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De México a Miami: escala Caso cerrado

08 Jun, 2015 Etiquetas: , ,

Su único deseo era conocer Miami. Eso llevó a Alfonso a convertirse en panelista de Caso cerrado. Esta crónica reconstruye su paso por uno de los talk shows más famosos en habla hispana.

TEXTO: XOCHIKETZALLI ROSAS

Se abre el telón y suena el tema que Ana María Polo compuso ―porque le encanta la música― para el talk show al que lleva dedicándole más de 10 años. Y arranca la transmisión de Caso cerrado con la voz de la doctora Polo, como suelen decirle los panelistas cuando le exponen su problemática, acompañada de una melodía jocosa en la que invita a la gente a que acudan a ella para encontrar una solución a sus problemas. Después, frente a las cámaras, la abogada lee una frase célebre, que la mayoría de las veces guarda relación con el caso en cuestión que en seguida presenta.

Una pareja, los litigantes, exponen su historia; detrás el público, los de seguridad y los especialistas (una psicóloga, un médico, un agente de la policía, una sexóloga). Él demanda a su pareja que quiere la patria potestad de los hijos que concibieron en las orgías que solían organizar, porque, según él, ella no ha detenido su vida sin límites y, además, ha intentado suicidarse. Ella, quien se prostituyó desde su infancia, se siente engañada porque dice desconocer que él era gay, y quiere a sus hijos de vuelta porque no quiere perder a su familia, ni que él los críe con su nueva pareja, Esteban. Al final, la tercera persona en cuestión resulta ser el padre del segundo hijo, pues también participaba en las orgías. Los dos hombres son los padres biológicos y quieren la custodia. La doctora Polo sentencia la custodia para los padres y envía a terapia a la madre.

“He dicho. Caso cerrado”, grita la cubana, y golpea con el mazo de la justicia.

La mayoría de los casos que se presentan en el talk show producido por la cadena Telemundo son clasificados por la TV Parental Guidelines, que se encarga de analizar el argumento de los programas televisivos en Estados Unidos, y algunos otros países en América, considerando tres aspectos: contenido sexual, violencia gráfica y lenguaje soez. La de Caso cerrado es la TV-14, lo que significa que el contenido es para mayores de 14 años y puede contener diálogos sugestivos moderados, contenido sexual y violencia moderada.

Esas son las escenas que Alfonso (quien para este texto decidió cambiar su nombre real) y yo miramos en un video de YouTube (que un aficionado subió a la red) porque para poder ver el contenido de Telemundo en México se tiene que contar con algún servicio de televisión de paga.

―¿Alguna vez habías visto el programa, antes de decidir ir?

―Sí, en internet el programa es muy popular. Aunque antes lo pasaban en televisión abierta, en Televisa, en el canal 9, y ahí alguna vez lo vi. Conocía cómo era el programa y el formato, pero últimamente en redes sociales han sido muy virales los casos que son muy graciosos, como el de “La Esteban” –haciendo referencia al que vimos en YouTube−; entonces se puede decir que a partir de ese caso vi formalmente un programa completo.

Aunque reconoce que no era un programa que le gustara ver capítulo a capítulo, como una serie.

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Ana María Polo nació en 1959 en Buenavista, La Habana, Cuba; pero con apenas dos años de edad salió de la isla, a la que no ha regresado, para ser criada en Puerto Rico y después radicar en los Estados Unidos. En una entrevista con Cristina Saralegui –pionera en los talk show de habla hispana– en su programa Pa´lante, Polo contó que estudió derecho porque le gustaba el orden y la justicia, y así egresó de la Universidad Internacional de Florida en ciencias políticas y obtuvo un doctorado en leyes de la Universidad de Miami.

Comenzó a ejercer su profesión en un juzgado de Miami, atendiendo casos de la abogacía familiar: divorcios, adopciones, custodias, manutención de menores y violencia doméstica; incluso participó dando su opinión como abogada experta en programas de televisión entre los cuales figura el mismísimo Show de Cristina, en el que apareció por primera vez en 1994.

