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El sentimiento de lucha, fragmento de «Normalistas de la montaña»

20 Jul, 2017 Etiquetas: , ,

En Normalistas de la montaña. Antología de crónicas de estudiantes de la Normal de Tlapa de Comonfort [Vodevil, 2016], una generación de mujeres [mayoritariamente] que cursaron las licenciaturas Educación Preescolar Intercultural Bilingüe y Educación Primaria Intercultural Bilingüe nos relata cómo su paso por la Normal transformó su entorno personal y familiar. Así, sus testimonios nos llevan de la montaña guerrerense a las aulas y calles en que se divirtieron, arriesgaron la vida y aprendieron lo que es la lucha social. Vodevil Ediciones nos comparte este fragmento.

COMPILACIÓN DE JORGE ARTURO BORJA/ FOTOS: CORTESÍA DE LA ESCUELA NORMAL DE LA REGIÓN DE LA MONTAÑA

 

«En la escuela he aprendido muchas cosas que me han servido tanto personal como profesionalmente, aquí me di cuenta de lo complejo que resulta ser maestro, y lo que tienes que hacer para ganarte esa palabra tan grande que muchas personas toman como algo insignificante. Esa palabra suena feo pero muchas veces así es valorado el maestro. Las luchas sociales en que, en muchas ocasiones, ha participado la escuela han sido una más de las motivaciones para estar y seguir dentro de ella porque en la Normal no solo nos preocupamos por formarnos pedagógicamente, sino también en la lucha social, en el conocimiento acerca de los orígenes de la lucha y el porqué de ellas. La Normal de la Montaña también tiene esa característica de luchadora social, desde mi primer año de ingreso me adentré con mis compañeros en actividades que consistían en marchas, plantones, mítines, entre otras, todas por una causa justa.»

Florentina González Palacio

«Los primeros cursos en la escuela fueron por parte del comité estudiantil, donde hablaron de la lucha social que han tenido de generación tras generación, también en este curso hablaban acerca de los cambios que han surgido con la educación y quienes han luchado por cambiarla, primero me parecían aburridos y la mayoría no ponía atención, después dieron unas hojas con las consignas de lucha y protesta, nos ponían a practicar cada consigna; en lo particular me daba pena estar diciéndolas con voz fuerte y sólo las decía cuando pasaba un integrante del comité a verificar si todos estaban realizando dicha actividad; y el motivo por el cual realizan estos cursos es para hacer concientización en nosotros porque todos entramos desconociendo la política de nuestro país, de las reformas que han surgido y sólo han beneficiado a algunos, y qué tipo de educación hemos recibido a lo largo de nuestra formación. Pero también aquí encontré a dos primeras amigas Gema y Fernanda, con ellas salía a almorzar o platicar un rato acerca de nuestras experiencias en la prepa o bachillerato.»

Leidi Tapia Campos

 

«―Mami, mi maestra me dijo que hoy les toca a las mamás jóvenes recoger a sus hijos y que a las mamás-abuelita les toca descansar.

Después de regresar de vacaciones de verano, en la noche ya preparando mi maleta para que al día siguiente me trasladara a la comunidad en donde estaba realizando mis prácticas profesionales, oí aquellas palabras inocentes y dolorosas que hicieron llegar a mi mente momentos de mi infancia porque no era la primera vez que mi hijo me pedía que yo lo recogiera después de salir del kínder o que asistiera a un evento cuando él participaba.

Aquel episodio que llegó a mi mente fue uno en el que yo le reprochaba a mi madre el porqué no asistía a mi escuela como lo hacían las demás madres de mis compañeros o por qué teníamos que viajar a su comunidad para festejarle el 10 de mayo y no en su casa, entre otras situaciones dolorosas que dejan marcada tu infancia y eso te espera si eres hija o hijo de profesores de familia numerosa y peor aun cuando trabajan en comunidades retiradas o tienen que viajar más de dos horas, muchos de los profesores se desobligan de sus responsabilidades como papá y mamá en sus familias y se entregan por completo a atender a aquellos niños de esa comunidad que esperan con alegría ese día lunes a su maestra o maestro porque para ellos son sus maestros.

