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Los escritores de Neza: quien con coyotes anda…

22 Mar, 2012 Etiquetas: , ,

No hay una corriente literaria con su nombre ni una generación, pero en Nezahualcóyotl sus habitantes escriben desde sus propias trincheras, sobre sus propias temáticas y con diferentes estilos.

TEXTO: SAMUEL SEGURA / FOTOS: VARIOS AUTORES

 

Con flores escribes,
Dador de la vida,
Con cantos das color,
Con cantos sombreas,
A los que han de vivir en la tierra.

Con flores escribes, Nezahualcóyotl

 

No hay una corriente literaria con su nombre ni una generación, pero los escritores de Neza existen. Emiliano Pérez Cruz, José Francisco Conde Ortega, Alberto Vargas Iturbe y Sergio García Díaz son algunos de ellos. Escriben desde sus propias trincheras, sobre sus propias temáticas, con diferentes estilos y formas de hacerlo. Lo único que los hermana es el lugar que los cobija: Nezahualcóyotl. Aquí quien con coyotes anda, a escribir se enseña.

Creado en honor al poeta prehispánico, al “Coyote que ayuna”, Nezahualcóyotl es un municipio del Estado de México fundado el 3 de abril de 1963. Emiliano Pérez Cruz, por ejemplo, nació en 1955 en el Distrito Federal; Sergio García Díaz en 1962; Alberto Vargas Iturbe en enero del 53, en Michoacán; y Conde Ortega en Puebla en 1951.

Todos ellos nacieron antes que el municipio por el que se les identifica. Un municipio joven, pero con historia detrás.

En 1954 ya había 40 mil habitantes en las colonias del ex vaso de Texcoco.  Una zona que sirvió de desagüe para evitar las inundaciones en el Valle de México desde el siglo XVII y que desde 1917 comenzó a sobrepoblarse. Los terrenos que ahora corresponden a Neza se devaluaron, y hacia 1933 ya todo estaba invadido.

Las deficiencias en los servicios públicos ante el crecimiento de la población que se fue asentando es una de las constantes de esa historia. Su principal queja eran las carencias, principalmente la falta de agua potable. Para 1960, la federación de colonos exigió al entonces gobernador del Estado de México, Gustavo Baz Prada, un régimen municipal. Hasta abril de 1963 fue aprobado el decreto y se originó el municipio. Un municipio de inmigrantes.

Neza ahora tiene un millón 110 mil  habitantes, sistema de drenaje y escritores que han dedicado algunas de sus letras a sus calles, sus luces y sus sombras.

Escritores Nezahualcoyotlenses

El gentilicio para las personas que viven en Neza es “nezahualcoyotlenses”. Así podría definírseles a ellos: “Escritores nezahualcoyotlenses”. Porque llegaron a Neza por razones distintas, sin ser oriundos del lugar. No nacieron ahí. Escriben sobre Neza porque es el lugar en donde viven.

“La populosa y aledaña al Distrito Federal Ciudad Nezahualcóyotl es conocida también como Nezayork y Mi Nezota. Fue fundada por migrantes de otras regiones del país. Ha tenido –tiene– sus cronistas literarios: Emiliano Pérez Cruz, José Francisco Conde Ortega, Alberto Vargas y Eduardo Villegas, entre otros. Todos han atestiguado las transformaciones de Neza, desde que era polvaredas o lodazales, sin drenaje adecuado ni otros servicios de primer orden. Todos los mencionados tienen libros de crónica donde dan cuenta de la situación de ciudad”.

Con esas palabras principia Ignacio Trejo Fuentes, crítico literario, su reseña para la revista Siempre! sobre el libro Luces de Nezayork de José Francisco Conde Ortega. Libro en el que el autor –según Trejo Fuentes– recorre la “Ciudad de los Rascasuelos” a través de sus crónicas, sumergiendo al lector en el lugar, aun si lo conoce o no.

