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Harvey: un año después

09 Sep, 2018 Etiquetas: , ,

Hace más de un año Harvey azotó Houston convirtiéndose en el huracán que más daños materiales ha ocasionado en el estado de Texas. Una de las lecciones que dejó es la importancia de contar historias en un mundo que ya no se concibe sin desastres naturales. Aquí, en #MagnoliaHistoriasDeMigrantes, un recuento de esos días tormentosos.

TEXTO: ANA EMILIA FELKER

El 24 de agosto de 2017, todos los pronósticos indicaban que habría tormenta. Pero para nosotras, era el día en que nos darían una fiesta de bienvenida al doctorado y a la ciudad de Houston. De camino a la fiesta, pasamos al supermercado por vino y cervezas sin tener idea de la escena que encontraríamos. La gente caminaba apresurada por los pasillos vaciando los estantes y precipitándose a las cajas.

Sin saber muy bien las dimensiones de lo que pasaba, las compras de pánico nos contagiaron y tomamos lo que pudimos. Para ese momento, no había agua ni alimentos enlatados sólo comida para perros. Preocupadas, mis compañeras y yo, llegamos a la fiesta donde los profesores seguían confiados de que venía una tormenta fuerte y nada más.

Supermercado después de las compras de pánico. Foto: Ana Felker.

Harvey ya había afectado al Caribe, pero era una masa ambivalente, se había debilitado en el Golfo, había adquirido fuerza y se había estancado de nuevo. Era fácil identificarse con el titubeo del viento. A veces dan ganas de quemar las naves y otras de zarpar y disiparse.

El 25 de agosto Harvey llegó a Rockport, Texas, cerca de Corpus Christi. Las imágenes satelitales mostraban lo que parecía una nave espacial blanca y densa que avanzaba hacia nosotros para abducirnos. También podría ser un gran techo que taparía el sol para siempre. La madre de todos los bucket challenges. En tan sólo tres días, una ciudad de agua se dejó caer sobre Houston: ahora había que administrar nueve billones [trillones en EUA] de galones de agua que antes no estaban ahí.

Harvey visto desde los satélites de la Estación Espacial Internacional de la NASA. Flickr-[CC BY 2.0]

Aunque teníamos  provisiones para una semana y estábamos en un cuarto piso, escuchar una cascada cayendo día y noche nos hacía mordernos las uñas. Era fácil pronosticar el desborde de los arroyos que recorren la ciudad y a los que se les conoce como Bayous. Las alarmas de tornado llegaban al celular en intervalos de minutos. El sistema meteorológico identificaba zonas de riesgo pero no precisaba dónde se iba a desprender un latigazo en forma de tornado desde la nave nodriza del huracán. No sabían con certeza dónde iba a volar un techo, caer un árbol o un poste de luz. Recibir alertas en la madrugada con la visa en la mano no se compara con el estrés de las personas que vieron subir el nivel del agua en sus propias casas.

No teníamos mucho que hacer más que intentar leer, dosificar la comida y seguir las noticias. El noticiero local cubrió ampliamente la muerte de un policía ahogado dentro de su patrulla al atravesar un paso a desnivel. En Houston cada que llueve se alerta de posibles flashfloods, el agua sube tan rápido que la gente no alcanza a salir de sus automóviles. Durante el paso de Harvey el riesgo era mayor. También me impresionó saber de un hombre que había logrado salir de su casa, pero regresó a rescatar a su perro y murió electrocutado.

Otras noticias del fin del mundo fueron: la presa que contenía gran parte de la lluvia estaba demasiado vieja y corría el riesgo de ceder a la presión y romperse, así que decidieron abrirla e inundar una parte de la ciudad. Una reserva de cientos de cocodrilos se inundó y los reptiles andaban sueltos por la ciudad. Mientras subía el agua, una taxista intentaba salir pero afuera alcanzó a ver un pequeño lagarto que rondaba su auto. Houston es una ciénaga repleta de fauna que también sufrió las consecuencias del desastre. Se reportó que había culebras en el agua y advertían de no acercarse a las famosas fire ants que producen quemaduras. Las hormigas de fuego salen de sus miles de hormigueros para formar colonias o islas flotantes que pueden estar compuestas de hasta medio millón de hormigas entrelazadas entre sí.

