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El cuento del ladrón, un breve discurso

02 Feb, 2016 Etiquetas: , ,
El estudio y la escritura cambiaron la vida de la escritora
Josefina Estrada. Ella así lo comparte en estas anécdotas
donde el lector puede comprender un poco más cómo concibe
el mundo y la literatura la autora de
Piel bandida.
TEXTO: JOSEFINA ESTRADA 

[Videoentrevista]

 

La anochecida tarde del lunes cinco de enero fui asaltada y despojada de mi automóvil. El ladrón entró a la sastrería donde me estaba probando un saco. Me pidió la llave mientras me amenazaba con una supuesta arma que traía oculta en la manga del suéter. Mi intuición y la simple observación de su mano oculta me permitió encararlo: No estás armado. No tienes ningún arma. Y le pedí ayuda al sastre para someterlo. El sastre es de claro origen indígena; Benito Juárez, pero en guapo. Durante el asalto no se movió, como si estuviera posando: de pie, con las manos extendidas y abiertas sobre la mesa de corte. De traje, como todo buen sastre. Acto seguido, el ladrón dejó de amenazarme con la supuesta arma; aproveché para rogarle. Luego traté de negociar. Intenté detenerlo. Por fin le di las llaves. Pero seguí entercada en no dejarlo ir; sólo conseguí que me diera un puñetazo en el ojo. Se llevó el auto y a mí me dio una crisis nerviosa de media hora.

Lloraba sin lágrimas, recordando cada objeto que se había llevado. La mercancía que acababa de comprar en Sam´s. Y, sobre todo, la pérdida del coche, al que sólo faltaban dos mensualidades por terminar de pagar. Cuanto policía me vio, unos 15, me pidió que me calmara, que yo estaba bien. No podía. Nunca me habían asaltado. Súbitamente, me calmé. Mi cerebro había digerido de manera intensiva la pérdida y cobré conciencia de que yo no me había ido, de que yo estaba conmigo, de que yo no me había ido como una mercancía más del auto. A este razonamiento quería llegar. Lo que yo soy: profesora, escritora, madre, editora, amiga, esposa…, un ladrón no puede llevárselo. Nadie sino la muerte puede quitármelo. Mi coche no me da mi status ni la elegante ropa recién sacada de la tintorería, que también se robó.

Sé que uno de las asuntos que más apabulla a los estudiantes es cómo van a ganarse la vida, en dónde, cómo. Cuándo tendrán un coche o un depa. Cuándo llegará el éxito. La sociedad de consumo es extremadamente exigente; si las personas no tienen capacidad adquisitiva son vistas como losers. Y el éxito también se busca en lo emocional y en lo sentimental. Es feroz la presión que sufre un joven; muchos no resisten y optan por las drogas o el suicidio. O el camino de la delincuencia.

Las estadísticas señalan que son necesarios 12 años de estudio para alejar la pobreza. Ustedes ya rebasaron ese límite. Nada más por eso ya podrán obtener mejores empleos que quienes no tuvieron su oportunidad de estudio. El sólo hecho de ser egresados de la UNAM ya los convierte en seres privilegiados. Es bueno que no olviden su deuda con la sociedad. La UNAM les ha dado la llave para abrir muchas puertas. No sólo en lo laboral sino en todos los aspectos de la vida. Una egresada, sin duda, será mejor madre aun si decidiera no ejercer. Es, a partir de ahora, cuando inician la segunda parte de su vida. Será el tiempo de sembrar, echar cimientos, construir, reconstruir y cosechar.

Espero que la tesis no se convierta en un escollo, una trampa que les impida cerrar el círculo que empezó cuando ingresaron al kínder. Es cierto que el título no los va a hacer mejores periodistas; la tesis sólo significa que son personas responsables, que pueden cumplir metas. Es penoso que un egresado sea pasante 20 años después de haber terminado la carrera. Para algunos, la tesis llega a convertirse en una montaña. Pero les recuerdo que las montañas se conquistan paso a paso y con el equipo necesario, y con la decisión de escalarlas. No se llega de un brinco ni en traje de baño y sandalias.

