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Guerrero, camino al infierno: charla con David Espino

09 Ago, 2016 Etiquetas: , ,

La violencia transformó a Guerrero. A sus habitantes. Muchos de ellos decidieron integrarse a las autodefensas para buscar una alternativa ante esta situación. ¿Cómo fue que se organizaron? ¿Cuáles han sidos sus exigencias? ¿Cómo han respondido los gobiernos municipales, estatal y federal? El periodista David Espino se adentró al movimiento, a sus comandantes; el resultado de su trabajo periodístico está contenido en «Aunque perdamos la vida», libro que da pie a esta conversación para entender cómo ha sido este camino al infierno.

TEXTO: CÉSAR PALMA / FOTOS: JESÚS TRIGO

Mientras avanzaba entre las páginas de Aunque perdamos la vida venían a mí las imágenes de Guerrero, las que mantengo de todas las veces que fui a Acapulco cuando era niño, y de las veces que como adolescente y como joven adulto, junto con mi familia y en ocasiones con amigos, cruzábamos el estado en auto por toda la costa hasta llegar a Oaxaca. Paraísos para los citadinos como yo. Kilométricas extensiones de tierra sobre las que poco reflexioné. En aquella época lo más importante para mí era darme un chapuzón y beber cervezas en la playa. Hoy no sé si será fácil retomar aquellos recuerdos, pues ya son ocupados por otra realidad: hace unos meses intentaron secuestrar a un familiar mientras vacacionaba en aquellas cálidas tierras; los agresores robaron su camioneta junto con él, quien se tiró del auto en movimiento no sin antes recibir una puñalada. Hace un año, otro familiar, me contaba cómo sistemáticamente secuestraban a sus compañeros de trabajo en Acapulco, cómo aparecían cadáveres en el fraccionamiento donde vivía y cómo recibía las mañanas con el ejército dando rondines en la colonia en busca de alguien.

En los recientes años Guerrero ha estado en el radar de gran parte de la población por la violencia, ya no por las imágenes de la estela de devastación que dejaban los huracanes o por los miles de turistas arremolinados en las playas y puertos. Hoy Guerrero encabeza la lista de las entidades federativas más violentas del país: 67 homicidios por cada 100 mil habitantes durante 2015, cuando el promedio nacional es de diecisiete. Y de manera más importante, Guerrero está en la mente de todos desde los sucesos ocurridos en el municipio de Iguala hace dos años: la desaparición de los 43 normalistas.

Pero en Aunque perdamos la vida hay un pasado y un presente fluctuante que David Espino quiso dejar patente en su libro para que comprendamos un poco más sobre las autodefensas y la violencia, por añadidura sobre Guerrero. David Espino me mostró, a través de sus crónicas, la geografía de Guerrero con las innumerables referencias a los municipios y comunidades del estado; me hizo tener siempre a la mano un mapa: un mosaico compuesto por problemáticas diferentes entre cada región donde las autodefensas se desarrollan en un clima de pobreza, racismo, narcotráfico, ausencia de autoridad y tantas otras desgracias históricas y contemporáneas.

El libro, en cada relato, va clarificando estos asuntos. Y por supuesto sembrando más dudas. En esta entrevista, que sostuvimos vía telefónica, me enfoqué en las dudas y en la experiencia del autor durante la concepción de este reportaje.

¿Cómo surgió la idea de elaborar el libro?

En realidad estaba con la idea de primero hacer una crónica para vender, se publicó en la revista Esquire y me quedó muchísimo material. Esa crónica fue de 50 mil golpes más o menos. Decidí que además no puedes explicar todo el fenómeno en 50 mil golpes, es tan amplio y diverso… con muchos matices. Yo venía de haber publicado un libro sobre la misma línea, un libro de crónicas sobre la narcoviolencia en Guerrero, pero centrado en Acapulco. Venía con esa experiencia y de saber que además los libros son una plataforma válida para contar historias de profusión, de largo aliento, y donde podemos escuchar todos los matices.

Portada David Espino

Portada del libro publicado por Grijalbo. Lee aquí un fragmento.

