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En el Bordo, la memoria

01 Jun, 2016 Etiquetas: , ,

Cientos de mujeres marcharon del palacio municipal de Chimalhuacán al Bordo de Xochiaca para exigir verdad y justicia para las víctimas de feminicidio. Sembraron cruces rosas como símbolo contra el olvido y la impunidad.

TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ / FOTOS: CÉSAR PALMA Y LIZBETH HERNÁNDEZ

Un grupo de mujeres se toman de las manos. Forman un semicírculo frente a un poste en el que se coloca una cruz rosa de cinco metros apróximadamente. «¡No fue un crimen pasional, fue un macho patriarcal!», «¿Qué quiere Mariana Lima? ¡Justicia!», se escucha en la calle Barranca esquina con Avenida Juárez, en Chimalhuacán. Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, observa la acción, una de las principales a llevarse a cabo durante esta movilización. Buscan llenar de cruces rosas esta zona del Estado de México.

La Vulvatucada suena fuerte. La mega cruz  rosa con la leyenda «Verdad y Justicia» ha quedado sembrada. Irinea Buendía habla a través de un altavoz:

—Estamos aquí para invitar a la comunidad a que se atreva a romper el silencio, que se atreva a hablar. Ya basta de que hombres misóginos y violentos, perversos y cobardes, sigan asesinando a nuestras hijas. Porque aquí en esta calle es donde mi hija fue asesinada. Dijeron que fue un suicidio, pero no es cierto. Desde un principio yo denuncié que mi hija había sido vilmente asesinada con todas las agravantes de la ley: premeditación, alevosía, ventaja y traición. Y exijo justicia, exijo a la presidenta municipal de este lugar [Rosalba Pineda Ramírez] que deje de querer invisibilizar los feminicidios; porque desgraciadamente van a la alza. No es una ni dos, son más de 50 mil mujeres asesinadas en toda la república, y ella quiere que nosotras perdamos la memoria, pero a nuestras hijas siempre las vamos a llevar en el corazón. Nosotras sí tenemos memoria.

Más gritos. La marcha se reanuda. Aún faltan kilómetros para llegar al Bordo de Xochiaca.

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Irinea Buendía observa unas hojas de papel a un costado del palacio municipal de Chimalhuacán. Son las once de la mañana de este 29 de mayo. La marcha contra las violencias machistas y por la memoria de las víctimas de feminicidio está por iniciar. El contingente se alista.

Buendía se ha convertido en un referente dentro de la lucha contra los feminicidios en el Estado de México y en el país. Todo inició el 28 de junio de 2010. Ese día recibió una llamada de Julio César Hernández Ballinas, el esposo de Mariana: «Me llamó para decirme que mi hija se había ahorcado. Le respondí que estaba loco». Ese día la vida de Irinea cambió radicalmente.

Las autoridades determinaron que Mariana se había suicidado, pero su madre, Irinea, se negó a creer esa versión y pugnó para que se reabriera el caso. Ella tenía desde entonces una convicción: Mariana fue asesinada por Julio César, su esposo. Mariana estudiaba derecho y trabajaba en el Ministerio Público de Chimalhuacán. Ahí conoció a Julio César, un policía judicial.

Tras cinco años de litigios, de «peregrinar en 20 ministerios públicos» y de ser revictimizada por las autoridades, Irinea celebró un triunfo: el 25 de marzo de 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación [SCJN] reabrió el caso y reconoció que había omisiones «muy graves» en la investigación.

Así, el caso de Mariana Lima sentó un precedente histórico, al ser, en palabras del abogado de la familia Buendía, Rodolfo Domínguez: «La primera determinación que puede generar jurisprudencia y volverse obligatoria  para todo el Poder Judicial y que esto obligue a que las investigaciones se realicen a la debida diligencia y con perspectiva de género, como mandata el más amplio estándar cuando se trata de una muerte violenta de mujer».

El cierre del caso aún se perfila lejano. Irinea Buendía mantiene su reclamo de justicia, igual que otras madres, que otras familias de las mujeres asesinadas en esta entidad, y camina junto a ellas, como hoy.

