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Discreto encanto del calor

03 Abr, 2014 Etiquetas: ,
Cuando el calorcillo primaveral se deja sentir en la ciudad,
en el vecindario se advierten escenas como las siguientes.
TEXTO: EMILIANO PÉREZ CRUZ / ILUSTRACIÓN: LIZBETH HERNÁNDEZ

Desde que Dios (en el que cada quien crea) amanece, hasta que el mismo Dios anochece, cierto calorcillo primaveral se deja sentir en la ciudad. En el vecindario se advierten escenas como las siguientes:

A pierna suelta

En las noches alguien que en la soledad de su habitación sufre sofocos, abochornamientos, unos como letargos y nuevamente la falta de consuelo, porque las cobijas ya andan en el suelo y pese al cuerpo desnudo tendido sobre el colchón, para nada que arriba el frescor.

Entonces ese alguien se levanta, va hasta el fregadero de la cocina, intenta refrescarse el rostro con agua -ojalá que en mayo no haga falta en el barrio-, bienaventurada agua que refresca a estas horas de la noche en que ni los gatos arman su escandalera primaveral.

Pero el remedio surtió efectos momentáneos y entonces ese alguien prefirió llevar tras de sí una sábana y en calzoncillos se dirigió a la azotea para dormir, ahora sí, a pierna suelta, qué le hace que los vecinos insomnes lo miren, si así se le pone cierto remedio al calorón -resuello del diablo, dicen los enterados- que se ha dejado sentir en el Valle de México Detritus Defecal y municipios mexiquenses vecinos de la Monstruópolis.

Si por la noche fue acertado el remedio de dormir entre los tinacos del agua y las antenas de tevé (bajo el cielo sereno por el que ocasionalmente una brisa desbalagada atraviesa, desciende y medio remueve el follaje de fresnos, truenos y jacarandas en flor), en el día es más difícil hallar consuelo.

De limón la ñeve…

Los paleteros en los camiones suburbanos hacen, si no su agosto, cuando menos su primavera, y en las calles el Abominable Hombre de las Nieves, especie que se creía en extinción, aparece voceando aunque no haga falta:

—¡Ñeve-ñeve-ñeve, de limón la ñeve, de fresa y mango y pistache; pida su ñeve, acérquese joven, pida su barquillo señorita, cuántos le damos güerita!

Quienes se dedican a la venta de aguas frescas, raspados y refrescos en bolsitas de plástico, también advierten el incremento en la demanda de sus productos. Es que el astroso Astro Rey que sobre la urbe despliega sus flechas, hace de las suyas, y por las calles de la capital uno camina como camello pasmado ante la falta de un oasis donde hacerse de líquidos para guardar en la joroba.

Recrean la pupila

Las muchachas sufren, el sudor hace que el rímel se les corra y el maquillaje se afloja, y haga usted de cuenta que tiene que darse dos que tres manitas de gato extra a las que de rigor obliga la chilanga elegancia de las muchachas.

Ah, las muchachas que nos recrean la pupila (gracias al calorón) con sus bermudas, pantaloncitos cortos, blusas de generoso escote para airear un poco ahí donde les conté y donde el vientre deja de ser valle para convertirse en protuberancias lácteas, perladas de sudor.

Tiene su discreto encanto, esto del calor.

Y en primavera, de la vista nace el amor.



Emiliano Pérez Cruz
Emiliano Pérez Cruz

Escritor y periodista. En 1979 fue nombrado por el Edomex cronista honorífico de Ciudad Nezahualcóyotl. Su más reciente libro de relatos: Ya somos muchos en este zoológico, Fondo Editorial Estado de México, 2013. En Twitter: @perecru





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