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El momento histórico de AMLO

03 Jul, 2018 Etiquetas: , , ,

Luego de tres procesos electorales, Andrés Manuel López Obrador, con más del 53% de los votos, es el presidente electo de México. Con la noticia todo se volvió festejo. Estos textos dan cuenta de cómo se vivió en la Ciudad de México la celebración por los resultados y delinean el contexto en que se dio la victoria del tabasqueño.

TEXTOS Y FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ Y CÉSAR PALMA

SE ABRIÓ LA PUERTA DE LA PRESIDENCIA PARA AMLO
[TEXTO Y FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ ]

Son más de las dos de la mañana del 2 de julio y en la esquina de Paseo de la Reforma y Bucareli todavía hay personas que ondean banderas de México y del Movimiento de Regeneración Nacional [Morena]. Algunos de los autos y camiones de carga que pasan por este punto de la Ciudad de México pitan en señal de celebración. Es el cierre de un día histórico.

—¿Entonces sí llegó López Obrador al Zócalo? —me pregunta el conductor del taxi en el que viajo.

—Sí. Por eso aún hay personas celebrando. Su discurso lo terminó poquito después de las 12 —respondo.

—Con razón la gente está contenta. Hace rato me tocó traer a una señora como de 80 años, decía «Yo tengo que estar con Obrador». Luego traje a otra familia que venía hasta con el perro. Venían de todas partes. Pero bueno, si ya ganó por fin Obrador pues que cumpla. Ojalá no salga como todos, ¿no? —comenta.

Mientras recorro la ciudad no dejo de pensar en que muchas de las personas que hoy acudieron al Zócalo esperaron doce años, y tres procesos electorales, para celebrar la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México.

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Cientos de personas miran expectantes las tres pantallas colocadas afuera del hotel Hilton en la Alameda Central. Van de la euforia al silencio y de éste a los gritos de nueva cuenta, más después de ver que José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos por México, encabezada por el PRI, reconoció que las encuestas de salida de la elección presidencial no le favorecían. La celebración aumenta luego de escuchar a Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, integrada por el PAN y el PRD, decir:

«Ninguna democracia funciona sin demócratas, por eso, porque creo en la democracia, porque soy un demócrata, digo hoy ante las y los mexicanos que la información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador. Como ya lo hice vía telefónica hace unos minutos, que hablé con él, reconozco su triunfo y le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México».

Busco observar los rostros de esas personas. Un hombre frente a mí salta de emoción. Las lágrimas casi brotan de sus ojos. A su alrededor otras personas aplauden, ondean banderas [de México, de Morena y algunas LGBTI+]. «¡Sí se pudo!», «¡Presidente!», «¡México despertó!», gritan una y otra vez.

Cientos de personas se congregaron afuera del hotel Hilton y en la Alameda Central para seguir los detalles del cierre de la jornada electoral del 1 de julio. Foto: Lizbeth Hernández.

Simpatizantes de AMLO esperaron varias horas frente al Hilton para ver el mensaje del candidato de la coalición Juntos haremos historia. Foto: Lizbeth Hernández.

Conforme los minutos transcurren más personas se reúnen en la Avenida Juárez para esperar a que Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la coalición Juntos haremos historia, llegue este punto.

Hago una pausa para cenar algo. Desde el interior de la taquería a la que entro, cercana al hotel Hilton, los comensales siguen la cobertura de la jornada electoral de este 1 de julio, considerada histórica porque se eligieron en total [incluyendo al presidente] 3 mil 400 cargos y hubo comicios locales en 30 de las 32 entidades federativas del país. La jornada transcurrió con una calma contenida. Si bien hubo incidentes, ninguno opacó o modificó su curso.

La atención incrementa cuando AMLO inicia el recorrido de su casa de campaña en la colonia Roma a la Alameda Central. La señal de televisión muestra al tabasqueño sonriente. Vemos cómo las personas se acercan a su auto o corren tras él. Doy bocados grandes para terminar pronto mis tacos.

López Obrador se acerca al hotel. Mi colega Jordy y yo salimos a toda prisa de la taquería. Pronto nos vemos corriendo para alcanzar a registrar el ingreso de AMLO al Hilton. Todo sucede rápido. No logro capturar nada y me desplazo hacia la Avenida Juárez, que para este momento luce más llena.

