CASAS VACÍAS

Diálogos y reseñas

 
Abrimos este espacio para el intercambio de ideas, reflexiones, críticas y reseñas sobre la novela de Brenda Navarro.
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[Descarga aquí Casas vacías]

“What fabrications they are, mothers”.
Margaret AtwoodThe Blind Assassin

Se dice que el nacimiento y la muerte son las dos experiencias más importantes del hombre. Dije del hombre. Porque, y esto no lo digo yo sino nuestra sociedad, para una mujer la experiencia más importante es dar a luz. ¿Qué pasa entonces —preguntémonos todas— si una mujer en realidad no quiere dar a luz o bien, en definitiva, no puede dar a luz?

En serio, ¿qué pasa?

Es un poco sobre esta premisa, sobre el qué pasa, que se erige Casas Vacías de Brenda Navarro una novela que despierta temores —y también verdades— que ninguna de nosotras sabíamos que teníamos. Es la maternidad, el deseo de ésta o el temor a ésta lo que lleva a las protagonistas al límite de sus vidas.

Sí, en esta novela hay dos mujeres, ambas completamente distintas. Una se cuestiona su embarazo, se cuestiona luego su maternidad para, finalmente, perder a su hijo en un parque y quedar desconsolada. La otra busca y busca su embarazo, quiere y desea la maternidad y, cuando la consigue, la vive desconsolada. La Una, con uñas y dientes, se niega a pertenecer. La Otra, por más que lo desea, es incapaz de pertenecer. Ambas, sin saberlo, comparten algo que les pertenece. El destino de la Una y la Otra se cruzan cuando un niño desaparece:

Daniel desapareció tres meses, dos días, ocho horas después de su cumpleaños. Tenía tres años. Era mi hijo. La última vez que lo vi estaba entre el subibaja y la resbaladilla del parque al que lo llevaba por las tardes. No recuerdo más. O sí: estaba triste porque Vladimir me avisaba que se iba porque no quería abaratar todo. Abaratar todo, como cuando algo que vale mucho se vende por dos pesos. Esa era yo cuando perdí a mi hijo, la que de vez en cuando, entre un conjunto de semanas y otras, se despedía de un amante esquivo que le ofrecía gangas sexuales como si fueran regalos porque él necesitaba aligerar su marcha. La compradora estafada. La estafa de madre. La que no vio.

Tener, criar y perder a un hijo es, parece decirnos la autora, liberador y estremecedor, pero también una experiencia profunda y aterradora; en todo caso el tema aquí, como explicó Odette Alonso al hablar de Casas Vacías, es la anti-maternidad porque la autora desmonta todo ese mito romántico de lo que significa ser madre:

Dos, tres, cuatro pasos. Bajé la vista. Dos, tres, cuatro, cinco pasos. Ahí. Alcé la vista hacia él. Lo veo y vuelvo al teléfono. Dos, tres, cinco, siete. Ninguno. Se cae. Se levanta. Yo con Vladimir en el estómago. Dos, tres, cinco, siete, ocho, nueve pasos. Y yo detrás de cada pisada todos los días: dos, tres, cuatro… Y sólo cuando Nagore me clavaba su vista avergonzada porque ya estaba yo, entre el subibaja y la resbaladilla, entorpeciendo el paso de los niños, es que yo entendía todo: era de esas mujeres que la gente mira por la calle con lástima y miedo.

La escritura de Navarro apela a la sobriedad y a la brevedad, todo está dicho en minucias y es precisamente esta economía del lenguaje lo que permite que la novela nos reviente en la cara, nos conmueva e incomode. Sí, esta es una novela incómoda como lo dijeron Yuri Herrera y Sara Uribe durante su presentación. Y es que Navarro amplía y arremete sin titubeo alguno con nuestra comprensión de la maternidad y, en ello, amplía y arremete sobre otros temas como la violencia, los desaparecidos, los feminicidios y tantas otras cosas que nos condicionan.

Pero, uff, hay esperanza: mientras un niño se pierde una niña decide descubrirse. Nagore es el tercer gran personaje de esta novela y es en ella en que recae, como dice la misma Brenda Navarro, la esperanza ante ese paisaje demoledor que viven todos en esta historia.

Casas Vacías es el primer proyecto editorial de Kaja Negra, y aunque no es una lectura fácil, es una lectura necesaria. Es esta una novela justa, medida, y Brenda Navarro una autora interesada en decirnos que entre el nacimiento, dar a luz y la muerte: hay muchas fabricaciones más.

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