¿Cómo te lanzaste a estos temas del narcotráfico, las drogas y la violencia?

Mira que a todos nos tomó por sorpresa. Este tema llegó a Acapulco de imprevisto, llegó de golpe y echando tiros. En marzo de 2006 ocurrió un acontecimiento que se dio precisamente en la [colonia] Garita, donde policías municipales enfrentaron, balacearon a una camioneta donde iban supuestos sicarios del cártel de Sinaloa; pararon la camioneta, se incendió. Los tipos en realidad no respondieron [a los policías municipales] porque fue una especie de emboscada y estallaron algunas granadas que estaban adentro de la camioneta. Ellos [los supuestos sicarios] después respondieron con cuerno y algunos se fueron, pero ahí murieron cuatro. Ese fue digamos el acontecimiento que dio la bienvenida, la apertura terrible.

Digamos que es como los periodistas vimos la entrada de una violencia inusitada, inédita para nosotros y de ese modo empezamos. Así como reportéabamos manifestaciones, marchas, bloqueos o la nota roja. Con estas nulas o poquísimas herramientas que teníamos nos íbamos a los lugares donde estaban los enfrentamientos y recabamos datos, información. Y así fue.

Escuchar a Espino por el teléfono es prácticamente como leerlo. Es un periodista de relato, siempre hay verbo en su discurso. Acción tras acción. Me cuenta esta historia desde alguna colonia en Acapulco, donde no pudo conectarse a internet como hubiera deseado para realizar la entrevista vía Skype, cara a cara, dentro de los marcos que permite la tecnología. Le comenté que podíamos aplazar la entrevista hasta que existieran las condiciones necesarias para trabajar de ese modo [porque lector, en la Kaja hubiéramos querido subir la grabación de las webcam]. Me contestó tajante a través de un mensaje: «Creo que las condiciones no las hallaremos tan fácil en una ciudad como Acapulco».

Yo tomé algún par de talleres. Tomé un taller con un periodista argentino que se llama Cristian Alarcón Casanova, que para mí fue un antes y después. El taller se llamaba «Cobertura periodística del narcotráfico, estrategias desde la narrativa». Eso me dio una pausa: se podían contar historias de violencia con herramientas de literatura sin que fuera ficción y que todo fuera realidad. Yo ya tenía mucho reporteando el tema, reporteaba enfrentamientos, asesinatos, una boda incluso de un exalcalde canadiense que vino a casarse aquí a la Quebrada, un mes después de que se había dado un duro enfrentamiento exactamente en ese lugar. Todo ese aspecto que tenía ahí, dije «bueno lo tengo que rescatar porque no quiero que se quede ahí». Ya sabes que en el periódico regularmente la información se queda y se olvida. Entonces la recopilé y lo hice un libro que se llamó Acapulco Dealer.

Sólo leí algunos fragmentos de Acapulco Dealer, pero me parece que en Aunque perdamos la vida, la historia de la violencia en Guerrero va cerrándose, al menos desde el punto de vista del periodista. Acapulco Dealer son viñetas de la brutalidad y la desolación. El libro que ocupa esta entrevista, si estuvieran concebidos como una saga, es el renacer y la respuesta a esa violencia.

¿Entonces llegar a las autodefensas fue el paso natural en tus coberturas periodísticas?

Exactamente, digamos que es la contraparte. Por una lado está la violencia que ejercen los grupos criminales y por otro la gente que se arma y sale a las calles a cuidar por su parte. En un principio es un movimiento que surge en Huamuxitlán, un municipio de la montaña que casi colinda con Puebla. Por lo mismo de que está muy olvidado se sienten más poblanos que guerrerenses; de hecho, sus compras las realizan y sus muchachos estudian en Puebla y no en Chilpancingo, porque es más cerca y les es más fácil trasladarse a Puebla que a Chilpancingo, se hacen siete horas. Esta gente se organiza porque ahí había un grupo asolando a la población, había seis o siete personas secuestradas. Van a rescatarlos, después toman el palacio municipal, queman la comandancia de la policía, sacan al alcalde y casi lo linchan en el zócalo de ahí del poblado.