Gradualmente la celebración se extiende por las principales calles del centro de la ciudad. Es difícil caminar entre la gente. Entonces vuelvo a ver a mi colega y caminamos hacia el Zócalo. En el corredor peatonal de Francisco I. Madero resuena «¡Es un honor estar Obrador!».

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«A todos les digo: que nadie se desanime, que no debemos decir adiós a la esperanza. Tengo elementos para afirmar que el actual régimen está en su fase final […] De modo que, ánimo, es poco lo que falta. Uno, dos, tres, seis años, una década, son como un suspiro […] Quienes luchamos por una transformación que servirá a varias generaciones, debemos aprender a medir el tiempo distinto […] En lo que a mí corresponde, en esta nueva etapa de mi vida, voy a dedicar toda mi imaginación y trabajo a la causa de la transformación de México. Lo haré desde el espacio que representa Morena», son las palabras que pronuncia Andrés Manuel López Obrador en un templete instalado en el Zócalo. Es el 9 de septiembre de 2012.

AMLO anuncia que se separa de los partidos del llamado movimiento progresista: el Movimiento Ciudadano, el PT y el PRD, quienes lo habían abanderado como candidato presidencial por segunda ocasión.

Para cuando AMLO hace este anuncio, el Tribunal Electoral ya ha validado la elección que da el triunfo a Enrique Peña Nieto. Las manifestaciones de rechazo al arribo de Peña Nieto a la presidencia, varias encabezadas por el movimiento #YoSoy132, no lograron revertir la decisión ni el resultado.

Observo los rostros de quienes ven en AMLO la opción para que el país sea otra cosa.

¿Qué pasará dentro de seis años? ¿Dónde estará AMLO? Morena apenas va a decidir su futuro, Obrador dice que está por decidirse si continuaría como asociación civil o si se constituirá como partido. [Lo cual ocurre en 2014].

La historia política de Andrés Manuel López Obrador permite entender que no hablaba al aire.

Un joven celebra el triunfo de AMLO. Foto: Lizbeth Hernández.

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La puerta de entrada de Andrés Manuel López Obrador a la política en forma la abrió el poeta Carlos Pellicer en 1976, quien en ese año buscaba llegar al Senado. El joven López Obrador fue entonces uno de sus más entusiastas colaboradores, cosa que Pellicer no olvidó cuando apoyó a Obrador para que Leandro Rovirosa Wade, gobernador de Tabasco, lo nombrara delegado del Instituto Nacional Indigenista del estado. «Allí comenzó la leyenda», dice el periodista Jorge Zepeda Patterson en «La revancha», título del perfil que escribió sobre Obrador en Los suspirantes, los candidatos de carne y hueso [Temas de hoy, 2011].

En el texto Zepeda Patterson detalla que los años en La Chontalpa, lugar donde se ubicaba la sede de la delegación de Instituto, fueron determinantes para el «animal político en que se convertiría» AMLO, ahí se empezaron a esbozar sus virtudes y defectos:

«Aquí comenzó el hábito de hacer consultas. Cada vez que se atoraba o estaba indeciso, se iba a platicar con los ancianos de los pueblos […] Resulta curioso que, pese a la inclinación de Andrés Manuel por las consultas populares, siempre ha sido poco afecto a explicar o justificar frente a sus subordinados los motivos de sus actos […] Aquí también, López Obrador desarrolló otra impronta de su estilo político: la de concebir programas novedosos, con impacto popular.»

A partir de entonces, López Obrador no hizo más que construir el camino que lo llevaría a la presidencia de México. De la gestión en La Chontalpa pasó a la dirigencia del PRI estatal; después vino la separación de ese partido; luego su búsqueda del gobierno de Tabasco; su traslado a la Ciudad de México; su arribo a la presidencia del PRD; la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal; la confrontación y antagonismo con Vicente Fox, —quien había prometido un cambio desde la presidencia al concretar la alternancia partidista en el Ejecutivo en el 2000— que derivó en el proceso de desafuero de López Obrador, mismo que finalmente Fox canceló.

Y siguió la aspiración presidencial.

