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La desaparición forzada en México como estrategia de terror

26 Feb, 2015 Etiquetas: , ,

Las desapariciones forzadas en México son una generalidad, ha dicho la ONU. No son un fenómeno nuevo, eso lo ha documentado el periodista italiano Federico Mastrogiovanni, autor del libro Ni vivos ni muertos (Grijalbo, 2014), quien nos platica su experiencia y comenta cómo ve el contexto que vive el país.

TEXTO Y FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

Los hechos de Iguala ocurridos el 26 y 27 de septiembre pasado no sólo provocaron indignación, protestas y movilizaciones para exigir la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, también pusieron en la agenda pública un tema que el gobierno mexicano había minimizado: la desaparición forzada de personas.

El 13 de febrero de este año el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU concluyó que en México las desapariciones forzadas son generalizadas. En días previos, el Comité evaluó al Estado mexicano y escuchó a organismos como la CNDH y a representantes de la sociedad civil. Los familiares de los 43 normalistas desaparecidos estuvieron ahí.

Juan Manuel Gómez Robledo, subsecretario de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores admitió: “La desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa pone de manifiesto, una vez más, que debemos seguir atendiendo los problemas asociados a la pobreza, la exclusión y la corrupción, para hacer frente al crimen organizado y la violencia que lo acompaña, y así fortalecer las capacidades del Estado en materia de seguridad y justicia”. Cabe mencionar que la PGR había dicho que los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron “privados de la libertad, privados de la vida”, es decir, no nombró lo ocurrido como desaparición forzada.

Sin embargo, tras publicarse las conclusiones del Comité sobre desaparición forzada en el país, el gobierno mexicano a través del secretario de Relaciones Exteriores, replicó y dijo que la ONU había caído en “inexactitudes”. Otra vez, el gobierno mexicano minimizó el problema.

Protesta en el Zócalo “Una luz por Ayotzinapa”. 22 de octubre de 2014.

Protesta en el Zócalo “Una luz por Ayotzinapa”. 22 de octubre de 2014.

Las desapariciones en México no son un fenómeno espontáneo. Un botón de muestra: Data4 reportó en octubre pasado que en el país hay 32 municipios que desde 2011 experimentan incrementos en su tasa de desaparecidos. Y detalló: “Un dato que tiene uno que repetir para empezar a ponderar: hay, a julio de 2014, 22 mil mexicanas y mexicanos desaparecidos desde 2006. De éstos, poco más de 13 mil desaparecieron en el sexenio de Felipe Calderón y 8 mil en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto”.

¿Cómo explicar las desapariciones? Ese fue el punto de origen de Ni vivos ni muertos. La desaparición forzada en México como estrategia de terror.

En Ni vivos ni muertos, trabajo que fue reconocido por el PEN Club, Federico Mastrogiovanni plantea una investigación que integra visitas a distintos puntos del país, entrevistas a familiares de desaparecidos, expertos en temas de violencia, narcotráfico, activistas, funcionarios y víctimas de desaparición forzada para acercarse a una explicación que exige no analizar este fenómeno de manera unilateral.

Ni vivos ni muertos, documental realizado por Federico Mastrogiovanni y Luis Ramírez Guzmán.

Mastrogiovanni propone desde el principio una mirada geopolítica para no olvidar el papel estratégico de México, y apunta algo que es clave para dimensionar la tesis de Ni vivos ni muertos: “la estrategia de muchas empresas transnacionales del petróleo consiste en apoyar a gobiernos autoritarios en países ricos en recursos energéticos. Los gobiernos deben comprometerse a dejar que en las zonas más importantes para los recursos se genere o se difunda un alto nivel de violencia, de terror, con un gran número de asesinatos y desapariciones; esto, para agilizar el desplazamiento forzado de las poblaciones que viven en las zonas donde se encuentran los recursos energéticos”.

Al respecto, en noviembre pasado el Tribunal Permanente de los Pueblos presentó la audiencia final sobre libre comercio, violencia, impunidad y derechos de los pueblos, y señaló los derechos violados en México desde el gobierno de Carlos Salinas hasta lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto. Según el TPP cuatro actores tienen responsabilidades jurídicas en la violación de derechos de los pueblos: el Estado mexicano, las empresas transnacionales, terceros estados (Estados Unidos o Canadá, entre otros) e instituciones internacionales (algunas: la OMC, el FMI, el Banco Mundial, la OMPI).

