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En recuerdo del terremoto de 1985

19 Sep, 2015 Etiquetas: , ,
El sismo que hace treinta años devastó a la ciudad de México dejó tras de sí
toneladas de historias, personales y colectivas, de aquellos que lo vivieron
en carne propia, de quienes lo sobrevivieron. El sismo que hace treinta años
devastó a la ciudad de México dejó caer una loza sobre aquellos que nacieron
apenas unos meses o unos años después del desastre: se trata de los hijos de
los supervivientes, los portadores de una historia que no dejará de contarse.
TEXTO: RICARDO CRUZ GARCÍA

Muchos en mi familia dicen que yo nací con el terremoto del 85. No es exacto (soy de mayo, no de septiembre), pero es una frase que atrae la atención y la curiosidad porque esa tragedia marcó de manera profunda a todos los habitantes de la ciudad de México. Podríamos decir que el tesoro de la juventud aún es visible en mis ojeras, aunque ya esté más hacia los chavorucos que en la adolescencia. Por eso es que no puedo escribir del sismo de aquel jueves 19 de septiembre de 1985 como testigo o recordando lo que pasó, pero sí hablar como receptor atento de anécdotas de los adultos y de muchos testimonios visuales y escritos a lo largo de estos treinta años.

La anécdota que recuerdo con más frecuencia es la de mi padre. Siempre ha vivido cerca del cerro de la Estrella, en Iztapalapa, y por esos altos rumbos rodeados de montículos y roca volcánica casi no se sienten los sismos. Pero el de ese mañana, iniciado a las 7:19 horas, sacudió fuerte puertas y ventanas, lo levantó de golpe y lo primero que hizo fue tomar, junto con su esposa –mi madre–, a sus hijos, uno de cinco años y otro apenas de cuatro meses, y salir a la calle tambaleándose, entre platos que repicaban en el suelo y muebles que parecían gelatinas.

El Conjunto Pino Suárez A un costado de la estación del metro Pino Suárez, en el cruce de las avenidas José María Izazaga y Pino Suárez, se ubicaba este conjunto habitacional y de oficinas construido cerca de la década de 1970. Con el sismo de septiembre de 1985, una de sus torres, que contaba con más de veinte pisos, colapsó por completo. Entonces albergaba despachos de gobierno y hoy ahí se halla una plaza comercial.
El Conjunto Pino Suárez
A un costado de la estación del metro Pino Suárez, en el cruce de las avenidas José María Izazaga y Pino Suárez, se ubicaba este conjunto habitacional y de oficinas construido cerca de la década de 1970. Con el sismo de septiembre de 1985, una de sus torres, que contaba con más de veinte pisos, colapsó por completo. Entonces albergaba despachos de gobierno y hoy ahí se halla una plaza comercial.

Inmóviles, pasmados y muy asustados, esperaron a que pasara el temblor. Ahí no había pasado nada grave, pero aún no se enteraba de la magnitud de la catástrofe en la zona principal del desastre: el centro de la capital. Partió rumbo a su trabajo en una obra de Tlalnepantla, Estado de México, y aunque pudo evitar el centro, el tema de conversación en todos los lados era el terremoto que despertó –en el más amplio sentido de la palabra– a toda la ciudad.

[…] una representación de un apocalipsis urbano, una imagen de soledad y solidaridad que evoca la fragilidad del ser humano y que le dejó grabado para siempre que de un momento a otro la vida puede dar un vuelco aterrador.

Acabó su día de manera más o menos normal en Tlalnepantla, pero el regreso fue lo más duro. Por alguna razón, tomó la línea 2 del metro (Cuatro Caminos-Taxqueña), pero se tuvo que bajar en Hidalgo porque no había servicio. De ahí tenía que caminar hasta la estación San Antonio Abad, donde se restablecía el transporte. Fue entonces cuando la catástrofe se clavó en sus ojos e inundó todos sus sentidos. Una atmósfera gris envolvía el ambiente y poco a poco fue asimilando el desastre: el hotel Regis derrumbado, gente gritando por todos lados, el resonar constante de las ambulancias que con el paso de los minutos, entre tanto caos y ruido, se hizo imperceptible; gente y más gente corriendo por todos lados, personas implorando ayuda, gente buscando a sus familiares, gente silenciosa mirando hacia un punto ciego en el horizonte infinito, gente llorando, gente perdida, el Eje Central ondulado y levantado como una ola de asfalto, más edificios derrumbados, cadáveres, personas llenas de polvo y de desesperanza, familias que perdieron todo y solo se quedaron con lo que traían puesto ese día. Pero en especial recuerda a un grupo de personas en torno a una fogata –hecha con basura y madera de los escombros– sobre la calle, una representación de un apocalipsis urbano, una imagen de soledad y solidaridad que evoca la fragilidad del ser humano y que le dejó grabado para siempre que de un momento a otro la vida puede dar un vuelco aterrador.

Aquel día del terremoto de 1985 ha sido uno de los más tristes de su vida y aún se estremece cada vez que lo recuerda, como hacen seguramente todos los que vivieron ese jueves negro. El terremoto del 85 es una huella honda que no se borra y a muchos dejó traumados para siempre. Uno que es joven espera no vivir algo así, en especial cuando veo a una amiga de la familia que, cada vez que tiembla –por mínimo que sea el movimiento– entra en pánico, se pone histérica, se hinca y empieza a rezar. Y es que ella aún estaba en el hospital recuperándose del parto de su hija –quien sí nació con el sismo– cuando empezó a sentir el terremoto del 19 de septiembre. Por eso y muchas razones más, para la ciudad de México sigue siendo un episodio imposible de olvidar.

Imágenes de portada e interiores: Pino Suarez Apartment Complex, 1985. United States Geological Survey.


Ricardo Cruz García
Ricardo Cruz García
Escritor, editor e historiador de la prensa mexicana. Es profesor de la FES Acatlán de la UNAM y se dedica a la divulgación de la historia. Obtuvo el premio a la mejor tesis de licenciatura sobre la Revolución mexicana, otorgado por la UNAM. Colaborador en diversas publicaciones impresas y electrónicas, es jefe de redacción de la revista Relatos e historias en México y autor de Nueva Era y la prensa en el maderismo (UNAM-IIH, 2013).




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