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«López Obrador no se hizo en la política de las camarillas ni en la de los linajes […] No es hijo del centro sino de la periferia […] El dirigente de Morena registra como nadie el abismo de México. La polarización que vive el país no proviene del lenguaje ni de la estrategia política de un líder: proviene de una larga acumulación de agravios. López Obrador los expresa y los encauza. ¿Podrá repararlos? Sus denuncias exhiben la captura del poder político, su utilización para el servicio de los intereses privados, la desvergüenza de la corrupción, la atrocidad de nuestra guerra, la falta de oportunidades para millones. Diagnóstico irreprochable. Sus remedios son otra cosa», escribió el analista político Jesús-Silva Herzog Márquez en El País pocos días antes de las elecciones de este 1 de julio.

El triunfo de Obrador en su tercera contienda electoral se perfilaba ya inminente. ¿Qué podría evitarlo? Sus contrincantes, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, no lograron imponer agenda propia, toda su campaña tenía como eje a AMLO y aunque buscaron explotar los defectos del líder de Morena, no pudieron articular una estrategia exitosa alejada de los lugares comunes sobre la personalidad del tabasqueño [no exenta de matices]; además, ambos candidatos estaban relacionados a, por un lado, los escándalos de corrupción del PRI [mismos que involucraron la administración de Meade en la Secretaría de Desarrollo Social], y por otro, a una acusación de lavado de dinero. Margarita Zavala se bajó de la contienda antes del tercer debate presidencial. Y la que era la «verdadera opción de izquierda», María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, vocera del Congreso Nacional Indígena, CNI, no logró llegar a la boleta electoral.

Punto aparte merece también el papel e influencia positiva que tuvieron Tatiana Clouthier, coordinadora de campaña, y Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de AMLO en la estrategia del tabasqueño.

Familias se acomodaron en jardineras de la Alameda para seguir lo que ocurría en el Hilton. Foto: Lizbeth Hernández.

 

Un niño y su madre festejan la victoria de López Obrador en Avenida Juárez. Foto: Lizbeth Hernández.

Pero no sólo la campaña fue determinante para el triunfo de Obrador. México atraviesa una etapa violenta, compleja. Desde 2006 el país ha vivido una polarización política y social. Las gestiones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, lejos de atajar los problemas estructurales del país, lo llevaron a un punto crítico con miles de personas desaparecidas, y crearon las condiciones para que sucedieran casos como Ayotzinapa, Apatzingán, Tlatlaya; además de una serie de escándalos de corrupción como las empresas fantasma de Javier Duarte; o la agudización de casos de feminicidio y sin el cumplimiento de un crecimiento económico, por referir algunos temas.

Es este contexto en el que la elección mexicana dejó de ser «la competencia entre proyectos políticos y deviene referéndum: un referéndum sobre los límites de la tolerancia de aquellos que más han padecido», como escribió el escritor Emiliano Monge.

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El Zócalo poco a poco se llena. Miles de personas se reúnen en el centro de la ciudad para celebrar los resultados electorales. Andrés Manuel López Obrador ha logrado el 53 por ciento de los votos según informa el presidente del Instituto Nacional Electoral, INE, Lorenzo Córdova poco después de las 23 horas.

En el escenario instalado en la plancha de la Plaza de la Constitución un mariachi anima a las familias, parejas, amigos, amigas que están ahí aglutinados. Hay personas en sillas de ruedas, personas montadas en los hombros de otras. Algunas bailan. Mientras, en el Hilton, AMLO pronuncia el primero de dos discursos que dará esa noche:

«Amigas y amigos:

»Este es un día histórico y será una noche memorable. Una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México.

»Agradezco a todos lo que votaron por nosotros y nos han dado su confianza para encabezar este proceso de cambio verdadero. Expreso mi respeto a quienes votaron por otros candidatos y partidos […]

»El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos: a ricos y pobres; a pobladores del campo y de la ciudad; a migrantes, a creyentes y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales».

La espera en el Zócalo. Miles de personas se congregaron en esta plaza para escuchar al candidato electo, Andrés Manuel López Obrador. Foto: Lizbeth Hernández.

Un joven sonríe mientras espera el arribo de AMLO al Zócalo. Foto: Lizbeth Hernández.

Suenan canciones de Juan Gabriel, Alejandro Fernández, pero las personas empieza a pedir que se transmita la conferencia de Obrador. No pasa pero el ánimo no decae. Al contrario. Cada vez más personas se apretujan.

De pronto la visibilidad se torna complicada desde la parte de atrás, en la que me encuentro. Miles de banderas se mueven de un lado a otro. Pronto llegará AMLO.