Yo reporté un año después y pude trasladarme. Esa fue la parte de la gente que ya no estaba dispuesta a seguir cediendo y seguir con la cabeza agachada. Esta violencia, inusitada, dantesca, terrible, llenó de mucha paranoia, de miedo a la población. Había pueblos completos que a las siete-ocho de la noche se guardaban y ya no salían. Xaltianguis era uno de ellos, del municipio de Acapulco. A mediados de 2013 se arma también. Son experiencias muy emocionantes y muy esperanzadoras, esa es la palabra; porque ahí donde no está el Estado, ahí donde la justicia y la seguridad no alcanzan por corrupción, por negligencia, por lo que tu quieras, habrá gente de verdad que buscará de algún modo salir adelante, salir a flote. Eso es esperanzador siempre.

¿Cómo evalúas la cobertura periodística que se le ha dado a las autodefensas a nivel local y nacional?

A nivel de los medios nacionales me parece que ha sido una cobertura bastante parcial, es decir, tú vienes una semana, más o menos preguntas, te vas y haces tu texto. Y eso seguramente también es por las condiciones de los corresponsales y de que los medios están en la inmediatez de la nota. Lo que pasó con la cobertura, por ejemplo, de Michoacán y también la de Guerrero, fue muy inmediatista, muy de nota informativa que ahorita ya está perdida, salvo el libro de José Gil Olmos que le dio una vertiente muy política, y el documental Cartel Land, digamos que son las únicas cosas de cobertura nacional que podrían rescatarse para la posteridad. Han sido coberturas muy inmediatistas, incluso lo que hice para Esquire me pareció una cobertura muy aprisa porque ya sabes los tiempos de las revistas, que te cierran la edición. Por eso yo digo que qué bueno que las editoriales están volteando a ver a la crónica como una herramienta para poder contar historias que merecen ser contadas. Y en Guerrero, en particular los compas, sobre todos los corresponsales, han caído en este juego del inmediatismo. Yo hice algunas coberturas junto con colegas, pero por ejemplo, mientras llegábamos todos al lugar, mientras yo estaba procesando la información ellos llegaban a ta ta ta ta, llegaban a redactar porque tenían que mandar a sus medios. Y ya al otro día tenían que mandar otra información. Así ha sido también la cobertura de Guerrero, muy inmediatista porque los corresponsales tienen que seguir el ritmo de sus medios. Y no ha hay otro texto, digamos, amplio que trate de explicar el fenómeno porque los corresponsales están en ese tenor, en ese ritmo. Yo por ejemplo, al ser freelance te da más chance, tienes más tiempo, no estás a la carrera de la nota informativa, peleando con tu colega por haber quién toma primero la nota. Yo se lo atribuyo más a eso que al hecho de que no haya ganas, porque tampoco quiere decir que no se puede. Me imagino que si alguien tiene el tiempo y el dinero para mantenerse durante un año seguramente lo haría.

¿Cuáles son las diferencias entre reportear a las autodefensas, las autoridades y el narcotráfico?

Cuando tú reporteas el narcotráfico y la violencia sientes que este mundo se va al carajo ya. Te vuelves paranoico, te enfermas. Realmente pierdes la fe en las personas, sientes que nos vamos a destruir y parece que así es, pero hay esperanza. Esta gente que se ha armado, y esa es la otra parte, para defender su patrimonio, su tranquilidad, tener hijos, etc. Y eso te da esperanza y es alentador. Y por el lado de las autoridades es muy decepcionante: cubrir juzgados, cubrir penales, cubrir lugares donde «se imparte justicia» es completamente decepcionante. Te das cuenta que todo es una gran farsa y que además quienes están adentro de las cárceles es mucha gente que no tiene contactos. Por eso dicen que en las cárceles no hay pobres inocentes, sino inocentes pobres.

Cuando tú reporteas el narcotráfico y la violencia sientes que este mundo se va al carajo ya. Te vuelves paranoico, te enfermas.

