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Contra el doble silencio de una mujer

14 Mar, 2017 Etiquetas: , ,

Un silencio la cimbró para siempre, entonces María Luisa Bello supo que no permanecería quieta y buscaría la forma de hacer llegar a las mujeres sordas información sobre sus derechos sexuales y reproductivos, información para que sepan qué hacer en caso de ser víctimas de violencia de género. Una iniciativa que toma relevancia especial en México, un país en donde esta población suele quedar fuera de los programas y proyectos públicos que promueven los derechos de las mujeres.

TEXTO: XOCHIKETZALLI ROSAS / FOTOS: CÉSAR PALMA

El silencio que estalló en aquella sala del Ministerio Público, cuando María Luisa comenzó a interpretar el infierno que le relataba la joven frente a ella, la cimbró para siempre. Cuando convirtió ese abismo negro de vejaciones, expresado con el lenguaje de las manos, en palabras, gritos y exigencias, también exorcizó sus silencios. Aunque intentó contener sus sentimientos y las lágrimas que le provocó cada seña que le hablaba de la brutalidad, la violencia y el sometimiento de una violación múltiple, aparecieron la impotencia y el rencor hacia esos cuatro hombres que sabían que la joven a la que humillaban podía ser doblemente silenciada: era mujer y era sorda.

María Luisa Bello Munguía ya había interpretado tres casos más de mujeres sordas que se presentaban a una sala del Ministerio Público de la Ciudad de México a denunciar los actos en que habían sido violentadas. Había tenido que traducir los pormenores de una violación descrita en Lengua de Señas Mexicana [LSM] al discurso hablado que las autoridades pudieran entender.

«Porque los peritos no tienen formación ni saben lengua de señas y, por consiguiente, no pueden obtener la declaración de la víctima; ahora ya hay algunos que sí, pero no dominan la lengua al 100%. No porque muevas las manos sabes lengua de señas», me expresó en algún momento de la charla.

Lo dicho por María Luisa se suma a la falta de estadísticas que permitan conocer el número exacto de intérpretes certificados que hay en el país. Esto, por un lado, debido al desacuerdo entre el Consejo para la Inclusión de las Personas con Discapacidad [Conadis] y Conocer, el área de la Secretaría de Educación Pública que certifica a los profesionales, y, por el otro, porque la mayoría de las personas que conocen la LSM son los mismos familiares de los sordos. No obstante, algunas cifras arrojadas por investigaciones periodísticas refieren que en México hay 40 intérpretes certificados en LSM, 11 de los cuales se encuentran en la Ciudad de México.

Precisamente por eso María Luisa era requerida: tenía la formación profesional que la califica como intérprete de LSM, pero también porque había tomado un Diplomado de Educación Sexual en lengua de señas para personas sordas y tenía el tacto para tratar los temas con la comunidad. Así, cuando la llamaban para solicitar su apoyo, ella acudía de inmediato.

Aunque María Luisa sigue interpretando profesionalmente en diferentes eventos, lugares donde la llaman y cursos que imparte, aquella vez [cuando interpretó a la víctima de una violación múltiple] fue la última que lo hizo en un MP.

«Quedé muy lastimada de esa última interpretación en el ministerio, porque fue muy explícita. Fue muy fuerte por todo lo que implicó para esa mujer. Me remonté a mi historia, que aunque no fue lo mismo, siempre queda una cicatriz y ahí descubrí que no había sanado, y para interpretar este tipo de casos debes controlar tus emociones, vaciarte de todo, prejuicios, porque al interpretar eres un conducto de comunicación, y debes ser imparcial, no involucrarte. Se puede lograr, pero se requiere de trabajo y de fortaleza emocional. Yo lo he conseguido, pero prefiero no volver a hacerlo», narra Marilú, como todos la llaman, desde la sala de la casa de uno de sus alumnos, donde ocurre la entrevista, en el convivio por el fin de curso de lengua de señas que ella le impartía en Apac [Asociación pro Personas con Parálisis Cerebral].

