Recomendamos

Cómo no cerrar los ojos: entrevista con Helena Chávez

05 May, 2016 Etiquetas: , ,

México vive una crisis de derechos humanos y manifestaciones de múltiples violencias. Este contexto también ha sido abordado y discutido desde el arte, una muestra fue el foro «Y se me vinieron muchas imágenes». Para ahondar en esto conversamos con Helena Chávez Mac Gregor, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ / FOTOS: ENRIQUE GONZÁLEZ CAREAGA*

Las olas pueden ser parte de un paisaje bello: el mar y la posibilidad del descanso, la relajación o la contemplación, pero también pueden protagonizar un momento desconcertante: un oleaje que se mueve con fuerza, cuya cresta alcanza dimensiones superiores a lo imaginado, tanto que atemoriza y nos hace preguntar ¿qué viene?

No cerremos los ojos y recordemos las olas porque volveremos a ellas más adelante. Helena soñaba con olas.

I

Luces apagadas. Voces que marcan el ritmo y el mensaje: volver al cuerpo. Un grupo de personas sentadas en sillas alrededor de un espacio vacío sigue las palabras de Nadia Lartigue, Juan Francisco Maldonado y Esthel Vogrig, integrantes de Los Vecinos del Ritmo, una agrupación interesada en repensar las posibilidades de la coreografía; pero no hay movimiento, no hay baile. Estamos en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo [MUAC] casi al cierre del foro «Y se me vinieron muchas imágenes». Abrimos los ojos.

El foro fue organizado por el colectivo artístico Teatro Ojo, la investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, Helena Chávez Mac Gregor, y el crítico, curador e historiador de arte, Cuauhtémoc Medina, y es parte del proyecto Draft, una iniciativa de la Zurich University of the Arts en la que nueve equipos de distintas ciudades del mundo [Bombay, Cairo, Ciudad del Cabo, Hamburgo, Hong Kong, Shangai, San Petersburgo, Zurich y Ciudad de México] desentrañan preguntas sobre el espacio público y las posibilidades críticas y de intervención del arte contemporáneo.

«”Y se me vinieron muchas imágenes” es la frase con la que Marissa Mendoza narra el momento en que encontró la imagen de su marido, Julio César Mondragón, en Facebook, tras el brutal ataque de Iguala en el que éste fue asesinado y su rostro arrancado. A partir de ella, queremos pensar lo que nos ha ocurrido en estos años y preguntarnos cómo podemos pensar el presente en un espacio público signado por la violencia», se detalló en el programa del foro.

Durante dos días [21 y 22 de enero de este año], artistas, académicos, periodistas y activistas conformaron una polifonía que puso en un espacio específico dudas, inquietudes, cuestionamientos, reflexiones y expresiones para intentar aproximarse a una explicación de lo que sucede en México y qué hacer ante ello: se pasó de hablar del uso de la imagen desde un punto de vista teórico [Ana María Martínez de la Escalera] a denunciar las agresiones contra periodistas [Antonio Martínez Velázquez y Elia Baltazar]; de explicar los retos al aproximarse a explicar los movimientos sociales y las desapariciones forzadas [Dolores González Saravia] a la necesidad de considerar en estos análisis aspectos de raza y clase [Federico Navarrete]; de usar imágenes alegóricas como modo de pensar desde otra perspectiva los hechos actuales [Carlos Amorales/Buró Fantasma] a retomar la casa blanca de EPN y programas como Mover a México para expresiones artísticas críticas [Israel Martínez y Cráter Invertido]; de la sátira [Las Reinas Chulas] a contemplar en la discusión los apuntes de la psicología [Manuel Hernández].

Sí, la polifonía de esta jornada por momentos se desplazó a un ritmo apacible, en otros se agitó para impactar. Como olas.

Y se me vinieron muchas imágenes enero 2016 foto Enrique González Careaga DSC_8686

Asistentes al foro «Y se me vinieron muchas imágenes» escuchan el testimonio de una hija de un desaparecido.

II

Han transcurrido varias semanas desde que se realizó «Y se me vinieron muchas imágenes», Helena Chávez Mac Gregor me recibe en su cubículo en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Le explico que quiero conversar sobre el foro y de la relación arte y violencia.

