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Del ejército y la hermandad; dos realidades en el cine mexicano

14 Sep, 2015 Etiquetas: , ,

El cine no escapa del contexto que vive México: ¿Qué historias están buscando contar cineastas de ficción y documentalistas? ¿Qué tan fácil o difícil es para ellos abordar lo que ocurre en el país? Al respecto este par de conversaciones con la documentalista Sara Escobar y con el cineasta Alejandro Gerber.

TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ / FOTOS: SAMUEL SEGURA

Dos hombres conversan dentro de un taxi. Hablan de lo que ocurre en México, de la violencia y del cine. En algún momento el chofer dice que el cine no sirve más que para entretener. El pasajero se queda con esa afirmación en la mente.

La afirmación del taxista se vuelve una pregunta que el pasajero, mi colega Samuel, le plantea al cineasta Alejandro Gerber Bicecci, con quien conversamos:

—¿Qué dirías a ese taxista que dice que el cine no sirve para nada más que para entretener?

—Le diría que tiene razón en muchas cosas. Vivimos en un país en el que se desprecian muchas cosas. Creo que es un país que no se quiere. Sí creo que el cine sirve, que el periodismo sirve… pero no como esfuerzos individuales ni aislados. En ese sentido es mucho más útil lo que hacen Las Patronas, que dan de comer a migrantes. Lo que hacemos nosotros [cineastas] se trata de generar ideas. No creo que una película pueda cambiar al mundo, me encantaría, pero en la práctica pues no. Compartiría el pesimismo del taxista pero no creo que sea una razón para dejar de hacer cosas, ¿por qué? Porque si te rindes pues entonces qué sigue.

Sí, el cine no escapa del contexto que vive México. ¿Qué historias están buscando contar cineastas y documentalistas? ¿Qué tan fácil o difícil es abordar lo que ocurre en el país? Este par de conversaciones con la documentalista Sara Escobar y el cineasta Alejandro Gerber son una aproximación.

Del ejército y la pobreza

San Juan Guichicovi, Oaxaca, es un municipio de 28 mil 142 habitantes, de los cuales, según cifras del Coneval, más de 19 mil 115 son pobres. La opciones de trabajo son pocas, una de ellas es enlistarse en el ejército. Ser tropa. Este es el eje de Causar Alta (2014), documental dirigido por Sara Escobar.

Sara empezó a poner atención al ejército por su labor: “Estuve trabajando en prensa en el sexenio de Calderón. Al menos cada semana había una orden de la Sedena para ir a determinados lugares. Muchas veces me tocaba ir y me empezó a intrigar este asunto de ver a tanta gente metida en un sistema tan cerrado, tan extraño, con dinámicas muy raras”.

Un día Sara acudió a una cobertura y le tocó dormir con chicas de una tropa. Comenzaron a charlar. Ahí supo que había mujeres que habían estudiado la misma carrera que ella (ciencias de la comunicación), y empezó a preguntarse “¿Qué hacen aquí?”. Después de eso arrancó su proyecto y su vida cambió: dejó de trabajar en medios, cursó una maestría de cine documental y tuvo referencia de San Juan Guichicovi.

—¿Cómo se acerca uno a una institución como el ejército?

—Primero me acerqué a un coronel por una maestra que conocía a alguien y él pidió ser mi fuente secreta, él lo que hacía era darme información sobre lo que pensaba que me podía servir. Por alguna razón me suelta el nombre de San Juan Guichicovi […] En algún momento reviso las notas que tenía y veo el nombre de San Juan Guichicovi y me meto a checar censos y demás, y encuentro que el 10% de la gente de ahí pertenece, si no al ejército, sí a alguna corporación policiaca. Me fui para allá. Fue muy curioso, para empezar es un lugar al que nunca había ido. Es la parte pegada a Veracruz, pero además, llegué a preguntar así de “oiga, ¿alguien de aquí que sea militar?” y era “sí, mi primo, mi hermano, mi papá, el de la tienda”, o sea, a quien le preguntaras.

