Día Internacional de las Mujeres un encuentro histórico.

Este miércoles 8 de marzo, miles de mujeres realizaron un paro de labores y una marcha para hacer evidente que la transformación social es una necesidad urgente. Trabajadoras estatales, obreras, docentes, estudiantes, militantes, artistas, profesionistas, niñas —la lista es infinita— recorrieron a partir de las 17 horas, los poco menos de dos kilómetros que separan la Plaza del Congreso y la Plaza de Mayo con pancartas, banderas y tambores. A su paso, exigieron el fin de la violencia machista, de la inequidad económica y rechazaron todas las formas de subordinación del género femenino frente al masculino. Las consignas se entonaron y gracias a los altavoces llegaron hasta los balcones y azoteas de los histórico edificios de Avenida de Mayo. Las columnas de los diversos colectivos, gremios y organizaciones sociales, marcharon con el objetivo de conquistar el espacio. Para Laura Carboni, secretaria de Géneros y Diversidad Sexual de la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires, esta es «una gran jornada de lucha» Testimonio Carboni. Pero en Argentina todas las marchas son también una fiesta, una celebración de la vida, por ello las mujeres apelaron a pelucas, sombreros y antifaces, así como maquillaje y lentejuelas para rendirle a su condición de mujeres en lucha, combatientes, demandantes. Esta algarabía, que por momentos daba la ilusión de un carnaval, fue un trabajo colectivo cuya finalidad era mostrar, dotar de color, el significado de ser mujer en una cultura patriarcal en pleno siglo XXI.

Una pancarta recordaba: «Los violadores son anteriores a las minifaldas». Un poco más adelante se escuchó: «Señor, señora, no sea indiferente, se matan a travestis en la cara de la gente», desde el colectivo de la Asociación de Travestis, Transgéneros y Transexuales de la Argentina [ATTA]. «Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer. Arriba la rebeldía que no para de crecer», fue una de las consignas más populares.

En la tribuna colocada en la Plaza de Mayo, para concluir el acto, la periodista y activista Liliana Daunes dio lectura a un documento que fue discutido a lo largo de cinco asambleas por alrededor de 300 mujeres de distintas organizaciones. En un país convulso por la inflación, la ola de despedidos y la precarización de la vida de las trabajadoras, este momento capturó la atención entre las mujeres de distintas edades, clases sociales y orígenes. En las banquetas y jardines, las sombrillas rojas de las trabajadoras sexuales, la bandera wiphala [de los pueblos originarios andinos] y las pancartas artesanales, enmarcaron la lectura de lo siguiente:

Paramos porque somos parte de una historia colectiva e internacional. Estamos acá porque cuando las mujeres del mundo nos organizamos la tierra tiembla.

Exigimos que el trabajo doméstico y reproductivo que realizamos las mujeres de forma gratuita sea reconocido en su aporte como valor económico.

Paramos porque exigimos aborto legal, seguro y gratuito.

Para defender nuestras disidencias sexuales y de género.

Paramos para decir Basta de femicidios. Para denunciar que el Estado es responsable. En nuestro país es asesinada una mujer cada 18 horas.

Paramos porque exigimos un Estado laico. Somos un movimiento anticlerical y exigimos el cese de subsidios a la Iglesia Católica y la educación religiosa. Repudiamos la intervención de la Iglesia Católica y de todas las iglesias evangelistas sobre nuestros cuerpos.

Paramos por un movimiento internacional feminista que revolucione nuestro lugar en el mundo. Contra toda forma de explotación y opresión, llamamos a nuestras hermanas de todo el mundo a seguir luchando de manera independiente de los gobiernos. Ni una menos, vivas nos queremos

El Paro tuvo réplicas en otras ciudades argentinas como La Plata, Bahía Blanca, Córdoba, Mendoza, Neuquén y Rosario y en más de 50 países alrededor del mundo. Sin embargo, no todo fue fiesta. Una vez concluida la marcha, alrededor de Plaza de Mayo, la Policía o la «yuta» —como dicen en Argentina— tiró gases lacrimógenos y realizó detenciones ilegales a 20 manifestantes que se encontraban en la zona, incluso algunas fueron levantadas de sus asientos mientras terminaban de cenar en un restaurante. Para protegerlas, se articuló de inmediato una red que permitió identificar a dónde habían sido trasladadas. Antes de las 16 horas del jueves 9 de marzo, ya habían sido liberadas. Alguna de ellas fueron golpeadas.

