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Froylán Enciso y el trasfondo de la legalización de las drogas

23 Mar, 2016 Etiquetas: , ,

Importa conocer nuestra historia narcótica, dice el periodista y escritor sinaloense Froylán Enciso en esta conversación, pues sólo así es posible poner en perspectiva el impacto del crimen organizado, la figura de el Chapo Guzmán o cómo abordar la legalización de la mariguana.

TEXTO: LAURA CASTELLANOS / FOTOS: MI VIDA BREVE FOTOGRAFÍA

Froylán Enciso, autor del libro Nuestra historia narcótica, Pasajes para (re) legalizar las drogas en México, considerado el experto de la historia del narcotráfico en Sinaloa y del impacto social de la figura de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, aceptó dar esta entrevista para Kaja Negra una tarde de contingencia ambiental en la capital mexicana.

El escritor y periodista sinaloense, conocido en el gremio por su porte sexi y desafiante, vive una cotidianidad atribulada entre viajes y conferencias nacionales e internacionales debido a la recaptura de el Chapo en enero pasado y a su reciente titulación del doctorado de la Universidad del estado de Nueva York con la tesis The origin of Contemporary Drug Contraband: A Global Interpretation from Sinaloa, pues Sinaloa es el estado cuna del narcotráfico en México y, como él lo dice, también «la madre fundadora de la narcocultura» en el país.

Froylán Enciso radica en el centro de la Ciudad de México en un edificio enorme y emblemático en la esquina de Victoria y Revillagigedo. Emblemático porque en su planta baja estuvo la armería en la que Fidel Castro y Ernesto Che Guevara se surtieron para hacer la Revolución Cubana, y porque en su pequeño departamento habitó una amiga de ambos a la que ellos visitaban con frecuencia mientras planeaban su rebelión.

Ahora en la planta baja del edificio hay negocios varios, entre ellos un local que elabora pasteles veganos. Su preferido es el de frutos rojos. El treintañero abre la puerta de su apartamento vestido con una camisa blanca con los botones superiores desabrochados y pantalón de mezclilla. Está descalzo. La entrevista se realiza en la mesa de la cocina de su apartamento en la que se encuentra su laptop y documentos varios. Los hace a un lado para degustar una rebanada de su pastel favorito y sorber de una taza con café.        

—Sin duda, el narcotraficante sinaloense más famoso es Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, cabeza del Cártel de Sinaloa. En tu opinión, ¿cuáles son los mitos y verdades en torno a su figura?

—El mito más perverso es la idea de que el Chapo ha creado oportunidades para la gente de su tierra. Quienes hemos ido a Badiraguato, su pueblo natal, sabemos que es una tierra pobre y olvidada, donde ni los gobiernos, ni los narcos, han creado oportunidades para su gente. Lo mismo si uno revisa sus índices de educación, salud, pobreza.

»La verdad más desafiante sobre el Chapo es la humanidad con que ha sido retratado. La nota periodística más importante que, en mi opinión, hubo cuando lo aprehendieron en el Edificio Miramar de mi natal Mazatlán llevaba como título «El Chapo es el señor que me compraba donas». Ahí un periodista local, mediante un guiño de dos párrafos, cuestionó que el cuento de que este hombre era el criminal más buscado por el gobierno gringo y mexicano, el más sanguinario, el más sofisticado, el más malo, pues se cayó a pedazos con la declaración de un vendedor de donas.»

El Chapo fue reaprehendido en enero pasado tras su segunda fuga de un penal de alta seguridad… ¿Qué cadena de intereses piensas que hubo detrás de sus fugas?