Así inició todo. Tras algunos ajustes (buscar nuevos testimonios porque dos de los tres acordados inicialmente optaron por no participar) el rodaje se hizo. Al ver que el documental tenía sólo testimonios anecdóticos, Escobar buscó otras entrevistas para darle una dimensión distinta. Finalmente logró obtener testimonios de dos coroneles, cuenta la documentalista en la sala de su casa una tarde de agosto.

—Tras realizar este documental, ¿cambió la idea que tenías del ejército?

—En general, después de hacer el documental, creo que el ejército es más complejo de lo que yo pensaba y que, por lo tanto, tendríamos que ser críticos, porque ya no sólo estamos hablando de las violaciones que puede cometer el ejército contra la sociedad sino de las propias violaciones y dificultades que puede tener una persona que está entrando a una chamba, que está entrando a trabajar en un lugar en el que encontró trabajo. Se me hace muy macabro que haya un sistema con un ejército que se nutre de la pobreza que es generada por ese sistema. Es un asunto cíclico y siniestro. Es el sistema en que estamos seguros en este momento, que no funciona, hay desigualdades tremendas y justo de esas desigualdades se nutre la tropa del ejército o una gran parte de la tropa del ejército, pero es ese ejército que defiende ese sistema, ¿cómo sales de ese ciclo? Ahora que presentamos el documental en Twitter fue una cosa increíble de gente escribiendo: “bueno, sí, pero todos tenemos que trabajar en algo”, “finalmente todos trabajamos en algo por comer”. Y sí, mucha gente está trabajando en algo que no quiere porque no tiene de otra. A eso sumémosle que el lugar en el que no quieres estar, pero tienes que estar porque es tu trabajo, sea el ejército en un país como este.

—¿Cómo viste a la comunidad de San Juan Guichicovi respecto a esto de dar alta en el ejército?

—El grupo que entrevistamos fue muy heterogéneo. Había desde gente que se dio de baja o gente a la que despidieron en algún momento, hasta gente que está pensionada. De esas personas unas tenían más miedo de hablar que otras. Algunas decían “no quiero que mi hijo tenga que ver con eso [el ejército]” y otros que era de “bueno, que entre mejor a la escuela [militar] para que le vaya mejor”. Lo que me impresionó mucho fue que mucha gente tenía miedo de hablar. Eso nos llevó a un asunto de responsabilidad, pues la gente te está compartiendo una parte de su vida, el documental dura una hora pero la vida de ellos dura mucho más y está fuera de este documental.

Pensando en ese deber moral y de responsabilidad Escobar y su equipo de producción querían estrenar Causar Alta en el municipio, que los primeros en verlo fueran los testimonios; sin embargo, eso no fue posible: “cuando la presidenta municipal de San Juan Guichicovi nos cancela a nosotros justo por esto (la responsabilidad) nos dio miedo a forzar las cosas, porque era ir y dejarle el problema a ellos y siento que no tenía yo el derecho de ir a provocar”.

—¿Qué problemas han tenido para dar a conocer el trabajo?

—Decidimos tomarlo en nuestras manos y hacerlo por nuestra cuenta. Empezó a funcionar mejor. Tardamos mucho tiempo esperando hacerlo por las vías que académicamente piensas que van a ser las mejores. De pronto el circuito de las películas te lo marcan así: primero el circuito de los festivales, ya que pases por los festivales empiezas a buscar otro tipo de exhibición y demás. Ahora estamos apostándole al rollo independiente, es lo que nos gusta, tener esta libertad, es difícil pero a eso apostamos. Está siendo un experimento.

—¿A qué se puede enfrentar alguien que quiere hacer un documental independiente en un país como México con el contexto que vivimos?

—Todo depende de las aspiraciones que tienes. Creo que si asumes que vas a hacer un proyecto independiente y que te vas a ir por ese camino posiblemente es porque no estás interesado en alfombras rojas o en hacer varo de esto. Sino que lo estás haciendo porque tienes algo que decir. Yo intenté aplicar al Ariel pero no me dejaron meterlo porque no estuve en otros festivales. Es decir, te vas a tener que abrir camino tú solito. En México la industria del cine es igual al sistema del país: hay un buen de corrupción, hay un buen de cosas extrañas, favoritismos, compadrazgos. Tienes que ubicar muy bien dónde estás parado. Y desde ahí empezar a construir. Hay mucha banda que se está moviendo porque quiere decir algo.

