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Enjambre Literario, una apuesta por la sostenibilidad de la vida y la literatura

13 Sep, 2016 Etiquetas: , ,

«A sabiendas de que lo que no se nombra no existe», Enjambre Literario se propone descubrir y visibilizar el trabajo de narradoras y periodistas de Iberoamérica. Para saber cómo se gestó el Enjambre y en qué consiste, conversamos con Brenda Navarro, quien está al frente del proyecto.

TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ

Ocurre ya: voces e historias salen de distintos puntos de Iberoamérica y se encaminan a un mismo lugar para gestar algo nuevo, algo que, de momento, es una apuesta. Las historias las escriben mujeres. La apuesta se llama Enjambre Literario.

El primer paso de este proyecto ha sido convocar a que todas las mujeres mayores de 18 años que escriben en idioma español envíen una obra inédita. Los escritores Yuri Herrera, Fernanda Melchor y la periodista Catalina Ruiz-Navarro serán los encargados de seleccionar, de entre todas, aquella que Editorial Poua publicará en formato digital e impreso en 2017.

Así y «a sabiendas de que lo que no se nombra no existe», Enjambre Literario se propone descubrir y visibilizar el trabajo de narradoras y periodistas de esta región. No sólo eso, también abre la puerta a la búsqueda de modelos de negocio «que permitan que el trabajo de escritoras sea más digno y justo».

Ambiciosa apuesta.

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Descubrí Enjambre Literario a través de un retuit de Brenda Navarro [@Despixeleada]. Poco después supe que Brenda es quien encabeza el proyecto. Quería saber más y le pedí una entrevista. Brenda vive en Barcelona, así que la charla tuvo dos momentos: el primero, vía Skype, que sirvió para el segundo, que consistió en un intercambio de preguntas y respuestas a través del correo electrónico.

Debo decir que a Brenda no le interesan las etiquetas ni jerarquías para identificarse, así que eso no es tema en la charla, lo que sí es que sus respuestas a mis preguntas traen consigo reflexiones que van más allá de lo literario y abarcan la sostenibilidad de la vida, la sostenibilidad de la literatura.

¿Cuál es el contexto en el que se concibe Enjambre Literario? Es decir, ¿qué necesidades detectaste y contra qué busca ir esta apuesta?

Actualmente se vive un auge de denuncias que ponen sobre la mesa las desigualdades estructurales que viven las mujeres, ya sea por prejuicios sexistas o por condición de raza y clase, o incluso por las tres. Hay cada vez más mujeres organizándose y que utilizan las redes sociales para hacer visible que existe una abrumadora mayoría de hombres dirigiendo el mundo. Hay de todo. Hay diversos feminismos y prácticas feministas, no es una cosa universal y absoluta, cada feminismo tiene necesidades concretas, pero la constante es que las mujeres quieren traspasar la dicotomía público/privado y ser parte de las decisiones y acciones que se toman en todos los ámbitos, porque nos afectan directamente y en muchos de ellos no tenemos voces, ni votos. Tan absurdo como suena pero así es.

De las muchas demandas que existen, a mí me parece importantísimo el tema económico. El hecho de que las mujeres no poseen medios para ser autónomas e independientes me parece aterrador. Y si a ello sumamos que en la industria editorial, que se declara siempre en crisis, hay cifras de que se publica más o menos a un 85% de hombres y a un 15% de mujeres, pues es evidente que hay que revertir esto, no sólo por feminista, que lo soy y la gente cercana al proyecto también, sino porque si se apela a la equidad y a la diversidad, —esos estándares tan vociferados en lo que actualmente se llama democracia— lo lógico es que existan más mujeres publicando libros porque, además, hay muchas escritoras, lo que pasa es que no son tan visibles y/o tomadas en cuenta.