Pero la doctora Polo incursionó formalmente en la televisión como presentadora en abril de 2001 en el programa Sala de parejas, después de que un productor la vio cantando en un bar. Era un talk show que se encargaba de la resolución de conflictos maritales, pero que después fue mutando a todo tipo de problemas y fue cuando cambió de nombre y nació Caso cerrado en 2005.

En este programa la doctora Polo presenta casos en litigio, los cuales tienen conflictos de todo tipo que ella intenta resolver como juez-árbitro. La fama que ha adquirido el programa ha llevado a que tenga tres horarios de transmisión en la cadena Telemundo: Lo mejor de Caso cerrado, repeticiones; la edición de las cuatro de la tarde y la edición especial a las siete de la noche. Además ha logrado que sea visto en 16 países de América Latina, todo Estados Unidos, Canadá y Australia; incluso en países como Venezuela se ha creado la versión propia del talk show, a pesar de que el entonces presidente Hugo Chávez había prohibido la transmisión de la versión original, lo que le valió un reclamo de la propia doctora Polo.

Ana María Polo, sobreviviente de cáncer de seno, ha reconocido públicamente que algunos de los casos son dramatizados para proteger la privacidad de quienes así lo soliciten, además de que ella no quiere saber cuál es cuál para no ser un mal árbitro. Incluso publicó su primer libro en 2010 titulado Querida Dra. Polo: Las cartas secretas de Caso Cerrado y el segundo volumen en 2013, ambos basados en los testimonios enviados por los televidentes, quienes en 2012 crearon el Día Internacional de la doctora Polo: el 11 de noviembre.

Una fama sin límites ni fronteras.

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―Entonces, ¿por qué aceptaste? ―inquiero a Alfonso.

―Mi motivación principal era el viaje a Miami, era lo que me motivó a enviar mis papeles, porque era un viaje todo pagado: las noches de hotel, las comidas, el vuelo redondo, y aunque lo demás corre por mi cuenta, en sí ya me ahorraron lo más caro que era el vuelo. Y bueno una paga económica que te dan allá, entonces, eso igual ayuda por si quieres estar más días. La experiencia de conocer Miami y viajar a Estados Unidos ―contesta sin titubear.

―¿Pensaste en lo expuesto que quedarías?

―Pues no, más bien me mentalicé. Hoy ya está superado.

Ana María Polo, sobreviviente de cáncer de seno, ha reconocido públicamente que algunos de los casos son dramatizados para proteger la privacidad de quienes así lo soliciten, además de que ella no quiere saber cuál es cuál para no ser un mal árbitro.

Quizá quienes participan en el programa no piensan en eso, o en cómo sus círculos cercanos (familiares o laborales) reaccionarían ante su paso por Caso cerrado. Porque hay quienes ocupan la plataforma como catapulta: incluso actores profesionales han aparecido en el programa, pero también hay a quienes evidencian como impostores, porque quienes los conocen saben que lo que interpretaron no es su vida real. Tal es el caso en el que se vio involucrada la ahora exdirectora de Promoción Turística del Ayuntamiento de Ciudad Juárez, Janeth Flores Medina, quien presuntamente renunció a su cargo luego de que apareció en Caso cerrado, donde su papel −¿cierto o falso?− ventiló los problemas sexuales que tenía con su supuesta pareja en el programa titulado “Vagina homicida”.

La funcionaria dejó su puesto en febrero pasado (2015) porque el capítulo se transmitió en la región fronteriza aquellos días, aunque la cadena Telemundo lo difundió por vez primera en marzo de 2013, según un canal de YouTube donde fue subido el video. El ayuntamiento dijo que Janeth había renunciado por cuestiones personales. Ella no comentó nada al respecto.

Tal es el caso en el que se vio involucrada la ahora exdirectora de Promoción Turística del Ayuntamiento de Ciudad Juárez, Janeth Flores Medina, quien presuntamente renunció a su cargo luego de que apareció en Caso cerrado.

―Una vez que aceptas el trato, como que le vendiste tu alma al diablo, porque no sabes qué es lo que tienes que hacer; tú sabes que vas a actuar, pero no sabes qué o qué caso te va a tocar ni qué dinámica vas a tener dentro del programa, de todo te enteras de último momento y ya que estás ahí no te queda más que hacerlo. Porque igual desde mail te dicen que si no cumples con todo pueden cancelarte el pasaje de regreso ―sentencia Alfonso.