En este contexto el TPP considera que Ayotzinapa:

“Con todo el impacto del dolor y la documentada participación de agentes y connivencia de los poderes públicos, los hechos de Ayotzinapa no constituyen apenas un capítulo más en el largo listado de violaciones de los derechos a la dignidad y a la vida de los pueblos de México: son la expresión dramática, real y simbólica, de la actualidad…”

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La entrevista ocurre en una cafetería de la ciudad de México:

¿Cómo fue el proceso de elaboración de Ni vivos ni muertos? ¿Cómo te conectas con este tema?

Me empezó a interesar el tema de la desaparición cuando estaba trabajando con mi socio Luis Ramírez Guzmán, con el que hice el documental Ni vivos ni muertos […] nos enteramos de que había muchos migrantes desaparecidos. Y entonces empezamos a investigar. Luego nos dimos cuenta de que había muchas desapariciones de mexicanos y muchas eran desapariciones forzadas, es decir había una intervención por parte del Estado, por acción o por omisión, sea a través del ejército o de la policía. […] En ese entonces no sabía ni siquiera la diferencia entre desaparición y desaparición forzada. Fui aprendiendo […] Antes de 2011 no sabíamos casi nada de esto. Sabíamos de las desapariciones forzadas durante la guerra sucia, en Argentina, en Chile… Y en realidad fue un viaje muy doloroso e interesante ir descubriendo qué estaba pasando aquí.

¿Qué fue lo más complicado para esta investigación?

Hay diferentes tipos de retos. Algunos conceptuales. Para empezar, poder pensar en la posibilidad de que esto fuera una estrategia y no algo casual… Todos los principales medios te están diciendo que son los malos [los que desaparecen a las personas], que es casual y que ya […] pero si tienes 30 mil desaparecidos en pocos años esto no está en manos del azar, esto es algo que va mucho más allá.

Y otro tema es el de los recursos. Nadie quiso apoyarnos, casi nadie, porque alguien si nos apoyó […] yo creo que por el tema; por esta razón yo aprecio mucho el apoyo que me dio Guillermo Osorno, entonces era editor de Gatopardo, yo trabajaba con Gatopardo, y de muchas formas me ayudó a trabajar, él impulsó el libro aunque luego ya no se publicó con ellos. […] muy poca gente tuvo la visión de creer y algunos fueron Enrique Calderón y Ariel Rosales de Random, que vieron en el proyecto una cosa que sí iba a ser importante.

El periodista italiano Federico Mastrogiovanni fue reconocido este año por el PEN Club por su trabajo Ni vivos ni muertos.

El periodista italiano Federico Mastrogiovanni fue reconocido este año por el PEN Club por su trabajo Ni vivos ni muertos.

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Para entender la desaparición forzada se necesita definirla. Mastrogiovanni retoma en Ni vivos ni muertos las definiciones establecidas en la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas y en la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (esta última es parte de un Tratado Internacional ratificado por México en 2008 y que entró en vigor en el país en 2010) y dice:

“Se entiende por desaparición forzada ‘el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de la libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley’.”

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Ante los niveles y formas de violencia que se viven en México hay quienes señalan que México es un Estado fallido (especialmente a partir del sexenio de Felipe Calderón) y hay quienes observan un Estado erosionado.

Se le pregunta a Mastrogiovanni:

Y cómo observas el papel del Estado mexicano, ¿se está erosionando?, ¿lo ves débil, fragmentado, fortalecido?

No lo veo débil, lo veo socio del crimen, yo no creo en el Estado fallido, para mí no es ningún Estado fallido, es un Estado criminal. Claro que hay partes del Estado que son sanas, pero cuando tú tienes acontecimientos como Tlatlaya o como Iguala y ves todas las estructuras del Estado intentar protegerse a sí mismas y no buscar justicia, que sería la forma más clara y cristalina de proteger al Estado mismo, buscar justicia y proteger a la ciudadanía, entonces se trata de un Estado que en sus fundamentos es un Estado que es cómplice del crimen, a varios niveles, de varias formas, desde la corrupción hasta la de manera más activa; pero yo no siento que sea un Estado fallido, porque además, si se quiere, las cosas funcionan y se tienen los recursos humanos, económicos, para que las cosas funcionen, lo que pasa es que si no funcionan es porque no se quiere que funcionen o porque se quiere que funcionen de cierta forma. Ahí es la complicidad.

En el libro mencionas el contexto, que tiene que ver con la economía, el dinero. Entonces este Estado criminal surge de qué….