Estos movimientos surgen donde no existen las garantías que debería brindar el Estado y donde existe mucha pobreza. ¿Cómo es que surgen dos fenómenos completamente distintos en la misma comunidad: uno que protege los bienes, la vida, y otro que pasa por encima de los derechos de las personas?

Es precisamente por el vacío de poder, de autoridad, que hay. Hay una hueco que cuando no hay condiciones de seguridad la delincuencia llega a sus anchas, sabe que no hay quien los pare […] En esas comunidades donde hay pobreza, que están muy alejadas, zonas donde no llega el Estado, el narcotráfico vio un caldo de cultivo perfecto, no sólo para cometer un tipo de ilícito; por ejemplo, tú vas a Humuaxtitlán y ves un pueblo no tan rezagado, donde hay comercios, hay tortillerías y van sobre los pequeños comerciantes para extorsionarlos. Y además hay una zona muy boscosa y muy alta donde también se cultiva la amapola; entonces esa es otra vertiente de la delincuencia organizada, también es muy explotada en estas zonas muy alejadas. Muchas veces ni el ejército se acerca ahí a pesar de todo el armamento que tienen. Son tipos entrenados para matar. Una cosa lleva a otra, la falta de poder y el vacío de autoridad hacen que los grupos criminales se asienten e intenten controlar el comercio y muchas otras cosas. Ese mismo vacío de poder hace que la gente atemorizada lo acepte, pero la gente que no está atemorizada se arma.

David, después de esta breve reflexión, continúa con el relato de Olinalá, donde Nestora Salgado se convirtió en la protagonista de una de sus crónicas al haber encabezado la autodefensa de aquella comunidad y después haber sido detenida y encarcelada por las autoridades. Espino no lo detalla como en su libro: con testimonios y una cronología que vale la pena leer de primera mano.

La falta de poder y el vacío de autoridad hacen que los grupos criminales se asienten e intenten controlar el comercio y muchas otras cosas. Ese mismo vacío de poder hace que la gente atemorizada lo acepte, pero la gente que no está atemorizada se arma.

¿Las autodefensas han logrado llenar ese vacío de poder? ¿Son la mejor vía? ¿O simplemente son algo circunstancial, es la forma en que se organiza la gente?  

No lo han logrado ni lo lograrán tampoco. Son personas muy improvisadas, de verdad. Pueden cometer hasta una imprudencia, se les puede salir un tiro y hasta matar al compañero que está al lado. No es que sean imprudentes, más bien es improvisación. Como no tienen ningún tipo de adiestramiento…

Esto debe ser un proceso mientras el Estado recupera esos lugares donde la gente tuvo que armarse, pero por supuesto no es deseable que la gente misma tome la seguridad. Que cada quien se defienda no creo que sea la opción en un país que tenga aspiraciones de ser democrático, libre, abierto, de primer mundo. El Estado es el que debe demostrar que solamente él tiene el monopolio de las armas. Ya no solamente el narcotráfico y el gobierno está armado, también la gente con las autodefensas.

El libro de Espino inicia y termina con la figura de Bruno Plácido, líder de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero [UPOEG], organización desde la que operó una de las autodefensas más activas en la región, actualmente sin control de la estructura armada de los pueblos. La historia de este personaje es una de las hebras de la gran madeja que representa el movimiento civil armado en Guerrero; y Espino señala su importancia, su carácter, sus movimientos políticos y su fracaso. Durante el libro va relatando cómo tenía a todos encantados y atentos a él, al gobierno de Ángel Aguirre Rivero, exgobernador de Guerrero; a los medios de comunicación, a las comunidades… Sin duda él fue quien estableció un mejor diálogo con el gobierno, supo negociar de tal modo que las autodefensas lograron legitimidad y recursos para operar. Por ello la siguiente pregunta la vinculé con este personaje.

En uno de los capítulos del libro mencionas que Bruno tenía cierta cercanía y estaba cobijado por el gobierno. ¿Tú crees que estos intentos del gobierno eran para lograr una transición y llenar ese vacío de poder que tenían las comunidades?