Porque María Luisa ante todo es una mujer que comparte su conocimiento sin esperar nada a cambio. Todo lo que sabe de la comunidad de sordos se lo regala a quienes se interesen en el tema, ya sean sordos u oyentes: desde el estudiante al que asesora en su tesis de licenciatura, hasta aquellos que en cada una de las exposiciones que ha montado para difundir la cultura del sordo se le acercan para preguntarle y pedirle orientación.

Y aunque aquella última experiencia en el MP lastimó su sensibilidad, a la vez fue la que le mostró que la lucha que podía hacer por otras mujeres sordas estaba en otra trinchera, una en la que ella tenía la fortaleza suficiente para hacerle frente: la difusión de información y conocimiento, proporcionándoles las herramientas que les permitieran conocer sus derechos y exigir que les fueran respetados.  

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La mujer sorda es más [vulnerada] porque hay menos formas de atención, porque les faltan los medios de accesibilidad, iniciando por el lenguaje

María Luisa creció rodeada del silencio, pese a que ella podía oír y escuchar. Sus padres son sordos y su hermana Ceci también, así que desde pequeña aprendió lengua de señas para poder comunicarse con su familia, ese nuevo lenguaje se le dio de forma natural. Incluso siendo una adolescente, apenas con 17 años de edad,  Marilú se paró frente a un grupo de 60 personas en el estado de Tlaxcala a las que les enseñó la lengua que ella había aprendido incluso antes de decir su primer palabra. Fue ahí la primera vez que transmitió sus conocimientos a tantas personas, pero siempre con la amabilidad que la caracteriza. Así, sin esperarlo o desearlo se convirtió en intérprete, primero de su mamá y, siendo una niña, le tocó traducir todo tipo de situaciones, incluyendo las que le resultaban complejas y difíciles de entender para su edad.

Ahí fue donde iniciaron los silencios que guardó para ella [por ser víctima de violencia y por testificarla a través de la interpretación] y que determinarían, tiempo después, sus acciones en pro de la comunidad de sordos y, en específico, de las mujeres.

«La situación de la mujer sorda es compleja por la discapacidad auditiva, pero es tan común como la de cualquier mujer. A mí me tocó ver la violencia que sufrió mi mamá por parte de mi padre, de varios tipos: física, psicológica, económica. Mi hermana y yo fuimos abusadas sexualmente por un familiar cuando éramos pequeñas. Entonces todas somos vulnerables, pero la mujer sorda lo es más porque hay menos formas de atención, porque les faltan los medios de accesibilidad, iniciando por el lenguaje y la educación», responde a mis cuestionamientos la mujer que por muchos años fue la principal intérprete del ahora extinto noticiero de Lolita Ayala.

Así lo refleja el informe «Las personas con discapacidad en México, una visión el 2010», del Instituto Nacional de Geografía y Estadística [INEGI], que refiere que «las mujeres tienen menos oportunidades educativas, lo que se refleja en un promedio de escolaridad más bajo que el de los hombres; participan menos en el mercado laboral. Entre los asalariados, tienen los niveles de ingresos más bajos».

De acuerdo con este reporte, las mujeres tienen para todos los niveles de escolaridad proporciones inferiores en relación a los varones. Esto implica que el promedio de escolaridad [3.5 años] sea inferior al de los hombres [4.1 años]. En conjunto, el promedio de escolaridad de la población con dificultades para escuchar es 3.9 años; es decir, no alcanzan el equivalente a cuatro años de primaria.

Así, en cuanto a la condición de alfabetismo de la población de 15 años y más, la cual se refiere a la habilidad para leer y escribir a una edad en la que deberían de poder hacerlo, 36 de cada 100 mujeres y 25 de cada 100 hombres con dificultades para oír en este rango de edad son analfabetas, es decir, no saben leer ni escribir. Esta condición, añadida a la discapacidad auditiva, incrementa las barreras de comunicación e interacción con el entorno.