—No, no la hay. Hay gente que quiere escribir, pero les falta oficio, formación. Quizá hay 3 o 4 aislados: Emiliano Pérez Cruz, Porfirio García Trejo, Eduardo Villegas, Sergio García Díaz. Por lo tanto no se puede hablar de un estilo en común.

Conde Ortega contesta el teléfono y logra recordar a quien está del otro lado de la línea, por aquel taller literario que impartió en la Universidad Pedagógica Nacional. No da concesiones, como siempre, como en aquellos días del taller, o como cuando da clases en la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco. Como cuando escribe. No, no hay una generación de escritores de Neza, dice.

—Está bien. Es necesario dejar oír la voz. Pero no hay rigor, disciplina, ni búsqueda de oficio, sólo están comprometidos con el entorno inmediato. En cambio, por ejemplo, Emiliano ha escrito mucho sobre Ciudad Neza pero tiene una vista desde el ojo atento de un buen escritor. Los demás es mucha improvisación. Yo he impartido talleres a los que van más pintores que los escritores. Son sólo intentos, cuando escribir es un oficio.

Puntual, serio, Conde Ortega no desvaría en su punto de vista.

—No. El lugar donde se vive, que pudo ser por accidente, no debe determinar un trabajo artístico. Aunque cada caso es particular. En el mío es lo de menos. Sí he escrito de Neza, pero no es lo único. Un escritor debe tener una visión más amplia. Y para que haya una generación debe haber rigor, formación, oficio, disciplina. Que quienes quieren escribir se quiten el polvo de las orejas para que puedan empezar a escribir.

David Magaña Figueroa, periodista, concuerda con él.

Conde Ortega. Foto: Áurea Salinas.

Conde Ortega. Foto: Áurea Salinas.

—No hablemos de generación, sino que ellos han ido surgiendo con base en una propuesta personal. Eduardo Villegas, José Francisco Conde, Emiliano Pérez Cruz. No hay un estilo en común y qué bueno, no hay por qué oficializar o encuadrar las literaturas. Su temática tiene que ver con Neza, pero cada quien tiene su propuesta. Desde estructura más clásica, por así decirlo, como la de Conde Ortega, hasta la más descarnada, como la de Emiliano Pérez Cruz. O hasta muy grotescas, como la de Alberto Vargas Iturbe, su propuesta es algo escatológico que rebasa lo sexual, pero es una voz que no podemos juzgarle porque es su manera de expresarse.

Pornografía total

—Más de 30 años. Lo que pasa es que hubo un tiempo, como dos años, que estuve viviendo por acá (en el centrode la Ciudad de México), viví primero en la Doctores un tiempo con un cuate, luego me cambié a Tlatelolco y qué fortuna, cuando me salí, como a los tres meses, tembló. Pero no se cayó ese edificio, era el Chihuahua.

Alberto Vargas Iturbe, El Pornócrata, quien se ha ganado ese alias por sus textos eróticos, explícitos, pornográficos, pide permiso a la mesera para grabar la charla. Ella le dice que está bien, mientras no se tomen fotografías adentro del Sanborns. En la mesa figura su libro, El canto del fistulo, cuya portada la ilustran los senos y las piernas abiertas de una mujer que se posan en el cuello del autor.

El Pornócrata no deja de moverse, de acomodarse una y otra vez el cuello sin resorte de su playera, y la chamarra que lleva encima. Ha vivido por más de 30 años en Neza.

—Me vine a estudiar, la tierra no alcanzaba para mí. Éramos muchos hijos. Estuve 17 años allá. Fui pastor. Desde los seis años ya cuidaba animales. Hasta que entré a la secundaria dije “ya, a la chingada, ya me cansé”. Son muy latosas las cabras. Te descuidas tantito y se te van.

Vargas Iturbe habla despacio, con un tono de voz grave que se agudiza con ciertas palabras. Tiene voz de… Pornócrata. Nadie habla como él. Se desprende, rememora su pasado como si lo estuviera viendo frente sí. Como si las cabras fueran reales y se le fueran.