Recuerdo muy bien, y estoy hablando de 17 años atrás, cuando ella se tenía que levantar a las 4 de la mañana, y nosotras sus hijas, también, porque se tenía que trasladar a la comunidad donde laboraba; tener que caminar una hora porque el carro sólo la dejaba en el crucero, y cargando en sus brazos a mi hermana y mientras yo caminaba; cuando era tiempo de lluvia se imaginarán aquellos ventarrones, aquellas gotas frías frías y por la boca brotando ese aliento vaporoso y frío, y aún así todavía cruzar todas las mañanas un río frío, helado, para llegar a su escuelita, con ese gusto de enseñar, porque déjenme decirles que ella es una maestra muy entregada a su trabajo que nunca le gustó faltar, de eso soy testigo; de tener ese corazón grande porque sus niños, como ella los nombraba, en ocasiones llegaban solos y ella tenía que esperarse para poder cruzarlos, ya que los papás en muchas de las comunidades no suelen ser tan cuidadosos con sus hijos como en las ciudades; ahí la veías cargando en ambos brazos a dos niños que no eran mis hermanos, porque no quería que sus piecitos sintieran ese río helado o que se mojaran.

Cuando el río subía por las altas lluvias o surgían otras situaciones ella pedía al director de primaria que le prestara un salón para que impartiera su clase, casi nunca toma una situación de pretexto para no hacerlo o faltar.

Ella daba clases de lunes a viernes en esa comunidad, de casi para entonces 250 habitantes incluyendo a niños, porque no quería desobligarse de su responsabilidad como profesora, no sé si no se daba cuenta que estaba desobligando su responsabilidad como mamá, porque mis hermanos en casa jugaban su rol, ya que tenían que llegar de la escuela lo más rápido posible para barrer, lavar los trastes, cocinar y a lo mejor hasta lavar la ropa de los hermanos más pequeños, todo tenía que estar listo, porque tengo un padre profesor pero muy enojón que no le gusta ver la casa sucia cuando él llega de su trabajo.

A los maestros rurales no les alcanza su quincena para contratar a una persona que realice los quehaceres del hogar, no son como los diputados que les llega una millonada y con eso logran darles a sus hijos una estabilidad tanto económica como familiar.

Hay un sinfín de situaciones que los maestros viven y que si no saben  conllevar su vida social y laboral, por eso tienden a fracasar en una o en ambas partes.

Llegué a decir que no sería maestra, por eso bien dicen que nunca es bueno hablar, por circunstancias de la vida saqué ficha en la Normal Regional de la Montaña, para ejercer la profesión de Educadora.

La verdad la carrera no fue de mi agrado por lo ya vivido en mi infancia, pero solo tenía dos opciones y pues era mi última oportunidad de seguir estudiando.

En el primer año de la carrera conozco todo aquello que postula el descenso de los pocos beneficios de los profesores, las dichosas reformas: la educativa y la laboral.

A los maestros rurales no les alcanza su quincena para contratar a una persona que realice los quehaceres del hogar

A partir de aquí nace un sentimiento de lucha porque no dejaría de pasar desapercibida la gran labor y entrega de mi madre en su trabajo, el sufrimiento y el sacrificio que hizo al no estar constantemente con su familia en casi 32 años, el sentir que no valoraban su esfuerzo y el de todos aquellos maestros que se entregan de corazón a su trabajo, el de que a veces tienen que poner de su quincena para comparar ese material que los alumnos van a utilizar, desató en mí un sentimiento de coraje y odio.

Aunque me regañen, me tachen de lo que sea, yo seguiré en la lucha, el escuchar la voz de aquellos niños al decirme maestra y darme cuenta en las condiciones que viven, se me hacen injustas tantas anomalías que el gobierno planea y por eso tengo una razón por la cual luchar.

Se preguntarán por qué escribí parte de la vida de mi madre; porque en la mía apenas comienza el ser profesora y para mí ella es un ejemplo a seguir.

Con todo esto no estoy queriendo decir que los maestros son los únicos que sufren las injusticias del mal gobierno, hablemos fuerte, no te quedes callado, habla.»

Yazbeth Oropeza Galeana

«Cada que se volvía de las comunidades un gran dolor agobiaba el alma y un eco llega a la mente: tienes que prepararte y volver a los lugares más recónditos de los municipios para alfabetizar a las personas, arraigarles el valor por su cultura, enseñarles a defenderse y organizarse para que el explotador no los engañe y utilice, formar a niños con un sentido humanista e intelectual, realizar una educación integral.

Son las comunidades y su gente las que hicieron que me llamara la atención ser docente para hacer algo por mi gente promoviendo entonces la educación.

El docente como luchador social: en la normal se realizan demasiados paros estudiantiles esto se realiza siempre que surgen inconformidades y la decisión la toma la base estudiantil, dentro de la normal existe un Comité o Consejo estudiantil, el cual se encarga de defender a los estudiantes y exigir beneficios para la escuela en general, quienes forman parte de él son un equipo bien organizado que funge con distintas cargos y comisiones, en primer año yo no sabía de esto sino hasta cuando nos dieron información. Posterior a eso se iniciaron movimientos con los

cuales no congeniaba, por lo que opté por salirme de la institución y buscar alguna otra alternativa, pero estando afuera, no logro identificar ni qué fue lo que provocó que volviera.