En América Latina temas de género, feminismos y violencias contra las mujeres han estado en el foco público en los últimos años. Hay discusiones, denuncias y debates. Se ha buscado visibilizar cómo las luchas de las mujeres no están concluidas. Por ejemplo, en México, las poetas Maricela Guerrero, Paula Abramo y Xitlálitl Rodríguez convocaron en julio de 2015 a que a través del Hashtag #RopaSucia se denunciara la discriminación, la misoginia y el machismo en el ámbito cultural mexicano.

«Suele leerse a las mujeres a través de ciertos filtros que condicionan la recepción de sus textos. Se piensa de entrada que hablarán de las cosas desde una perspectiva personal, irracional y basada en el sentimiento. Así, aunque no lo hagan, se les leerá como si lo hicieran. No se espera, verdaderamente, que aporten alguna idea», dijeron en una entrevista publicada en Horizontal.

Desde ese momento, #RopaSucia sirvió no solo para sacar al sol trapitos machistas, también para dar otra dimensión al asunto a través de datos como los derivados de la distribución de las becas otorgadas por el Sistema Nacional de Creadores de Arte [SNCA] en la edición de 2016, pues «salvo raras excepciones, las mujeres obtienen menos premios, publicaciones y becas que sus colegas hombres».

Hay muchas escritoras, lo que pasa es que no son tan visibles y/o tomadas en cuenta.

Brenda también se ha dedicado a investigar el entorno laboral de las escritoras. ¿Pueden acceder fácilmente a la industria editorial y/o cultural en México? Fue una de las preguntas que incluyó en una investigación que realizó en 2014 en la que abordó, entre otros aspectos, la participación de las mujeres en revistas culturales [entre 2012 y 2013 no llegaba al 30%]. Esto la llevó a la acción: «por eso pensé: bueno, basta de preocuparme y comencé a ocuparme en qué tipo de cosas podría hacer yo desde mis conocimientos e intereses y heme aquí aventándome a ser parte del Enjambre Literario que, tiene como finalidad, encontrar escritoras que tengan propuestas inteligentes, divertidas, concienzudas, políticas, románticas, incoherentes, ligeras, cursis, etc. En fin, propuestas que a mí me gustaría encontrar en las librerías o traer en mi tablet y que muchas veces no encuentro. ¿Va a salir bien o mal? Eso el tiempo lo dirá, pero que no se diga que no estoy haciendo el intento».

portada-de-enjambre-literario

Imagen de Enjambre Literario en redes sociales. [Aquí pueden consultar las bases completas para participar].

¿Por qué es necesario conocer más voces literarias de mujeres?

Si tú le preguntas a gente relacionada con la cultura y la literatura cuáles son sus libros favoritos, notarás que la mayoría te va a dar nombres de hombres. Y ya te imaginarás a la horda de personajes diciendo [que me ha tocado infinidad de veces escucharlo] que es porque no somos buenas, o no somos aptas, o porque no queremos, no nos interesa publicar. O a los listillos que salen con cosas como «¡Pero si han publicado tales y cuales mujeres, eso déjalo para mediados del Siglo XX o antes!» La realidad es que se conocen pocas voces literarias con nombre de mujeres, y más allá de este ámbito que además es reducido ante la millonada de seres humanos que existen en el mundo, cuando notas que tú misma, en tu biblioteca, tienes más libros de hombres, dices, «¡Caray, pues si esto es numérico, que no hay que ser científica para notarlo!».

Lo ideal sería, por supuesto, que un día dejáramos de hablar de cuántas escritoras has leído, o conoces, o se han premiado, o se publican. Pero mientras el tema siga siendo de representatividad pues no vamos a pasar de página, aunque paralelamente ya estemos haciendo acciones que reviertan esto. [Vale acotar que han habido acciones para incentivar la lectura de obras de mujeres en distintas partes del mundo, una de ellas fue #ReadWomen2014, que se gestó también en Twitter].

Si no podemos pagar la renta o la lista del súper, pues menos vamos a tener para comprar y/o editar libros.

¿Qué es lo más complicado de echar a andar Enjambre? ¿Puedes contar un poco cómo fue el proceso para articular un proyecto como este?