Por eso, aunque desde el 30 de mayo del 2011 se decretó la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad —con el objeto de reglamentar el Artículo 1°. de la Constitución mexicana, al establecer las condiciones en las que el Estado debería promover, proteger y asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas con discapacidad para asegurar su plena inclusión a la sociedad en un marco de respeto, igualdad y equiparación de oportunidades— las brechas para conseguirlo siguen teniendo fisuras.

Precisamente el Programa Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad —una de las vías para lograr los apoyos y servicios indispensables generados por las dependencias y entidades de los tres órdenes de gobierno— así lo consigna con todas las acciones y objetivos que se planteó para los años 2014-2018,  a partir de la encuesta de actualización de 2012 del INEGI, donde sigue colocándose al rubro de la educación en desventaja.

Marilú, consciente de este escenario, desde que realizó su primera interpretación profesional —hace más de 13 años, cuando comenzó a dar clases de lengua de señas en la Asociación Pro Integración del Hipoacúsico—, inició su formación como intérprete, en la actualidad sigue asistiendo a talleres y diplomados para estar a la vanguardia y así concretar las ideas que le vienen a la cabeza para generar conocimiento, conciencia y cultura en la comunidad a la que siempre, de alguna forma, ha pertenecido, y así también mejorar los mecanismos de comunicación y convivencia al interior de su núcleo familiar donde confluyen los dos mundos en los que ella ha vivido desde que recuerda: su esposo es sordo y sus hijos oyentes.

Marilú imparte diferentes cursos y talleres relacionados con la Lengua de Señas y otros temas afines. En la mayor de sus grupos hay más mujeres que hombresc.

Por eso, Marilú pelea porque se respeten los derechos de todos y todas las personas sordas y de los oyentes que conviven con ellos. Desde que se les permita decir si quieren ser oralizados o si quieren un aparato auditivo, cómo quieren vestir, cómo dirigirse. «Que se les permita decidir sobre su vida», dice y recuerda que esa frase se le quedó grabada desde aquel diplomado que tomó sobre educación sexual.

El diplomado era la primera propuesta para que la comunidad de sordos tuviera a su alcance información sobre sus derechos sexuales. El cual le permitió realizar mejores labores en su interpretación y la dotaría del conocimiento para montar, en julio de 2015, una exposición fotográfica en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México sobre los Derechos Sexuales de la Mujer Sorda.

Tema de gran importancia y urgencia de difusión, porque cifras oficiales estiman que en nuestro país existen 7.7 millones de personas con discapacidad, incluida la auditiva, y al menos cuatro de 10 mujeres con discapacidad han vivido algún tipo de ataque sexual. «En parte porque no reciben la educación necesaria para prevenir situaciones como el abuso», refiere el boletín de Conadis.

Cifras oficiales estiman que en nuestro país existen 7.7 millones de personas con discapacidad, incluida la auditiva, y al menos cuatro de 10 mujeres con discapacidad han vivido algún tipo de ataque sexual.

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Fue en el escenario de aquel auditorio de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, donde presentó su exposición, cuando vi a Marilú por vez primera. Aunque parecía tímida, con aquella sonrisa que parece de nervios pero que no puede borrar de su rostro, se mostró suelta y segura frente a los que nos entrábamos en aquella sala. Sus manos siempre se movieron  a la par de su discurso —como siempre ocurre cuando habla—, ese en el que compartió lo que para ella fue el abuso sexual que vivió en la infancia y del que a nadie le contó hasta muchos años después, cómo desde entonces calló muchos gritos y cómo quería ahora ayudar a otras mujeres a que contaran con las herramientas de lenguaje y comunicación que les permitiera no quedarse calladas, como también lo habían hecho su mamá y su hermana.  