—Detrás de las fugas y aprehensiones del Chapo hubo todas las cadenas de intereses que nos han señalado las teorías de la conspiración que, en este tema, se convierten en profecía. Y aún más que no salen a la luz pública. Y con esto me refiero a la insistencia del gobierno gringo en querer extraditarlo. Mira, aquí tengo copias de los expedientes que el gobierno gringo tiene en su contra –dice al mostrar unos documentos en un folder–. En el caso que le abrieron en Nueva York, los gringos anuncian que se reservan el derecho de incautarle 4 mil millones de dólares. Me pregunto en qué se quieren gastar ese dinero. ¿Irá a parar en la compra de armas que el mismo gobierno gringo les ha repartido a criminales en operativos como Rápido y furioso? Te aseguro que hay mucho intereses en la extradición del Chapo. Y mi postura frente a estos intereses es que no debemos permitir que olviden que para que ese dinero estuviera allí, miles de mexicanos fueron víctimas de la guerra contra las drogas. Los gringos deberían regresar ese dinero a las comunidades que su prohibición de las drogas ha destruido.   

—No sólo su fuga provocó un escándalo mediático sino su encuentro con los actores Kate del Castillo y Sean Penn. ¿Qué opinas de éste escándalo?

—Está entretenido. Es la Chaponovela. Se parece mucho a esos fenómenos mediáticos de nuestros tiempos, en que nos entretenemos más en lo epidérmico que en el fondo de la cuestión. Tiene muchos elementos narrativos parecidos a los de la Gaviota, Peña Nieto y el tráfico de influencias evidente en la Casa Blanca. Me entretiene mucho, pero busco que no me obsesione.

—Entonces, ¿en qué deberíamos poner atención? Por ejemplo: ¿el Chapo debería ser extraditado a Estados Unidos?

—No –enfatiza con un movimiento de mano–. Ha causado mucho dolor en México. Que pague sus delitos aquí primero. Lo que se debería extraditar es todo el dinero que el gobierno gringo le está incautando a criminales mexicanos. Nos hace falta para reconstruir nuestro México.

Nuestra historia narcótica Pasajes para (re) legalizar las drogas en México fue publicado por el sello Debate en julio de 2015.

Nuestra historia narcótica fue publicado por el sello Debate en julio de 2015.

—A todo esto, ¿por qué Sinaloa se convirtió en el nicho principal de los cárteles en México?

—Qué preguntas más complicadas me haces, corazón –dice al llevarse un pedazo de pastel a la boca–. No estás tú para saberlo ni yo para contarlo, pero acabo de terminar mi tesis doctoral sobre esa pregunta. Y para serte franco no he logrado sintetizar una respuesta. Espero trabajar un poco este texto para que sea mi próximo libro. Por lo pronto, mira, aquí tengo la tesis –dice al tomar el grueso manuscrito que tiene el lado–, te leo un pedacito:

Si he de forzarme a retener las ideas de este texto en una oración, me gustaría que fuera ésta: así como las drogas ilegales alteran la conciencia de quien las consume, la gran transición del oro al dólar, entre el imperio británico y el estadounidense, alteró la idea sobre el cuerpo sano, la definición jurídica de la voluntad y las relaciones entre productores, contrabandistas, agentes del poder estatal y otros actores en las fronteras de los auges comerciales globales de sustancias psicoactivas entre el siglo XIX y XX. Sin embargo, sé que proponer que retenga esta idea abstracta es un artilugio injusto.  

Dado que esta historia gira alrededor de las personas, cuyas vidas fueron tocadas por las drogas durante esta transición hegemónica, mi narrativa no sigue el conocido ciclo de auge, decadencia y regulación de ciertas sustancia como mercancías, entre el siglo XIX y el XX. En lugar de esto, retomo 1931 como punto de inflexión, de la manera en que la estructura regulatoria produjo procesos simultáneos de dislocación psicosocial y rearticulación de la vida económica comunitaria con el capitalismo en las fronteras de los auges comerciales del Pacífico, en específico en el caso Sinaloa, mi estado natal. En la primera mitad del texto, las consecuencias de la difusión de las negociaciones formativas del régimen internacional de control de drogas, entre 1920 y 1931, se circunstancian como parte de los procesos migratorios chinos, europeos y estadounidenses, la difusión de enfermedades epidémicas, el conocimiento farmacológico y el capital farmacéutico, cuya presencia influyó al Estado mexicano y se registró en Sinaloa desde el siglo XIX. En la segunda mitad de esta narrativa, los intentos para poner en práctica, adaptar y modificar el régimen internacional de control de drogas, aún en su periodo formativo, entre los años 1931 y 1950, son interpretados como parte de la transnacionalización de las acciones policíacas y militares del Estado mexicano y el estadounidense, cuyas consecuencias fueron funcionales para la obtención de divisas durante el proceso de sustitución de importaciones, en la segunda mitad del siglo XX.

