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Game of Thrones: Esperando los fuegos pirotécnicos

30 Jun, 2016 Etiquetas: , ,

La serie de HBO, creada por David Benioff y D.B. Weiss, es majestuosa, emocionante, pero lo que gana en épica lo pierde en el hilado fino.

TEXTO: FERNANDO RODRÍGUEZ 

Quiero empezar con unas líneas de descargo. De los cinco tomos que hasta ahora integran la saga Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin, he leído solo dos. Tengo el tercero en un librero, olvidado entre mis pocas ganas de leerlo. No me interesa saber si las tramas se entienden mejor leyendo los libros. Creo que una buena historia debe funcionar por sí sola. Así que hablaré aquí solo de Game of Thrones, la serie de TV.

Este artículo contiene spoilers. Es lógico.

Visualicen lo siguiente: En una escena de la segunda temporada de Better Call Saul, el personaje de Mike apunta con un rifle a la cabeza de Héctor Salamanca. Todos sabemos y si no lo saben y quieren permanecer así, salten al siguiente párrafo, todos sabemos, decía, que Mike no mata al narcotraficante, quien sigue vivo años después en la línea temporal de Breaking Bad. El reto de Better Call Saul, que el es de cualquier teleserie con un final conocido por el espectador desde el origen, es cómo desarrollar todo lo que pasa en medio. Cómo es que Mike no asesina a Héctor Salamanca.

Para Game of Thrones el reto es el mismo: cómo llenar los huecos.

Si recopiláramos todas las hipótesis que existen sobre el final de la serie, quizá superaríamos las 800 páginas que tiene en promedio un libro de R.R. Martin. Pero invariablemente, todas coinciden en que al final veremos la batalla épica entre el hielo y el fuego que exige el nombre de la saga.

Esa certeza le da un peso específico a la serie, que si algo sabe manejar son los momentos épicos. Vive de uno o dos por temporada, y si parece que le basta con eso es porque cumple a la perfección con lo que esperamos de ellos: heroísmos, tragedias, batallas, miedo, muertes, ralentí en su justa proporción.

No hablemos solo de la Batalla de los Bastardos, con mayúsculas bien ganadas; difícilmente alguna serie este año podrá superar la secuencia inicial del último episodio de la sexta temporada. Esos 15 minutos en los que Cersei recupera todo su esplendor como personaje son pura ópera. Estos dos episodios son quizá los mejores de toda la serie, tanto que desentonan en una temporada mediana.

Saber cuál es su destino no le garantiza a Game of Thrones un viaje sencillo. Son los episodios más ricos los que al mismo tiempo exhiben sus peores defectos, porque para llegar a ellos la serie atraviesa siempre por un desierto de arcos dramáticos sin sentido, callejones sin salida, pérdidas de tiempo.

La muerte de Ned, la boda roja, la boda púrpura, la batalla de Hardhome… la serie es una suma de pequeños enormes momentos que se hacen esperar.

Quizá pierdo de vista su nihilismo inevitable. Al final, los caminantes blancos podrían llegar y arrasar todo un mundo que nos tuvo sentados frente a la televisión por más de siete años. Sin embargo, a veces se agradece que el compromiso entre el espectador y la teleserie sea mutuo.

Ese compromiso ha quedado roto en la mayor parte de la historia. ¿De qué sirve invertir horas viendo el desarrollo de personajes que morirán sin que su muerte implique un impulso a la narración? O peor, personajes que mueren fuera de cámaras, como el Pez Negro. ¿No era mejor resumir el viaje de Arya a Braavos en un par de episodios? O mejor aún, desaparecerla durante toda una temporada, como hicieron con Bran. ¿Era necesario relegar a Tyrion al papel de relleno para justificar el cheque de Peter Dinklage? ¿Tenían que forzar la historia del sitio a Aguasdulces solo para tener a Jamie fuera de Desembarco del Rey?

En este páramo interminable, los espectadores somos como Milhouse, esperando que Tomy y Daly lleguen por fin a la fábrica de fuegos pirotécnicos. Sabemos que la espera vale la pena, pero al mismo tiempo sentimos que alguien se ríe de nosotros.

La épica le da vida a la historia, pero también la condena. Incluso más allá, condena a la propia HBO, desesperada por encontrar una producción que llene la enormidad que quedará vacía cuando termine la serie. HBO busca un nuevo Game of Thrones cuando lo que necesita es un nuevo Six Feet Under.

La épica le da vida a la historia, pero también la condena.

Con 13 episodios por delante, Game of Thrones puede vivir sus mejores momentos. Superada ya la camisa de fuerza que podrían haber representado los libros, la historia tiene vía libre para deslizarse sin frenos hacia su desenlace. Hacia su terreno fuerte.

Como historia sin subtextos, la serie gana en épica lo que pierde en el hilado fino. Game of Thrones es como un postre que debe devorarse de un bocado. Es dulce incluso es sus momentos más sangrientos. Es delicioso. Al final, nos dejará muy satisfechos, pero sabemos que para que llegue el próximo postre tendremos que comer decenas de ensaladas.

Imagen de portada:Looking for the Iron Throne, Game of Thrones, 9 by Dumaker. Deviantart-[CC BY-NC-SA 3.0]


Fernando Rodríguez
Fernando Rodríguez
Periodista. Fue editor en @ExpansionMX. Actualmente trabaja en Foro global, de Foro TV. En Twitter lo encuentran como: @fe____r.




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