Se detiene.
A la mesa llega Sergio García Díaz.
Continúa.

—Neza es muy chiquito para nosotros. Nos conocimos en la grilla, en la política, ¿no? ¿O ya en la literatura?

—Fue una vez, más o menos por el 86, cuando fui a dejar a un cuate a la tienda para que recogiera un kilo de huevo y jamón. Entonces yo iba en mi vochito y lo dejé ahí. Ahí fue cuando te conocí, en la tienda –responde García Díaz.

La mesera se acerca a ofrecernos café. Mira los libros de Alberto. La grabadora ha dejado de importarle. Nunca le importó.

—Escribí un libro que se llamaba “Miscelánea Los Tarascos”, no lo traje, pero ahí lo tengo, luego se los doy.

La tienda de Alberto se llamaba así. Se vuelve a detener. Sergio García me sigue contando. Ahora su propia historia.

—Lo primero que empecé a escribir fue poesía. Él me público un poema y luego un ensayo en la revista Desmadre. No escribía mucho, pero fue lo primero que hice.

—¿Y qué fue lo que te impulsó a escribir? –pregunto.

—El miedo a escribir. Tenía muchas faltas de ortografía. En la primaria me pasaban al pizarrón y pues, no sabía escribir. No sabía cómo iban las palabras, eso me daba mucho miedo. Pero sentía la necesidad de expresarme.

A los diez años fue que Sergio García llegó a Neza. Vivía en una vecindad, por La Deportiva, en la Ramos Millán. “Cafetal 720”, se acuerda. Un compadre de su papá, quien tenía un terreno en Neza, les dijo que ahí estaban invadiendo. Lo fueron a ver. Sus papás le dijeron “ahí vamos a vivir, donde están esas estacas”, porque no había nada más que esas estacas de madera. Hace 39 años de aquello.

—Empecé a escribir desde los 18, pero no de manera, digamos, “profesional” –relata Alberto–. A mí me gustaba la política, era trotskista. Entonces, yo quería ser político, quería ser un líder.
Alberto se mueve del respaldo de la silla al borde de la mesa y de regreso. Su voz es muy fuerte. En la grabadora se escucha nítido. Poco hace falta para que se escuche la perpetua sonrisa de su rostro.

—Resulta que como a los 26 años me dieron un ácido lisérgico en una fiesta y entré en un alucinaje pero cabrón y fui a parar al psiquiátrico. Me acuerdo que dormí seguiditas unas catorce horas y cuando desperté ya estaba bien. Me prohibieron toda clase de drogas y dije “ora qué voy a hacer”, entonces me dio otra crisis y me internaron en el Fray Bernardino y salí bien decepcionado y dije “¿a qué hijos de la chingada me voy a dedicar si lo único que sé hacer es política?”, pero también sabía escribir un poquito, así que dije “no, chingue su madre, yo me voy a hacer escritor”.

Así fue como se definió El Pornócrata. Pero su camino no fue fácil. Intentó con la poesía y nada. Después con los cuentos. Cuentos que eran anécdotas y que le funcionaron. Ya había leído algo de poesía, cuento, novela. Desde que se decidió comenzó a guardar sus escritos en cuadernos. De los cuales se han formado cajas y cajas que no ha terminado de revisar.

De ahí surgió, por ejemplo, El sexo me da Neza. Y hasta la fecha sigue publicando sus títulos de manera independiente, porque difícilmente una editorial grande, seria, apostaría por su trabajo.

Para publicar su literatura, comenta, esa que le encanta escribir, que desde pequeño vive en él, con el símbolo de la mujer como algo mágico, el erotismo, la pornografía que le enseñaba un señor cuando él era niño, su sexualidad despierta desde el campo, necesita de una editorial desmadrosa, que esté con los jóvenes.

