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El emperador de todos los males

27 Oct, 2015 Etiquetas: , , , ,
La lectura de El emperador de todos los males de Siddhartha Mukherjee permite no ceder al pánico ante información
como la que la OMS emitió sobre el consumo de la carne procesada y  permite la reflexión sobre productos periodísticos
que se toman, muchas veces, la ciencia de la medicina a la ligera, ofreciendo información inconsistente, insuficiente, vaga.
TEXTO: CÉSAR PALMA

Desde hace muchos meses, si no es que un año, pensé en reseñar El emperador de todos los males. Pero no encontraba el momento adecuado o la motivación suficiente. Hoy tengo el pretexto perfecto: el anuncio de la Organización Mundial de la Salud donde establece que el consumo de carne roja y procesada ha sido clasificada como “probablemente carcinógeno para los humanos”; es decir, si una determinada persona come determinado tipo de carne, durante determinado tiempo en determinadas porciones PODRÍA desarrollar cáncer colorrectal. Sin embargo el mensaje de la OMS apenas arroja información que explique la palabra “determinado” o la traduzca en un dato específico. Lo único que ha establecido hasta ahora es que hay evidencia que liga el consumo de carne procesada al desarrollo de cáncer. Son datos de tipo cualitativo, no se expuso qué probabilidades hay de enfermarse, con qué cantidad, durante cuánto tiempo, etc.

No obstante, esa aseveración, viniendo de semejante organización, hizo que más de un medio de comunicación le diera vuelo a su creatividad para titular las notas informativas sobre el tema, lo que derivó en un pánico innecesario o en una ola de mofa y desconfianza sobre los resultado de la OMS.

Este efecto es común cuando se habla de ciencia en los medios masivos no especializados. Hay una tendencia a tratar la información científica como cualquier otro asunto, cuando no lo es. En realidad, cualquier tema debería tratarse con suma precisión, pero la ciencia pierde mucho cuando se usan las generalizaciones, se saca de contexto o se intercambian los términos, entre otras formas de retórica.

La ciencia de la medicina es, probablemente, la que más espacio tiene dedicado en los diferentes medios de comunicación: está en las secciones de salud, en los comunicados de los gobiernos, en programas sociales, en campañas para prevenir tal o cual enfermedad. El ciudadano medio sabe más de medicina que de astrofísica o mirmecología. Sin embargo, pocas veces sabemos lo fundamental: ¿Cómo se hace medicina científica, cómo llegan a concluir que la carne procesada puede causar cáncer? Si supiéramos un poco más al respecto habría menos pánico y mejor periodismo.

Es la historia del cáncer y los tratamientos que le han hecho frente: la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Métodos y técnicas desarrolladas en un mundo cambiante, por personajes con intereses y motivaciones diversas. Descubrimientos accidentales, por la  necedad u obsesión. Todo cabe en la ciencia, pero al final sólo persisten los resultados con mayor evidencia. Esta historia narra la forma en que se hace ciencia, los matices que difícilmente observamos cuando tomamos una pastilla para sentirnos mejor y los grises que definitivamente no vemos cuando la OMS nos dice que tengamos cuidado con la carne y los embutidos.

Después de cuatro párrafos le pido un disculpa: no he hablado del libro.

La breve crítica y señalamientos que lancé párrafos atrás hoy los tengo claros porque hace un año leí The Emperor of All Maladies: A Biography of Cancer. No es que sea un experto en cáncer, de ninguna manera. Pero el libro de Siddhartha Mukherjee, a un año, lo tengo fresco. Primero por su prosa, por la poesía que hace de la enfermedad, una batalla milenaria entre la débil vida humana aunque armada con la ciencia y la poderosa inmortalidad de las células cancerígenas; segundo, no olvido ese libro porque está extensamente documentado, la literatura científica que lo compone nutre las más de seiscientas páginas a cada renglón, párrafo y cita.

El emperador de todos los males - Portada libro
Portada del libro de la versión en inglés.

Es la historia del cáncer y los tratamientos que le han hecho frente: la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Métodos y técnicas desarrolladas en un mundo cambiante, por personajes con intereses y motivaciones diversas. Descubrimientos accidentales, por la  necedad u obsesión. Todo cabe en la ciencia, pero al final sólo persisten los resultados con mayor evidencia. Esta historia narra la forma en que se hace ciencia, los matices que difícilmente observamos cuando tomamos una pastilla para sentirnos mejor y los grises que definitivamente no vemos cuando la OMS nos dice que tengamos cuidado con la carne y los embutidos.

Si algo muestra este libro es que la ciencia muchas veces no tiende a ser utilitaria, como la clásica imagen donde los humanos ascienden al desarrollo por cada invento sembrado y cosechado por la ciencia. La ciencia médica, como todos los campos de estudio, está motivada por la curiosidad, por demostrar cuán verdadero o falso puede ser algo, pero no por la búsqueda de utilidad como encontrar una cura o un tratamiento efectivo. Por supuesto que sí existe esa búsqueda, pero mucho antes de eso hay que comprender lo que se estudia. Detrás del cáncer hay más dudas que respuestas, deja en claro el autor. Antes de un tratamiento pasaron décadas de observación, de mirar células, diferenciarlas, clasificarlas, analizar proteinas, entrevistar pacientes, estudiar química, saber de física, de radiación, conocer de genética, hacer papeleo, solicitar apoyos, organizar subastas, campañas publicitarias, donaciones, dar entrevistas a los medios de comunicación, recolectar firmas, publicar artículos, leer más artículos….

La pelea contra el cáncer también ha sido la pelea contra la indiferencia de la población y los gobiernos hacia la ciencia. Las disputas no sólo quedaban en los centros de investigación y hospitales, pasaban a los tribunales. Por ejemplo, los enfermos de cáncer se beneficiaron de otra lucha, la que llevaban los activistas a favor de tratamientos experimentales para el SIDA, pues ellos tenían el tiempo muy limitado, no podían esperar a que un organismo determinara sin un tratamiento era seguro o no, se tenían que arriesgar. Estos antecedentes lograron acelerar la investigación sobre el cáncer y saber sólo un poco más, sin siquiera aspirar a certezas o respuestas completas, sólo tener una pieza más del rompecabezas.

Siddhartha Mukherjee es optimista respecto a un tratamiento efectivo contra el cáncer. Es optimista porque ve a la ciencia como guía. Y supongo que por eso inicia el libro con la brutalidad de la medicina hasta antes del descubrimiento de la anestesia: curanderos cercenando los pechos de las mujeres, triturando los huesos y músculos para poder desprender un nódulo que se aferra para esparcir células que se niegan a morir. Al final habla del conocimiento que nos ha dado la genética, la química y la biología para diferenciar entre sustancias como factores de riesgo, en oposición a la desesperanza en la que quedaron millones de personas cuando se sabía muy poco de la enfermedad. Cuando no se sabía que el cigarrillo puede causar cáncer.

Esta lectura tal vez no nos dirá si la carne procesada nos va a enfermar. Tampoco nos dirá que el cáncer se cura con determinadas medidas. Lo que sí garantiza es una perspectiva nueva sobre la medicina, su complejidad y la dificultad que representa hacer ciencia y cómo impacta ésta a la población, saludable o no. El emperador de todos los males es el cáncer, pero también, considero, es la ignorancia.

Imagen de portada: n392_w1150 by Biodiversity Heritage Library-Flickr-(CC BY 2.0)


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com




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