Al regresar me empecé a integrar a los movimientos y sobre todo a informar sobre lo que eran y por qué se realizaban, después ya me parecían interesantes los temas que se trataban en las tediosas reuniones que se llevaban a cabo, debido a que me ayudaron a conocer un poco más de lo que sucedía más allá de lo que podía ver.»

Miriam Santos Bonilla

 

«Independientemente de las prácticas que llevas a cabo en la escuela existen situaciones que como normalista tienes que afrontar y una de ellas son los movimientos y los paros que se realizan debido a diferentes demandas o cuestiones que sabes que te están perjudicando o ¿cómo se podría decir?… el gobierno te está chingando, a pesar de que sabes que eres un estudiante y que tus derechos no se están respetando como se debería. Yo jamás me imaginé que andaría con esa bola de revoltosos como antes pensaba. En cierta ocasión venía viajando en un autobús que procedía de la ciudad de México con destino a Tlapa, venía cansada del viaje, aparte de eso mareada, quería llegar ya a la estación, cuando de repente salen unos jóvenes a parar el autobús, escuchaba a varias personas decir que estaban robando diésel, en ese momento no sabía nada con respecto a lo que se le denomina ʻordeñarʼ, al mismo tiempo estaba muy enojada y en mi mente decía que se pusieran a trabajar y no andar de rateros. Al llegar a la Normal me di cuenta que la vida da muchas vueltas, que nunca debemos juzgar a la personas por lo que hacen, muchas de ellas tienen motivos muy fuertes para hacer diferentes tipos de actos.

Cómo olvidar la primera semana de paro en la ciudad de Chilpancingo, en las instalaciones del Congreso, el marchar por las calles, escuchar las consignas que decían los demás compañeros, las que yo apoyaba gritando de igual forma y a su vez pensando si era correcto lo que estaba haciendo o estaba equivocada, el andar juntando cartones para que mis compañeras y yo pudiéramos

dormir fue una de las peores cosas que viví y que jamás olvidaré, a pesar de las cobijas que teníamos, la ropa extra que me había puesto, el frío se sentía terrible, sin decir que hasta los dientes me rechinaban, también escuchaba los de mis dos compañeras y nos abrazábamos fuertemente para que el frío no se sintiera.

Esa fue una de mis peores noches, la cual jamás me gustaría revivir, aparte de todo eso no había llevado más ropa, sólo lo indispensable porque tenía entendido que no nos quedaríamos por mucho tiempo, mencionando que habíamos ido a la bodega Aurrerá por chanclas de 11 pesos que eran mis favoritas porque así descansaban mis pies al llegar de las actividades que realizabamos.

Cabe mencionar que así como hubo ciertas ocasiones en las que no la pasé como hubiese querido, existieron muchos momentos de alegría en donde compartíamos muchos momentos muy bonitos con compañeros de la misma escuela y de otras, y en las que te entusiasmaba a seguir adelante apoyando la lucha, la cual era en beneficio de todos, sé que a pesar de las murmuraciones de la gente e incluso de las mentadas de madre que ciertas personas nos decían, yo sabía cuál era mi objetivo y de igual forma tenía bien definidos mis principios a pesar de todos esos insultos. Al principio fue muy difícil para mí escuchar todas esas palabrotas por si se le puede llamar así, ahora ya estoy acostumbrada, cuando sea necesario estaré ahí siempre y cuando sea por algo que nos esté afectando, y haya un objetivo claro en beneficio de todos.»

Betzaida Guevara Morales

 

«El comité estudiantil nos dijo: La reforma educativa afectará al pueblo en general y a los futuros docentes, nos debemos movilizar para defendernos ante brutal ataque del sistema.

Consecuentemente la escuela estaba en paro indefinido apenas tres meses antes de iniciar primer año y esto hizo que demasiados compañeros se desanimaran y desertaran de la escuela, los que nos quedamos participamos en las actividades que se realizaron, entre ellas generar condiciones para poder trasladarnos a la ciudad de Chilpancingo, la verdad yo participé muy poco en esas actividades debido a que en casa no me daban permiso por ser riesgoso y otras cosas, además que no me llamaba mucho la atención realizar actividades como boteos, bloqueos, marchar y hasta cierto punto la lucha que se realizaba no era lo bastante significativa para que participara completamente.»