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Cuando el himno de Morena empieza a sonar en el Zócalo los gritos y aplausos llegan a su clímax. Las banderas se agitan con fuerza. La alegría es colectiva. «¡Hoy toca festejar, mañana a luchar!» arenga un grupo de personas. Al igual que ellas y ellos, en Twitter otras personas dicen que es momento de celebrar pero que al día siguiente toca iniciar la vigilancia del proceder del presidente electo.

A la par de la celebración, empezaron a compartirse en Twitter y Facebook las reflexiones e ideas de los analistas y personas que cuestionan desde hace años a López Obrador; las de quienes ven en él al líder político que guiará la transformación del país; las de quienes votaron por él sin estar convencidos/as; las de quienes dijeron que en esta elección faltó incorporar plenamente la agenda de las mujeres; las de quienes votaron pensando en los/las más de 30 mil personas desaparecidas; las de quienes creen que México será como Venezuela; las de quienes dicen que esto último es un sinsentido.

Pero en las calles la fiesta es una ruptura, un escape, un alivio, una revancha, una reconciliación por echar al PRI de nueva cuenta, por cobrarle factura por la gestión de Peña Nieto y los suyos. Es también un punto de inflexión para los movimientos de izquierda. Y una pausa antes de dimensionar el papel que tendrá la fracción del PES en el Congreso.

Espuma y celebración en Francisco I. Madero. Foto: Lizbeth Hernández.

Luego de que AMLO concluyó su discurso en el Zócalo, cientos de personas permanecieron en la zona para continuar la celebración. Fotos: Lizbeth Hernández.

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Cerca de la medianoche, AMLO sube al escenario del Zócalo. Agradece el apoyo y la confianza de la gente. «Se decidió hoy iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México. Triunfó la revolución de las conciencias. Y como dijimos en el cierre de campaña, no podemos dejar de reconocer que este triunfo pertenece a todas y a todos. Es el esfuerzo de muchos dirigentes sociales, políticos, de muchos ciudadanos, indígenas, campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, de todas las clases sociales, de todos los sectores, de todas las religiones, millones de católicos, millones de evangélicos, y de millones de librepensadores», dice al iniciar su discurso. El segundo de la noche.

Mientras Andrés Manuel habla, las personas siguen gritando. Brincan para intentar verlo, para registrar un pequeño fragmento de ese instante en sus móviles.

López Obrador traza frente a las miles de personas congregadas en la mayor plaza pública del país, los pasos que seguirá en lo inmediato, como reunirse con Peña Nieto para delinear la transición del gobierno; detalla que su equipo de transición [en el que se incluyen el exjefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard; la ministra en retiro, Olga Sánchez Cordero; su coordinadora de campaña, Tatiana Clouthier y el empresario Alfonso Romo] empezará labores pronto. Anuncia, además, que volverá a recorrer el país antes de asumir la presidencia.

«Ya no tengo más nada que decirles. Sólo así abrazarles mucho —AMLO hace gesticula el abrazo—. Que el amor, con amor se paga. Y que así como ustedes me quieren, yo los quiero a ustedes, y un poquito más todavía. Y no les voy a fallar. Vamos a aplicar los tres principios básicos: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo».

Después de esa última frase, AMLO y miles de personas desahogan un grito que tenían guardado en la garganta desde hace doce años.

Un grupo de músicos toca cumbia para continuar los festejo por la victoria de AMLO en el Hemiciclo a Juárez. Foto: Lizbeth Hernández.

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La celebración sigue después del discurso de AMLO. Canciones, gritos, batucada. Algunas esquinas —como la de Francisco. I Madero y 16 de Septiembre— se vuelven puntos de reunión para seguir bailando, saltando.

El ánimo popular no decae. Falta poco para las 2 de la madrugada de este 2 de julio. En el Hemiciclo a Juárez un grupo de músicos vuelve a tocar cumbias. Las personas se disponen a mover el cuerpo con alegría.

Paseo de la Reforma es otra extensión del festejo. Mientras las personas esperan trasladarse siguen echando porras. Automovilistas encienden sus ánimos al tocar sus claxons. Más parejas y pequeños contingentes se desplazan por la zona hasta perderse entre las calles.

