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El Judío. Crónica de un gobernante absurdo en San Dionisio del Mar

24 Abr, 2014 Etiquetas: , ,
Este extraño personaje recorre las calles de la localidad huave durante Semana Santa.
TEXTO Y FOTOS: JUAN MAYORGA

 Cada Jueves Santo, mientras el mundo católico conmemora la traición y el encarcelamiento del hijo de Dios, la comunidad de San Dionisio del Mar centra su atención en un personaje más mundano.

Un monigote de trapo con máscara de anciano y verga de fuera recorre las calles de esta localidad del Istmo de Tehuantepec, en el sur de Oaxaca, con la autoridad que le confiere la tradición para esta fecha: ser alcalde por un día.

La localidad huave de 3 mil habitantes lo conoce como El Judío y le confía los poderes civiles del pueblo hasta el Viernes Santo. Durante su improbable gobierno, se hace puñetas a la vista de mujeres y niños, dicta órdenes absurdas y revela los chismes de la localidad.

El rito inicia por la tarde, después de que Cristo ha muerto. Por alguna extraña razón que nadie puede explicar con precisión, en la celebración de Semana Santa en San Dionisio el Mesías muere el jueves y no el viernes.

Un pequeño comité organizador integrado por unas tres personas reúne a la banda musical, ayudantes y algunos curiosos en la entrada del pueblo. En un crucero carretero obstruyen el paso hasta que los conductores entregan unas monedas para la celebración. Luego avientan al cielo los cohetones que marcan el banderazo de salida.

A bordo de una camioneta pick up y controlado por dos hombres, el Judío saluda a quienes se reúnen en las aceras a tomarle fotos. Intercala los saludos con erecciones repentinas (un hilo amarrado al falo esculpido en madera logra este efecto) y señales obscenas que hacen carcajear a los niños y sonrojar a algunas mujeres.

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Su primera escala es el edificio del ayuntamiento, donde es recibido por su homólogo de carne y hueso y los demás integrantes del gobierno que rige San Dionisio los otros 364 días del año. Ahí ocurre la primera lectura “del rollo”, un documento que los organizadores han preparado con los secretos sucios del pueblo, desde funcionarios públicos hasta amas de casa.

Este año, el Judío se presentó como un guerrillero que llegó a San Dionisio a bordo de un avión de la Policía Estatal. En su discurso, pasó lista por apodo a las personalidades más reconocidas. También criticó las últimas elecciones, exhibió a algunos amantes y se burló de una adolescente que subió fotos sensuales a Facebook.

Casi al fin de su discurso mandó la excavación de un pozo superprofundo que garantizara el abastecimiento de agua en la comunidad y pidió Buchanan’s, vodka, y Don Pedro (lo mejor en alcoholes, según él) para sus colaboradores.

Luego del chismorreo, que causó muecas incómodas y risas forzadas entre algunos de los presentes, los responsables del Judío y del gobierno municipal comparten unos tragos de mezcal, una especie de pipa de la paz alcohólica que les permite a ambas partes seguir su día con un mejor sabor de boca.

Tras la escena en el ayuntamiento, el Judío repite su número en la plaza pública. Luego pasa unas horas en la cárcel del pueblo, de donde es liberado para continuar su monólogo en las casi 30 cantinas del pueblo, en una borrachera comunal más propia de la época de carnavales que de Semana Santa.

La fiesta transcurre toda la noche. Durante la madrugada, el gobernante recorre las casas de quienes no cooperaron para exigir unas monedas. A quienes se rehúsan les decomisa una bicicleta, una mesa… lo que haya en su patio. Los propietarios tendrán que recogerlo más tarde en el ayuntamiento después de pagar una multa.

Al finalizar la celebración hay más borrachos que de costumbre deambulando en las calles de esta comunidad azotada día y noche por el viento istmeño. En la mañana, cuando los encargados preparan los restos de Cristo para su entierro  (un ritual que ocurre mientras que en el catolicismo ortodoxo Jesús ni siquiera ha sido juzgado), el Judío yace colgado a la entrada de la iglesia.

La locura del Judío muere con los primeros rayos del Viernes y se reserva hasta el próximo año. La purga emocional del pueblo da paso a una tranquilidad que adormece el cálido fin de la Semana Santa.

 



Juan Mayorga
Juan Mayorga
Periodista especializado en asuntos ambientales. Entusiasta de la movilidad urbana, agricultura sustentable y las transiciones energéticas. Crítico del desarrollo malentendido. Ex de El Universal, CNNMéxico y colaborador de Expansión, Chilango y Animal Político. En Twitter: @JuanPMayorga




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