Luis Modesto López Martínez

«Y ni qué decir de los paros, los chicos de mi salón hacían que quisiéramos vivir gritándole al gobierno, ja-ja, esos días eran de confesiones, de arrepentimientos, en fin, de las mejores emociones.»

Miriam Santos Bonilla

 

«En el primer año nos tocó hacer marchas y plantones por lo de la reforma educativa. En el mes de enero nos fuimos a Chilpancingo a la primera marcha, gritábamos consignas como éstas:

¡Alerta, alerta!

Alerta al que camina

la lucha normalista

en América latina.

La reforma Educativa

es puro disimulo

Que la hagan rollito

y duro, duro, duro.»

 

Meybi Madrid Sánchez

 

«Durante mi estancia de cuatro años en la Escuela Normal Regional de Montaña, de la ciudad de Tlapa, tuve muchas más vivencias que en ningún otro lugar. Cuando entré a esta escuela nos dieron una breve explicación sobre lo que se trataba ser maestro, no sólo era estudiar sino también estaba la lucha social de nosotros los estudiantes. La lucha pensé que era una pérdida de tiempo cuando apenas ingresé a esta escuela, después me di cuenta de la importancia de manifestarnos contra las cosas que están mal en el sistema del gobierno y lograr que se escucharan nuestras demandas como estudiantes. Me pareció interesante ver que había un comité estudiantil, que organizaba a la base estudiantil para buscar opciones y resolver los problemas de la

escuela; por ejemplo, no teníamos muchos salones, a mí me tocó recibir clases en una casa de tabla, donde el calor estaba a 32° centígrados y cuando era época de lluvias se llenaba de agua que se escurría por las láminas en mal estado; además de que el polvo se filtraba de calle cuando circulaban los carros, no faltaba un ratón que espantara a mis compañeras, eso era lo más chistoso. Para resolver este problema fuimos a paro durante 3 meses a la ciudad de Chilpancingo, donde sufrimos mucho por no dormir en una cama, comer a nuestra hora y quemarnos con el sol en las marchas, pero se exigió y se logró construir un lugar digno donde tomar nuestras clases, hoy las cosas ya son diferentes para estas generaciones.»

Edel López Navarro

 

«Ahora viene lo bueno de la escuela, pues resulta que convocan una reunión con los jefes de grupo en donde el comité menciona que habrá un paro para exigir los materiales que no han llegado a la institución, en el grupo aceptamos asistir al paro.

Fue algo nuevo para mí el estar bloqueando una carretera por varias horas, porque detestaba a los que bloqueaban tantas horas y entre mí decía por qué no se van a sus casas, qué quieren, por su culpa estamos caminando mucho, jum jum, y miren ahora qué vueltas da la vida ¡soy una normalista! Bueno, esta vez estuvimos la mayoría de nuevo ingreso, pocos eran de otros semestres, esto duró solo un día aunque con eso llegaron los conflictos con los demás porque el secretario repartió más a los que asistieron al bloqueo, ellos exigían los materiales porque ya tenían más tiempo en la escuela y han andado en muchos paros, así que se podría decir que sentían tener ciertos privilegios pero no fue así, se respetó

el acuerdo en que habían quedado.

El segundo paro que hicimos fue en Chilpancingo, Guerrero, nos ʻchamaquearonʼ bien bonito diciéndonos que solo sería de ida y vuelta, resulta que después de la marcha comentó el comité estudiantil ʻahora nos quedaremos una semanaʼ, y todos quedamos sorprendidos, algunos se quejaron pero no pudieron hacer nada.

Ese día tomamos el Congreso, fue una noche de un infernal frío, para acabarla nadie fue preparado con cobijas, ropa, dinero extra, etc., temblábamos de frío, yo sólo llevé una cobija de bebé y una sábana, ¡qué frío! Después mandaron a algunos integrantes del comité a Tlapa de Comonfort para traer los equipajes que pedimos con algún familiar; que por cierto llegaron dos días después, justamente para que al otro día nos regresáramos a casa, qué coraje estar esperando tanto tiempo.»

Leidi Tapia Campos

«La estancia en la Escuela Normal Regional de la Montaña me permitió conocer cosas y situaciones que nunca imaginé; una de ellas, y por la que se caracteriza, es que es una escuela de lucha y conciencia, que para conseguir algo tenemos que luchar. Asistí a las marchas que realizaban en Chilpancingo, México, Acapulco y otros lugares. Nunca estuve en contra de lo que realizamos porque si luchamos por algo es porque lo merecemos, muchas veces estuvimos en peligro durante los boteos en las carreteras, en las marchas cuando la policía

atacaba a los participantes, pero todo eso no ha detenido la lucha de la escuela.