 

La Paz: Entre rosas y exigencias
[Texto y video: Noelia Rendón]

Bolivia no quedó indiferente ante el Paro Internacional de Mujeres —del que fueron parte más de 50 países—, activistas y colectivos de ciudades bolivianas como Sucre, Santa Cruz, Cochabamba y La Paz salieron a las calles a protestar acompañadas de sartenes, pancartas, silbatos, megáfonos y batucadas. Una acción significativa para este país en el que, en lo que va del año, se han registrado 28 feminicidios a nivel nacional.

En la ciudad de La Paz [la sede de gobierno] se distinguieron momentos que contrastaron entre sí, el primero ocurrió desde muy temprano en el centro paceño, cuando comerciantes salieron a las calles a vender rosas, peluches, chocolates y tarjetas en homenaje al día de la mujer. Varias personas, en su mayoría hombres, adquirieron estos obsequios, para celebrar a la mujer por ser madre, hija, hermana y/o esposa, además, algunos restaurantes de la zona promovieron el mensaje «Feliz día de la mujer» con decoraciones sutiles en color rosa.

El segundo momento inició cuando varias mujeres se organizaron para ser parte del Paro Internacional de Mujeres —cabe decir que el Ministerio de Trabajo determinó tolerancia laboral a partir del mediodía para empleadas de instituciones públicas y privadas—. Al paro del mediodía en la plaza del Estudiante se dieron cita alrededor de 20 mujeres. Participaron agrupaciones como #NiUnaMenos, Pan y Rosas, activistas Trans, Lesbianas, Gays y Bisexuales [TLGB] e independientes, quienes llevaban sartenes en mano, pancartas y gritos de consignas como «La doble jornada me tiene reventada». Las manifestantes bloquearon una de las avenidas para expresar su enojo ante la banalización de esta conmemoración. El significado de un asueto no es lo mejor ni lo único que se merecen las mujeres, muchas bolivianas, por ejemplo, hacen doble jornada laboral, dijeron. Tras esta toma, las bocinas de los transportistas se hicieron presentes, no en apoyo sino en repudio al bloqueo, uno de ellos salió a pedir espacio para poder llevar a los niños a la escuela; en respuesta, una de las activistas se acercó y le dijo: «Señor, cuándo les importa más que paremos el tráfico, de que nos asesinen […]». Otras se aproximaron para respaldarla. Después de ese desencuentro las activistas se quedaron unos minutos más hasta cumplir con lo establecido [parar por una hora de actividades], luego se desplegaron, para continuar con más acciones de protesta.

El tercer momento se dio en la Plaza Mayor de San Francisco a las 16:30. Ahí, alrededor de 200 mujeres, entre ellas las trabajadoras de La Paz Limpia, quienes hacen el recojo de basura en la ciudad, la Asociación de Mujeres Constructoras [ASOMUC], integrantes de #NiUnaMenos», Pan y Rosas, Católicas por el derecho a decidir, organizaciones por la despenalización del aborto, personas independientes y un grupo minoritario en representación de la población TLGB, se manifestaron durante dos horas e hicieron un recorrido entre las cercanías de la Plaza Murillo, donde se encuentra el Palacio de Gobierno, la fiscalía y luego se dirigieron al Ministerio de Justicia, donde se plantaron para protestar por los feminicidios y contra el patriarcado estatal.