En otra reseña, Ignacio Trejo Fuentes habla sobre el trabajo de Vargas Iturbe. Pero no sólo exalta la brutalidad de sus narraciones o su sentido del humor en La prepa popular. También el poder de la crítica social y política del autor, y el hecho de que los jóvenes de Neza sean sus principales seguidores.

El Pornócrata. Foto: César Palma.

El Pornócrata. Foto: César Palma.

Jóvenes que, según el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, de un total de 129 mil 883 hombres y mujeres de entre 8 y 14 años, mil 737 no saben leer y escribir. Y de un total de 824 mil 652 hombres y mujeres de 15 años o más, 22 mil 470 son analfabetas, un 2.72 % de su población.

Ignacio Trejo Fuentes también comentó sobre Alberto Vargas Iturbe que, comparado con cualquier otro autor erótico de la literatura, lo suyo era “pornografía total”.

El nómada del subsuelo

Francisco Valle Carreño, El Iti, murió de diabetes juvenil el 24 de diciembre de 2004. Tenía 37 años. Marco Lara Klahr lo nombró, en un reportaje publicado el 4 de enero de 2005 en El Universal, “el cronista anarcopunk”.

De El Iti se ha escrito que vivía en Neza en un pequeño cuarto, todo grafiteado. Que era un hombre de ideales que los llevaba a cabo. Que era poeta, narrador, músico, fundador del Colectivo Caótico y activista. Quería que su Punketón –un proyecto para apoyar a niños, alcohólicos y demás personas que necesitaran ayuda– progresara. También fue promotor de la revista Nezáfora.

“Parecía un adolescente perpetuo, aunque al final tenía más bien el aspecto de un anciano precosísimo”, dijo sobre El Iti Emiliano Pérez Cruz, en el texto de Lara Klahr.

—Cualquier cosa que dijera sería nimia en relación a un personaje tan basto… —Sentenció su gran amigo José Luis García González, Radio, en una breve charla vía Facebook. Me recomendó ver el documental Itii el nómada del subsuelo, que está disponible en YouTube. Ese material se estrenó el 7 de diciembre de 2006 en Neza, producido por el Colectivo Ojo del Deseo y el Colectivo Caótico. Diversos testimonios hablan sobre el personaje que fue. “Ahí, en El Chopo itinerante se movía El Iti. Con su chamarra que decía ‘Ni dios ni amo’”.

Así lo hice.

Valle Carreño. Fotograma especial.

Valle Carreño. Fotograma especial.

Desde las primeras imágenes, desde que aparece la figura del poeta prehispánico Nezahualcóyotl, los acordes punk del Colectivo Caótico no dejan de sonar. La música que El Iti tocaba en la batería. Radio aún tiene material por mostrar que grabó con él. Sólo es cosa de arreglos para que vea la luz. Dice que cuando lo tenga listo me lo pasará.

Por su parte, Pablo Gaytán y Guadalupe Ochoa publicaron el libro Panegírico caótico, un texto que nos ubica tras los pasos de El Iti, de los cuales dio muchos en el Tianguis Cultural del Chopo. Y en Neza.

La imagen del nómada del subsuelo perdura.
Francisco Valle Carreño nació en 1968, cinco años después de la fundación del lugar en el que viviría. De Azcapotzalco, sus padres se unieron a la invasión de Ciudad Neza.

Somos las sombras destellantes que exclaman transgresiones
Los que tomamos por asalto la ciudad
Los antihéroes de la sobredosis
Los que evadimos a los buitres que vuelan sobre nuestros sueños
La catástrofe sin sentido
Las sombras fosforescentes que huyen de los celadores de sueños en medio de las llanuras urbanas.

El Iti.

El cronista honorífico

En 1979, Emiliano Pérez Cruz fue nombrado por el Estado de México “cronista honorífico de Ciudad Nezahualcóyotl”. Un cuento del autor (“Todos tienen premio, todos”) se publicó en el libro de Seymour Menton, El cuento hispanoamericano. La escritora Josefina Estrada lo retrató en su libro Emiliano Pérez Cruz, La vida: función sin permanencia voluntaria.

