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Dimensión

23 Jul, 2017 Etiquetas: , ,

Cuando Heinrich Koch Klein despertó no sabía dónde se encontraba. El entorno a su alrededor le parecía extraño y conocido a la vez. Tras una serie de exploraciones y guiado por una voz desconocida, descubrió que se encontraba en otra dimensión.

TEXTO: PABLO LORENZO DORIA / ILUSTRACIONES: MARCO VERAZALUCE 

Salió de la cámara de transportación, se sentía mareado, no sabía dónde estaba. Abrió la puerta; el calor lo cubrió por completo, no era la temperatura de un día soleado, era algo más caliente. La luz lo cegó por un momento. Se tapó la cara con una mano, cuando pudo ver de nuevo, se encontró con un lugar que se le hacía conocido.

Caminaba lentamente, se encontraba rodeado de grandes estructuras cubiertas de vegetación espesa. Grandes ramas, plantas y hasta pequeños arbustos que cubrían las grises paredes. En algunas partes de esta gran vegetación se veían enormes flores rojas o anaranjadas.

Volteó a ver el suelo. Se vio las manos. No recordaba nada. Ahora vestía un traje gris con parches y algunos tubos. Levantó la vista y logró reconocer algo entre las calles, la figura de una estatua. Una mujer levantando sus manos al cielo. Se acercó y al estar frente a ella comenzó a recordar viejas voces de su infancia.

—¡Yo seré un viajero espacial! ¡Ya lo veras!

—Sí, pero yo llegaré antes que tú.

Recordaba esas dos voces, una era la de él, pero la otra no sabía de quién era. Se acercó a tocar aquella estatua pero no pudo, su mano era como un fantasma, como una imagen irreal. De pronto, escuchó una voz que venía desde aquel traje gris.

 

—Piloto Heinrich, ¿me copia?

No sabía quién era. ¿Heinrich? ¿Piloto? ¿Era su nombre? Buscó en el traje hasta que encontró un artefacto negro, una especie de bocina y dos botones. Apretó el botón.

—¿Hola? ¿Quién habla? No se escuchó nada. —Siguió parado frente a la escultura.

¿Heinrich? ¿Piloto? ¿Soy yo? Pensó y al mismo tiempo la respuesta regresó: «Heinrich, usted es el primero en estar en una de las once dimensiones».

Entendió lo que escuchó. No respondió al mensaje. Se tomaba de la cabeza, volteaba a ver los edificios.

—Voy a ser piloto, ya verás.

Heinrich recordaba el nombre de Jesper. Momentos después recordó otros dos nombres: Nuremberg y Alemania.

Apretó el botón y preguntó: ¿Soy alemán?

La respuesta tardó en llegar, pero del otro lado la voz le dio a entender que el viaje le había causado pérdida de memoria y le explicaron quién era: «Heinrich Koch Klein, soldado de las [FAU]. Alemán nacido en Nuremberg en el año 2120. Soldado que aceptó ingresar al proyecto 11, en el cual se intentaba ir a las diferentes dimensiones. Aunque los proyectos para los viajes en el tiempo se habían descartado, sobre todo al pasado, ya que habían sido casi imposibles y peligrosos».

Reaccionó y comenzó recordar un poco más de su vida y se dio cuenta que aquel escenario era igual a su hogar, pero no se veía vida alguna, solo aquella vegetación que lo cubría todo.

Le dieron órdenes de tomar videos, fotos y pruebas de la dimensión. Registró todo lo que pudo, todo lo que era copia de su hogar, de esa otra dimensión. El nombre de Jesper seguía resonando en su mente, no lograba recordar quién era. Caminó y tomó más datos y fotos, el estudio de otras dimensiones podría traer nuevo recursos, materiales y nueva tecnología. La memoria de Heinrich se iba aclarando, caminaba por esta copia de lo que era su hogar e iba recordando olores y sabores.

Se acercó a un edificio, observó el letrero de confites y dulces en letras grandes. En su memoria se pintaba un nuevo recuerdo. Se veía él dentro de la tienda y a su lado un chico de su edad. El recuerdo era cada vez más fuerte y hasta comenzaba a percibir el olor de los panes.

Los dos se encontraban quietos esperando el momento exacto. Un cliente entró y tuvieron tiempo de tomar algo y salir corriendo.

—¡Henrich! ¡Conteste! ¡Conteste! —La voz le llamaba.

—Contacto…sigo tomando pruebas.

—Recuerde… tiene que poner la antena…

—Correcto.

Recordó que aquella escultura había sido esculpida para celebrar la llegada del hombre a Venus y a Marte varios años atrás.

Caminó al centro de la plaza para poner una antena que estudiaría la atmósfera, su composición química y su densidad. Al sacar la antena e instalarla volvió a ver que entre él y la antena había una neblina, o un holograma de una computadora. Mientras continuaba su tarea el recuerdo de varios niños jugando lo cubrieron.

—¡Pásamela aquí! ¡Estoy solo! ¡Mira aquí el balón!

En sus recuerdos volvió a verse a sí mismo y a ese otro niño con quien jugaba futbol. Entre las voces de aquel juego escuchó el nombre del otro chico.

—¡Jesper, pásamela!

Heinrich recordaba que ese niño que le pasaba el balón era su amigo. Aquel que conocía desde la infancia. Jesper metía el gol y los dos se abrazaban en un gran festejo.

—¡Jesper, mi amigo!

Heinrich se quedaba parado ahí, como si algo en su interior lo detuviera.

Por unos momentos se sintió triste, recordó todas las aventuras junto a aquel gran amigo. Ahora no estaba más a su lado. Regresó en sí y sintió una gran confusión, ¿cómo es que esta dimensión era una parte de su vida?

—Heinrich, tiene que regresar —se escuchó la voz de la radio de nuevo—.  Regrese a la cabina de transportación. El tiempo se acaba.

—Sí, regreso ahora.

Antes de irse tomó la foto de una pequeña calle que le recordaba algo más, fue ahí donde recordó que él y Jesper corrían e imaginaban ser los nuevos exploradores.

—¡Jesper, yo seré el piloto de la nave que explorará el espacio!

—¡Sí! Y yo seré el capitán de armas.

Volvió a la cabina. En los últimos momentos Heinrich recordó que Jesper, aquel amigo de la infancia, había muerto en un intento anterior de llegar a esa otra dimensión, antes de que él lo intentara.

Con los ojos cristalinos, Heinrich Koch Klein, en el año de 2152, sabía que se había convertido en el primer hombre en ser un viajero interdimensional.

 

Técnica de las imágenes: Ilustración digital.


Pablo Lorenzo Doria
Pablo Lorenzo Doria

Nació el 7 de septiembre del 78. Es licenciado en diseño gráfico y ha publicado en la revista Molino de letras y en la compilación independiente de cuentos Sangre Enamorada (2014). Se especializa en literatura para niños.





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