Sara Escobar directora de Causar Alta

—¿Qué crees que puede aportar el documental a un país como México?

—Creo que el documental es una herramienta más para conocer la realidad que vivimos. No podemos estar en todo. El documental nos acerca con sus ventajas y desventajas a una visión de algo. No es la realidad en sí misma pero es la visión de alguien sobre algo. Creo que la ventaja del documental es que te puede poner a pensar respecto a lo que estás viviendo, lo que eres, cómo están las cosas y cómo vas a hacerte partícipe o si prefieres seguir con tu vida como está.

—¿Cuáles son las características que la industria está buscando en el documental y a las que tú no quieres pertenecer?, ¿cuál es el estilo del documental que a tí te gusta hacer?

—En sí al documental al que jamás quisiera pertenecer es el que busca insertarse en un sistema de producción en el que es una mera mercancía para generar ganancias. Me interesa algo que me llegue hasta la víscera.

—¿Por qué ver Causar Alta?

—Creo que el punto en el que está el país no nos permite estar analizando todo en blancos o negros. Creo que es momento de que reflexionemos sobre el punto donde estamos parados y cómo vamos a salir. Este documental, con todas sus ventajas y con todos sus errores, es una propuesta bien honesta de todos los que participamos de querer entender algo de una institución que es muy cerrada. Y si queremos enfrentarnos a toda esta crisis de derechos humanos, a toda esta corrupción que hay en el mismo Estado, pues tenemos que empezar a ver de qué está compuesta, cómo se ha formado.

Los contrastes del país en una road movie

Viento Aparte (2014) es la segunda película dirigida por Alejandro Gerber. Se trata de una historia en la que dos hermanos obligados por las circunstancias tienen que trasladarse de Oaxaca a Chihuahua. En su recorrido observarán un país que, hasta ese momento, no habían enfrentado: un país donde ocurren bloqueos, masacre, robos, prostitución. En el que también cabe el amor, la hermandad.

La conversación con Alejandro Gerber ocurre en un café en la colonia Roma. La escena del taxista que piensa que el cine no es más que entretenimiento abre la pauta para plantear también lo que sigue ocurriendo en el país.

—Y tú por qué haces cine si las cosas son tan terribles, si matan en la Narvarte a un fotoperiodista, ¿por qué te animas y haces una película que va contra todo esto?

—Va contra toda lógica, ¿no? Es decir, si uno piensa en el país tal y como funciona y lo que es tener éxito y los caminos que hay para alcanzarlo pues hacer una película con una mínima conciencia social es un contrasentido, no tiene lógica; más bien es una necesidad, no sale del cálculo, sale de la incomodidad de ver las cosas tal y como están. Digo lo que me molesta para ver si eso genera la posibilidad de un cambio.

—¿Cómo explicarías Viento Aparte, pese a esta contradicción?

—El foco principal es la historia de dos hermanos que tienen un vínculo en riesgo y que pese a ese riego maduran. ¿Por qué contar eso? Porque en algún punto me empecé a cuestionar, parte la idea generadora de esta película fue pensar “yo en qué creo”; es decir, como una buena parte de las personas que vivimos en México, tengo una profunda crisis de fe en las instituciones, en los modelos de vida establecidos, por supuesto en cualquier cuestión religiosa, en las ideologías políticas. ¿A que club puedo pertenecer yo, en el que crea y que no sea un club de futbol? Y eso sería el vínculo entre hermanos. Parto de ahí, de defender eso, esa posibilidad […] Se suma a este reto hacer una road movie, vamos a salir al camino. Y ocurre justo cuando el país está hecho un desastre.

Gerber Bicecci cuenta que no era ajeno al acontecer noticioso, en algún momento fue guionista del programa El Weso de W Radio, y señala: “a partir de Ayotzinapa mucha gente cobró conciencia de que somos un desastre. Antes, en el sexenio de Calderón era la idea de ‘si los matan es porque son criminales’ ese era el discurso.”