Cuando surge la autodefensa de la UPOEG, Bruno conocía el proceso de autodefensa o de policía ciudadana o comunitaria, porque él fue fundador de la CRAC [Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias] que tiene en Guerrero desde el 95. Él conoce cómo opera y cómo organizar a la gente. Con ese conocimiento hizo crecer mucho a las autodefensas que él lidera y se extendió a Ayutla y Tecoanapa, que es donde inician en enero de 2013; brincan a San Marcos, Cruz Grande, Marquelia, Tierra Colorada; después llegaron a franja del municipio de Chilpancingo, El Ocotito. Pero antes, de modo indirecto, entran a Acapulco, al municipio. Cuando ellos inician en enero detienen como a 54 hombres y mujeres acusados de todo tipo de delitos: halconeo, narcomenudeo, extorsión, todo ese tipo de cosas y hace una especie de transacción con el gobierno, se los entregan, pero Bruno, que es muy hábil, les dice: «Sí, pero nosotros les estamos haciendo el trabajo a ustedes, qué nos van a dar a cambio», «¿bueno qué quieres?», «queremos condiciones mínimas de seguridad de trabajo, denos vehículos, esto…». De ese modo Bruno empezó de algún modo a hacerse de ciertas canonjías; y además el Estado muy hábil, Ángel Aguirre era el gobernador, el tipo es muy hábil, le dijo «bueno está bien, pero tú y yo somos aliados, el enemigo es otro, nosotros somos aliados y como aliados debemos ir juntos». Le da una camioneta blindada a él, por supuesto con todo el mantenimiento que una camioneta de este tipo necesita tener, con gasolina y todo ese tipo de cosas, para que él pudiera hacer esa labor. El Estado lo hizo de ese modo para contenerlo un poco y para decir «bueno, está bien, es una autodefensa, pero es mi autodefensa. Es una autodefensa ligada a mí y no enfrentada a mí». Lo que no pasó, por ejemplo, con Nestora Salgado o con Gonzalo Molina o con Arturo Campos, que ellos lideraron una autodefensa que después se unió a la CRAC, pero que se enfrentó a la autoridad, se enfrentó al municipio. Nestora detiene al síndico en Olinalá; Gonzalo Molina acusó directamente al alcalde de trabajar con el narco, incluso el hermano del alcalde de Tixtla dice que era gente de ahí de la gavilla; Arturo Campos en Ayutla se maneja en una vertiente similar. Ellos tres están en la cárcel, bueno, Nestora ya salió, pero los otros dos siguen en la cárcel. Entonces tú puedes concluir cómo es un gobierno con la autodefensa que domesticó y con las autodefensas que no pudo domesticar.

Digamos que esa ha sido el ejemplo de una autodefensa que ha tenido una actuación no sólo de manera armada sino política también.

Exactamente. Bueno, Bruno siempre ha sido siempre muy político en realidad. De hecho fue candidato a diputado federal por el partido Humanista y perdió en el proceso de 2015.

¿Qué es lo que sucede con los habitantes que no están de acuerdo con las autodefensas en las comunidades a las que fuiste a reportear?

Eso pasó en Olinalá. Había un sector en específico —y eso lo cuento también en el libro— que más bien estaba aquejado por el ayuntamiento. Había un sector de la población que incluso llegó a hacer comentarios peyorativos respecto a Nestora y la gente que estaba con ella. Olinalá es un municipio de indígenas nahuas, excepto la cabecera, son mestizos, porque ahí llegaron los españoles; los indígenas puros se orillaron y se salieron de ahí cuando no querían terminar siendo servidumbre de los mestizos. Entonces así quedó: en Olinalá hay mucha gente blanca, todos los alcaldes han sido gente blanca, incluso algunos de ojos verdes. Cuando Nestora se afilia a la CRAC, que es una organización indígena, recibe comentarios como «esos inditos», cosas de ese tipo. En Olinalá hay una organización que se llama Antorcha Campesina que es proto priista, y en algunos municipios es muy fuerte. En la montaña de Guerrero tiene muchísima fuerza y como organización nacional tiene capacidad de movilización. El alcalde que estaba en Olinalá en ese tiempo, Eusebio González, que ahora es diputado local, había llegado con el apoyo de Antorcha Campesina y ellos como organización nunca estuvieron de acuerdo con las autodefensas. Y en Temalacatzingo, que es un poblado en Olinalá, donde también se armó una autodefensa completamente diferente a la de Nestora, con otra mujer como comandante que se llama Citlatli Pérez Vázquez, una indígena nahua, profesora rural, bilingüe, se enfrentaron con Antorcha Campesina. Esa fue digamos, sobre todo, la principal oposición que tuvieron y siguen teniendo, porque Temalacatzingo sigue con la autodefensa que lidera Citlali con muchísimas trabas, conflictos y órdenes de aprehensión, acusados de secuestro.