»En pocas palabras, se debe a la posición de Sinaloa frente al desarrollo del capitalismo, cuyo comercio se movía por mar en el Océano Pacífico y luego por tierra rumbo a Estados Unidos luego de la llegada del ferrocarril.»

—Ahora vamos a tu libro. ¿Por qué hacer la historia narcótica de México?

—Necesitamos conocer la historia de la diversidad de relaciones que los mexicanos hemos tenido con las drogas, para no repetir errores del pasado; para no dejarnos engañar por los discursos gubernamentales que nos manipulan, y para que no nos creamos ese cuento de que esta mentada guerra contra las drogas es una guerra justa entre mexicanos buenos contra mexicanos malos. Necesitamos conocer nuestra historia narcótica, pues, para rehabilitar futuros alternativos. Además, de alguna manera tenemos que explicar a las generaciones futuras cómo diablos llegamos hasta aquí, ¿no lo crees?

—¿Qué es lo más destacable de la historia narcótica nacional que recogiste?

—Lo más destacable es que es nuestra. Existe una tendencia a pensar que los problemas relacionados con las drogas, su violencia y corrupción, son responsabilidad de alguien más, jamás de nosotros. Por eso insisto en que la palabra más importante de este libro es la primera del título.

Necesitamos conocer nuestra historia narcótica, pues, para rehabilitar futuros alternativos. Además, de alguna manera tenemos que explicar a las generaciones futuras cómo diablos llegamos hasta aquí.

—Tu libro surgió en un momento en el que se detonó como nunca la discusión sobre la legalización de la mariguana. ¿Qué nos aporta a dicha discusión?

—Darnos cuenta que la legalización o regulación de las drogas no es una propuesta de radicales o de hippies locochones. No es una propuesta imposible. Es algo que ya ocurrió en México. Una de mis historias favoritas, en este libro, cuenta cómo en 1940, con base en conocimiento científico de vanguardia, el general Lázaro Cárdenas aprobó la legalización no sólo de la mariguana sino de drogas más duras.

»El doctor Leopoldo Salazar Viniegra, quien es mi héroe en este libro, no sólo fue director de toxicomanías del Departamento de Salubridad en aquella época, una especie de zar de la drogas, sino que hizo estudios que fundamentaron estas políticas públicas que se considerarían muy avanzadas incluso en nuestros días. En esos estudios, Salazar llegó a la conclusión de que tratar el tema de las drogas como un asunto de policías y criminales causaba más daño, debido a la corrupción y la violencia, que tratarlo como un asunto de salud. Con base en estos razonamientos, la legalización de las drogas fue una realidad en México hasta que el gobierno de Estados Unidos amenazó al general Cárdenas para obligarlo a dar marcha atrás a estas políticas.

»Al margen de esto, creo que este libro también, sobre todo en los textos al final, provee una propuesta para no parar con la agenda de la legalización. En el texto final, propongo, por ejemplo, que necesitamos una justicia transicional para el nuevo régimen de control de drogas. La legalización es necesaria pero no suficiente para eliminar la violencia y la injusticia y la inseguridad que ha creado el prohibicionismo, patrocinado por Estados Unidos. Para decirlo claro, la legalización de la mota no va dar consuelo a las decenas de miles de familias que han perdido a alguien en esta guerra. No va a regresar a los miles de desaparecidos a los brazos de quienes los quieren y los buscan. No va a darles un hogar a miles o quizá millones de mexicanos que han sido desplazados por la violencia. Necesitamos pensar cómo es que vamos a garantizar la justicia y reparación de los daños para todos ellos.