Como preámbulo a la conversación Helena me explica que esta fue la primera vez que trabajó directamente con Teatro Ojo. Ella había seguido la práctica de esta agrupación artística conformada desde 2002. El proyecto Lo que viene llamó particularmente su atención y lo explicó en un texto en el que también trazó una mirada sobre México tras Ayotzinapa, sobre la aparición como una apuesta estética y las olas:

«En el teatro no había funciones sino sesiones de hasta de diez horas donde el escenario era una caja negra en la que, sobre el piso, se encontraba una hemeroteca en la que se reunían los periódicos de cada día de esos seis años […] Un teatro sin teatro donde la escena era la pura puesta del habla […] Teatro Ojo retomaba el foro para, al preguntar por el pasado, abrir la figuración del porvenir en aquello que se intuye, quizá porque ya ha llegado, que viene. Fue en ese foro que entendí que no era la única soñando con olas.»

Sí, ideas y reflexiones que dan antecedente a «Y se me vinieron muchas imágenes».

Ya como integrantes del equipo mexicano de Draft, era claro que Helena, Teatro Ojo y Cuauhtémoc Medina compartían las mismas dudas sobre cómo pensar y cómo accionar lo público en el contexto que vivimos. A partir de discusiones que se dieron en Bombay, donde se reunieron los equipos de Draft por primera vez, observaron que los grupos europeos hablaban más de esfera pública y ellos de espacio público: «Como que la esfera pública viene de esta noción muy ilustrada de generar un espacio de publicidad donde se discute, donde entre los libros, los medios de comunicación, radio, televisión y cine generan un espacio de demanda. Acá pensábamos, ¿dónde está eso? Sobre todo en la relación que hay entre poder y medios». Tenían la base. Siguió articular, eso, entre otras cosas, los llevó a proponer un Atlas compuesto por imágenes y sonidos de momentos que impactaron a la opinión pública mexicana a través de los medios de comunicación, por ejemplo: la imagen de Florence Cassez tras obtener su libertad y la conversación de Lorenzo Córdova, presidente del INE, descalificando a un líder indígena. El caso Ayotzinapa se volvió clave.

El Atlas se compartió con quienes serían participantes del foro, un formato que eligieron pensando organizar más que un debate e invitaron a personas de distintos ámbitos con una hipótesis: «Que en este momento de mucha pérdida del espacio político el arte tiene un tipo de intervención pública. Por eso era importante hacerlo en el MUAC, ver qué tanto se podía jugar a lo público en un espacio institucional, en un espacio artístico como es el museo. La verdad es que no sabíamos qué iba a pasar, aún no sabemos qué pasó de cierta manera, pero la idea era esa: buscar diferentes aproximaciones a lo que nos está pasando, […] Cuando leímos la entrevista con Marisa Mendoza, la viuda de Julio César Mondragón, empezamos a pensar en esta relación entre espacio y esfera pública y en toda la construcción que tenemos a partir de los medios sobre lo que está sucediendo y sobre qué poca capacidad tenemos de intervenir. En el foro quedó esta idea de que no todo mundo se enfrenta al horror de la misma manera. Federico Navarrete fue muy claro al puntualizar que la parte de la sociedad más afectada es gente pobre y que ha estado marginalizada. […] Eso lleva a la pregunta de cómo operan estas imágenes, cómo ponerlas a trabajar para que sí incidan. El foro lo que deja claro es que queda mucho por hacer y es muy frustrante, nos vimos, nos oímos, ¿y luego qué?»

III

Helena Chávez Mac Gregor se ha especializado en el estudio e investigación de la relación entre estética y política en el arte contemporáneo, y entre estética y violencia. Una de las preguntas que ha explorado es: ¿Qué papel puede tener el arte si la condición estética de la política tiene que ver con la posibilidad de cuestionar las condiciones de experiencia que posibilitan la aparición de un campo? Sobre la que apuntó: «Desde el propio campo instituido por y para la institución [museos, crítica, mercados, etc.], el arte tiene un papel imprescindible en la creación de intervenciones a las políticas de representación dominantes que permiten, desde el distanciamiento que supone la obra de arte, un momento de crítica.»

Esto sirve de preámbulo para abordar la entrevista:

—Hablemos de tu formación y lo que te ha permitido observar en el contexto que vivimos en México. ¿Cómo ha sido para ti? ¿Cómo te explicas o cómo lidias con lo que ves, este bombardeo de noticias, ya en lo cotidiano?