Le dedicaste un capítulo a hablar de las mujeres en las autodefensas. ¿Es un enfoque que tú intentaste rescatar o realmente las mujeres tienen un papel preponderante en las autodefensas?

Ellas tienen un papel muy preponderante. A mi me sorprendió Citlali, es una mujer bastante humilde, no en el sentido económico, no es gente de las que «se las daba», algo que sí me pareció con Nestora, una mujer sumamente soberbia, muy en su papel «yo las puedo, yo aquí mando». Y Citlali no, con una postura completamente diferente, de un perfil muy bajo. Incluso cuando yo le pregunto y tú qué eres, ella me dice «yo hago dos o tres labores dentro de la organización», pero entonces me doy cuenta que ella era la comandanta. Ella tenía un mando que tienen los policías varones, y mira que eso es muy difícil en una comunidad como Temalacatzingo donde hay un patriarcado de quinientos años, donde es muy difícil que una mujer sea consultada en esas cosas. Pero ella logró ser la comandanta de la policía. Y en un principio sí tuvo algunas resistencias. Además a ella lo que le ayudó es que era profesora bilingüe y los profesores son muy respetados, son autoridad incluso. Eso le valió de algún modo.

Y está el ejemplo de Xaltianguis, donde hay mujeres. Se organizan y comienzan a formar parte de la autodefensa que lideraba Bruno. Muchas defensas lideran en la autodefensa. Algo que por ejemplo no vi en Huamuxitlán, sólo había hombres. En Buena Vista de la Salud, los Camillos, Petaquillas, solamente hombres. En la zona norte, en Tierra Caliente, un movimiento que se llama Movimiento Apaxtlense Adrián Castrejón está formado sólo por hombres. En Tixtla también tuvieron una participación marcada las mujeres.

Ella [Citlatli Pérez Vázquez] tenía un mando que tienen los policías varones, y mira que eso es muy difícil en una comunidad como Temalacatzingo donde hay un patriarcado de quinientos años, donde es muy difícil que una mujer sea consultada en esas cosas. Pero ella logró ser la comandanta de la policía.

¿A qué le atribuyes la importancia del papel de las mujeres en las autodefensas? En el caso de Citlali porque tenía el perfil de profesora, ¿pero hay algo que te lo indique en las demás mujeres?

Todas han sido víctimas. Todas de algún modo han perdido al padre, al hermano, al esposo, al primo, al tío. En la autodefensa, por ejemplo, de Xaltianguis había una chica que era maestra, estaba casada con un chico que mataron en un partido de futbol. Llegaron por un tipo, pero al último se armó la balacera y quedó muerto él. Ese día mataron a cinco. Y así como ella todas las mujeres que forman la autodefensa habían perdido a alguien.

Amir Zapata es una mujer muy importante, que es clave para mí según lo que investigué, en conformar la autodefensa de mujeres en Xaltianguis porque ella fue una mujer muy cercana a Bruno Plácido. Después le matan al primo —Miguel Ángel— y como que se repliega un poco, se espanta, no es para menos; y ella decide de algún modo, también por petición de sus padres, mantenerse al margen. Pero lo que motivó a las señoras, a las muchachas, es que no había otro modo de cuidar a sus hijos cuando fueran a la escuela. Por ejemplo en Xaltianguis ocurrió algo muy particular: las mujeres no hacían rondines en lugares muy peligrosos, lo que hacían, sobre todo, era cuidar las escuelas, los jardines de niños, para garantizar la seguridad de los niños, también en los parques, en los mercaditos.