Irinea encabeza la marcha.

Irinea Buendía

Irinea Buendía. Foto: César Palma.

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Aproximadamente trescientas personas [mujeres en su mayoría] inician una movilización que recorrerá distintas calles de Chimalhuacán y concluirá en el Bordo de Xochiaca. La consigna que refrendan es contundente: «Alto a la guerra contra las mujeres». Decirla en el Estado de México cobra otro sentido si se considera que en esta entidad, según datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio [OCNF], entre 2011 y 2013 se registraron 840 asesinatos de mujeres, de los cuales solo 145 fueron investigados como feminicidios. Y que en este mismo periodo de tiempo el Edomex se mantuvo entre los 12 estados del país que presentaron altas tasas de homicidios de mujeres, de acuerdo a datos del INEGI. No está de más recordar que desde la gubernatura de Enrique Peña Nieto, Chimalhuacán se perfiló como uno de los municipios con más casos de feminicidios en la entidad, según documentación del OCNF.

Sí, la violencia feminicida se agudizó en el Edomex en años posteriores. En julio de 2015 la Secretaría de Gobernación declaró la Alerta de Violencia de Género [AVG] en once de sus municipios: Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Ixtapaluca, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Toluca, Tultitlán y Valle de Chalco. En los cuales, según la procuraduría local,  hubo 27 casos de feminicidios en 2014 y 19 en la primera mitad de 2015, citó el diario El Universal.

Para entender el problema hay que ir más allá de las cifras.

El contingente avanza entre las calles de Chimalhuacán. Los gritos siguen el ritmo que marca la Vulvatucada. Uno de ellos resume el fin particular de esta jornada de protesta: «Arrancaron, arrancaron nuestras cruces; arrancaron nuestras cruces y sembraron nuestra rabia». ¿Por qué gritan esta frase? Ocurrió esto: los días 25 de noviembre y 5 marzo de 2016 activistas y familiares de víctimas de feminicidios plantaron cruces en el Bordo de Xochiaca. Decidieron realizar estas acciones simbólicas en uno de los lugares en los que han sido encontrados cuerpos de mujeres asesinadas en la entidad. Insistir en resignificarlo. Sin embargo, en abril pasado un par de cruces grandes, de las colocadas en marzo, fueron arrancadas. Las organizaciones y familiares que participaron en las acciones denunciaron que Rosalba Pineda, la presidenta municipal, dio la orden argumentando que se iban a realizar obras en el canal ubicado en los límites entre Chimalhuacán y Nezahualcóyotl. Hasta este domingo, 29 de mayo, no hay indicios de obra alguna. [Pineda ha dicho que es falso que el gobierno del Estado de México trate de ocultar los feminicidios].

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Una mujer de cabello ligeramente cano se acerca a mí.

—Está bien esto que hacen. Que no se callen. Si yo tuviera la fuerza, también marcharía. —me dice y se aleja.

La frase resuena en mi cabeza. Y la tengo presente cuando miro los rostros de otras personas, colonos de Chimalhuacán, que este domingo escuchan las consignas: «¡Ni una más, ni una más, ni una asesinada más!», «No quiero ser asesinada por un hombre que dice que me ama», «Eruviel, escucha, las muertes no se callan, eres un feminicida, lo decimos en tu cara».