Hay que aclarar que no pienso que sea algo exclusivo de México, es algo que se da en muchísimos lugares, también en mi país hay grandes sectores del Estado que son criminales y están relacionados. El punto creo que viene de la distancia que hay entre el concepto de representar al pueblo y hacer negocios, porque fundamentalmente el papel de los estados nacionales ya no es representar al pueblo. Del pueblo piden el apoyo y la legitimación de lo que hacen pero en realidad desde hace mucho están haciendo intereses de grandes grupos y no de una forma unívoca; cada quien representa más bien a grupos y los funcionarios se enriquecen y se vuelven parte de una élite que se reproduce y entonces su objetivo es gestionar la cosa pública para sacar más provecho… pero también hay una falta de vigilancia de la ciudadanía. Si yo como elector, como ciudadano, le doy mi legitimación a alguien que sé que va a ser un criminal o va a hacer negocios con los criminales, porque todos saben, entonces qué es lo que pretendes, ¿me explico?

Ya entrando a lo que ha sido Ayotzinapa, ¿por qué crees que el caso tuvo el impacto que ha tenido, si mencionamos, bueno, tú has documentado historias de desapariciones, en tu libro das un contexto desde el sexenio de Calderón, por qué ahora, qué condiciones se sumaron?

La interpretación que yo le daría es que fue un conjunto de varias cosas. Por un lado, el hecho de que agarraron a 43 estudiantes muy jóvenes juntos, pero no era la primera vez que se daba una desaparición masiva, pero ahí fueron jóvenes, estudiantes y no cualquier estudiante. Una cosa que impactó a mucha gente, a muchas personas que nunca estuvieron involucradas en movimientos de participación, es que dijeron: es que estos chavos son estudiantes. Entonces no se pudo, como se pudo hacer en Tlatlaya, criminalizarlos, porque en Tlatlaya lo primero que se dijo fue: son criminales, se lo merecían. Todavía mucha gente lo sigue diciendo, ahí no se pudo, no funcionó esta táctica, que es una táctica también del Estado y de los medios, porque pues no había por dónde. Como me dijo Omar García [estudiante de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos] en una entrevista que le hice, me decía: es que somos jodidos, somos hijos de campesinos, pobres, estudiantes que tenemos la desfachatez de decirle al poder, a las instituciones: nosotros no queremos aceptar tu forma de enseñarnos las cosas, es más, no queremos aceptar tus imposiciones. Esto es lo que hacen ellos, entonces cuando tú golpeas a un grupo tan grande con esas características: estudiantes pobres, jodidos, que buscan la manera de salir adelante, tiene más impacto. Ahí no les funcionó el jueguito de la criminalización que siempre hacen. También [impactaron] el número y la saña. La saña. Fue muy claro ahí el papel del Estado… Murillo Karam estuvo intentando, todos estuvieron intentando cubrir, minimizar: es que la policía municipal no es el Estado. Ni madres, cabrón, claro que [la policía estatal] es el Estado, es una articulación del Estado. O decir que el ejército no tiene nada que ver. No puedes esconder el papel que tuvo el Estado. El mismo Estado que justamente es el que debe proteger a la población… yo creo que fue un conjunto de varias cosas… tocó puertas que normalmente no se hubieran sensibilizado…

Ahora que comentas que entrevistaste a Omar, ¿cómo observas al movimiento? ¿Lo ves fortalecido, organizándose o debilitado como se ha querido dar a conocer en la prensa?

Más que debilitado lo veo bajo ataque constante. Porque le van con todo, le va la PGR, el gobierno federal, los gobiernos estatales, el ejército. Todos se los quieren chingar y así van a seguir haciendo porque representan una denuncia demasiado fuerte. Por otro lado, me parece muy interesante [ver] que hay un núcleo muy compacto y sólido de movimientos sociales, principalmente los que están alrededor de los padres de los desaparecidos, de los normalistas. Y aunque no tengan el mismo impacto numérico [las movilizaciones] que a lo mejor tuvieron los primeros meses, lo que me parece normal, lógico… creo que lo que ellos tienen es un discurso muy claro y no me parece debilitado. Lo que sí me sorprende es que desde un principio no le entró más gente, porque esto era para que el gobierno… o sea, en un país normal, pasa lo de Ayotzinapa y a más tardar a la semana se cae el gobierno. Yo le pregunté a gente de mi embajada qué hubiera pasado en un país de Europa con una cosa así, imagínate, la policía municipal del sur de Italia que agarra y mata a unos estudiantes y luego desaparece a 43, no mames, en tres días se cae el gobierno, pero todito, pero lo sorprendente es cómo no se ha caído el gobierno. Eso sí me sorprende.