—Fue un proyecto que me encargó Ana Luisa Calvillo cuando era secretaria de educación del municipio. Ella pensaba que en Neza ya había artistas y gente valiosa, pero que la gente seguía pensando que la Neza estaba todo andrajoso.

El proyecto tomó forma con la editorial Colibrí, donde se editaron cuatro libros, incluyendo el de Emiliano.

—De ese hay un libro amarillo chiquito, pero la gente siempre decía que le quedaban ganas de leer a Emiliano. Después él nos entregó un libro de cuentos y en ese libro agregamos la biografía. Hay gente a la que le ha encantado el personaje y le dan ganas de conocerlo.

Josefina Estrada y Emiliano Pérez Cruz se conocen desde 1977. Eran compañeros de generación en la antigua Facultad de Ciencias Políticas. Se hicieron amigos, y eso ayudó mucho a la autora a escribir ese libro. “O te estorba cuando estás entrevistando a un amigo, o te ayuda”.

A Josefina le dieron una lista muy larga de gente de Neza para escribir. Ella eligió a quien quiso para hacer los libros de teatro, música, escultura y literatura. Entre esa gran gama de personas, notó el efecto del “tuerto en el país de los ciegos”. Un lugar en el que no se atrevían a salir a enfrentarse con el exterior. Donde no había un sello, una personalidad, una creación, una formación.

—Es muy desenfadado. Llamó la atención cuando empezó a escribir porque en ese momento, finales de los setenta, (Gustavo) Sainz lo descubrió como su alumno. Cómo escribe sobre el habla bajo, bajo, bajo. La familia de Emiliano es de los fundadores de Neza. Llevar el lenguaje popular como lo estaba llevando Emiliano y además ser representante de eso, pues, llamó la atención. Porque los personajes populares casi no estaban en la literatura mexicana.

Pérez Cruz. Foto: Áurea Salinas.

Pérez Cruz. Foto: Áurea Salinas.

&

Emiliano Pérez Cruz habla en pasado.

—Supongo que me tocó inaugurar esto y muy venturosamente porque no había quién abordara los temas de la pobreza desde la pobreza misma, decían. Fue como de impacto. Armando Ramírez en Tepito publicando, Ricardo Garibay y sus cuentos y crónicas en San Pedro de los Pinos, los acercamientos de José Revueltas a la gente marginal, pero más bien de eso mamaba uno, más que de gente cercana. Y bueno, más bien yo me asumo como heredero de una tradición oral que a falta de poder platicarlo me puse a escribirlo.

Prende el primer Marlboro.

Piensa que si hay una generación en Neza, habrá estudiosos del quehacer nezahualcoyotlense que indaguen más en el asunto. Aunque no duda que haya intereses de por medio en gente que se  autonombre artista aunque no lo sea.

—Yo creo que viene una primera generación ya más capacitada, más informadas sobre todo, que más que nezahualcoyotlenses se llamarán “urbanitas” o algo por el estilo, ya alejados de este provincianismo muy dado a reproducir los esquemas de capital, que es fundar la casa de la cultura, apropiarse de ella, fundar un tallercito “te leo y te elogio, me lees y me elogias” ya después si se trata de aprender a poner puntos y comas, eso es lo de menos.

Le llaman por teléfono en su oficina de director de planeación de la Unidad de Comunicación Social de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). Hace años que ha dejado de escribir. “Empecé y terminé joven”.

—Ya no escribo. Tiro la hueva, me ha consumido la burocracia. Creo que fue muy diarreico el asunto (de escribir), después ya fue lo contrario a eso. Hice lo que hice y tan tan. Después entraron ocupaciones como éstas que son muy absorbentes y joditivas. O te entregas a la chamba o simplemente te quedas en la frustración porque puedes ser un “mal funcionario público”. Esto te consume casi todo el tiempo, nosotros estamos aquí casi 12, 14 horas al día.