—Ha sido muy complicado porque desde que empecé a trabajar con cosas de arte, desde hace 15 o 20 años, había estado trabajando aquello que tenía que ver con memoria histórica y política. En 2007 trabajé con la Red Conceptualismos del Sur que se enfoca en las prácticas de las dictaduras y las desapariciones en Argentina. Los primeros trabajos que hice fueron sobre el siluetazo como acción artística. Mi trabajo tiene que ver con pensar políticamente las acciones artísticas y estéticas. Los primeros cursos que di en la universidad tenían que ver con eso, con estética y violencia y trabajar con Judith Butler, con las nociones de violencia, es decir empezar a hacer un mapa que a mí me permitiera pensar qué estaba sucediendo. Yo trabajo a partir de una metáfora de un artista alemán que se llama Harun Farocki quien en un video hablaba sobre las bombas de napalm. Él se preguntaba cómo no cerrar los ojos, cómo presentar una imagen que no nos haga cerrar los ojos. Él hizo un acto de apagarse un cigarro y decir «el cigarro arde a trescientos grados y una bomba a cuatro mil», y enseñaba su brazo, [«Fuego inextinguible»] se trata de cómo no cerrar los ojos. También trabajé muchos años en Sudáfrica, con gente de Palestina, de Colombia, a partir de ahí hicimos una serie que se llama Necropolítica, militarización y vidas lloradas que justamente intentaba generar un mapa de referencias. Lo dramático y pertinente era que te dabas cuenta que [la violencia] no es una situación de excepción, sino que en varias partes del mundo están viviendo procesos similares y pensar que no somos la excepción ayuda a decir, bueno esto está sucediendo y tiene una lógica y está pasando a estas cosas […] Siempre es una tensión ver desde dónde uno se sitúa, desde dónde puede uno colaborar.

Yo trabajo a partir de una metáfora de un artista alemán que se llama Harun Farocki quien en un video hablaba sobre las bombas de napalm. Él se preguntaba cómo no cerrar los ojos, cómo presentar una imagen que no nos haga cerrar los ojos.

—Sobre este punto, más allá de que los artistas adopten o no un papel de activistas ante estas violencias, ¿qué ejemplos hay de cómo desde el arte se han venido explicando las violencias en México?

—La verdad es que en México sí ha habido una producción artística sobre reflexión de la violencia, sobre todo de la violencia de Estado. Desde los años 60 hubo una ruptura respecto a esta y muchos artistas trabajaron con el activismo. Desde esos años hay una colaboración constante entre artistas y activistas, en la que no es tan importante el papel del artista sino el papel que esa asociación puede producir. Y esto nos lo comentó gente que trabajó en Grupo Proceso Pentágono, que tuvo una muestra recientemente en el MUAC. Los artistas sí han estado trabajando, el trabajo del arte está en una colaboración constante sin perder nunca su propio lenguaje, su propia investigación. Ya en la historia reciente creo que el caso que más me marca es el de Teresa Margolles, quien en la Bienal de Venecia de 2009 hizo la exposición De qué otra cosa podemos hablar, que seguía en su línea: trabajar con los tabúes, lo prohibido, lo irrepresentable y presentó los restos de violencia de Ciudad Juárez. Esto marcó la escena artística del arte contemporáneo. También a nivel institucional ha habido un quiebre donde se han generado un montón de espacios independientes. La estructura del priismo es mucho más inteligente en controlar discursos, entonces hay una especie de tensión entre qué se puede decir y cómo se puede decir. Los lenguajes se vuelven más opacos porque cómo pasas la censura, pues tiene que ver con cómo rompes representaciones que no sean tan obvias y que te permitan hablar. El trabajo de Teatro Ojo con Lo que viene no parecería un asunto político pero es un espacio de reflexión. Es decir, hay un montón de prácticas que van y vienen de lugares poco convencionales. Hay gente que está trabajando a nivel institucional, hay gente que está trabajando en otros discursos que se vuelven un poco más oblicuos y hay mucha gente que está trabajando en colaboración con los movimientos sociales. Quizá no es tan visible, pero los artistas sí han estado colaborando en generar dispositivos; por ejemplo, en las marchas por Ayotzinapa hubo mucho trabajo que no aparece firmado, como lo del láser en las marchas con mensajes como «no me cansaré» o las proyecciones de los rostros de los estudiantes. También hay trabajos muy formales que se hacen en otros espacios y que generan otros ruidos, como la pieza de Rafael Lozano Hemmer en el MUAC, Nivel de confianza, que es una especie de ruptura, está en un lugar muy extraño porque no es una pieza de sala sino que está en la entrada del museo y te recuerda que faltan 43 personas.