Te sorprende, ¿tienes alguna interpretación de por qué no pasó más?

Porque no estamos en un país tan democrático como nos lo quieren vender. [México] es un país autoritario donde el ejército tiene un papel demasiado fuerte; ninguna democracia tiene, para empezar, un secretario de defensa que es militar, en los países democráticos son civiles y que además es el árbitro de todo lo que pasa con el ejército. Es un país muy autoritario, que tiene estructuras muy sólidas de protección del poder […] Y además no hay una participación adecuada, si ves a la gente que participó en las marchas y ves a la gente que participó en Francia cuando mataron a 12 periodistas dibujantes, tres millones de personas, y aquí es mucho si llega a un millón de personas. En una ciudad con 25 millones de habitantes es nada. Falta una participación distinta que a lo mejor existe en los movimientos sociales en otras zonas del país, la capacidad de organización en Guerrero mismo, en Oaxaca, en Michoacán, en Chiapas, sobre todo en el sur del país, que no se representa en todo el país pero que sí hace la diferencia.

Fragmento de la entrevista que Mastrogiovanni hizo a Omar García, estudiante normalista.

Empatando un poco más con los desaparecidos, ¿qué crees que pase?, ¿que siga la tendencia de desaparecer más personas?

Salieron los datos, siguen desapareciendo 13 personas al día, al día. Una persona cada dos horas. No ha bajado, está aumentando.

En este sentido, esto que hablas en el libro de la lógica del terror, cómo explicarla a la gente que ha tomado una distancia de lo que sucede, ya sea de los hechos de Ayotzinapa, Tlatlaya, incluso de desapariciones que están más invisibilizadas, ¿cómo explicarles lo que está pasando?

Es difícil porque hay una tendencia a evitar ciertos temas sino te ha tocado directamente, el punto es que ya empiezan a ser muchas personas las directamente afectadas. Y van a ser más. El discurso, digamos hasta para los menos sensibles, porque para una persona sensible bastaría decir: mira lo que está pasando. Basta que hable con una madre de un desaparecido para que ya no vea las cosas de la misma forma, para hasta el menos sensible el discurso sería: ¿Te tiene que pasar a ti o a tu familia para que te empieces a movilizar? Porque aquí el discurso es que estás en un contexto en el que le puede pasar a cualquiera, no le pasa a cualquiera, le puede pasar, porque en realidad hay sectores de la población que son mucho más afectados y que es mucho más fácil que sean afectados. No le va a pasar con la misma posibilidad a un ricachón de Las Lomas o a un pobre jodido de Iztapalapa, le va a pasar más fácil al pobre jodido joven hombre de entre 19 y 25 años de Iztapalapa que a un cabrón de Las Lomas, pero igual: ¿este es el país que quieres, un país donde cuelgan gente de los puentes, donde decapitan a cada rato? ¿Este es el país que tú quieres para tus hijos? ¿Estás orgulloso de ser mexicano cuando México es 30 mil desaparecidos, 120 mil muertos mal matados? ¿Dónde está tu orgullo patriótico? ¿Cómo te puedes sentir orgulloso de un país que es una tragedia total? Este podría ser también un argumento porque también hablan de patriotismo, de nacionalismo, [dicen] qué orgullosos somos de ser mexicanos. Ah, sí, dónde radica tu orgullo, en qué…

Estudiantes normalistas durante la marcha #JusticiaParaAyotzinapa, Zócalo, 8 de octubre de 2014.

Estudiantes normalistas durante la marcha #JusticiaParaAyotzinapa, Zócalo, 8 de octubre de 2014.

A nivel particular, cuando te enteraste de lo de Ayotzinapa, ¿qué fue lo primero que pensaste?

Para empezar en ningún momento dudé que había sido el Estado. Cómo, pues se fue armando después, pero en ningún momento lo dudé. A lo mejor hace tres años me hubiera creído mediodía la versión que empezaron a dar, ahora ya no. Me pareció una cosa tremenda y lo primero que pensé fue: ojalá que de ahí se pudiera levantar algo. Era demasiado explícito y demasiado descarado, pocas veces hemos visto algo así. Y dije: si ni con esto la gente se va a indignar, yo no sé qué tiene que pasar. Porque ha pasado cualquier cosa y se ha movilizado una pequeña parte y luego otra vez, la gran parte de la población: [dice] me vale madres. Después de algo así, yo no me imagino qué tiene que pasar.

