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El futuro cementerio a las faldas del volcán

06 Jun, 2018 Etiquetas: , ,

Lo único que queda después de la erupción del volcán de Fuego de la comunidad de San Miguel Los Lotes [Escuintla] es el rótulo que anuncia su existencia. Una ceniza gris cubre una zona de la que se han rescatado unos 70 cuerpos. Los vecinos sobrevivientes acusan a Conred de negligencia. Una crónica que nos comparte Nómada, de Guatemala.

TEXTO: GLADYS OLMSTEAD / FOTOS: CARLOS SEBASTIÁN, CORTESÍA NÓMADA

Capítulo 1

Alicia García está sentada en una silla en la morgue provisional en Escuintla. Es una abuela de 52 años, aunque su mirada y su piel aparentan 10 años más. Delgada y morena, lleva puestas dos blusas, una sobre la otra, con una falda de un largo que pasa sus rodillas. En ambas pantorrillas lleva unas vendas, que son el resultado de la peor tragedia que ha tenido que vivir en su vida: perdió su casa, se quemó las dos piernas y no sabe dónde está su nuera. Alicia García es una sobreviviente de la erupción del Volcán De Fuego.

El material piroclástico  —nombre que usan los expertos para llamar a la nube de cenizas y fragmentos de lava que circula en aire y el vapor— consumió la comunidad en la que García vivía. Lo que el 2 de junio de 2018 era San Miguel Los Lotes [Escuintla], la tarde del 3 de junio era una playa. Así lo describen los vecinos, por la planicie de ceniza color gris casi blanco que es ahora la comunidad, en la que nadie sabe con seguridad cuántas personas vivían.

Desde la noche del sábado, Alicia García escuchaba los retumbos del volcán. «Tronaba un montón, pero nosotros a los ruidos ya estamos acostumbrados. Porque ahí suena, pero nunca pasa nada», explica con la certeza de quien ha vivido con su familia, incluyendo nuera y nietos, en la falda de un volcán por más de 15 años.

Lo que el 2 de junio de 2018 era San Miguel Los Lotes [Escuintla], la tarde del 3 de junio era una playa.

Alicia García asegura que personal de la Coordinadora Nacional de Reducción de Desastres [Conred] se presentó desde la mañana del 3 de junio en su comunidad. Dice que alrededor de la 1 de la tarde, la Conred dijo a los vecinos que no iba a pasar nada, que solo los gases en el aire eran tóxicos. «Entonces, [dijeron que] no había que salir del lugar, sino que solo encerrarnos en nuestras casas, eso nos dijeron».

Pasadas las 3 de la tarde, Alicia García tuvo que salir huyendo de su casa.

Capítulo 2

La comunidad de San Miguel Los Lotes se encuentra entre el km. 93 al km. 95 de la ruta RN-14, que es la carretera que conduce de Sacatepéquez a Escuintla, entre San Juan Alotenango y El Rodeo. Es por esa razón que los albergues se encuentran en esos dos poblados que son los más próximos. Las personas que vivían en esta comunidad, a la que se refieren popularmente como «Los Lotes», tenían sus casas de la orilla de la carretera a las faldas del volcán de Fuego.

Desde el domingo a las 4 de la tarde, de esas construcciones no queda nada. Ya no hay camino en la carretera, el puente Las Lajas ya no está y lo único que queda entre esos dos kilómetros es una capa de ceniza.

El lunes 4 de junio por la mañana, luego de una segunda gran erupción que hizo retroceder a los rescatistas que se encontraban del lado de Alotenango, la ceniza que cayó frente a la entrada del Club de Golf La Reunión tenía aproximadamente 5 centímetros de profundidad y estaba caliente. Ahí murió un delegado de Conred para el departamento de Sacatepéquez, y también desaparecieron entre los escombros dos bomberos voluntarios de 55 compañía de San Juan Alotenango.

Hasta el cierre de esta publicación, se han contabilizado 70 fallecidos, 46 heridos, 3,265 personas atendidas y más de 1 millón de personas afectadas. El número de desaparecidos aún es desconocido.

Frente a la narración de Alicia García, el director de Conred, Sergio Cabañas, dijo en la radio que la institución «siguió los protocolos y los procedimientos adecuados». Incluso calificó de muy efectiva la coordinación que se encuentra en el volcán.

Alicia García, una sobreviviente de San Miguel Los Lotes. Foto: Carlos Sebastián, Nómada.

Capítulo 3

Desde el lunes, temprano por la mañana, los bomberos sacaron de la morgue improvisada en la 55ª. compañía de San Juan Alotenango los 8 ataúdes con las personas fallecidas que ya estaban plenamente identificadas. Casi todos eran niños menores de 18 años. Los féretros fueron colocados uno al lado del otro en el Parque Central de Alotenango para que sus familias pudieran velarlos. Pero esa no era su comunidad, por lo que en su mayoría eran desconocidos los que consolaban a estas familias.