___

Alfonso quería conocer Miami. Esa era su única motivación. Y lo que tuviera que hacer para lograrlo era lo de menos, se dijo después de que un amigo de la universidad le contó que había ido a aquella ciudad por medio del programa de televisión Caso cerrado –ya que en esa ciudad de Florida se ubican los estudios de Telemundo, televisora que lo transmite −; la producción le había pagado el viaje, hospedaje y comidas para que fuera a grabar como panelista uno de los casos. Todo el tiempo solicitan gente, manda tus datos, le dijo.

―Una vez que aceptas el trato, como que le vendiste tu alma al diablo […]

Así inició el proceso con una de las relacionistas públicas del programa. Su primer paso fue tramitar la Visa –el pasaporte ya lo tenía–; en medio año concretó y entabló la fecha en la que participaría en el talk show.

Al tratarse de varios casos son varios los productores, por lo que, a su vez, son varios RP los encargados de buscar determinado número de personas para cada productor –incluso modelos y actores–. La persona que Alfonso contactó radica en el Distrito Federal y la agregó a Facebook para poder obtener la información con más rapidez y de primera mano. Desde entonces, Alfonso estuvo al pendiente de sus publicaciones en la red social, porque su amigo le había advertido que cuando necesitaba gente para el programa, aquella persona lo anunciaba en su muro de manera muy pública.

Fue así que se suscribió a ese perfil para recibir sus notificaciones.

Vio pasar las peticiones en edades, géneros, complexiones. Ninguna que se ajustara a él. “Tengo tres lugares para Miami, hombre de 30 a 35 años para volar el domingo; una señora de 30 y adolescente de 15 para el sábado”. Incluso, quizá un poco desesperado, comentó en una publicación que aunque no cumplía los requisitos, él estaba interesado. Alfonso quería que lo tuvieran presente para que, en la menor oportunidad, volara a tierras gringas. La RP atendió su petición y le solicitó que le enviara un mail para que, a su vez, le hiciera llegar toda la información, pero sin garantizarle su pronta participación.

El paquete informativo contenía una nota destacada con letras mayúsculas al inicio : “Si ya fuiste al programa no puedes volver, no se puede repetir a los panelistas. En ese caso favor de notificarlo”, y en seguida la información que el interesado debía enviar: nombre y fecha de nacimiento, edad, teléfono de casa, oficina, celular, BB PIN, WhatsApp, email, domicilio, actividad a la que se dedica, fotos recientes de cara, medio cuerpo y cuerpo entero; pasaporte y Visa escaneados; además de informar si se padece alguna enfermedad que, en algún momento, puede impedir tomar vuelos, así como si sufre de cambios de estado de ánimo o ataques de pánico.

También incluía la siguiente petición: que circulara la información con más gente que pudiera estar interesada, porque siempre necesitan personas. Los requisitos eran sencillos: contar con Visa y pasaporte, facilidad de palabra y que no les diera miedo estar frente a una cámara de video.

Y después una breve descripción del talk show conducido por Ana María Polo, “que tiene horario estelar a las 7 de la noche, compitiendo en rating con las telenovelas, y el único nominado a los Premios Emmy”. Además de una importante aclaración: “algunos casos son reales con sus panelistas reales y otros son dramatizados porque hay gente que no puede viajar, pero al final de cada programa está la nota de que algunos casos son dramatizados”.

casocerradoadvertencia

Lo que realmente le interesaba a Alfonso venía hacia el final del correo electrónico. Si él quería permanecer más días en Miami, desde un inicio debía manifestarlo para que hicieran correctamente la reservación de su vuelo de regreso y no tuviera que pagar ningún cargo extra por el cambio, siempre sujeto a la disponibilidad de los vuelos y tarifas en sus diferentes horarios, ya que la producción no pagaría dichos cambios. Los gastos de su estadía que cubriría Caso cerrado era lo que equivalía a tres días: el día que viajaba, el día que se grababa el programa y el día de regreso, el resto de los días, los gastos de hospedaje y comida corrían por la cuenta de él.

