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El día que todos quisimos ser uruguayos

19 Oct, 2016 Etiquetas: , ,

Cientos se dieron cita en la Biblioteca José Vasconcelos para ver y escuchar a José Mujica, aquel hombre que aparenta ser el abuelo bonachón que todos quisimos tener, pero que, idealmente, es el jefe del ejecutivo que muchos mexicanos aspiran tener algún día, plantea Diana Amador en esta crónica de la conferencia que dio el expresidente uruguayo en la Ciudad de México; donde se habló poco del libro que fue el pretexto para su visita.

TEXTO: DIANA AMADOR / FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

Alfredo González tiene 22 años y su «superhéroe» favorito tiene 81. Vino desde Sinaloa,  ese estado del norte que es cuna de mujeres muy bellas y de capos muy grandes, como el propio Chapo Guzmán. Y justo por eso Alfredo viajó mil 200 kilómetros hasta la Biblioteca José Vasconcelos, en la Ciudad de México, porque anda «buscando esperanza», algo [o alguien] que le  haga creer que la violencia desatada por el narcotráfico en su estado tiene solución. Por eso esperó ocho horas para conseguir el boleto que le permitiera entrar a la presentación del libro Una oveja negra al poder, a la que asistió el protagonista de la obra, el propio José Mujica, expresidente de Uruguay; por eso llegó cuatro horas antes del evento y se leyó el libro de principio a fin.

«Es el líder más grande de latinoamérica», dice el estudiante, «si alguien tiene la respuesta de cómo resolver esto pacíficamente, es él. Tenemos mucho que aprender de los uruguayos».

José Mujica 2-Lizbeth Hernández

Algunas personas se formaron por horas para entrar al encuentro con el ex presidente uruguayo, Pepe Mujica.

En su visita a México, el ex jefe de estado insistió en que el consumo de marihuana no está legalizado, sino regularizado; y que en su país, tan pequeño como es, nunca representó un problema de salud o de seguridad. [1] Uruguay tiene una extensión territorial que es poco menor a la del estado de Sonora y tiene la tercera parte de la población de la Ciudad de México. Según un censo previo a la regularización de las drogas, había 160 mil uruguayos que consumían marihuana; apenas una cifra cercana a la población de la delegación Milpa Alta, una de las pocas zonas rurales en la capital y la menos poblada. Aún así, las leyes uruguayas despiertan la esperanza de quienes creen que la prohibición en México sólo ha dejado una estela de sangre.

«Cada vez había más pobres en la cárcel y el tráfico de drogas seguía campante», dijo Mujica en su conferencia. «No pasaba nada al incautar cargamentos, decidimos asumir la responsabilidad de regular todo. No estamos de acuerdo con su consumo, así como tampoco con el tabaco y el alcohol, pero la gente lo hace». Más aún, dijo que la ley para permitir su consumo fue aprobada pese a que la mayoría de los uruguayos no estaban de acuerdo. «A veces la mayoría está llena de prejuicios, a veces se equivoca y hay que abrirle la cabeza a la sociedad», dijo.

Esto es lo que más le gusta a Alejandra Solares del personaje que a veces recuerda al abuelo bonachón que todos quisimos tener y otras al idealista inclemente, su compatriota Eduardo Galeano. «No le importaron las encuestas, su popularidad o darle gusto a la gente, él quería gobernar y poner orden donde se necesita», dice la arquitecta que esperó seis horas para conseguir su acceso al recinto y sorprendió a su pareja, Mariana, con un boleto para ella. «Para hablar de los matrimonios igualitarios él nunca tuvo dudas, siempre supo lo que era justo y luchó por eso sin importar nada», dice y muestra orgullosa las fotografías que alcanzó a tomar desde la décima fila del auditorio de la biblioteca. «No se ven muy bien, pero le voy a poner un altar», dice riendo.

A veces la mayoría está llena de prejuicios, a veces se equivoca y hay que abrirle la cabeza a la sociedad.

Este campesino y ex guerrillero de ojos pequeños, nariz regordeta y baja estatura ha conquistado al mundo con su elocuencia y encanto cuando lanza frases contundentes que pocos se atreven a cuestionar: «Pobres son los que no tienen comunidad, pobres son los que precisan mucho»; «los únicos derrotados son los que dejan de luchar»; «el amor es una dulce costumbre que nos ayuda a vivir»; «ser libre es gastar la mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquello que nos gusta hacer». Frases que pueden decir poco, pero que al menos para las 500 personas que hicieron fila durante horas para escucharlo, significan mucho.

«Lo único que no me gustó es que habló muy poco», dice Gerardo Mendoza, quien esperó siete horas para conseguir sus boletos de entrada y escuchó al ex presidente hablar durante una hora y media. Pero no fue suficiente, aunque Mujica fue el único que tomó la palabra para responder las preguntas del público, mientras los autores del libro [los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz] miraban desesperados hacia el techo.