Quisiera tener un manual de reglas que los llevara al éxito económico y social. Hay maneras sencillas de obtenerlos, como ser funcionaria de alto nivel en el gabinete de Fox, o ser diputada o encerrarme en la casa de Big Brother o ser narcotraficante. Vamos, maneras de ganar dinero hay muchas. Yo les pediría que para ustedes lo verdaderamente importante no sean los bienes sino cómo se consiguen, a cambio de qué. El mejor aliciente es trabajar para alcanzar un sueño. Que la ilusión los acompañe cuando sientan frío, hambre y cansancio, como ya la han sentido. El hambre y el sueño descomponen su semblante, pero también los ilumina el sueño por alcanzar metas y el hambre por saber. Ese rostro iluminado es mi alimento y desvelo como profesora.

A esos hambrientos e insomnes, los afanes universitarios no les impedirán seguir estudiando por su cuenta. Al contrario, ahora podrán elegir lecturas o estudios que perfeccionarán los adquiridos. Pero donde quiera que vayan, ustedes deben estar en contacto con ustedes mismos, escuchándose, queriéndose. De esta manera tendrán los canales abiertos que les permitirán apreciar la belleza de estar vivos, la facultad de recordar que son seres humanos y que es al género humano a quien se deben. No son una mercancía. Tampoco mercaderes que lucran con el dolor de nuestra gente, sin olvidar que un ladrón o asesino también es una persona.

Y lo demuestra el ladrón que me robó. La madrugada del martes seis dejó estacionado mi coche en una calle apacible de Ecatepec, cercana al metro. El jueves en la noche, una vecina llamó a Locatel, y en la tarde del viernes lo recuperé intacto. El detalle curioso es que el ladrón me dejó debajo del asiento mi monedero con el dinero, las tarjetas y las credenciales. En la negociación se lo había pedido.

Les platico el cuento del ladrón porque tuvo final feliz. Pero sobre todo porque quisiera que no olvidaran que un coche nada más es un vehículo para llegar cómodamente a otra parte. Pero no estudié para tener coche. Yo estudié porque no tenía alternativa: era mi boleta de salida de la pobreza. Los bienes que ahora poseo son consecuencia natural del trabajo honrado.

¿A cuántos más ha robado mi ladrón desde ese lunes, a cuántos ya había robado? ¿Estará encarcelado o muerto? Por mucho que robe, no podrá tener jamás mis bienes. Ni los de sus víctimas. Y esa es su tragedia. Por eso, a la otra, haré lo mismo que el sastre: no opondré resistencia y seré impasible. Todavía no es tiempo de que nadie se lleve lo que verdaderamente es mío: mi persona. Esta mujer que me permite conocer gente valiosa como todos ustedes. Tengo una deuda con la Universidad. A ella le debo en buena medida quien soy. Y le voy pagando en abonos, en cada clase, en cada cuartilla escolar que leo, en mi empeño para transmitirles que sí hay un futuro prometedor, que sus sueños podrán hacerse realidad, siempre y cuando no se sienten en la banqueta para conseguirlos. Los sueños se materializan día a día. Y cuando lleguen la noche y la oscuridad, recuerden que la luz siempre llega. No olviden la juventud que hoy los acompaña. Por ustedes, hablará mi espíritu.

Discurso leído en la cena de egresados de los alumnos de Ciencias de la Comunicación, febrero de 2004.



Josefina Estrada
Josefina Estrada
Cronista y narradora. Estudió ciencias de la comunicación en la UNAM. Ha sido editora en la Dirección de Literatura del INBA; coordinadora de un taller de literatura en el Reclusorio Femenil Oriente; profesora de literatura y periodismo en la FCPYS de la UNAM; directora de la Editorial Colibrí. Colaboradora de El Universal, La Semana de Bellas Artes, Letra, Novedades, Revista de Bellas Artes, Su Otro Yo, Unomásuno, y Vaso Comunicante. Becaria del INBA/FONAPAS, en narrativa, 1980. Primer Premio de Concurso de Crónica Urbana 2002, de la Secretaría de Cultura del GDF, por Señas particulares. Premio Testimonio Chihuahua 2003 por el libro Con la rienda suelta.




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