Durante el recorrido hubo algunos y enfrentamientos verbales entre las manifestantes motivados por la presencia de Tamara Nuñez del Prado, una mujer transexual que se desempeña como adjunta de la Defensoría del Pueblo, quien iba acompañada de su pareja, hija y amigas. Tamara se mantuvo firme y no abandonó la marcha a pesar de que activistas del movimiento Pan y Rosas protestaban por su presencia, señalando que no era bienvenida por ser parte del Gobierno, incluso una de ellas se acercó y de manera eufórica repitió: «No queremos gente del gobierno». Tamara señaló que venía como mujer y no como representante de la Defensoría y que lamentaba la actitud de algunas activistas. Laura Álvarez, quien acompañaba a Tamara, gritó: «Somos TLGB, somos mujeres, también somos mujeres». Esto provocó diversas reacciones en las personas que eran parte de la marcha, el grupo que iba en representación de la población TLGB se acomodó cerca de Tamara y Laura, para apoyar su presencia en caso de alguna agresión, pese a ello las protestas y gritos por parte de esa agrupación no cesaron. Algunas personas repudiaron ese acto y dijeron que todas eran bienvenidas y no comprendían la razón de ese enfrentamiento pues lo único que se generaba era divisiones e intolerancia. Otras señalaron que no debían haber venido porque deslegitimizaban la marcha. Tras este incidente, la movilización concluyó en el atrio de la Universidad Mayor de San Andrés, en donde se instaló un escenario para un encuentro cultural. Empezó el hip hop y el baile.

Barcelona: La revolución se baila en las calles
[Texto y foto: Keren Manzano / Píkara Magazine]

Timbales, ¿estáis preparadas? El redoble inicia la marcha. Baquetas, ¡golpead! Arrancamos el paso con el sonido de la percusión en la Plaça Universitat con Pelayo, al lado de Percudones Barcelona. El golpe contra las cajas resuena en el estómago y la vibración llega hasta los brazos y las piernas. Caminamos tras la pancarta principal que la Comissió 8 de març sostiene desde la cabecera de la manifestación. Nos siguen, muy de cerca, los grupos de mujeres, partidos políticos y sindicatos que participan de esta reivindicación.

Las percusionistas repican con sus baquetas y alzan las manos al aire, perfectamente coordinadas. Las bailarinas dan palmas en el aire y animan a las manifestantes. Avanzados unos pocos metros, se siente ya la energía positiva y la fuerza que la percusión y el baile contagian a las personas asistentes. La co-creadora de los ritmos de Percudones, Raquel Navarro, habla del «poder mágico de las membranas». «Tienen la capacidad de unir personas», dice. La baterista que colabora con Navarro en la creación de arreglos, Laia Anglada, vincula la percusión con la necesidad de unión para la causa social: «Ser el latido de la música es lo mejor que puede acompañar a una causa como ésta, como es la igualdad de mujeres y hombres. Cuando tocamos todas juntas por un único grito la energía que se crea entre todas es inmensa», explica Anglada.

La calle que va desde Universitat hasta la Plaça Catalunya está abarrotada, pero las bailarinas de Percudones ocupan todo el espacio, de lado a lado del asfalto, con sus movimientos inspirados en las danzas afrobrasileñas. Al son de los timbales, se despliegan y extienden los brazos hacia arriba con los dedos de las manos separados para luego volver a unirse en el centro y volar, por separado de nuevo. Son una marea viva. «Toda percusión que venga de África y de América Latina tiene danza, porque la música se baila», explica Vanessa Aguilar. Esta bailarina de brasileño trae al grupo su experiencia con la danza afro, que se baila a pie de calle. «Nosotras no somos solo bailarinas de destaque. Somos bailarinas cañeras, guerreras que unimos a la gente de la manifestación con la historia y animarlas a bailar», aclara Aguilar. Su rostro está decorado con colores vibrantes y festivos: «El lila, que es el color de Percudones y el de la mujer; el dorado, que simboliza la luz; el blanco por la paz y el negro porque estamos enfadadas y, aunque Percudones sea un grupo festivo, queremos reivindicar».