¿Has acudido a las marchas?

Sí, a casi todas.

¿Y cuál es tu lectura hablando de estos contrastes de ver participación de gente que nunca se había involucrado y de repente volver a este ciclo de ver cómo crece el número de personas que se suman y protestan y de repente otra vez nada pasa?

Para empezar sí vi mucha gente que nunca… yo voy a marchas en Italia desde que tenía 14 años. Entonces, sí viste gente que nunca habías visto en una marcha así. A lo mejor en apoyo a López Obrador ves a cierta gente, pero no en marchas de protesta así. Y luego, a mí me pareció muy interesante la forma en que se está intentando hacer red, las iniciativas que siguen. Aunque ya no sea una marcha son otras cosas, puede ser un concierto, puede ser una actividad, lo que se te ocurra. Basta que se siga trabajando para que siga esto como un tema de la actualidad y como un tema de la agenda, que no se salga de la agenda, ahí sí me parece que se está organizando también con inteligencia. […] Iguala y los jóvenes de Ayotzinapa son un símbolo más que otra cosa. No se va a poder mejorar el país de ninguna forma si no resuelves este tipo de situaciones, entonces se tiene que mantener la atención. Claro, no es fácil y luego pasa el tiempo, que es justamente el arma de la PGR, del gobierno federal, el tiempo. Más alargas el tiempo y más van a estar seguros de que ya la gente no se va a acordar y ya no van a estar chingando, es justo lo que buscan. El asunto es encontrar la forma de seguir presentando la cuenta de decir no.

¿Cuál es tu lectura del papel que están jugando los medios en esta situación, como aliados del Estado, como herramientas del Estado y como potenciales creadores de espacios de contrapeso?

Bueno hay de todo. Los medios más chayoteros siguen haciendo su papel… Televisa y TV Azteca entran al noventa por ciento de las casas de este país. Esto es una herramienta del Estado y del poder. Una herramienta con mucha experiencia, funciona muy bien, pero es asqueroso, no porque exista gente que está dispuesta a hacerlo, sino porque tu papel de prensa es criticar, ponerle preguntas y criticar al poder del Estado. Entonces, cuando te vuelves el vocero, el vocero del poder haciéndote pasar por periodista, eres asqueroso fundamentalmente por eso; si tú quieres ser apoyo del poder hazlo…pero sí es una porquería; pero existen también muchos periodistas, medios alternativos que están haciendo su parte. Yo conozco gente que trabaja en medios considerados no independientes que hacen bien su trabajo […] Yo creo que siempre se necesita más atención, más sensibilidad y menos chayotismo.

¿Cómo has observado a las izquierdas en este país?, ¿su ausencia o funcionamiento ha permitido toda esta lógica del Estado?

Sí, hay partes de una supuesta izquierda que son orgánicamente lo mismo. En ningún momento pienso que alguien del PRD pueda tener la palabra y decir que no son parte del juego. Se definen de izquierda y hacen lo mismo que los del PRI o los del PAN, o lo hacen juntos, quien sabe. Los de Morena no sé porque aún no han estado en ninguna parte. Yo no creo mucho en los partidos políticos, tengo mis dudas, pero igual creo que el discurso es de una ética que ya no existe en la clase política, entonces no me espero nada… He visto que ya están tratando de ponerle el sombrero encima a un diputado del PRD que hizo una propuesta de ley sobre desaparición forzada, esto es evidentemente una acción grotesca para poder posicionarse y ganar espacio político utilizando el tema de la desaparición forzada porque ahora lo consideras moda. Es una actitud muy cínica porque es gente que nunca le importó esto, no sabe nada de esto, y ahora resulta que se acercan a los familiares de las víctimas, pero al mismo tiempo son diputados que a lo mejor firman leyes para explotación minera y entonces dónde está la coherencia. Yo no confío en estas cosas, no puede venir desde ahí, y hay movimientos relacionados con partidos que están haciendo esto, buscando visibilidad porque se acercan las elecciones, para poder hacer ver que ellos hacen cosas, antes haz las cosas y luego busca el consenso.

En este contexto, ¿las autodefensas, los grupos comunitarios, la autogestión de las comunidades podría ser un contrapeso real?