—Sigo emocionada, se logró. Por fin se logró —me dice Claudia, una chica que estaba en la esquina de Bucareli y Reforma.

—¿Desde dónde vienes? —pregunto.

—Del sur de la ciudad. No me lo podía perder, vine con mis hermanos pero me adelanté para ver si había taxi. —comenta.

—¿Confías en AMLO? —suelto.

—Sí, mi mamá dice que se puede confiar en él porque nos habla directo, como personas. Y ya era tiempo de que ganara —explica y camina hacia su familia.

Una mujer espera en Francisco I. Madero. Foto: Lizbeth Hernández.

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Mientras me alejo del centro de la ciudad a bordo del taxi, en mi mente repaso escenas de lo vivido. Nunca antes había presenciado una celebración colectiva así. Nunca antes había visto tan de cerca la esperanza saltando en el rostro de tantas personas, quienes confían ahora en que su país, nuestro país, puede ofrecerles algo distinto.

Simpatizantes de AMLO agitan banderas de Morena en Eje Central. Foto: Lizbeth Hernández.

Y también aparecen las preguntas, que son compartidas por más personas: ¿Qué seguirá? ¿Cómo articulará AMLO su gobierno? ¿Cómo equilibrará el poder en el Congreso? ¿Cómo o qué efectos tendrá la alianza con el Partido Encuentro Social, PES? ¿Qué tanto logrará influir Olga Sánchez Cordero en la inclusión y seguimiento de la agenda de las mujeres y de la población LGBTI+ en el gobierno? ¿Cómo lidiará AMLO con la oposición? ¿Cómo creará consensos? ¿Logrará la reconciliación de distintos sectores del país? ¿Cómo tratará a la prensa crítica de su gobierno? ¿Cómo se organizarán los contrapesos? ¿Y qué pasará si sus nuevos aliados —varios de ellos opositores en el pasado y personajes polémicos— lo traicionan? ¿Qué sigue para las izquierdas?

Por supuesto, tras el triunfo, sigue perfilar lo que viene, ir más allá de los lugares comunes, tener a la mano más perspectivas y no limitarnos sólo a la de los simpatizantes ni a la de los detractores de Obrador; hará falta incluir más preguntas como la que plantea Cecilia González en Revista Anfibia ¿Qué hará la izquierda con tanto poder?; o poner en perspectiva los puntos que señala Katherine Corcoran en The Washington Post al decir «¿Otro Hugo Chávez? Es mejor temer que López Obrador sea otro Peña Nieto o Calderón»; o considerar los elementos que engloba el politólogo José Merino en esta carta dirigida a AMLO: «Pasa ahora que te toca romper con todo lo anterior. Pasa ahora que nos toca vigilar y exigir que lo hagas».

Se abrió la puerta de la presidencia para AMLO, le toca llevar a cabo su proyecto; a nosotros, nos toca saber en dónde y cómo nos pararemos frente a él [o con él]. Al abrirse esta puerta tenemos de frente el futuro para pensar el país que queremos.

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¿CUÁNTO NOS DURARÁ LA FIESTA?
[TEXTO Y FOTOS: CÉSAR PALMA]

Ganó.

Esa fue la idea que creyentes e incrédulos vieron materializada este 1 de julio. Los temores de algunos y las esperanzas de otros se convertían en una realidad innegable.

Apenas pocos minutos después de las ocho de la noche, cuando las encuestas de salida arrojaban los datos sobre la aplastante victoria de entre 43-49% , los competidores de AMLO aceptaban su derrota y felicitaban al tabasqueño por su victoria.

AMLO, Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa, y Jesús Ernesto, su hijo. Al fondo Claudia Sheinbaum, quien este 1 de julio fue electa como alcaldesa de la Ciudad de México. Foto: César Palma.

La atmósfera de triunfo empezaba a apoderarse; primero de las redes sociales, luego de la Ciudad de México, uno de los bastiones más importantes para los gobiernos de «izquierda» en las últimas décadas, y donde prácticamente Morena [el partido que encabezaba la coalición que llevaría a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia] inició su articulación y ganó los primeros cotos de poder.

La felicidad se esparció como pólvora y las personas empezaron a arremolinarse en los puntos donde Andrés Manuel daría un mensaje. Primero, en los alrededores del hotel Hilton, donde dirigiría un mensaje a la prensa , después de que el Instituto Nacional Electoral diera a conocer los primeros resultados electorales del conteo rápido. Luego, acudiría al Zócalo capitalino para dirigirse a  simpatizantes, quienes lo esperaban desde las siete de la noche o un poco antes.