Farocki. Sascha Ponhflepp by Nicht löschbares Feuer. Flickr [CC BY 2.0]

Harun Farocki. Foto: Sascha Ponhflepp by Nicht löschbares Feuer. Flickr-[CC BY 2.0]

Otro ejemplo que sirve para complementar lo que ha detallado Helena es su texto The Revolution will be Live en donde abordó la obra Estadio Azteca/ Proeza maleable [2010] de Melanie Smith y Rafael Ortega, presentada en la exposición Los sueños de la nación, un año después, curada por José Luís Barrios en el MUNAL. Sobre la cual apuntó: «Smith y Ortega localizan esta estructura moderna del modo de producción estético y político y reinstalan, en la enunciación mexicana, la dialéctica masa-dispositivo cinematográfico para dislocar las celebraciones en su momento de producción: disciplinamiento de los cuerpos, espectáculo masivo y producción de representación […] Smith se instala en la ironía como tropo subversivo para operar el desmantelamiento de la producción y hacer emerger un sentido contrario a aquello que se dice con este tipo de espectáculos.»

En el arte ciertas prácticas te permiten hacer una recuperación y otras un trabajo más serio de crítica. El pensamiento también te puede ayudar a generar más análisis, pensar cuáles son las condiciones de esta violencia; no nos va a sacar de ella, pero al menos la podemos pensar y eso es importante.

­­­­____

—Volviendo al foro, dentro de los momentos que hubo, ¿cuáles te cimbraron o dejaron más preguntas?

—Hubo varios, por ejemplo el momento en el que aparecían las demandas de que el arte no estaba haciendo suficiente. Me generaba mucha tensión saber de dónde había salido esta expectativa de que el arte tenía que solucionar este problema [la crisis] o como si el arte no estuviera viendo [la violencia]. Y evidentemente el momento del testimonio de la chica que tiene al padre desaparecido fue muy fuerte. A nivel del arte, el momento del cabaret fue brutal por llevarnos al límite del sarcasmo, fue lo más interesante a nivel de provocación, de decir, ¿esto es válido o no es? Lo que hicieron Las Reinas Chulas fue poner chistes sobre Ayotzinapa que no había visto, que no quería ver. Era evidente que todos los que estábamos ahí teníamos una opinión contraria y estar oyendo eso fue muy interesante. Eso lleva a pensar qué hace el arte cuando trabaja desde el sarcasmo o la poesía. Lo que hicieron los bailarines de no bailar fue una sensación como de recuperar el cuerpo, cada práctica me generó una sensación diferente.

Y se me vinieron muchas imágenes enero 2016 foto Enrique González Careaga DSC_8803

Las Reinas Chulas durante su sketch proyectan imágenes de bromas en torno a Ayotzinapa que han circulado en Twitter.

—¿Cuáles serían las pistas desde la investigación estética que se podrían ir siguiendo para intentar pensar lo que nos sucede? Y sobre eso que mencionas de volver al cuerpo, ¿qué tanto las violencias que vivimos nos separan del cuerpo y qué tanto juega ahí el arte para volver a recuperar, a recordar?