Mis padres tampoco se oponían a esas acciones, siempre fueron muy comprensivos porque les he platicado las razones por las que lo hacemos. Tengo un primo en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, y cada vez que visita a mis papás les cuenta cómo se dan las cosas y el porqué, en ocasiones si nos han llamado la atención porque dicen que exponemos mucho nuestras vidas.

Mi madre siempre se preocupa por mí cuando nos vamos a las marchas a lugares más lejos porque sufro de un problema en el corazón, pero siempre les he dicho que mientras dios me preste vida nunca dejaré de asistir a las marchas y exigir los derechos que como estudiantes nos corresponden y el día que me llegue a pasar algo nunca piensen en buscar culpables, porque yo soy quien decide participar en diferentes acciones y la responsabilidad de mi vida la tengo yo mientras nos encontremos en situaciones de lucha.»

Rufina Melchor Bernardino

«Al estar ya en la Escuela Normal fui conociendo cosas nuevas como el paro, las marchas, la lucha, el boteo entre otras cosas y me fueron gustando las marchas, de tal forma que cada vez que había marchas nos íbamos con todos los de la base de mi generación y echábamos desmadres. Así también conocí varios lugares: Chilpancingo, Acapulco, Iguala, México, esos son los lugares que tuve la oportunidad de conocer. Así mismo estuvimos echando desmadre en el paro que estuvo en contra de la Reforma Educativa en la ciudad de Chilpancingo, durante casi tres meses teníamos que comer sopa casi diario y teníamos que ir a botear y estar en el sol todo el día para seguir en la lucha contra la Reforma.

Ser normalista es estar en la lucha contra cualquier reforma que perjudica al pueblo y sólo sirve para el bienestar de los políticos, pero implica sufrir hambre y enfermedades cuando a veces la comida no te cae bien.»

Adán Neri Justo

«Las vivencias de primer año invaden mi memoria, fue la primera vez que fui a una marcha y a tomar el Congreso del Estado de Guerrero, además fue la primera vez que dormí en el sereno, la primera vez que tuve que bañarme en los baños del Congreso, las veces de comer queso con chiles en vinagre, de cuidar el dinero para que rinda tres semanas, los meses que dejé de ir a casa, la primera vez que luchaba por algo, contra la mal llamada Reforma Educativa. Las idas a la ciudad de México son bonitas experiencias, desde ahí cambia mi pensamiento y la forma de ver la vida, muchas cosas que anteriormente las veía como buenas, ahora analizándolas pues es todo lo contrario, acordarme del Congreso me recuerda algunas represiones en la capital, pero siempre de los siempre, nuestro líder estaba con nosotros, nunca nos dejó por ser de primer año. Sin embargo la base decía que fuéramos los de primer año al mando de la lucha emprendida, les demostramos que nuestra generación tenía convicción, a nuestro líder todos lo conocíamos como El Sabro, Jimy, quien nos dejó grandes enseñanzas.»

Illari Morán López

«Con el paro de tres meses vivimos muchas experiencias, entre ellas fue cuando un día llegamos a dormir a la entrada de Acapulco, todo porque hubo un choque cuando estábamos boteando por Coyuca de Benítez, ya que se había hecho un pequeño tráfico y por miedo a los federales que a lo mejor nos hubiesen encerrado, corrimos a los autobuses con un camino sin destino, el chofer sólo manejó y manejó hasta anochecer y fue ahí donde llegamos a Acapulco.

Un momento de miedo, tensión, preocupación fue cuando nos reprimieron en una marcha en Chilpancingo cuando bloqueamos la Autopista del Sol, por el parador del Marquez donde los federales

nos aventaron gas lacrimógeno, pero también fuimos precavidas porque llevamos una estopa y coca cola para cubrirnos la nariz y no oler el gas, en ese momento pensé en mi familia y marqué a casa para avisar lo que estaba sucediendo porque podría ser la última vez que hablara con ellos, me dijeron que tuviera mucho cuidado y en cuanto pudiera me regresara a casa pero no fue así y decidí quedarme a seguir apoyando también porque ya había cambiado mi forma de pensar ante las luchas sociales.

A veces hay personas que piensan que somos unos vagos que no tienen nada que hacer, nos insultan, dicen que nos pongamos a trabajar cuando bien saben cómo está la situación en

el servicio docente ―sin plazas― o sólo hay para los que tienen un poder en la política; cuando la verdad es que a veces tenemos que botear, bajar productos y ordeñar buses porque necesitamos solventarnos con los gastos para los alimentos porque no todos tenemos dinero suficiente para comprar todos los días un almuerzo y una comida; durante las actividades arriesgamos la vida para obtener algo con que almorzar y comer, asimismo hicimos para permanecer en la ciudad de Chilpancingo, ya que no podíamos estar viajando de cinco a seis horas para venir y regresar, también por permanecer en la lucha por hacer un cambio en nuestro mundo que está ya muy por debajo de los suelos con las corrupciones políticas y el narcotráfico.»