El libro, que se ha presentado en ciudades tan distantes como Tokyo y Turquía, es una biografía del político basada en las numerosas conversaciones y entrevistas que sostuvo con los autores, quienes lo definen como «un Quijote con disfraz de Sancho», o como «una paradoja andando». El libro aborda principalmente sus años de gobierno, su ideario y principios que lo convirtieron en el presidente uruguayo más conocido a nivel internacional. Aunque en esta presentación poco se habló del libro.

«Algo tienen que aprenderle los presidentes latinos, algo tenemos que aprenderle todos», dice Gerardo, un profesor de biología. De Mujica lo que más le ha simpatizado, como a muchos, es su férrea defensa de la austeridad, de la humildad y la equidad, conceptos poco comunes entre los políticos mexicanos.

osé Mujica 4-Lizbeth Hernández

José Mujica durante la conferencia de prensa de la presentación del libro Una oveja negra al poder.

El propio uruguayo lo dice con claridad: él no sería tan popular si no hubiera una crisis de credibilidad entre la clase política en América Latina. Y hay quienes le creen más a él que a su propio presidente, aunque no sepan por qué ni puedan explicar en qué se diferencia su gobierno del resto.

«Es el presidente de los pobres», dice Gerardo, «y de esos somos muchos y estamos en todos lados. Es mi presidente aunque no sea mexicano». En realidad Mujica ya no es presidente de nadie, pero su legado y su leyenda cruzaron toda frontera.

Las referencias a su gobierno son siempre positivas por su defensa del derecho al aborto, del matrimonio entre parejas del mismo sexo y del libre consumo de marihuana; así como su combate al desempleo y a la pobreza que dejó a Uruguay entre los países con menor índice de desigualdad en el mundo. Nadie menciona que en su administración los índices de delincuencia aumentaron y 55.2% de los uruguayos se sentían inseguros en sus ciudades; pocos hablan del sistema de educación pública que no ha logrado derrotar la deserción y la repetición de años, que muchos uruguayos prefieren las escuelas privadas ante la crisis educativa.    

Pero esos resultados negativos no logran borrar la sonrisa de Mujica y su orgullo cuando habla de su paso por la presidencia. Aunque se hablara más sobre sus fallas administrativas, probablemente seguiría siendo el expresidente más querido, aún por quienes nunca fueron sus gobernados pero quisieran serlo. Al menos en México no hay personajes tan desacreditados como los políticos y nadie es percibido tan deshonesto como el propio presidente. Aquí Mujica es una bocanada de aire fresco, una anomalía cargada de esperanza. Aquí cambiaríamos sus problemas educativos o de inseguridad por los nuestros sin dudarlo, porque en México esos rubros no son una excepción, sino la regla en una serie de fallas sistémicas que sólo parecen agravarse con los años. Aquí daríamos cualquier cosa por un Mujica, por un político honesto que antepusiera los intereses de un país a los propios, a los de su partido o la élite en gobierno.

osé Mujica 3-Lizbeth Hernández

Al terminar su conferencia, algunas personas lo esperaron afuera del auditorio cargando banderas uruguayas, le aplaudieron al verlo pasar apenas acompañado por dos personas de seguridad y otros empleados de la biblioteca. Su caminar es lento y paciente como su propia voz, que de vez en cuando dejaba escuchar los resoplidos de la edad en el micrófono.

Aunque lo miraron de lejos y por un rato, después de hacer filas y esperar bajo el sol, los asistentes salieron satisfechos, seguros de que habían escuchado a un hombre que marcó la historia y podría hacer aún más; contagiados por la esperanza en su mensaje y deseando con fuerza que Mujica fuera también su presidente, que por un tiempo siquiera todos fuéramos uruguayos.

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[1] Nota del editor:

La versión original de este texto decía «Uruguay tiene una superficie que es poco más de la mitad de la delegación Tlalpan», el dato es incorrecto, motivo por el cual fue modificado y actualizado este 29 de octubre. Ofrecemos una disculpa a nuestras/os lectores por el error.

 



Diana Amador
Diana Amador
Lleva 10 años aprendiendo a ser periodista. En el proceso ha escrito para revistas como Chilango, Etiqueta Negra, Expansión y Gatopardo, y en diarios como Milenio y El Universal. Está convencida de que toda verdad debe ser sujeta a verificación, que los párrafos deben ser irrefutables y que el periodismo es siempre ciudadano.



  • ogmios03

    los uruguayos no lo quieren mucho. Y económicamente e sun desastre, además de mmucha corrupción.

    Definitivamente a la masa se le puede encantar fácilmente.


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