Emiliano prende el segundo Marlboro. Un chicle sabor menta y el aire acondicionado encubren el aroma del tabaco. Es un hombre locuaz, que bromea, que sonríe. Que se asume como burócrata y no como el cronista honorífico de Ciudad Nezahualcóyotl. Ha trabajado en el gobierno desde que estuvo en Bellas Artes con su maestro Gustavo Sáinz en 1977. Desde siempre.

—Digamos que la gran pasión me duró hasta el 94; en El Financiero tenía una columna que se llamaba “Finanzas personales”. De ahí salió un libro que le puse Si fuera sombra te acordarías, que tuvo algún premio y eran las memorias personales desde Neza. Eso fue muy sabroso, muy lúdico. Yo sentí que ahí escribí lo último que traía de estas vivencias nezahualcoyences. Creo que se vuelve reiterativo, otros ojos tendrían que retomarlos, para sorprenderse con esa realidad que a uno le tocó, y expresarlo con la visión actual.

Nunca se consideró “el cronista”, ésa era solo una etiqueta para él. Y aunque ya no las escribe, es un cronista de la ciudad porque vive a diario las historias, los traslados, el trabajo. En lo que siempre creyó era en que lo local debe tener un valor universalista. Que con un estilo personal de narrar, aunque sea profundamente local, cualquier persona en el mundo pueda sentir el valor del texto, de la historia.

“Neza no me enseñó a escribir, fue mi madre”. Se ríe. “El territorio, el vecindario, te da una sensibilidad, una manera de ver las cosas. Neza nos hubiera enseñado a malescribir”. En su oficina nadie lo molesta. Ni el hombre que le entrega correspondencia (“él tiene la culpa de ser famoso”, dice) ni las llamadas constantes a su teléfono. Aún después de apagar la grabadora, la charla se extiende casi al doble. A Emiliano le gusta platicar con la gente, entrevistarla. No ha dejado de ser periodista.

Así sabía ganarse la vida. Escribiendo crónicas, cuentos, guiones. A menos que se quede sin trabajo, volvería a escribir. Podría hacer “la novela de la burocracia”, bromea.

Apaga el tercer Marlboro. Se acaba su cajetilla. La tira al piso y exclama “ya lo voy a dejar”. Hace poco sufrió un infarto. La pisa. De la bolsa de su chaleco saca una nueva. La abre y se lleva otro cigarrillo a la boca.

Un orgullo encabronado

—Sí, Emiliano Pérez Cruz es el máximo exponente. Tiene frescura innata, escritor preparado que no se queda nada más denunciando sino que es más propositivo con el lenguaje. Tiene textos bien escritos. Ese sería el aporte. Cumple con el requisito básico de todo escritor: escribe bien. Emiliano escribe bien. Conde lleva 40 años viviendo en Neza, y escribe bien. El aporte es que ellos dos escriben bien. Eso es lo que los ubica, que cuentan historias que verdaderamente que uno disfruta porque están bien escritas. Más allá de lo que puedas encontrar, hay un buen escritor detrás de ellos.

David Magaña responde sin titubeos. Junto a José Francisco Conde Ortega, afirma que no hay una generación de escritores en Neza. Porque son trabajos aislados sin una unidad temática (o hasta temporal) que los identifique o los integre. Concluye que lo que hay es una aportación a las letras con esfuerzos individuales.

&

Ya van tres tazas de café y la charla sigue. Surge el tema de la pornografía en los años de juventud de Alberto Vargas, cuando en las películas apenas se mostraba el talón de las mujeres y lo más fuerte llegaba hasta el final, cuando se consumaba el acto sexual en el que sólo se veían las espaldas de los actores. Las anécdotas brotan una tras otra, como cuando se enteraron Sergio García Díaz y El Pornócrata en 1992, en algún taller literario, que eran escritores. Ambos piensan distinto que Magaña Figueroa o que Conde Ortega. Ellos sí creen en una generación de escritores en Nezahualcóyotl.