Para Empar Devis, que lleva un año bailando en Percudones, la fuerza que se crea en el grupo puede romper todas las barreras que nos han impuesto a las mujeres durante siglos y siglos. «Compartirlo en la calle es lo mejor que se puede hacer para que esa sensación llegue a otras personas», dice Devis. Ella baila junto a la compañera, Carolina Iturralde, mujer argentina recién llegada a Barcelona y familiarizada con los ritmos brasileños que considera que «bailar y cantar son formas de expresión efectivas para cualquier proceso». A su lado, Constantina Mañé, de Guinea Ecuatorial, cuenta que se unió a Percudones porque cree que «los tambores del grupo abren la mente a otras mujeres y a los mandatarios que no nos permiten vivir la vida que elegimos». Mañé comenta que ella misma sintió «la llamada de la percusión».

El entusiasmo de las Percudones se contagia en la gente. Desde los laterales de la vía, un grupo mujeres cargadas con las típicas bolsas porta-alimentos que llevan muchas trabajadoras a la oficina sacuden el cuerpo a un lado y a otro y se unen a los coros que recitan las manifestantes de viva voz al ritmo de la percusión: «Dones, imparables son!». «La revolución imparable de les dones» es precisamente el lema de la manifestación de este año en Barcelona y, la revolución es justamente lo que se vive en pleno centro de la ciudad, desde las gargantas de unas mujeres ecuatorianas que animan a las más jóvenes de la procesión, acompañadas por sus maridos, a son de «¡las mujeres al poder!». La revolución está también en las pancartas, erguidas sobre las cabezas de esta multitud, con mensajes en catalán: «Som les netes de les bruixes que no vas poder cremar»; en castellano: «Hoy vas a revolucionarte”; en italiano: «Non una di meno»; en inglés: «My pussy my choice».

Lee la crónica completa aquí.
Ciudad de México: La reapropiación y un final agridulce
[Texto y fotos: Lizbeth Hernández]

Un grupo de personas se ha detenido sobre Avenida Juárez, casi a la altura de la calle Luis Moya, observan y se suman a los gritos y cantos que encabeza la Vulvatucada feminista: «Aquí nadie se rinde, aquí nadie se rinde, aquí sí se lucha, aquí sí se hace lucha». El ánimo es festivo. A unos metros de distancia, frente al Hemiciclo a Juárez, se ha instalado un pequeño templete en donde se lleva a cabo el mitin que da cierre a la jornada de protesta de este 8 de marzo en la Ciudad de México. Una jornada que este Día Internacional de la Mujer quedó marcada por ser, al mismo tiempo, el día en que mujeres de más de 50 países se coordinaron para llamar a un paro internacional. «[…] Nuestros aliados son los pueblos latinoamericanos que sufren la misma opresión y las y los trabajadores estadounidenses a quienes les quitaron el futuro en el reinado neoliberal. ¡Fuera imperialistas de México y de América Latina! El ataque contra una de nosotras debe ser considerado un ataque contra todas. Desde que Trump asumió el poder, la ofensiva contra nuestras hermanas migrantes, negras, latinas, musulmanas, se ha recrudecido, por eso decimos ¡basta de represión, exigimos un alto a las deportaciones! Asimismo, las mujeres que salimos hoy a las calles repudiamos la brutal violencia contra nosotras que generan las reformas estructurales que son dictadas por el imperialismo y son aplicadas por Enrique Peña Nieto y todos los partidos al servicio de empresarios, porque precarizan nuestras condiciones de vida, por eso necesitamos echarlas abajo […] Hoy demostramos nuevamente, en el centenario de la revolución de 1917, que las mujeres somos una enorme fuerza que puede ser avasalladora, pero para eso necesitamos mantenernos organizadas…», dice una integrante de la agrupación de mujeres Pan y Rosas. El mitin sigue su curso. Mujeres de distintas organizaciones esperan su turno para hablar.