Al fin, después de 12 años, AMLO tenía su cita con la historia.

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En mi casa, en el trabajo y en la calle escuché nombrar al fantasma más antiguo de la democracia mexicana: el fraude. Pese a los datos que mostraban las encuestas previo a la elección, la sombra de la duda permanecía en gran cantidad de electores. «No va a ganar, vas a ver», decía una compañera de trabajo.

Para algunos conocidos, los escenarios más catastróficos apuntaban a que se repetiría el episodio del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Pero no.

Nada de ello pasó. De hecho, la votación transcurrió con orden relativo, excepto por la falta de boletas en casillas especiales y las denuncias presentadas ante la FEPADE, y con una participación de más del 63% de ciudadanos en condiciones de votar.

Nada les arruinó la noche a los simpatizantes de Morena. Arrebataron el poder en términos absolutos.

Una pareja espera la llegada de AMLO al Zócalo. Foto: César Palma.

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Los primeros en entrar al cuadro principal del Zócalo de la ciudad fueron los periodistas. Se levantaron las vallas del Zocafut y corrieron para ganar un sitio al frente del escenario y tomar el mejor ángulo del próximo presidente de México. Tras ellos, decenas de personas fueron acomodándose para ver lo más cerca posible a Andrés Manuel.

La gente llegó como gotero en los primeros minutos, después a chorros. Caminaban desde la calle de Madero, a través de 20 de noviembre y también desde Pino Suárez. La plancha prácticamente se llenó y otra vez los partidarios de AMLO convirtieron un evento político, en el show de un rockstar.

La prensa internacional y nacional estaba expectante, verificando su reloj y manteniéndose al tanto del flujo de información. Todos querían saber la hora exacta de llegada y desde qué dirección. Perderse la imagen o la declaración del próximo presidente 2018-2024, era un desliz que no se podían permitir. Periodistas, simpatizantes y curiosos aguantaron en su sitio hasta pasada un poco más de la media noche, cuando Obrador dijo la última palabra de su discurso.

Miles de personas se reunieron en el Zócalo para celebrar los resultados electorales. Foto: César Palma.

Las porras fueron viajando de las personas del centro hacia las de enfrente, del frente hacia la parte más alejada del escenario. «Presidente, presidente» y «Sí se pudo, sí se pudo», se repitieron hasta el final de la noche.

Sí habían bostezos, pero mucha más alegría. Una alegría que este reportero no recuerda de hace seis años, cuando me encontraba en el Monumento a la Revolución y el movimiento #YoSoy132 recibió el balde de agua fría: Enrique Peña Nieta aventajaba las encuestas de salida, luego los resultados preliminares y sería el nuevo presidente.

Ese y otros recuerdos hacían inevitable comparar el ambiente de ésta y la noche electoral de 2012. Incluso, la celebración era distinta al cierre de campaña de la coalición Juntos Haremos Historia; los acarreados, tal vez, hicieron su labor en la mañana para aumentar el flujo de personas en las urnas, pero ya por la noche, vi ciudadanos que se trasladaron por su propia cuenta. Sin distintivos de líderes locales, sin uniforme de la sección a la que representan; sólo personas alegres y ansiosas por ver a ese hombre que dice cambiará el país de forma «radical», no en los términos violentos, sino en la acepción que se refiere a/o desde «raíz».

Fueron casi cuatro horas de espera hasta que el presidente electo subió al escenario. Nadie se despegó de su lugar, nadie desesperó, salvo cuando la conferencia de prensa estaba siendo transmitida, pero los encargados del evento no la proyectaron, excepto por breves segundos, cuando la cara de AMLO aparecía en la pantalla gigante y la gente explotaba en gritos.

AMLO en su llegada al Zócalo. Foto: César Palma.

«¡Presidente!», fue uno de los gritos más repetidos en el Zócalo. Foto: César Palma.

 

La prensa continuaba esperando con tranquilidad, ya curtida en toda la campaña. Algunos reporteros lucían agotados, otros felices, porque también son ciudadanos y observaban cristalizadas sus aspiraciones en el candidato de Morena. Tampoco se limitaban sólo a registrar: cantaban, carcajeaban y esperaban más como simpatizante que como enviados de prensa.