»También debemos empezar a pensar en el asunto de las drogas como un tema de desarrollo, ¿qué opciones le vamos a dar por ejemplo a los miles de campesinos y jóvenes que ahora se ganan la vida trabajando para el crimen? Esas son las preguntas que uno se hace al leer el material de este libro.»

Existe una tendencia a pensar que los problemas relacionados con las drogas, su violencia y corrupción, son responsabilidad de alguien más, jamás de nosotros. Por eso insisto en que la palabra más importante de este libro es la primera del título.

—Puntualizando, si estás de acuerdo, esto de la legalización de la mariguana: ¿en qué términos tendría que hacerse? Lo pregunto porque sé que actualmente trabajas el documento Los reclamos de justicia de las víctimas como política de Estado que presentará en breve en el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, que es una evaluación de los daños sociales de las políticas de drogas en México.

—Sí estoy de acuerdo pero como te dije no es suficiente. Espero que debilite al mercado negro, pero no creo que vaya a eliminar la violencia. Los criminales mexicanos, como sabemos, se han diversificado. Aprendieron con el contrabando de drogas, pero ahora, sobre todo, después de la guerra de Calderón, ese negocio ya no les daba suficiente para abastecer a sus ejércitos. Por eso, empezaron a cobrar piso, a extorsionar, secuestrar, contrabandear gente, explotar migrantes, todas esas cosas que les daba recursos para mantenerse en guerra. Eso ya nada lo para. Bueno, sí se puede parar, si logramos crear opciones para esa gente. Si logramos que nuestra sociedad y nuestro gobierno provean de una cosa mejor qué hacer a esos miles de jóvenes que ahora se ganan el sustento al amparo del crimen organizado.

—Existe la idea de que la legalización de la mariguana sólo beneficiará a quienes la usan de forma recreacional. ¿A quienes más beneficiará?

—A muchos. A los enfermos de cáncer y fibromialgia, por ejemplo, que ahora podrían acceder legalmente a medicinas que, como contienen mariguana, son ilegales. Fíjate que en un viaje a una ciudad del Bajío me di cuenta que, en las clínicas del dolor alrededor del país, contrabandean y producen mota ilegal para sus enfermos. En esta ciudad que te digo, por ejemplo, el doctor consigue la mota gracias a la caridad de una monja que la siembra en su convento, ¿lo puedes creer?

»Ahora, dependiendo de cómo se legalice, también corremos el peligro de que empresas trasnacionales empiecen a lucrar con el dolor y el placer, como hacen con otras sustancias. Tenemos que ponernos buzos al respecto.»

Para decirlo claro, la legalización de la mota no va dar consuelo a las decenas de miles de familias que han perdido a alguien en esta guerra. No va a regresar a los miles de desaparecidos a los brazos de quienes los quieren y los buscan.

—Hay quienes ven la legalización de la mariguana como el principio del fin del mercado criminal de la droga en México. ¿Qué piensas al respecto?

—Que no. En el mundo siempre habrá otras drogas que inventar y otras drogas con las cuáles contrabandear.

Froylán Enciso dice que por tal razón ahora su «máxima preocupación» es la sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas [UNGASS] sobre la reforma de las políticas de las drogas que se realizará en breve en Nueva York, en la que se acordará una nueva Declaración Política y un Plan de Acción a nivel mundial. El sinaloense advierte que sabe que la postura mexicana será “muy vaga” y que no pedirá que se revise el régimen global de prohibición. «Eso me preocupa», externa sentado frente a su mesa cubierta de papeles y su plato ya sin restos de pastel.



Laura Castellanos
Laura Castellanos
Periodista independiente y todoterreno. Escribe de migración, guerrilla y temas transgresores de la cultura popular. Ha publicado los libros México Armado (2008) traducido al francés, Corte de caja, entrevista con el subcomandante Marcos (2008) traducido al alemán e italiano, y Ovnis, historia y pasiones de los avistamientos en México (2009), que dio titulo a la antología Cronistas de otro planeta, las mejores historias de la revista Gatopardo (2009).




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