—Sí, sí, ahí en Neza hay por lo menos hay unos 30 o 40 que escriben –dice El Pornócrata en la plática del Samborns–. Algunos ya profesionales, no son muchos, pero hay diferentes generaciones. Eso a nivel de todo el Valle de México, principalmente, y en otros estados de la República.

Le secunda Sergio García a Alberto Vargas.

—Sí hay una generación. Habrá dos generaciones. Una de gente de la edad como del Beto, que fluctúa entre los 50 y 60 años. Está Emiliano Pérez Cruz, está Conde Ortega, está Eduardo Villegas, los fallecidos Luciano Cano Estrada y Juan Hernández Luna. Hay reconocidos a nivel nacional e internacional. Hay otra generación que se ha venido formando en talleres o en relación con esta generación anterior.

Alberto Vargas hace tercera.

—Están escribiendo muy chavitos, andan empujando, empiezan a surgir escritores muy jóvenes de 20 años a 25, generación que nace con la tecnología y que están en la maravilla, ya con la maquinita se conectan con gente de España, de Estados Unidos. Tienen el mundo. Un joven por malo o bueno que sea, si se quiere dar a conocer, lo pone en las redes y lo empiezan a leer.

Sergio García concluye:

—Más que un estilo hay una temática, una especie transgresión verbal, cierto caló regional, rasposo, literatura natural como la de Emiliano, como la de Beto Vargas, es mantenerse en el margen. Es más un desafío con un estilo, no la búsqueda de un estilo común, pero sí una geografía que determina, la realidad sí determina tu forma de escribir. A la gente antes nos daba pena decir que éramos de Neza. Ahora hay un orgullo encabronado.

Sergio García y Alberto Vargas. Tomadas de Facebook

Sergio García y Alberto Vargas. Tomadas de Facebook

El orgullo se da gracias a la resistencia de una ciudad formada por migrantes, continúa. A que hay un arraigo, hay una pelea interna, entre los que se definen quienes escriben para Neza y sobre Neza y los que se consideran universales. Como él y como El Pornócrata.

—Es gente que está peleando en el interior la posibilidad de salir hacia el exterior. —Concluye Sergio y le da la palabra a quien tiene en frente, al Beto.

—La comunicación ya rompe las fronteras. No importa si eres de Neza o del DF. Ya nada más eres escritor.

Un orgullo al margen de lo que el gobierno local pueda ofrecer. Los escritores publican su trabajo en las redes sociales, en blogs y en proyectos autogestivos de publicaciones independientes. Autopublicándose, como Alberto Vargas, quien no vive de la literatura, al contrario “hay que meterle”. De acuerdo con el Presupuesto de ingresos y egresos 2012 del Ayuntamiento del municipio de Nezahualcóyotl, se destinaron 19 millones 612 mil 8 pesos a la Dirección de Cultura y 43 millones 354 mil 81 pesos a la Dirección de Educación. Montos que, sumados, no son ni la mitad de lo que el gobierno municipal destinó a la Dirección de Seguridad Pública: 426 millones 223 mil 499 pesos.

Proyectos como el de la Caravana Cultural Neza, el cual desde el 2008 ha gestado en primarias el proyecto de impulsar la escritura y la lectura en los niños, con la finalidad de dignificar al municipio. Aunque también lo han hecho en otros municipios del Estado de México, junto al espacio de expresión Alterarte, un grupo editorial que esta con la Caravana, editan los libros que se arman con las creaciones literarias de los niños.

Un proyecto que se está gestando en Neza para promover, difundir la cultura y las actividades artísticas que se están desarrollando en el municipio. Desde dentro, por los propios artistas. No sólo escritores, como se podrá leer en la segunda entrega de este reportaje.



Samuel Segura
Samuel Segura

Obrero de la palabra escrita. En Twitter: @SamBodoque





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