Marilú encontró en aquella galería la forma de transmitir, a través de imágenes, la información sobre los derechos que tienen las mujeres para decidir sobre ellas mismas. En esas fotografías ella apareció haciendo la seña de cada uno de los 17 derechos sexuales de los que quería hablarle a las mujeres sin tabúes, sin prejuicios y en su lengua para que pudieran comprender el mensaje claramente.

La idea, me dice al año siguiente de aquella presentación cuando ocurrió nuestra entrevista en el hogar de uno de sus alumnos, la adaptó de una campaña publicitaria de una marca de lencería, porque le resultó clara y directa, y sólo tuvo que adaptarla a la lengua de señas. Ahí fue donde inició el periplo para concretarla.

Viaje que no imaginé escabroso cuando la vi caminar sonriente entre las fotografías de la galería, explicando cada imagen y la seña en cuestión a quienes le preguntaban. No imaginé lo que tuvo que sortear para abrirse un espacio, no sólo en las instituciones, sino dentro de la misma comunidad de sordos.

En uno de los pasillos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos fue donde se instaló la exposición de Marilú sobre los derechos sexuales de la mujer sorda.

—¿Cómo surge tu exposición en la Comisión de Derechos Humanos?

—Mi hermana Ceci había montado un par de meses atrás la Primera Expo Mujer Sorda como una forma de acercar información que les fuera útil a las mujeres con su misma condición, y ella fue la que me dijo que por qué no hacía algo si ya tenía el conocimiento del diplomado. Así, me lancé a la Comisión a tocar puertas, pero desde ahí tuve ciertos frenos o bloqueos —me relata Marilú.

—¿Qué tipo de frenos? —la inquiero.

—Me dijeron que tenía que pasar a la Comisión de Equidad y Género de la misma Comisión porque el lenguaje que utilizaba en las fotos no era el apropiado y era ofensivo. Yo digo que la gente no está preparada para hablar de estos temas, pero yo sí estaba preparada porque no quiero que otras niñas y niños sufran lo que yo sufrí, la violencia sexual. Así que sólo tuve el valor de hacerlo. No había un lenguaje ofensivo, sólo era directo. Los sordos necesitan una expresión más directa y esto se debe a que su misma lengua es así. Al momento de hacerla en lo único que pensaba era en la mejor forma de llegar a un sordo y encontré que era en una imagen que lo atrapara y complementar con el mensaje de la seña que se estaba representando.

—Esos exabruptos no se notaron el día que la presentaste —afirmo.

—Sí, fue lo bueno, porque en realidad con ese pretexto de equidad y género intentaron apropiarse de mi expo. Y querían que la dejara a su gusto, en la fecha que mejor les parecía para inaugurarla, pero no me dejé y logré que se exhibiera como yo la había pensado. Lo mismo ocurrió en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

—Pero, ¿eso no fue lo más difícil, me habías dicho en otra ocasión?

—No, lo complicado también fue llegar a las mujeres sordas. En un principio quería que ellas fueran las que posaran en las fotos, pero no quisieron. Y cuando finalmente la vieron, hubo quienes dijeron que era muy corriente, porque en algunas fotos salía tocando ciertas partes de mi cuerpo. Pero fue así como pude expresar mejor lo que estaba diciendo. Entiendo su reacción y que es algo nuevo, pero eso es parte de la lucha también: provocar una reacción en las mujeres, la que sea, con eso ya se ganó algo. Me faltaron más fotos, más derechos, pero fue empezar con algo, me aventé a hacerlo con los pocos recursos que tenía, con mi dinero, sin recibir ninguna retribución, más que la satisfacción de lo que estaba haciendo.

La exposición también se exhibió en Toluca, en una universidad de Mérida, y en cinco lugares más incluido el Segundo Congreso de Profesionistas Sordos. Y aunque Marilú se sintió desilusionada por las trabas y algunas de las reacciones, sabía que la mejor recompensa que obtendría era saber que esa exposición, en la que dejaba su dinero y su tiempo, era para las mujeres, para ayudarlas a conocer un poco más de sus derechos y de ellas mismas.  