Leidi Tapia Campos

 

 

«Así también fuimos a botear hasta por Zihuatanejo, la primera vez me dio miedo que pasara un carro a traernos por estar en medio de la carretera, pero lo bueno que sí éramos muchos, me acuerdo bien que fueron Nora Lizbeth, Mayte, Illary, Aracely y Lourdes, y teníamos bastante hambre y sed, cómo olvidar aquel calor que nos quemaba los pies, el cansancio de tener los pies colgados en el autobús, era mi primera experiencia pero no me desanimé, yo iba con todas las ganas.

Regresamos al Congreso, ahí nos plantamos, en la madrugada, hacía un frío tremendo, yo sólo tenía una cobija con la que me cubrí hasta que amaneció, estuvimos algunos días ahí, ya después se acordó regresar a la escuelas y platicar con los compañeros de la base. Los de la base eran los demás compañeros de la misma escuela, de los grados desde primero hasta cuarto año, para unirnos todos, pero bueno, es difícil cambiar el pensamiento de las demás personas y hacerlas despertar. Así pues pasaron los días y regresamos a la ciudad de Chilpancingo con más base, ya estando ahí no había soluciones, sólo éramos los normalistas, como siempre la gente considerándonos revoltosos, flojos, guerrilleros, etc., bueno para ellos eso es lo que somos, ya estando ahí nos plantamos en una Normal, se decidió que estaríamos haciendo cambio de guardias, de modo que me quedé por un buen de tiempo y ya no regresé a Tlapa, así que mis papás me mandaban dinero con mis compañeras, pero pues también nos comunicábamos y me pedían que me cuidara.»

Meybi Madrid Sánchez

«En ese año viajamos a Zihuatanejo realizando actividad de ordeña y baja de producto, ya que esas actividades son el sostén de nuestro movimiento, lo recuerdo bien, cuando teníamos que juntar las monedas de todos para poder comprar almuerzo.»

Illari Morán López

 

«Muchas actividades se realizaban en la capital, en lo personal me llenaba de adrenalina el vandalizar las distintas instituciones de gobierno y la lata de spray nunca hizo falta en mi mochila para expresar vivamente lo que sentía y siento por nuestros gobernantes. Esto hacía que por mi cabeza pasara la ilusión de que algún día la revolución armada llegará a nuestras manos y cambiaremos el rumbo de la historia de nuestro país, teniendo como bandera las frases ʻSI NO HAY JUSTICIA PARA EL PUEBLO QUE NO HAYA PAZ PARA EL GOBIERNOʼ y ʻPATRIA O MUERTEʼ.»

Luis Modesto López Martínez

«Muchas veces se siente una adrenalina que te pone la piel de gallina, como cuando llevábamos mucho producto y diésel en el autobús y los federales nos detuvieron para revisar, pero que nadie se explicó por qué sólo revisaron en la parte de abajo y no la de arriba donde se encontraban las evidencias, uy, eso sí que nos puso el corazón a latir al 1000%.»

Leidi Tapia Campos

 

 

«Sin embargo, por un lado era divertido ya que íbamos la mayoría de mi grupo y otros grupos entre amigos y amigas nos dedicábamos en las noches a fumar cigarrillos, beber bastantes litros de cerveza, dormir, leer, dormir, comer, cenar, realizarnos bromas, boxear entre compañeros, no dejar dormir a los que querían hacerlo. Como en una broma de gran impacto que hizo que surgiera un gran problema entre todos los estudiantes, hasta ese momento no se podía comentar de ello pero hace algunos años se pudo contar y ha sido motivo de bastante risa.

Se suscitó de la siguiente manera: Estábamos Raúl, Félix, Samai, Ricardo y yo en el Congreso de Chilpancingo, al que habíamos arribado en cerca de cuatro autobuses y más o menos 150 estudiantes, llegamos cerca de las 8 de la noche y pues con los cuates nos aburrimos y decidimos ir a comprar una cajetilla de cigarros y cerveza. Cerca del río Huacapa nos sentamos a descansar y beber, de pronto pasó la micro de nuestra Normal que llevaba consigo al entonces secretario general, quien nos vio y saludó para descender y tomarnos unas cervezas con él, y que de su boca sale:

―No quiero llegar con la base, se andan quejando que no los tratamos bien y la verdad estoy muy molesto quiero irme a beber o no llegar con ellos simplemente.