Supe de inmediato que crear una editorial que quiere publicar textos de escritoras y llegar a lectores y lectoras —más allá de si son tomados en cuenta o no por quienes se sienten ser los representantes «de la literatura»— era factible y necesario cuando empezaron a decirme que era una estupidez. Uno de los primeros comentarios fue: «pero estás priorizando que sean mujeres en vez de la calidad», como si por ser escritora se diera por hecho de que lo que escribe es de «mala calidad». Y notas el prejuicio, y dices, sí, sí, por aquí es. También me han cuestionado [sobre] ¿qué es eso de ser mujer? Y entiendo perfecto que si a alguien no le queda claro, en pleno siglo XXI, que el concepto «mujer» no existe porque somos millones de mujeres diversas con intereses a veces contradictorios entre sí, pues entonces, claro que existe la necesidad de hacernos visibles. No existe «la mujer» existimos montones de mujeres y muchas de ellas son escritoras. Entonces, lo más complicado se puede resumir en tres cuestiones: una, es que todavía no conocen los textos que vamos a publicar y ya los están cuestionando. Dos, hay muchas escritoras que me escriben porque tienen dudas sobre la convocatoria y de antemano me dicen que sienten que lo que están escribiendo o han escrito no vale la pena como para que Fernanda [Melchor], Catalina [Ruiz-Navarro] y Yuri [Herrera] lo lean. Hace falta romper los techos de cristal y los pisos de cemento. Hace falta que existan más redes y espacios para dar a conocer la convocatoria y que las mujeres se sientan capaces y suficientes de crear nuevos espacios donde ellas, nosotras, seamos protagonistas. Y tercero, también hace falta dinero, y esto me lleva a lo que te decía respecto a la importancia de que las mujeres sean autónomas económicamente. Si no podemos pagar la renta o la lista del súper, pues menos vamos a tener para comprar y/o editar libros.

¿Cuál es la meta del Enjambre a mediano plazo?

Complementando a la pregunta de qué es lo más complicado, cuando me planteé aventarme y pedir apoyo para sacar adelante el proyecto de Enjambre, siempre tuve muy claro que no se va a vivir de esto, pero quiero intentarlo, y una de mis grandes metas es crear una red de escritoras que apoyen a otras escritoras a ser leídas. ¿Qué quiero decir? Le estoy apostando a un modelo de negocio que busque la sostenibilidad, en la economía feminista se le dice «la sostenibilidad de la vida» y yo lo traspaso a lo literario y pienso: la sostenibilidad de la literatura como espacio público en donde podamos editar libros chingones, compartirlos, venderlos, socializarlos, pero también como espacio que atraviese lo privado y podamos crear una red en donde vayamos planteando cuáles son nuestras necesidades como trabajadoras de y en la industria editorial y cómo hacer propuestas juntas. [Esto en parte está siendo abordado en las redes sociales del Enjambre, en Twitter, por ejemplo, desde la cuenta @EnjambreLitera se comparten textos que hablan de las mujeres con énfasis en el ámbito editorial, se da difusión a distintas iniciativas y autoras]. Planear con cada escritora el modelo de negocio que vamos a seguir con su libro, plantear la posibilidad de que parte de las ventas se vaya a amadrinar a otra escritora, que se comparta el proyecto como un espacio en donde podamos discutir si en algún momento vamos a crear una comuna para cuando seamos ancianas y cuidarnos las unas a las otras. Si vamos a apostar por propuestas de ley, reivindicación de derechos humanos, radicalidad, o qué. El Enjambre, tal como lo dice su nombre, pretende ser un espacio, un colectivo, un grupo de personas haciendo cosas.

Un proyecto como Enjambre también implica vivir, pensar, observar ciertas cosas o incluso padecer otras, ¿qué de lo que está pasándote [en lo que lleva Enjambre] puedes compartir?