Esa imagen de supervivencia de las hormigas me hizo  pensar en la reacción de las personas en emergencias como esta. Harvey es el huracán que más daños materiales ha causado en Texas. En respuesta al golpe de la naturaleza, proliferaron iniciativas privadas y públicas para ayudar a los damnificados. Los bancos de comida recibieron a miles de voluntarios, se acondicionaron decenas de refugios para quienes tuvieron que dejar sus casas, además los albergues para la gente que vive en la calle funcionaron al 150% de su capacidad. El centro cultural Talento Bilingüe, en el barrio latino, también proporcionó ayuda a la comunidad.

En la panadería mexicana El Bolillo Bakery un grupo de panaderos trabajó sin parar durante el fin de semana para alegrar los ánimos donando conchas. Por su parte, el gobierno de la ciudad anunció que no detendría ni deportaría inmigrantes durante la tormenta, nada más eso faltaba.

El 29 de agosto finalmente la nave extraterrestre perdió fuerza. Llegó el sol después de la tormenta.

Tras el desastre. Foto: Ana Felker.

En la resaca

Durante 2018, el año post Harvey, han surgido varios esfuerzos para documentar la memoria del huracán. El Houston Flood Museum es un museo en línea que busca hacer memoria socioambiental. Su argumento es que tenemos que aprender a vivir con estos fenómenos naturales, pero son las desigualdades sociales las que causan los mayores daños. Este museo tiene una exhibición en la que autoridades, pastores religiosos y personas de a pie comparten cómo fueron su experiencias durante el huracán.

Con el mismo espíritu, el Center for Public History, que existe desde los años 80 y se encarga de investigar más allá de los libros y la Academia, comenzó un proyecto para reunir las historias de los afectados: Resilient Houston: Documenting Hurricane Harvey.

Como parte de esta iniciativa, el historiador Mark A. Goldberg de la Universidad de Houston creó una materia de historia oral. En marzo pasado, siete meses después del huracán, sus alumnos entrevistaron a personas que entonces seguían sin casa. «Cada vez que hay una lluvia fuerte, los damnificados reviven el trauma del huracán», explica el profesor Goldberg. Viven con la incertidumbre de su vivienda, pero también de cuándo se repetirá un fenómeno similar.

Aunque hasta ahora el proyecto se ha focalizado en la comunidad judía de Houston, se planea ampliar el espectro a otras poblaciones, entre ellas la latina. El objetivo es que el archivo sirva para desarrollar políticas públicas de prevención y manejo de emergencias similares.

El archivo también podría servir a defensores o activistas para presionar a que se ejerzan regulaciones ambientales. Diez días antes de Harvey, Donald Trump firmó una orden ejecutiva con la que revocó regulaciones ambientales en Texas que servían para proteger a la infraestructura de las inundaciones. Como Trump no cree en el cambio climático, ha revertido todas las normas impulsadas durante el gobierno de Obama.

Harvey sucedió al poco tiempo de que Trump decidiera abandonar el Acuerdo de París. Con éste se había logrado reunir esfuerzos para combatir el calentamiento global. Ahora que reparo, pasó un año ya de que María golpeara en las Antillas, Dominicana y Puerto Rico; de que Irma afectara Florida y varios terremotos cimbraran a México. Pasó un año ya de estas irrefutables pruebas del desequilibrio ambiental.

Mientras escribo este recuerdo de Harvey, afuera llueve y pienso en los que siguen reconstruyendo su casa o los que desde entonces viven en albergues. Pienso también en el huracán futuro, en los que vendrán. En la incertidumbre que provoca estar atrapada por una catarata de lluvia, escuchar el agua que sube y alcanza la puerta. Ha pasado un año y el archivo de esa memoria apenas está en construcción, llegarán otros desastres antes de poder abarcar todas las voces de la tormenta.

 

Imagen de portada Flooding in Houston, Texas. By Tom Fitzpatrick, FUGRO, World Meteorological Organization. 
Flickr-[CC BY-NC-ND 2.0]

 



Ana Emilia Felker
Ana Emilia Felker
Autora de Aunque la casa se derrumbe. Estudia el doctorado en Estudios hispánicos en la Universidad de Houston. Ha sido periodista en medios como CNN y la revista Chilango. Escribe en su cuaderno, servilletas y, cuando se le quita la pena, publica en Twitter e Instagram: @felkeriana



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