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Crítica del Juicio Final

26 Ago, 2018 Etiquetas: , ,

Terminator se convirtió en una franquicia referente dentro del cine de acción y su impacto en la cultura popular persiste, así nos lo muestra Alviseni López en esta entrega de Can Cerbero al contarnos cómo influyó en su vida la historia de una lucha de humanos contra máquinas encabezada por Sarah y John Connor.

TEXTO: ALVISENI LÓPEZ

Si existe una franquicia cinematográfica que ha calado el fondo de mi alma, es la de Terminator. Y aclaro: para mí sólo existen las dos películas que dirigió James Cameron. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Terminator: The judgement day, tenía ocho años. Los Reyes Magos me la habían traído de Tepito, un barrio ubicado cerca de la zona centro de la Ciudad de México, en formato BETA [formato de video analógico ya descontinuado]. La película ya estaba empezada y arrancaba justo cuando Sarah Connor, uno de los personajes principales, tiene una pesadilla y se hace polvo. Aquella, era la primera vez que veía la imagen de un esqueleto humano y por primera vez en mi vida escuché gritos de sufrimiento; también fue el día que descubrí la bomba nuclear, tres nuevas experiencias en una.

Terminator es una historia donde presente y futuro se mezclan. Todo empieza cuando Kyle Reese, un hombre del futuro, es enviado en el tiempo para proteger a Sarah Connor, madre de John Connor, quien será líder de los hombres en la guerra contra las máquinas que buscan dominar el mundo. La encomienda de Reese es salvarla del T-800, una máquina con apariencia de humano.

En Terminator: The judgement day dos máquinas [cyborgs] son enviadas del futuro con destinos similares. Una debe evitar que un sistema operativo de inteligencia artificial llamado Skynet sea encendido y así evitar que las máquinas tomen consciencia; a la otra sólo le interesa acabar con la vida de John Connor.

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El choque emocional de mi  primer encuentro con Terminator: The judgement day fue muy  intenso: esta ha sido la única película en la que cerré los ojos. Curiosamente fue durante la escena de la pesadilla de Sarah, la cual también fue la primera idea de Terminator: The judgement day que tuvo James Cameron en un sueño mientras dirigía Piranha II en Italia. A pesar del impacto, me gustó tanto la película que con el tiempo me entrené para soportarla y aprendí a verla completa docenas de veces. De hecho, pasé algo así como un año dibujando T-800’s y jugando con mercurio [mi papá lo había «tomado prestado» de su trabajo] imaginando que era un T-1000 informe.

Después vi The Terminator, la primera entrega de la saga, y comprendí el cambio entre significante y significado. En esta película, el T-800 [interpretado por Arnold Schwarzenegger] es el malo, el que va contra la vida. En Terminator: The judgement day uno ve al T-800 y debe sorprenderse por cómo protege a John Connor. Luego el espectador también tiene que sorprenderse ahí mismo del T-1000, un robot de metal líquido que parece indestructible y con el único objetivo de matar a John Connor y así evitar la rebelión de los humanos. A inicios de los 90 era una novedad explotar así un recurso tecnológico para crear imágenes que ayudaran a dar veracidad a la historia. Esto es importante: una tecnología al servicio del arte para narrar, algo que se conjugó muy bien.

Tal vez ni el mismo James Cameron se imaginó que Terminator se convertiría en una franquicia que, a pesar de que los dividendos no siempre sean positivos, causa interés y ha generado una enorme cantidad de fans. Terminator: The judgement day no tardó en posicionarse en el imaginario colectivo y volver el personaje del T-800 un ícono.

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Antes mencioné que para mí sólo existen las dos películas dirigidas por Cameron, la razón es tan sencilla como sentenciosa: sólo la creatividad de James Cameron le puede insuflar la vida que merece Terminator [paralelo a Ridley Scott con Alien]. Para desarrollar mi punto me refiero a algunos ejemplos: a la tercera producción de esta franquicia, Rise of the machines [2003] le faltó seriedad, pareciera que a ratos el director, Jonathan Mostow, se separa del filme para hacer comentarios [tal como lo hace un niño latoso en la sala de cine] sobre el mismo por medio de gestos y escenas tanto ridículas como innecesarias [pienso en la de los lentes en forma de estrella]. Terminator Genesys [2015] fue todavía más desgraciada, qué pena cuando la demanda por acción y efectos especiales determina un producto y no las ganas de contar una historia. Terminator Salvation [2009] se salva un poco con la imagen femenina de Skynet con Helena Bonham Carter, la introducción de un androide y una muestra del T-600, que en su conjunto fueron una afortunada bocanada de aire fresco, así como lo fue ver a un joven Kyle Reese como un vínculo directo con el primer filme, junto con la reaparición del vaticinio de John Connor. Sin embargo, sólo el movimiento original de James Cameron ha sido lo suficientemente fuerte como para generar tanto los siguientes filmes como este breve texto.

