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Escribirle al balón

09 Nov, 2017 Etiquetas: , ,

Un estadio de fútbol repleto de gente era uno de los pocos lugares donde el escritor Albert Camus se sentía inocente. Luis Aguilar nos cuenta más de lo que este deporte representó para un individuo que creó personajes poco convencionales.

TEXTO: LUIS AGUILAR

Albert Camus, Premio Nobel de literatura en 1957, uno de los máximos exponentes del existencialismo, autor de El extranjero, novela que se convertiría en el emblema de toda una generación, sentía amor por dos cosas: el teatro y el estadio de fútbol, de preferencia si estaba abarrotado de personas. La principal coincidencia entre estos dos escenarios es que los espectadores deben tener su atención puesta en el grupo de individuos que tienen como fin entretenerlos.

Si hay un deporte del cual reniegan los intelectuales y artistas exquisitos, es del fútbol, quizá les resulte estúpido correr tras de un balón o detestan la sencillez con que suman al vulgo entre sus admiradores. Camus escribió el texto Lo que le debo al fútbol, a la postre se descubriría que su verdadero título es La bella época, donde además de declarar su amor por dicho deporte, relaciona las sensaciones entre la vida diaria y un partido de fútbol, resaltando el compañerismo y el esfuerzo por conseguir un bien común.

«…ah sí, el RUA. Estaba encantado, lo importante para mí era jugar. Me devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves a domingo, día del partido. Así fue como me uní a los universitarios. Y allí estaba yo, portero del equipo juvenil. Sí, todo parece muy fácil. Pero no sabía que se acababa de establecer un vínculo de años, que acabaría en cada estadio de la provincia, y que nunca tendría fin.»

Los campos argelinos, alejados del verde y recortado pasto, fueron los primeros en ver jugar a Albert Camus, quien a lo largo de su infancia y adolescencia controlaba el medio campo, gustaba de repartir juego, recuperar balones, acomodar a sus compañeros dentro de la cancha. Para el tiempo en que defendió la camiseta de la RUA [Universidad de Argel], cambió de posición hacia la portería. En el libro autobiográfico El primer hombre menciona que una de las principales razones por las que jugó de portero fue que sus padres lo golpeaban como castigo si gastaba de más los tachones de sus zapatos de fútbol, esto respondía a la pobreza imperante bajo la cual vivían: comprar nuevos zapatos era algo casi imposible; así que, decidido a no dejar el deporte, optó por el cambio de posición.

Quizá fue en este deporte donde Camus encontró espacio, veía en el fútbol el medio para unificar ideologías, que mientras el balón ruede los hombres se mezclan en la pasión y el ímpetu, buscando abrazarse en la victoria, dar hasta el último aliento y si se pierde, disfrutar la amargura de una derrota, saber que entregaron todo, que no quedó en ellos. Son estas experiencias las que ayudan a formar la moral, aún incluso cuando el objetivo de la vida sea aplastarnos o estar a la contra, uno debe encontrar alternativas para lidiar con ella, y las victorias que se tenga sobre la existencia, serán pasajeras y por eso vale la pena disfrutarlas.

Su hija Catherine ayudó a publicar en el 2013, con el fin de celebrar el centenario del nacimiento de su padre, un álbum fotográfico titulado Albert Camus: Soledad y solidaridad. Entre varias curiosidades, se encuentra el texto La bella época [La belle époque].

«Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde se espera que venga. Eso me ayudó en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha.»

Es difícil imaginar a un hombre a quien no le interesaba relacionarse con los demás, principalmente por lo absurdo de la existencia, y que no veía mayor sentido en caminar acompañado hacia un objetivo, haya encontrado su lugar en un deporte que reúne masas, principalmente porque a diferencia de otros tantos que hablan de algo sin practicarlo, Camus sí se sumó a la cancha con otras 21 personas. Ahí aprendió que no basta con patear un balón o volverse un aguerrido defendiendo su arco, sino que se deben llevar las cosas más allá, tratar de descubrir la importancia de jugar al fútbol, no basta con batallar a lo largo de 90 minutos, se debe sacar el significado de la cancha y aplicarlo en la vida diaria.

Es difícil imaginar a un hombre a quien no le interesaba relacionarse con los demás, principalmente por lo absurdo de la existencia, y que no veía mayor sentido en caminar acompañado hacia un objetivo, haya encontrado su lugar en un deporte que reúne masas

Un estadio de fútbol repleto de gente era uno de los pocos lugares donde Albert Camus se sentía inocente, un individuo que creó personajes poco convencionales por no lograr volver funcionales sus sentimientos en la vida, esa de la cual están desapegados por lo desatinada que les resulta. Encontró una salida en el fútbol ante la presión social por el cumplimiento de estándares ridículos, del hombre y sus intenciones o la vida con su voracidad implacable.

Si la vida es un sin sentido para Camus, ¿por qué era tan importante meter un gol o ganar un partido? Precisamente porque el fútbol es una intromisión en el día a día, donde un hombre sigue sacando a relucir sus intenciones o bajezas, pero a lo largo de 90 minutos se puede tomar venganza, no porque fuera de la cancha sea imposible, solo que dentro de ella todos son iguales, no hay clases sociales o religión que importe, incluso los individuos con mayor destreza en las piernas, se les puede lastimar y recordarle que por muy bueno que sea, la vida también los ajusta, no están por encima de ella.

Para un hombre combativo, con la garra que mostraba en cada artículo, ensayo o novela publicada, el fútbol fue el espacio adecuado para desatar su garra, entre hombres bravos, principalmente durante la pobreza que lo acompañó a lo largo de su adolescencia, entre argelinos de piel pegada al hueso, que entendían que una salida viable del país era a través del fútbol, que la nación dominante de Francia, volteara a verlos y los llevara consigo. Ahí en medio fue donde Albert Camus libró sus mejores batallas, ahí comprendió que la burda vida podía ofrecerle algo.

 

Imagen de portada:FC United of Manchester v Trafford FC by Matthew Wilkinson. Flickr-[CC BY-ND 2.0]



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Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres.

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