―Observé que en temporada alta no hay vuelos; es decir, como que paran grabaciones, incluso la RP me comentó que detienen grabaciones en verano, por junio-julio, y las retoman en agosto-septiembre, y en diciembre dejan de tener llamados o grabaciones de nuevo ―me relata Alfonso tras la indagación que hizo sobre el costo de los vuelos para llegar al aproximado del gasto que hacía la producción en cada panelista. Mismo que coincidiría con el que la relacionista le informó en el e-mail, al desglosar lo que recibiría de pago por la grabación del programa: 160 dólares en efectivo, cantidad que podría aumentar dependiendo el tipo de caso y las evidencias que tuvieran que hacerse, como videos o fotos. En total un presupuesto por panelista de mínimo mil dólares entre avión, hospedaje, comida y el pago por la grabación.

“El motivo por lo que se les paga el boleto redondo, el hotel, los viáticos y los traslados es para que cumplan al 100% o más con los requerimientos del programa. Ya terminadas las grabaciones pueden disponer de su tiempo como mejor les convenga, pero mientras están sujetos a los requerimientos y horarios que les indique la producción y cualquier incumplimiento podrá ser sancionado no pagándoles y cancelando sus boletos de regreso”, le especificó la relacionista pública en la carta electrónica.

Además especificó que  no permiten el uso de peluca para las grabaciones, pero tienen la opción, si el panelista quiere cambiar su imagen, de usar tintes, peinados diferentes, maquillaje, lentes de contacto de color, siempre y cuando luzcan naturales. También deben especificar, en la forma de migración, que el motivo de viajes es de placer.

―¿Por qué tienes que decir que es un viaje de turista? ―Le pregunto a Alfonso, quien me muestra el correo electrónico después de contarme a detalle todo el proceso.

―Por así decirlo, lo que vas hacer es un trabajo, pero no puedes decir eso porque tus papeles migratorios no dicen eso, dicen turista, entonces, supongo que es para que no tenga problemas la empresa con el gobierno ―responde, sonriente.

Fue un miércoles cuando recibió la llamada que había demorado 10 meses, “porque no necesitaban un perfil acorde con mis características de edad y género”, alude Alfonso a la tardanza. ¿Estás disponible para viajar este domingo?, le preguntaron. Alfonso dijo primero el sí, antes de sentir un hueco en el estómago. Ya tenía listos sus datos y sus fotos. Sólo pidió un poco de tiempo para confirmar la fecha de regreso; en realidad tenía todo planeado, sólo que quería ir con una amiga que también contaba con su documentación lista y en orden; sin embargo, ella envió un poco tarde sus papeles y le tocó viajar hasta el martes siguiente, el día que a Alfonso le tocaba grabar, así que decidieron regresar juntos al siguiente domingo, fecha hasta la que les alcanzarían los recursos y el tope de las deudas que costearían después.

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Releyó emocionado varias veces el correo electrónico de confirmación: “Hay que estar en el aeropuerto tres horas antes del vuelo, y envíenme un mensaje o WhatsApp antes de abordar”, era la primera línea que le enviaba la relacionista pública con la que había contactado un año atrás; el itinerario de su estancia en Miami para ir a grabar.

Las indicaciones eran muy claras: Alfonso tenía que anotar la dirección del hotel donde se iba a hospedar en Miami porque en el aeropuerto se la iban a solicitar: The Howard Johnson Hotel. Y de nuevo la petición de que en migración dijera que el motivo de viaje era de paseo. Si eres fumador, por favor, solicita habitación de fumar, ya que en Estados Unidos la multa por fumar en una habitación libre de tabaco es de 200 dólares, le advirtieron. El punto de encuentro sería en el Miami International Airport, en el lobby del único hotel del aeropuerto en el segundo piso.

De inmediato reconocería a los choferes que lo llevarían a su destino, ya que vestirían camisetas con el logo del programa, pero por cualquier emergencia también le proporcionaron los números telefónicos de los conductores. Sin embargo, con quien tenía que reportarse inmediatamente en cuanto pisara tierras estadounidenses era con el productor con el que iba a trabajar su participación en el internacionalmente conocido y difundido talk show a cargo de la abogada Ana María Polo.

En el Howard Johnson recibiría el desayuno, almuerzo y cena, además le entregarían vales para las comidas y le informaron que habría un menú para todos los participantes de Caso cerrado.