—Yo sí creo que el arte juega un papel muy importante en la colaboración con activistas en la protesta social, para volver a poner el cuerpo ahí, para tener una visibilidad del espacio de la manifestación, de tomar el espacio público y también tiene esta importancia en el momento de hacer pausa. Algo que también es importante, porque me ha tocado verlo varias veces, es señalar que uno cree que esto [la crisis] llegará a la cresta y algo va a pasar, pero no pasa. Es un proceso histórico donde va a haber ciclos de arriba y abajo. Está muy bien ocupar esa cresta de la ola, que es como la única imagen que tengo, pero después hay que tener estos espacios para pensar y generar otro tipo de imaginario y no generar tanta desesperación. Creo en tipos de trabajo muy intensos y muy públicos tanto a nivel artístico como teórico, espacios de discusión, foros, como los que ha habido con Judith Butler, Achille Mbembe. Me refugio mucho en Achille, leo mucho a Butler, a Adolfo Gilly [ejemplo: Necropolítica: La política como trabajo de muerte]. Y luego vienen estos momentos más lentos, de trabajo suave, de estar viendo obras, de generar momentos más silenciosos. En el arte ciertas prácticas te permiten hacer una recuperación y otras un trabajo más serio de crítica. El pensamiento también te puede ayudar a generar más análisis, pensar cuáles son las condiciones de esta violencia; no nos va a sacar de ella, pero al menos la podemos pensar y eso es importante. Esto [la situación que se vive en México] no va a cambiar fácilmente, las condiciones que existen son muy complejas y son históricas, son globales, son económicas y tienen que ver con procesos que vienen desde los 90, con la estructura perversa del neoliberalismo, de cómo se ha instalado en ciertos países. Es complicado, creo que nunca pensamos que viviríamos en esta pesadilla, entonces hay que irla pensando, sintiendo y ver también esto de que, pese a todo, la vida sigue. Y ver qué haces con ese pese a todo, cómo lo trabajas, cómo lo vas viendo sin negar lo otro.

Y se me vinieron muchas imágenes enero 2016 foto Enrique González Careaga DSC01257

Integrantes de Cráter Invertido alistan su pieza.

—Hace rato comentábamos que en el foro fue explícito el reclamo de los periodistas, que pedían que se vea lo que está pasando, que no nos dejen solos, pero, ¿qué tendría que decir el mundo del arte, el de las investigaciones estéticas a los periodistas? ¿Qué no estamos viendo, según el campo que te corresponde?

—Creo que lo que no están viendo es que hay otras formas de hacer visible. Nosotros sí estábamos viendo lo que están diciendo [las agresiones contra periodistas], y lo venimos viendo desde hace mucho tiempo. Sí, el reclamo es muy válido en el sentido de que una de las poblaciones más afectadas [por la violencia] es la de los periodistas. Ahora, lo que creo que podrían ver es que hay otros modos de hacer la demanda de acompañamiento, pues este se puede dar de otras maneras. La naturaleza, con muchas comillas, de nuestro trabajo tiene que ver con romper ciertas representaciones, pensar una imagen y generar otra cosa para que genere otro tipo de discurso y afecto. Creo que tiene que ver con ser capaces de escuchar, escuchar los reclamos, pero también ver qué están haciendo los otros. Estamos en ello, ninguno de nosotros tenemos claro cómo hacerlo y vamos sobre la marcha pensando, trabajando, sintiendo.

La naturaleza, con muchas comillas, de nuestro trabajo tiene que ver con romper ciertas representaciones, pensar una imagen y generar otra cosa para que genere otro tipo de discurso y afecto.

___

La charla con Helena concluye. La sensación es similar a aquella con la que cerró «Y se me vinieron muchas imágenes». Hay evocaciones. Yo misma acudí al foro para participar y observar las expresiones, ideas y críticas sobre lo que vivimos en el país: la violencia, la corrupción, el hartazgo, la indiferencia, la incertidumbre. Fue como mirar olas. Las seguimos hasta que nos generaron incomodidad, duda, enojo y una pregunta colectiva: ¿Qué sigue? Helena me comenta que pensar, proponer. Me retiro con otra pregunta, ¿cómo no cerrar los ojos? Y recuerdo aquello que escribió hace unos meses: «Desde el 2010 sueño con olas. Olas grandes, gigantescas. Al despertar, el miedo no está en esa ola que pasó sino en saber que siempre hay otra, que viene.»

Helena todavía soñaba con olas.

 

Imagen de portada: Carlos Amorales/Buró Fantasma, por Enrique González Careaga. 
Las fotos del foro «Y se me vinieron muchas imágenes» [Enero 2016] son cortesía de la entrevistada.

 



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández

Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_
Correo: lizbeth@kajanegra.com





Artículo Anterior

Diez razones para entender qué es la red compartida y por qué debería importarnos

Siguiente Artículo

Los días con Marcela





También te recomendamos


Más historias

Diez razones para entender qué es la red compartida y por qué debería importarnos

¿Qué elementos debemos tomar en cuenta para valorar las bondades que, dicen autoridades de telecomunicaciones del país,...

27 Apr, 2016