Entonces de nosotros que sale en plan de desmadre, de por sí no te quieren, la verdad vamos a darles una lección para que se pongan al tiro, asentimos. Lo andaban

buscando sus demás compañeros porque tenía que proporcionarles información y le estaban marcando así que armamos el plan y quedó de la siguiente manera:

―Ahorita que te llamen vamos a contestar y diremos que te encuentras secuestrado como represalia al movimiento que andan realizando.

Y así fue, llamaron, y en tono grueso contestamos que se encontraba secuestrado y que no intentaran hacer algo porque si no ʻiríamos también por ustedes que se encuentran en el Congresoʼ. Después de eso quedamos de acuerdo que no debía aparecerse por lo menos hasta el día siguiente.

Nosotros volvimos al campamento y pues vimos que todos los compañeros estaban

reunidos y espantados por lo que les había dicho aquella voz amenazante, nosotros moríamos de risa pero a la vez nos dio miedo porque entre comentarios surgía que podría haber sido una broma y que si así era él o los responsables se las tenían que ver con toda la base estudiantil. Temerosos de que el compañero secretario al volver soltara la sopa nos pasamos esa noche en guardia por cualquier ataque que realizasen los secuestradores.

Al siguiente día el compañero llegó al campamento y dijo que lo disculparan porque había sido una broma de muy mal gusto. Lo bueno fue que por ningún motivo salió de su boca que nosotros éramos los implicados, así que nos salvamos y bueno nos reímos demasiado. Disculpen compas.»

Luis Modesto López Martínez

 

«El primer movimiento en el que participé fue en contra de la Reforma Educativa en el año 2013, justamente en mi primer año de normalista. Los momentos vividos en ese tiempo fueron los mejores, conocí lugares que nunca en mi vida pensé conocer, conocí a gente nueva, compañeros de otras normales y a personas que formarían parte de mi lista de amigos. Esos días de ir a hacer actividad en donde muchas veces pasamos de todo, desde almorzar a medio día, o comer solo unas galletas, unas Sabritas y un refresco para todo el día, o hasta casi morir atropellada con todo tu grupo arrolladas por un tráiler, o ser reprimida por los federales. Me tocó la represión del 5 de abril 2013 en el parador de Marqués en Chilpancingo, afortunadamente no nos pasó nada porque los hombres se pusieron al frente. Cuando comenzó la marcha todos íbamos con ganas a entrarle a todo lo que pasara, pero cuando empezó el momento de la represión me dio miedo de quedar tirada ahí en el parador, y más cuando empezaron los madrazos, los compañeros de la Normal y los maestros empezaron a enfrentarse con los antimotines, la preocupación por los compañeros que se les botó la canica y comenzaron a aventar piedras en contra de los antimotines, cuando nos empezamos a ir al campamento no sabíamos en dónde estaban los compañeros que se pusieron al frente, si estaban bien o estaban lastimados. Todos nos concentramos en el campamento y más tarde nos dijeron que los antimotines habían llegado y que estaban rodeando todo el lugar en donde estábamos. Mis compañeras y yo nos llenamos de miedo y corrimos a la primaria que está cerca del campamento dizque para escondernos, estábamos verdes en ese tiempo, anduvimos corriendo por los edificios de la primaria como locas para que al final no haya pasado nada, pero se sintió un miedo terrible de que te llevaran al bote y más al escuchar lo feo que trataban a las maestras, algunos decían que cuando agarraban a las mujeres les pegaban bien feo, le jalaban de los cabellos y todo.

Esa misma noche mi papás se enteraron de lo que había pasado por el noticiero y me llamaron para que abandonara en movimiento y la licenciatura, y me regresara a mi casa al día siguiente, que dijera que mi mamá estaba enferma o que algo grave estaba pasando en mi casa, y que mi papá se comprometía de que ahora sí me dejaría estudiar Medicina Veterinaria, pero como me había el gustado el desmadre de los paros, andar de bandolera en otros lugares, perder clases, las actividades para generar recursos, les dije que yo no dejaría la Normal, además era para hacer sentir mal a mi papá por no dejarme estudiar Medicina Veterinaria desde un principio, me porté como una niña berrinchuda, y cada que iba a mi casa siempre terminaba peleada con mi papá, en las comidas siempre eran discusiones por la Reforma Educativa y los malditos partidos políticos.»