Todo se cumplió al pie de la letra.

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El productor que le asignaron al grupo con el que llegó Alfonso les dio la bienvenida antes de registrarse en el hotel y les pidió que se reunieran con él de nuevo después de que se instalaran; iban a tener su primera charla, donde los cuestionarían sobre la razón por la que querían asistir al programa.

Alfonso arribó a Miami con gente de Guadalajara, Playa del Carmen, Distrito Federal y Panamá; pero había más panelistas provenientes de otras partes de México y América Latina, ya que cada uno de los cuatro productores, que Alfonso contó en su estancia, arma grupos de cinco, seis o más personas. El día que llegó arribaron 25 personas que grabarían el martes, al igual que él, día en que llegó un grupo similar donde venía su amiga.

Ese primer día en Miami ni siquiera pudo sentir el mar. El trayecto lo dejó fulminado y aún le faltaban dos días más de arduo trabajo antes de que sus pies pisaran la arena blanca de la bahía.

A las 11 de la mañana del siguiente día, Alfonso se reunió en el lobby del hotel con su grupo de panelistas −eran siete, entre los cuales una modelo y una pareja−, el productor, la coach de actuación y un escritor. Cada uno comenzó a contar su historia de vida, porque, según les explicaron, era para que les dieran un personaje acorde a su personalidad, porque si no ellos no podrían interpretar el caso, pues no sentirían identificación con él.

―Sí van actores profesionales, pero la mayoría son personas comunes.

―Pero, ¿entonces en algún momento reconocieron que no todo era real?

―Nos explicaron que era un talk show con casi 15 años al aire, que había casos que son dramatizados y otros sí son reales, que la doctora Polo no sabe cuál es dramatizado y cuál es real, pero a todos los trata como si fueran reales. Que ella así lo ha declarado a los medios de comunicación cuando se lo cuestionan. Nos dijeron que íbamos a hacer una participación muy seria, que no íbamos a actuar, sino a interpretar el caso de una persona que está por ahí afuera y que mandó su caso al programa, y quiere que se exponga, que incluso es gente que no habla español y que a veces está en el público. Pero yo comí con quienes eran el público y no se veía eso, gente afectada por los casos que se presentaban ―responde con suspicacia.

Cada uno comenzó a contar su historia de vida, porque, según les explicaron, era para que les dieran un personaje acorde a su personalidad, porque si no ellos no podrían interpretar el caso, pues no sentirían identificación con él.

Por eso aquella charla duró como tres horas, porque había casos en los que hacían preguntas más específicas sobre la vida de los panelistas. Alfonso miró al escritor tecleando en su computadora y pensó que estaba chateando, pero después pensó que con lo que iba escuchando de cada historia de vida iba construyendo el caso o el perfil del papel que podríamos interpretar.

Después de aquella plática les dijeron que podían tomarse unas horas, porque a las seis de la tarde debían estar disponibles para que les dieran sus casos y, de ser necesario, grabarían evidencia para presentársela a la doctora Polo.

Alfonso supo esa tarde que sería el demandado de su caso y que tendría que grabar un video y acceder a un par de fotos en ropa interior, y que recibiría un pago de 50 dólares extra; también supo que dos personas de su grupo se mudarían a otro caso y que él suyo sería muy divertido. A él en absoluto le resultó así.

Las instrucciones fueron claras: tenía que estudiar su caso, su personaje, el rol que juega y los breves argumentos que debían regir todo lo que iba a decir; no tenía que decir todo literal, lo que tenía que aprender era la idea y procesarla para apropiársela.

Al día siguiente a las nueve de la mañana pasarían por su grupo para llevarlos a los foros de Telemundo, porque ellos serían los primeros en grabar.

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Las mañanas en Miami le supieron a café americano con muffin y huevo con jamón, al menos los dos días que Telemundo le pagó sus desayunos; y las tardes a arroz con frijoles y carne. Lo importante era estar en aquella ciudad, se decía cada vez que lo que degustaba le resultaba desagradable.

Así que la mañana en que por fin tendría de frente a la famosa doctora Polo, Alfonso se llenó de calma porque cuando se registró en la televisora y le dieron el gafete que rezaba “Talento Telemundo” comenzó a sentir el hueco en el estómago de los nervios, la emoción y la razón que destrozaba sus pensamientos.