David Espino_Jesus Trigo (4)

Antes de «Aunque perdamos la vida», Espino publicó «Acapulco Dealer» en el que dio cuenta de cómo se recrudeció la violencia en el lugar.

A estas preguntas le siguieron dos más, la penúltima ociosa. A David Espino le llevó algunos segundos formular su respuesta, se quedó en silencio al otro lado de la bocina. «¿Qué te hubiera gustado incluir en el libro que no pudiste agregar, algún enfoque en particular, algún tema extra?». Me explica una serie de eventos posteriores al declive de Bruno Valerio, uno de los personajes centrales de su libro y de las autodefensas en Guerrero. Me cuenta sobre la aparición del Frente Unido para la Seguridad y Desarrollo del Estado de Guerrero (FUSDEG), una autodefensa más violenta, con armamento de otro tipo. Habla de otros brotes en el estado. Pero también en su respuesta entiendo que no sé mucho del proceso editorial, porque menciona que si dependiera de él, hubiera metido lo que me acababa de comentar, pero hay tiempos, menciona. Asiento desde el sillón donde estaba, con el teléfono en la oreja derecha y la grabadora metida entre mi boca y el micrófono del teléfono.  

Espino repunta nuestra charla con una reflexión sobre el porvenir en su estado natal, como si la violencia estuviera más allá de los esfuerzos locales; lugares donde la violencia ya echó raíces muy profundas. Le pregunto:

En términos generales tú viviste el desarrollo, e incluso, el momento en que surge la violencia, ¿cuál es tu perspectiva para el futuro? ¿Qué es lo que sigue?

Espino me habla de su experiencia como reportero, que todavía le da seguimiento al tema, lo monitorea, pero ya no de manera tan intensa. Guarda cierta distancia para no atragantarse con él y no querer saber nada de eso después. Sí, ha presentado su libro en diferentes puntos del estado e incluso se ha topado con Bruno, han intercambiado puntos de vista, no coinciden, pero David le dice que no escribe para complacerlo ni a él ni a nadie más; es el riesgo del oficio: escribir asuntos que no van a satisfacer a todos.  

Sobre Bruno agrega  un comentario: la influencia que perdió, que las autodefensas ya no han tenido la presencia que lograron con él. Que ahora están limitadas a extensiones menores, sin desbordarse más allá de sus comunidades. El gobierno las ha aceptado, pero si se ciñen únicamente a sus pueblos, que detengan al borracho o al que se roba una cabra, pero no salgan de ahí. «El gobierno los quiere contener, acotarlos, y esa es la estrategia; y me parece que así va a terminar. Yo creo que no van a poder avanzar a ciudades más grandes como Acapulco, por ejemplo, donde además no hay condiciones».

¿Mantener las autodefensas replegadas evita que choquen con grupos con otros intereses?

Bruno nunca fue alguien que quiso acercarse a Acapulco, no tendría las capacidades bélicas, armamentísticas. Primero, Acapulco es un laberinto, ¿hacia dónde vas a echar a las patrullas? Y además, la delincuencia en las colonias tiene mucha base social porque todos los chicos de los barrios se dedican a eso, a esas actividades. Cuando hay alguna redada de la Policía Federal es porque tal vez antes ya atraparon a alguien y ese alguien tuvo necesariamente que haber señalado. Pero las autodefensas no tienen esa capacidad. Serían literalmente aplastadas.

Acapulco, el paraíso que trato de imaginarme desde mi lado del teléfono, pero ya no puedo.

¿Por qué?

Pues porque aquí el narcotráfico es uff, qué te puedo decir. Terrible, terrible, terrible. Es decir, no hay enemigos ni siquiera entre ellos mismos. Tienen la misma capacidad para destrozarse entre ellos. Continúa la gente bien intencionada, pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.



César Palma
César Palma

Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com





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