Uno de los fallecidos identificado entre los cuerpos sin vida en Alotenango es Wilson Alfredo Calachic, de 14 años. Su mamá, se llama Isabel Calachic y ambos nacieron en Quiché, pero llegaron hace 7 años a Los Lotes porque aquí vive su esposo, que no es papá de Wilson. Calachic cuenta que su hijo se salió de su casa para ver la erupción sin pedirle permiso y por eso no pudieron sacarlo de la comunidad a tiempo.

«Yo no sé a qué hora se salió al monte, porque eso hace a veces, aunque ya le he llamado la atención. Por eso no pudo venir con nosotros cuando nos sacaron los bomberos», cuenta Isabel Calachic, mientras recibe ayuda económica en forma de billete de Q50 de parte de un vecino de Alotenango que le da el pésame.

Tanto Isabel Calachic, como Alicia García, mencionan a sus familiares en presente. Por momentos es difícil entender de quién hablan porque parece que se refieren a ellos como que estuvieran vivos y no desaparecidos o fallecidos.

Capítulo 4

En la escuela Hunapú, hoy convertida en morgue provisional, en Escuintla, Alicia García habla con la voz muy débil por los gases y el polvo aspirado. Cree que fue el director de Conred para Sacatepéquez —ahora fallecido— quien les explicó que no les iba a pasar nada. Cree que es él porque después él se fue al puente Las Lajas para tomar fotos de las nubes que salían del volcán. «A tomar fotos desde el puente, como siempre hacen, se fue. Y regresó a decirnos que no iba a pasar nada», cuenta García.

Lo que la abuela de 52 años recuerda es que su nuera, Elsa Esquequé, no quiso salir pero que ella se sentía muy inquieta. Asegura que no se sentía ningún olor a fuego por los árboles que se quemaron con la lava. Lo que los alarmó fueron las piedras que caían desde el volcán. Pero para entonces, ya era muy tarde.

Pasadas las 3 de la tarde, Alicia García decidió salir de la casa y vio «una nube de fuego» como ella le llama a lo que la envolvió y le quemó las piernas. Insiste que la lava no venía del volcán sino que salía del piso, porque estaban rodeados de material volcánico hirviendo. Intentó resguardarse en la casa de sus vecinos pero solo se encontró con 3 niños pequeños que ya presentaban quemaduras también. Ella explica que no sabe cómo logró sacarlos de la casa donde estaban y entre la nube de cenizas apareció su hijo y unos bomberos que los rescataron del fuego y los sacaron de la comunidad.

En la escuela Hunapú, hay familias enteras, que entre lágrimas suplican que les dejen ver si alguno de los cuerpos es de alguien que conocen. Pero no se les permite, porque el estado de los restos complica la labor de identificarlos.

Alicia García decidió salir de la casa y vio «una nube de fuego» como ella le llama a lo que la envolvió y le quemó las piernas.

Capítulo 5

Desde el lado de Escuintla, en la RN-14, los cuerpos de rescate continuaron su labor hasta las 3 de la tarde, porque empezó a llover, lo que complicaba toda el área de trabajo y ponía en peligro a los rescatistas. Ellos se mueven entre los techos de las construcciones, sobre la ceniza aún caliente. Los bomberos, mientras salen de uno de los turnos, comentan que han perforado algunas paredes para entrar a las casas por arriba y buscar personas pero solo se han encontrado con fuego y vapor, que ha convertido esas viviendas en hornos.

La ceniza que queda sobre estas casas está suelta y se levanta con facilidad, por lo que es necesario usar mascarilla todo el tiempo. Además de que se puede percibir un ligero aroma a azufre y a ceniza de árboles, que no es recomendable aspirar. La vegetación alrededor del área ya no es verde. Los árboles están cubiertos de ceniza gris, así como la carretera, los rótulos y las construcciones que siguen en pie.

Capítulo 6

Alicia García se encuentra en la Escuela Hunapú porque, junto a su familia, esperan recibir la noticia de que Elsa Esquequé, su nuera, está entre los fallecidos. E insiste en que la Conred debió haberles avisado con la verdad para que corrieran y se resguardaran.

Las labores de rescate se vuelven cada hora más complicadas y peligrosas, es por eso que los cuerpos de rescate dejan para el 5 de junio la labor de búsqueda. Sin embargo, la opinión popular entre los rescatistas es que encontrar más personas es difícil y que la comunidad de San Miguel Los Lotes será declarada un cementerio bajo las faldas del volcán.

En Conred desconocen el número de comunidades que podrían estar soterradas y tampoco saben el número de personas que se encuentran ahí enterradas.

«Nosotros somos pobres, mi esposo y mi hijo son albañiles, mi nuera y yo somos amas de casa, ellos trabajan para comer no para tener bienes, pero ahora ya ni tenemos eso», dice Alicia García mientras sus ojos miran a un punto fijo y se ponen vidriosos.

La abuela mira con desesperación, pero no llora.

Nota: Esta historia fue publicada originalmente este 5 de junio de 2018 en Nómada. 
Agradecemos a nuestros colegas guatemaltecos nos hayan permitido reproducir la crónica en nuestro sitio.


Colaboración especial
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