Un breve recorrido en el set para que valorara su espacio de acción lo aterrizó en la realidad que estaba por pisar, las siguientes siete horas que le darían 20 minutos de fama cuando presentara uno de los dos casos del programa.

En algún momento les pidieron su credencial de elector y pasaporte, y les dieron tres hojas para que las firmaran, pero con el antebrazo las cubrieron para que no pudieran leer el contenido y sólo les indicaron dónde rayar.

―¿Y firmaste sin saber qué era?

―Sí –responde Alfonso, y encoge los hombros apenado−. Una chava de mi grupo intentó jalar las hojas para verlas, pero las apretaron y no la dejaron leer. Todos firmamos sin saber qué era.

―Vi en una entrevista que le hicieron a la doctora Polo que quienes participaban en el programa firmaban un documento en el que le autorizaban a ella ser el árbitro del problema y así darle el poder para poder decidir sobre la posible solución, ¿habrá sido eso?

―Puede ser, pero yo no lo supe.

Por eso Alfonso siguió al pie de la letra las instrucciones.

―¿Y firmaste sin saber qué era?

―Sí.

La primera indicación fue contundente: nunca veas a la cámara, siempre ve a la doctora Polo. La segunda, también: no puedes usar el celular. Después vinieron un par de horas de ensayo en el que la coach de actuación fungió como la juez del caso. Para Alfonso fue de gran ayuda y apoyo porque siempre guió a su grupo con paciencia y dedicación; fue clara al decirles que no tomaran referencias de otros casos que ya hubieran visto, “porque la doctora no sabe nada, el público no sabe nada, entonces deben de contar el caso”, les decía.

Sin embargo, Alfonso no se sintió parte de su personaje.

―Para empezar yo no tengo una vida ni un pensamiento heterosexual –dice moviendo las manos y el cuerpo cuando me explica que su personaje era demandado por su esposa−, entonces me sentía como acartonado. Después fui mejorando, pero sí me costó trabajo. La coach me ayudó a meterme en el papel. Incluso en eso de defender tu postura, de ser firme y de interrumpir a  la otra persona –y los dos reímos al recordar los casos que vimos en YouTube, donde no había más que interrupciones.

―¡Claro!, si no hay interrupciones, ¿cuándo intervendría la doctora Polo con su mazo?

Además, dentro de su defensa tenían que evitar decir que la otra persona estaba mintiendo; podían desestimar o descalificar lo dicho, pero no sostener que era una mentira porque se caía el caso; era mejor decir “las cosas no fueron así”, “deje que le cuente cómo sucedió”.

No obstante, el factor sorpresa es la mismísima doctora Ana María Polo, porque los panelistas no la ven hasta que ella le pide al director que pase a los litigantes al estudio; y ella, al no conocer el caso, no tiene un guion, sabe someramente de qué va el caso y sus preguntas, antes o después de lo esperado por los panelistas, pueden cambiar sustancialmente el argumento que ya llevaban en la mente. Lo que busca la producción con esta dinámica es que todo sea espontáneo y “real”, por eso los participantes llevan su propia ropa, y ya ellos valoran si es adecuada o no.

Así, tras el ensayo, la comida y la grabación de la cápsula inicial, Alfonso se preparó para entrar al foro, para mirar de cerca a la doctora Polo, olvidar un momento que su motivación era el viaje y enfocarse en su personaje.

Porque su papel terminó hasta que salió del foro, justo después de que su coach lo felicitó y recibió su pago por el día de intenso trabajo: 250 dólares, cantidad que lo sorprendió porque eran 90 dólares más de lo que la relacionista pública le había dicho.

Y al fin pudo abandonar los foros y disfrutar de lo único que le interesaba: pisar Miami Beach, sueño que le duró cuatro días más.

Imagen de portada: Pods, by K D-Flickr-(CC BY 2.0)

 



Xochiketzalli Rosas
Xochiketzalli Rosas

Coordinadora editorial de Kaja Negra. ¿Que si escribo? No, imagino que lo hago. En Twitter: @xochketz Correo: ketzalli@kajanegra.com





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