La jornada inició al mediodía en el Ángel de la Independencia, en donde se realizaron distintas actividades como un intercambio de libros, una breve obra teatral, un taller de esténcil, se dejó el micrófono abierto —algunas mujeres aprovecharon para leer poesía, hablar de la historia del movimiento feminista en México y recordar lo que significó el Congreso Feminista de Yucatán de 1916 o cantar Standing In The Way Of Control, de la banda Gossip— y se armó una valla simbólica entorno este monumento para mostrar el repudio a la violencia machista, a la desigualdad laboral, al acoso callejero, a los feminicidios, a los transfeminicidios. Poco a poco se fueron sumando más personas y organizaciones. Y minutos después de las cuatro de la tarde, los contingentes encabezados por Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, una joven víctima de feminicidio, y algunas madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, iniciaron su marcha rumbo al Hemiciclo a Juárez. «¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos!», se escuchó nuevamente en Reforma. Durante el recorrido también hubo baile, música, se usó el cuerpo para reclamar. ¿Qué impacto tendrá este día a futuro? ¿Qué seguirá luego de que miles de mujeres en el mundo marcharon unidas al llamado del Paro Internacional? ¿Qué aprendizajes se desprenderán de lo que se discutió este día, por ejemplo en México, Estereotipas, un grupo de feminismo pop latinoamericano, promovió la discusión sobre las labores no remuneradas que hacen las mujeres con la campaña #ElCuidadoEsTrabajo? ¿Qué representa esta acción, que buscó entre otras cosas, reivindicar el sentido político de este día conmemorativo en cada país?, pensaba mientras observaba el avance de los contingentes en los que también había niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres que por primera vez se sumaron a una manifestación como Lucía, una señora que, me dijo, estaba sorprendida por cómo las jóvenes se han ido organizando.


La manifestación transcurrió sin contratiempos y el cierre en el Hemiciclo a Juárez se perfilaba igual hasta que en la esquina de Luis Moya y Avenida Juárez se registró una agresión en contra de una de las manifestantes. Circe, la joven agredida, acusó que fue un integrante del Frente Popular Francisco Villa quien la golpeó: «Estábamos impidiendo que pasara un camión que estaba repleto de hombres, empujaron a unas compañeras y le dije qué te pasa, yo creo que ya estaba enojado y me soltó el golpe», contó a El País. Quienes escuchaban el mitin se enteraron del hecho cuando Circe subió al templete. En ese momento, Jessica Marjane, integrante de la Red de Juventudes Trans, tenía el micrófono, interrumpió su discurso y dijo: «Una compañera fue violentada hoy, necesitamos que este mitin tenga una posición contra la violencia. Esto es un llamado de emergencia». Circe compartió brevemente lo ocurrido, primero con un micrófono y al final con un altavoz, pero no hubo una postura del resto de las organizaciones. Las asistentes, entre la confusión y la duda, empezaron a retirarse. Varias jóvenes a mi lado se preguntaban qué había pasado, por qué no se emitía una postura ante la agresión que sufrió Circe. «¿No se supone que por eso salimos a las calles otra vez, para decir no a la violencia contra nosotras?», «Nos siguen pesando las diferencias, falta mucho por hacer, por lo visto», «Luego no quieren contingentes separatistas», «Esta vez hubo más hombres que en otras marchas [del 8 de marzo]», soltaban algunas. Una joven me preguntó que si yo pude ver el momento de la agresión; le respondí que no, que alcancé a ver el tumulto cuando otros integrantes del FPFV se retiraban. «Yo tampoco vi más, pero esto me deja una sensación confusa, la marcha estuvo bien pero al final pasan cosas como ésta», me dice antes de alejarse.

 

Nota del editor: Este contenido fue actualizado el 10 de marzo cuando se modificó el sumario que da introducción 
a esta cobertura y se integraron las crónicas de lo que se vivió en distintas ciudades el 8 de marzo.

La foto de portada corresponde a la marcha por el Día Internacional de la Mujer realizada en la Ciudad de México 
el 8 de marzo de 2016.


Redacción Kaja Negra
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