Algo digno de notar entre el T1 y T2 [aparte de que T1 es a todas luces un filme ochentero en su estética y T2 noventero] es ver cómo se va transformando Sarah. Una vez que Kyle Reese le cambia la vida para siempre con tanta información y acción, empieza a adoptar un carácter fuerte: pasa de ser una mesera que no le reclama a un niño que le eche una bola de helado en su uniforme, a ser la Sarah que toma la iniciativa en el amor con Kyle.

En Terminator: The judgement day vemos a una Sarah Connor ya realizada, es decir, la Sarah madre amorosa y mujer guerrera que no es capaz de asesinar a Miles Bennet Dyson, creador de Skynet, a quien le dice que él no sabe lo que realmente es crear vida y se mantiene todo el tiempo al lado de su hijo hasta ver eliminado el peligro: Sarah inició a John en la guerra. Creo que este elemento amoroso entre Sarah y John, aunque discreto, se descuida en el resto de las películas y por eso no funcionan.

James Cameron, director que gusta de la ciencia ficción [Avatar, 2009] y combinarla con la acción [Aliens, 1986] posicionó a Terminator dentro del género como uno de los referentes. Quizá se hayan hecho más películas con un robot como protagonista, pero ninguna ha otorgado la fama a su actor como Cameron a Schwarzenegger, ni fortaleció a las heroínas como lo hizo la figura de Linda Hamilton. Por otro lado, en los guiones de las películas que dirigió de la saga nos enseñaron los múltiples finales, donde el T-800 y T-1000 siempre encuentran una forma de volver a la vida y siguen batallando para cumplir su misión.

Las bandas sonoras de ambas películas también son un tema que me llamó la atención. Ambas cumplen con su cometido: son obscuras y desoladoras, justo como la atmósfera que nos plantea James Cameron, y están a la altura de sus historias; sin embargo le tengo bastante más aprecio a la primera. Si hacen el ejercicio de escucharla es más fácil intuir la incertidumbre, miedo y ansiedad que quizás experimentó James Cameron cuando vio un torso metálico en su sueño italiano. Un poco al margen de esos sonidos ochenteros de desolación podemos deleitarnos con la inserción de composiciones joviales como «Intimacity» de Linn Van Hek y «Burnin’ In the Third Degree» de Tahnee Cain & The Tryanglz.

Para noviembre 2019 se espera una nueva producción de Terminator en la que estará involucrado James Cameron, aunque no como director; en ese puesto estará Tim Miller [Deadpool, 2016]. De una entrevista con ambos se sabe que Cameron quiere revivir la saga como secuela directa de Terminator: The judgement day, de alguna manera ignorando por completo las que él no dirigió. Con Linda Hamilton y Schwarzenegger de vuelta, con un productor [David Ellison] que se metió a la industria gracias a Terminator y con David Goyer como guionista [quien trabajó en las sagas de Batman de Nolan y en las películas de Blade con Wesley Snipes].

Se comenta en diversos foros de fanáticos que se ha reunido un equipo que hará cine por amor al arte [que baste mencionar que Tim Miller lloró en dicha entrevista] y no tanto por negocio. ¿Qué filme podemos esperar? Para ayudarnos en nuestra proyección consideremos los siguientes elementos:

Por un lado, la parte orgánica del T-800 ha envejecido y, al ser una máquina con la capacidad de aprender, quizá podamos verlo sonriendo con más empatía [recuerden la bochornosa escena en Terminator: The judgement day, donde el T-800 sonríe en su intento de mostrarle a John que puede aprender].

Por otro, estará un James Cameron ahora más preocupado por la inteligencia artificial que por una guerra nuclear [al contrario de hace tres décadas], un Tim Miller que conoce más ciencia ficción que Cameron y que dice ser más optimista que él con respecto al futuro de la inteligencia artificial y una Sarah Connor más sabia, es decir menos impulsiva.

Todo esto me hace sentirme optimista y creo que podremos ver un filme digno de la pantalla grande. Y si me equivoco y no me gusta, no importa mucho ya que ningún posible mal resultado podrá hacer mella en la coraza de mi sistema límbico que guarda celosamente las mejores emociones que me ha regalado el cine, cual chip dentro de un cráneo de T-800.

 

Imagen de portada: Face of the machine by Nathan Ruper. Flickr-[CC BY-NC-ND 2.0]


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Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres. Autores: Enrique I. Castillo | Gonzalo Trinidad Valtierra | Luis Aguilar * Contacto: cancerbero0666@gmail.com



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