Sí, por lo menos es una opción. Cuando trabajé en Michoacán el año pasado, con las autodefensas de allá o de Guerrero, tú puedes estar de acuerdo o no, ese no es el punto, pero cuando tú hablas con personas que dicen: qué hago, con quién voy, si me están matando a mis hijos, violando a mis hijas, secuestrándome, me quitan mi tierra, qué hago. Si son los mismos militares, los mismos policías… con quién vas.

Esa es una opción, pero hay movimientos que no son contextuales, por ejemplo la CRAC, que lleva 20 años, es un discurso diferente, es decir, yo no confío en este tipo de instituciones y prefiero hacer un discurso comunitario. Que a mí me parece mucho más sensato y más pegado a la realidad de la gente, porque luego tú tienes a estas élites políticas que no representan a nadie, bueno, se representan a sí mismos y en un discurso comunitario es más difícil que se cree esta distancia, este desapego, es más posible controlar los elementos de representación comunitaria y a lo mejor pues controlar mejor la cosa pública y hasta la seguridad, entonces por qué no, me parece mucho más sensato un discurso comunitario que un discurso de representación política, lo que hicieron en Cherán…

Qué momentos o historias, supongo que son muchas, pero al trabajar con personas cuyos familiares han sido desaparecidos de manera forzada, qué es lo más difícil al entablar comunicación con ellos, qué te ha dejado escarbar en estas historias

Los últimos años siempre he trabajado en contextos de violencia, de violaciones, de derechos humanos, como que aprendí a enfrentarme con el dolor ajeno, pero aquí era distinto porque es un tipo de dolor, una intensidad y un contexto que nunca había conocido. Lo que me impresionó fue la actitud de los familiares [de personas desaparecidas]. Las mamás, aunque no fuera explícito, siempre tenían esta intención de cuidarme a mí del dolor, era casi automático, casi sin pensarlo, de: te voy a contar mi historia pero voy a intentar cuidarte de tanto dolor. Y yo creo que fue muy natural, es algo que se tiene que entender, no es una persona distinta [el familiar o la víctima de una desaparición forzada], es una persona como tú, que padeció algo espantoso y que es muy importante que lo comparta y tú estás ahí, en realidad estás compartiendo un rasgo de lo humano. […] Es importante no separarnos de personas que son familiares de desaparecidos. Una cosa que me decían muchas mamás es: luego estamos entre nosotras porque la gente no aguanta nuestro dolor o te alejan.

Familiares de los 43 normalistas desaparecidos marchan sobre Reforma. 22 de octubre de 2014.

Familiares de los 43 normalistas desaparecidos marchan sobre Reforma. 22 de octubre de 2014.

Hemos visto a los padres de los normalistas salir, encarar, tener una actitud distinta al decir: aquí estamos, con respecto a familiares de víctimas de otras personas desaparecidas, ¿crees que convendría que hubiera una retroalimentación, valdría tomar en cuenta algunas cosas que han hecho compañeros y familiares de los normalistas?

Ahí es difícil porque tú piensa que son padres y madres que estaban en una institución particular, que estaban juntos. La mayor parte de gente que desaparece, desaparecen solos. No es tan fácil juntarse como familiares. Organizaciones tardaron años en hacer este proceso de reconocimiento, de compartir este duelo, compartir las historias y casos, y juntarse. Tampoco me siento como que alguien lo hace bien, alguien lo hace mal, lo hacen como pueden. Claro que en este contexto específico [Ayotzinapa] ha sido más natural que se formara un grupo más compacto y más combativo. Y qué bueno, pero tampoco se puede pretender que con tanta facilidad se formen grupos así. Sería bueno, claro, porque frente a un pueblo organizado es más difícil violentarlo, pero también necesita seguir su proceso.

¿Algo que crees valdría la pena apuntar?

Pienso que sería bueno resaltar el papel de la presencia de recursos naturales. Lo que pasa en Guerrero no es casual, no tiene que ver sólo con “es que en Guerrero son así”, no, hay ciertas cosas. En Guerrero hay minas de oro, hay empresas que están invirtiendo en oro, muchísimo. Las mismas zonas donde se dan estos acontecimientos hay producción de droga. Están involucradas parte de las instituciones, son zonas controladas por el ejército y se produce amapola. ¿Y a dónde va esa amapola?, ¿quién permite? Entonces sí están las instituciones, pero están coludidas, es importante siempre no dejar de ver el cuadro más grande: cuáles son los intereses, cuáles son los actores, por qué se da esta violencia.



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com



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