Daniela Sosa Aguilar

«Todavía me acuerdo de aquel suceso tan espantoso que sucedió por un lugar llamado Casas Verdes por la carretera que va por Iguala, cuando por poco iba a suceder una tragedia en el momento en que pasó un tráiler a toda velocidad  rebasando al autobús que los compañeros estaban ordeñando, casi provocaba un choque con una combi que también venía con exceso de velocidad y por ese descuido casi atropellaban a unas compañeras

que estaban boteando, mi reacción al presenciar eso fue gritar ʻ¡las chavas!ʼ Y agarrándome la cabeza sintiendo todo el cuerpo paralizado, al reaccionar todos corrimos a verlas para saber cómo se encontraban, algunas alcanzaron a tirarse por las orillas, otras quedaron inmóviles en medio de la carretera presenciando el paso de aquellos carros, solo hubo una compañera que se puso mal porque estaba temblando de miedo, luego ya no

podía caminar, sus piernas ya no le respondían, vi en su rostro una desesperación y preocupación por no poder caminar, así que con las demás compañeras le dimos ánimos para que ya no pensara en lo peor; todo se cancela en ese momento y la llevamos al hospital más cercano para que la auxiliaran, para esta compañera mis respetos porque a pesar de todo ella siguió en la Normal; y muchos se salieron por los sucesos que han vivido.»

Leidi Tapia Campos

«Durante mis cuatro años en la Normal he vivido momentos inolvidables junto con mis 11 compañeras, amigas, hermanas, como yo así las considero, como parte de mi familia cada una de ellas porque hemos compartido tantas cosas. La estancia en la Escuela Normal Regional de la Montaña, me permitió conocer cosas y situaciones que nunca imaginé, una de ellas y por la que se caracteriza es que es una escuela de lucha y conciencia, que para conseguir algo tenemos que luchar. Por eso asistí a las marchas que realizaban en Chilpancingo, México, Acapulco, recuerdo que cuando íbamos en primer año nos llevaron a Chilpancingo, a una marcha, como era nuestra primera vez, pues no sabíamos tanto así que sólo nos llevamos una muda de ropa y sarapes. Después de la marcha nuestro dirigente nos dijo que nos teníamos que plantar en el Congreso, en ese momento dije y me quedé pensando ahí nos vamos a quedar a dormir nosotros, no llevamos nada solo una cobija chica. Me acuerdo que anduvimos buscando cartones para acostarnos a pasar la noche y que después mandamos a traer nuestras cosas con nuestros familiares porque era para quedarse más días. También nos llevaban a hacer actividad como botear o bajar diésel a los autobuses. En donde nos daba la noche ahí nos quedábamos. En una ocasión nos fuimos hacer actividad por Zihuatanejo, nos llegó la noche y sin importarnos que si estaba peligroso nosotros nos quedamos a dormir y esperar al otro día para seguir con la actividad y sacarle para poder solventar los gastos en plantón. Eso fue mi experiencia vivida en el primer año. En segundo también tuve otra actividad en que también salimos a botear, ahí sufrí un accidente en la carretera por lo que hasta el hospital de Chilpancingo fui a dar. Yo estaba boteando en medio de la carretera con mis compañeras, estuvimos un rato, estaba tranquilo cuando de repente sale un tráiler y del otro lado una camioneta, y como el tráiler no quiso bajar la velocidad, se pasó al otro carril. Mis compañeros gritaron que nos quitáramos y lo que hicimos fue aventarnos a la cuneta, caímos fuera de la carretera, el tráiler pasó mero donde nosotras estábamos. En ese momento perdí el conocimiento y cuando desperté estaba en el hospital rodeada de personas heridas, en ese momento me espanté y busqué a mis amigas, nadie estaba conmigo, la enfermera me dijo ʻtranquila, tus compañeros están allá fueraʼ. Me quedé hasta se acabó el suero que me pusieron. Salí sin ganas de caminar.»

Yanet Amador Celedonio

«Como normalista con la güerita compaginaba

como revoltoso la sociedad me tachaba

como flojo la familia me señalaba

como inteligente mi mamá me procuraba

como manipulado algunos tíos me tachaban

como profesor los niños me abrazaban

y bueno me siento pleno

ante tanto elogio sabiendo lo que soy

y muy orgulloso de eso les digo: soy

un Estudiante consciente.»

Luis Modesto López Martínez

«Yo soy de esas personas que cuando me decido ir yo me voy, ya le hablo a mi mamá cuando ahí estoy de regreso, para decirle que fui a tal lado, porque si le hablo cuando ya me voy la dejo preocupada y ya no duerme, está pensado en que no me vaya pasar algo malo o cuando me voy a marchas se queda viendo las noticias y por eso no me gusta que se esté preocupando.»

Yanet Amador Celedonio



Colaboración especial
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