Yo lancé la propuesta al aire para ver qué pasaba y pasa que de a poco se me han ido acercando personas para decir que quieren participar no sólo enviando textos, también dando difusión, en decirme cómo visualizan el proyecto, en ofrecerme asesorías en temas en los que no soy experta. Gente que me ha donado su trabajo para que yo pudiera presentar el proyecto a expertos, personas como Catalina, Fernanda y Yuri que no dudaron en decirme que sí le entraban. Personas que me dicen que conocen a otras que podrían tener proyectos que se pueden adherir. Y eso personalmente me motiva a seguir. También me he encontrado que son mujeres las que han llegado a decir que el Enjambre es una idea absurda y que qué horror todo. Y me gusta porque me retroalimenta.

El Enjambre, tal como lo dice su nombre, pretende ser un espacio, un colectivo, un grupo de personas haciendo cosas.

Algo que me gustaría resaltar, y que tiene mucho que ver con el tema de la sostenibilidad de la vida/literatura, es el hecho de que las escritoras, pero en general, las mujeres, la mayoría de las veces lidian con dobles o triples jornadas de trabajo, les queda poco tiempo para escribir, para descansar, para el ocio. ¿Cómo podemos revertir esto, cómo podemos lograr que puedan escribir más? Es una de las preguntas que ahora con el Enjambre me ronda la cabeza. Las economistas feministas lo sabemos: redistribución y sociabilización del trabajo doméstico no remunerado, especialmente en las familias heterosexuales donde los hombres se involucran menos, pero, es un tema general que desde la literatura debemos de trabajar más y estoy viendo cómo hacerlo desde el Enjambre, es difícil porque una siempre cae en contradicciones en la vida diaria, pero algo tendremos qué hacer en la práctica. Hace unos días platicamos una escritora y yo y decíamos que todavía a veces estamos esperando que el editor nos haga caso, cuando en realidad a lo que debemos de apostarle es a tener los modos de producción, de distribución, de crearnos nosotras mismas los espacios, porque todavía parece que hay que estar pidiendo permiso.

¿Puedes hablar un poco de qué piensas de la literatura escrita por mujeres y cómo empatas esto en Enjambre?

A mí me repatea cuando asocian la literatura escrita por mujeres sólo con novelas románticas, pero me repatea más que menosprecien a las lectoras de estos géneros. ¿Quiénes se creen los policías de la «verdadera literatura» para decirnos qué leer y por qué? Entonces, una escritora puede escribir un buenísimo thriller o una hermosa novela o un entretenido culebrón de amor y aventura o un ensayo buenísimo sobre identidad y lo que a mí me interesaría es que quien lo leyera lo disfrute, lo goce. En términos generales, libros escritos por mujeres ahora mismo me interesan en cuanto a regalías, contratos, representatividad, notas de prensa, sociabilidad de conocimiento, de ideas. Para todo lo demás, estoy segura que hay expertas para refutar a los que denuestan. Es que tampoco tenemos tiempo de estar dando explicaciones de por qué el feminismo o la transversalidad de género a los que no quieren explicaciones.

Le estoy apostando a un modelo de negocio que busque la sostenibilidad, en la economía feminista se le dice «la sostenibilidad de la vida»

¿Por qué escritoras y periodistas deben animarse a mandar sus obras?

Porque tienen una obra en casa que o ha sido rechazada o no quieren mostrar y que puede haber lectoras y lectores que queramos leerlo, eso no lo sabremos si no la mandan. Puede haber obras que tengan potencial pero que todavía les falte el último hervor y nosotras podemos trabajar con ellas. Una no escribe para tener el texto oculto, guardado. Entonces, son bienvenidas porque nos interesa la diversidad de voces y de temas, ya no estamos para que nos digan qué leer y cómo leerlo. Qué escribir y qué no. Esperamos los textos en obras@enjambreliterario.com hasta el 31 de octubre de 2016.

La apuesta está hecha.

 

Imagen de portada: In the library by Owen Thomas. Flickr-[CC BY-NC 2.0]


Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández

Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_
Correo: lizbeth@kajanegra.com





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