El preámbulo para lo que fue Viento Aparte ocurrió en 2010. En ese año Alejandro y un amigo suyo recorrieron la ruta de la película, pero a la inversa. Viajaron de Chihuahua a Oaxaca con apoyo de Imcine. En ese viaje “nos tocó una balacera en Saltillo, una estampida en Monterrey, nos contaron unas anécdotas muy fuertes en Parral […] Se reescribió el guión con esta sensación de riesgo constante”.

Alejandro cuenta que estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en los años noventa, cuando el cine mexicano se ocupaba de historias de la clase media urbana que no siempre vinculaban al espectador con la situación que vivía el país. “El cine volteó a mirar la violencia citadina después, yo sí creo que Amores Perros fue una piedra angular”, dice el cineasta.

—Con este contexto, en un país como México, ¿qué implica hacer el cine que tú quieres hacer?, ¿qué tan complicado es?

—Implica lo que está pasando con la película: se logró estrenar pero es una película que tiene una proyección marginal. Hay una desproporción. No puedes aspirar a los números que tiene una película exitosa. Lo que es un poco molesto es que Viento Aparte podría ser una película comercial, tiene buen ritmo.

—¿Qué le impide ser comercial?

—Que no sale Martha Higareda, que no sale Damián Alcázar. [México] es un país constituido desde la casta. A mí me resulta chocante.

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—¿Cuál es tu ambición como cineasta?, ¿cómo hacer para poder seguir produciendo este cine?

—Es un tema muy complejo. Lo primero es que el 95% del cine mexicano está subsidiado. Es la forma en que se logró sacar al cine mexicano del bache. Lo que pasa es que no hay un marco legal que permita que las películas tengan una vida más sana, es decir, el Estado invierte muchísimo en producir pero a la hora de exhibir no hay espacios, no hay manera de enfrentarse al duopolio cinematográfico y a sus doctrinas económicas. Sí hay una sensación de que producir es posible, de que hacer la película de tus sueños es posible en los términos que tú la quieres plantear, nadie te dice “quita eso”, no te topas con censura, pasa a cierto nivel, empresarial, pero una vez que la tienes es: ¿A quién se la muestro?

Alejandro asumió los costos de la distribución de Viento Aparte, que también fue lanzada en streaming en plataformas como FilminLatino.

—¿Cómo te concibes a ti como cineasta?, ¿cómo influye el ego del autor?

—Esa es otra contradicción: logras levantar un proyecto porque eres quien eres, tienes más posibilidades de conseguir apoyo para una película si ya tienes un nombre, premios, medallas; pero después, cuando difundes el trabajo, lo ideal sería no existir. Siempre la presencia del autor estorba a la obra, no lo digo yo, lo dice Umberto Eco. Porque entonces todo mundo recurre a la figura del autor para que explique la obra. Y eso es injusto para la obra, para el autor, para el espectador. Aunque, de nuevo, si no haces promoción no existes.

—¿Buscas que pase algo en la gente?

—La película la acaba el espectador. Ahí se genera un diálogo que ya le compete a la película y al espectador.

—¿Cuál es la importancia de que a través del cine se retrate lo que está pasando en México?

—Lo que más se escucha hacia el cine mexicano, que se sigue viendo como un género, es “yo para qué quiero ir a ver tragedias al cine si con las mías tengo”, “¿qué es lo que quiero? Entretenerme”, y para qué sirve esto [el tipo de cine que hace Gerber], pues para pelearse con esa gente. Hay una sensación de la negación de la realidad, particularmente en la clase media, que es muy irritante y que es necesario combatir. Lo que sí puede hacer una película es ciudadanizar a una persona. Con ciudadanizar me refiero a convertirlo en un ciudadano participativo que tiene una opinión sobre el país en el que vive. México es un país en el que la gran cantidad de gente no tiene una postura política, no tiene una opinión, por eso gana el PRI, por eso pasan las cosas que pasan, entonces, ¿a qué aspira uno? No a que la gente piense como tú, sino a que la gente debata con ideas, no con esta sensación de “no quiero ver esto”.

Imagen de portada: El Cine del Pueblo by Lisandro M. Enrique -Flickr- CC BY-NC-ND 2.0

 



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com



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