¿Cuáles serían, entonces Marilú, las batallas a las que se enfrenta la mujer sorda en cuanto a la lucha por sus derechos?

—Primero que se le respete como mujer sorda. Que puede tomar decisiones por sí misma y que no debe tener una persona que le diga que sí o qué no hacer, porque su discapacidad no tiene una limitante intelectual, simplemente no puede escuchar, pero tiene otros recursos para poder expresarse y poder así dirigir su vida como cualquier persona. Lo importante es hacerles llegar la información porque a veces ellas ni siquiera saben a qué tiene derecho y a qué no, o lo que es peor, no todas saben español ni tampoco todas saben la lengua de señas. Para ellas es una lucha constante la lucha por el derecho a expresarse con lengua de señas.

—¿Cuáles serían las estrategias para pelear esa batalla?

—Pues desde la educación, pero también desde las campañas para hacerles llegar la información, desde la adaptación de folletos a la lengua de señas o que sean bilingües, hasta videos con intérpretes. Sobre todo que haya programas de atención incluyente. Es decir, seguir haciendo cosas para que haya educación de todo tipo para la comunidad de sordos, pero sobre todo para las mujeres, porque cuando son violentadas no saben a dónde acudir, cómo expresarlo, llegan en shock a los juzgados y luego no hay intérpretes calificados. Hace falta mucha accesibilidad de información en lengua de señas,  porque no todas saben leer y escribir al cien por ciento.

—¿Esa fue la trinchera que hallaste tras las salas del MP? ¿La difusión de información y cultura para que ellas tuvieran las armas para defenderse por sí mismas?

—Sí. Siempre mi inspiración han sido mi mamá y mi hermana y por eso hacerle llegar a la mujer sorda toda la información para que se defienda, para que sepa qué hacer ante una situación de violencia, es fundamental. Porque sé que hablar de sexualidad no es fácil y menos interpretarlo. No puedes hablar de algo que no sabes, no sientes, en lo que no estás preparado. No es lo mismo interpretar un tema de educación y derechos sexuales, que una ponencia de psicología. Emocionalmente se debe trabajar mucho, incluso para que no me diera pena tocar mi cuerpo frente a muchas personas y hablar de diversos temas como el sexo oral. Por eso ahora tengo en mente propuestas para trabajar con niñas, donde estén presentes los padres, quisiera algo en lo que ellas escribieran sobre los derechos que sienten que les son violentados, que lo expresen con dibujos, con su español entrecortado o en su gramática de lengua de señas, y ya después yo hacer la adaptación de lo que ellas me quieren decir.

Tras la última parte de su respuesta pienso que Marilú quiere ayudar a la niña que ella fue, cuando la agredieron y también a la niña del pasado de su hermana Ceci. Y esa es la imagen con la que me quedó de Marilú: haciendo algo por los suyos —cada vez que me la encuentro o sé de ella es por algo nuevo en lo que está trabajando—, no sólo los sordos, también las mujeres, aquellas que la inspiraron para buscar una forma para romper el silencio, el de la discapacidad y el que uno mismo se impone como hierro «por la condición de mujer, por la baja autoestima, por no saber ni encontrar la forma de hacerlo diferente», me dijo la última vez que nos vimos. Por eso, cuando veo interpretar a Marilú pienso que se convierte en el espejo de quien le habla, de quien le pide que le haga entender a los otros lo que no se puede expresar, y así ella misma también rompe sus silencios.



Xochiketzalli Rosas
Xochiketzalli Rosas
Coordinadora editorial de Kaja Negra. ¿Que si escribo? No, imagino que lo hago. En Twitter: @xochketz Correo: ketzalli@kajanegra.com




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