Los extranjeros, por supuesto, se dirigían con un semblante más rígido. Miraban y capturaban imágenes de cada instante, pero con cierta lejanía. ¿Qué ven los extranjeros en esta convulsión de la política mexicana?, me pregunté, pero no logré concentrarme en una respuesta, ni preguntarle a alguno de ellos.

 

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La noche se fue consumiendo con un mariachi que interpretó el «Cielito lindo»; los éxitos de José Alfredo, el popurri de Juan Gabriel y otros clásicos más.

Pero aún así, la música no fue suficiente para tranquilizar la ansiedad de los que aguardaban al líder. La rechifla arreciaba conforme se acercaba la media noche y sólo se calmó cuando los organizadores decidieron proyectar la transmisión en vivo de Televisa: desde el helicóptero se apreciaba la camioneta blanca que transportaba AMLO hacia el Zócalo de la ciudad. La conferencia de prensa había terminado y el candidato estaba a pocos metros del punto de reunión.

Brincos, sonrisas y aplausos salieron a borbotones del Zócalo. Las miradas se fijaron en la pantalla que reproducía la imagen de la Suburban siendo rodeada por decenas de personas.

Algunas personas comenzaban a quebrarse, las lágrimas brotaban y el rostro se les descomponía de emoción. Un semblante similar en superficie, pero distinto al de las personas que vi llorar aquel 2012 cuando EPN adelantaba la elección y AMLO fue enviado a la congeladora por segunda ocasión.

Una petición para AMLO. Foto: César Palma.

Era fácil establecer un puente entre ese pasado y esta noche: el sector anti PRI, anti sistema y todos los desencantados con la política, que lloraron y se consumieron de ira e impotencia aquella noche, se fueron sumando paulatinamente durante años. Pensé: cuando ganó EPN, AMLO comenzó a ganar.

Y no en automático, el movimiento del tabasqueño tuvo aciertos muy importantes en la campaña y en general en el manejo de su política, incluso en la recta final.

La distancia del macuspano era muy corta con su electorado, no sólo en términos físicos, que eran evidentes [los abrazos, las sonrisas, las miradas directas y palabras personales]; sino también en su mensaje. AMLO reconoció el trabajo de todos los involucrados y se moderó para no excluir a nadie, ni siquiera a los empresarios, los cuales tradicionalmente son para él quienes buscan sostener el viejo régimen. Dijo que trabajaría para todos, para refundar la vida pública y conciliar a todos en el país. Aseguró que sería una transición suave y sin sobresaltos, siempre respetuosa del actual gobierno; también mandó un mensaje para evitar «crisis» en los mercados: «Vamos a actuar de forma respetuosa y la transición va a ser ordenada, para que se mantenga la estabilidad económica y financiera, que no haya sobresaltos. Para sacar adelante a México».

Las personas querían registrar un instante de lo que ocurría en la Plaza de la Constitución. Foto: César Palma.

AMLO y la prensa en el Zócalo. Foto: César Palma.

Luego la realidad.

La gente comenzó a dispersarse. El Zócalo se fue vaciando lentamente, pero la fiesta se fue con cada uno de sus simpatizantes. Continuaron tocando el claxon de su auto toda la calle de Pino Suárez y parte de Tlalpan hasta el metro Chabacano.

Era imposible tomar una camión o taxi de regreso, era más rápido ir a pie. Las personas se acompañaron todo el trayecto hasta que pudieron tomar algún transporte. Poco a poco la calzada se vació y la madrugada silenciosa llegó a la ciudad.

«¡Ganamos!». Foto: César Palma.

Las porras y banderines desaparecieron y las calles parecían más sombrías. El color y la música desapareció de las calles de la colonia Obrera. Comenzaron a asomarse entre los desniveles de Tlalpan algunos indigentes y las prostitutas se colocaron de nuevo en sus puestos. El olor a orina, las paredes descarapeladas, los barrotes de las ventanas y los puestos callejeros recuperaron su presencia. El del México diario, que damos por común, tan nuestro, pero que detrás de cada objeto, persona o historia, hay un fondo ominoso: pobreza, inseguridad, violencia y más.

¿Cuánto nos durará la fiesta?



Redacción Kaja Negra
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