Es difícil no preguntarse qué piensan los habitantes de Chimalhuacán. Con qué lidian cada día, cómo enfrentan vivir en uno de los municipios más letales para las mujeres mexicanas y con mayores índices de incidencia delictiva del Edomex. Varios de ellos se asoman por las ventanas de sus casas, por las puertas de sus comercios. Algunos rehúyen a las cámaras. Observan al contingente que lleva cruces rosas. Hay quienes preguntan por qué se marcha. «Protestamos contra los asesinatos de mujeres», les responden. ¿Cuántos de ellos sabrán qué es un feminicidio? ¿Cuántas de las mujeres que miran sabrán que el Estado de México lo tipificó como delito en 2011 y que en 2013 la Corte declaró constitucional esta tipificación aunque organizaciones sociales consideraron que es ambigua y se presta al «encubrimiento de las cifras reales de mujeres asesinadas»? ¿Cuántas familias que siguen el paso del contingente tendrán conocimiento de qué circunstancias contempla el Código Penal del Edomex para acreditar un feminicidio? ¿Cuántas de las personas que hacen un registro con su celular tendrán presente el contexto que antecedió a la declaratoria de la Alerta de Violencia de Género en once municipios de esta entidad, entre ellos en el que habitan? ¿Cuáles serán sus reflexiones sobre la violencia feminicida y otras? Sé que mis preguntas no tendrán respuesta inmediata, pero las tengo presentes al recordar que hace unos días en una prepa de Ecatepec se realizó el Segundo Encuentro Juvenil «El impacto del modelo económico y político neoliberal en el municipio de Ecatepec»  en donde los jóvenes discutieron, entre otros temas, los feminicidios. Al pensar que hay acciones semejantes a esta que no llegan a la luz pública.

La voz de un niño me regresa al momento presente:

—¿Por qué llevan cruces rosas, papá? —pregunta. No alcanzo a escuchar la respuesta, pero una de las manifestantes se acerca y entrega un volante.

En esta marcha también se ha buscado entregar información.

Los participantes de la marcha repartieron información impresa

Participantes de la marcha repartieron información impresa. Foto: César Palma.

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El hedor del canal de aguas negras impacta en nuestro olfato. Estamos ya en el Bordo de Xochiaca. Un helicóptero sobrevuela este barrio pobre. Los manifestantes buscan descansar un poco. Algunos compran agua en una tienda. Otros se sientan en una banqueta. Fueron cinco kilómetros de caminata, de reclamo, de mujeres pegando o pintando cruces, de cantos.  El sol no ha dado tregua, pero la exigencia de justicia tampoco.

Irinea Buendía agradece el acompañamiento. La activista Norma Andrade, quien caminó junto a Buendía en esta marcha, también toma la palabra y recuerda la desaparición y asesinato de su hija Lilia Alejandra García Andrade ocurrido hace 15 años. Su exigencia de justicia las ha unido: Andrade desde Chihuahua, Buendía desde el Estado de México.  

Se colocan las cruces en las orillas del Bordo. Una joven realiza un performance. Algunos vecinos del otro lado se asoman curiosos.

Otra joven lee el comunicado de las organizaciones convocantes en el que se dan detalles sobre los hechos del 29 de abril, el día en que las cruces colocadas en la acción del 5 de marzo fueron retiradas: «La presidenta municipal de Chimalhuacán, Rosalba Pineda, bajo el pretexto de una pavimentación en la zona mandó a retirar con excavadoras nuestras cruces. Previamente policías judiciales y federales hostigaron e intimidaron sistemáticamente a las y los vecinos que habían demostrado su apoyo durante la colocación de las cruces, y en el resguardo de las mismas al momento de ser retiradas».

Se denuncia que la mañana del 21 de mayo pasado, dos hombres intimidaron a la vecina que resguardaba las cruces arrancadas. Los sujetos le pidieron que se las entregara, ella se negó. Fue auxiliada por otros vecinos. Los agresores huyeron.

Han terminado de colocar las cruces rosas en la orilla del Bordo. En ellas se leen nombres de víctimas. Consignas: «Ni una más, Estado feminicida».

El recorrido ha sido, al mismo tiempo, una explicación de por qué las cruces rosas son un símbolo y por qué se exige respeto, que no las vuelvan a retirar. Estas líneas del comunicado lo resumen: «Exigimos el reconocimiento de las cruces como parte de la reparación del daño a familiares, como símbolo de denuncia, de visibilidad. Como una contribución para preservar la memoria de las mujeres asesinadas, como representación de solidaridad, de resistencia y como un instrumento contra el miedo, que proporciona esperanza y que nos hace saber que no estamos solas».

La acción concluye.

Nos alejamos del Bordo. A unos pasos, la tarde de domingo luce cotidiana, pero ¿qué significa eso en Chimalhuacán?



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com




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