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Houston: We Have a PhD [1]

05 Ago, 2018 Etiquetas: , ,

Hay un hueco narrativo sobre Houston, pese a que es la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos. En este lugar, por ejemplo, hay historias de quienes migran, quienes no quieren volver a sus países aunque tengan varios trabajos para pagar sus créditos, aunque teman la inminencia de una deportación, nos dice Ana Emilia Felker quien nos delinea cómo llegó a este lugar y nos muestra un poco de lo que nos contará en Magnolia: historias de migrantes, un nuevo espacio en Kaja Negra.

TEXTO: ANA EMILIA FELKER

Si tener un título académico dependiera de la cantidad de horas dedicadas a un tema, tendríamos ya varios de la cultura estadounidense. Mucho gusto, soy doctora en Netflix y ya casi domino la Trumpología. Si consideramos las miles de horas de vuelo que muchos acumulamos desde la infancia, podemos decir que conocemos a fondo sus: Simpson, Ant-man, Charles Manson, Ray Charles, Miley Cyrus.

Hollywood y la maquinaria imparable de las series de televisión han succionado nuestro tiempo y han cubierto todo con su imaginario de vivencias múltiples. Algunas carreras actorales cubren el espectro entero: Charlize Theron, por ejemplo, de frágil, rubia y hermosa en The Devil´s Advocate [1997] llega al otro extremo, caracterizada con el gesto brutal de la pobreza, en Monster [2003]. Ese contraste es Estados Unidos: la impunidad vanidosa del capitalismo y la pena de muerte contra los más pobres; es también el espectáculo y las armas como lo baila Childish Gambino. A su vez, las películas palomean identidades en un formulario: películas para los blancos, para los afroamericanos, para los asiáticos, para los hispanos. No hay un hueco vacío, no racializado, en el mapa del mercado.

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Estudié un año de la preparatoria, o High School, en Houston, en condiciones migratorias no muy claras, y lo primero que llamó mi atención fue que el ambiente era tal y como lo retratan las películas, especialmente a la hora del lunch. La mesa de las porristas rubias con los jugadores de fútbol americano, la de los geeks, los afroamericanos, los musulmanes y, entre otras, la mesa de los hispanos, quienes parecían los más amables, tal vez por hablar mi mismo idioma. Me refugié en ellos para no acabar comiendo en el baño como hacen tantos para que ningún bully note que están solos.

Fotograma de la película Mean Girls [2004].

La representación de ese bully de la escuela se convirtió en un presidente cuyos tuits, mensajes xenofóbicos y políticas atemorizan y separan familias. El high school de las películas se extrapola en el encono entre Fox News o la mesa de las porristas, contra CNN y el resto de la prensa que Donald Trump acusa de propagar fake news.

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Hace 60 años el fotógrafo Robert Frank recorrió Estados Unidos para retratar los rostros de la posguerra. Ricos, pobres, del campo y de la ciudad, protagonizan su serie «The Americans», un trabajo que cambió la forma en que «los americanos» se veían a sí mismos. En 1958 se publicó con un texto de Jack Kerouac.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se consolidó como potencia. Comenzaba a gestarse la Guerra Fría y la paranoia del comunismo. Hoy la situación es completamente diferente ¿quiénes son los americanos? ¿El neoyorquino liberal y educado o el agricultor que votó por Trump con la esperanza de conservar su tierra y mantener a su familia? Quizá el error que han cometido medios como CNN es retratar a los votantes de Trump como ignorantes racistas en vez de comprender la complejidad de su circunstancia.

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Texas pertenece al Bible Belt, la franja donde se concentra la población que profesa la religión cristiana bautista. Esta región que va de Texas a Florida es también en su mayoría blanca y republicana y votó por Trump. Los valores de esta población son radicalmente opuestos a los liberales, pero no significa que todos pertenezcan al Ku Klux Klan, aunque sí es la zona donde donde hay más grupos de odio racial.

Fuente: ProCon.org

Cabe decir que esta zona [una de las más económicas para vivir porque no se paga state tax] también es habitada por migrantes. De hecho, Houston se ha convertido en la ciudad más diversa de Estados Unidos. Aquí llegan personas de todo el mundo: Nigeria, Vietnam, India, El Salvador, México. Los latinos representan el 44%. Por su incuestionable presencia numérica y su influencia en la cultura, los migrantes componen también el retrato contemporánea de los americanos.

Pocas veces las películas o los medios en general retratan las luchas interseccionales. Cuando negros e hispanos han trabajado por causas comunes. Tampoco se habla suficiente de los temas que unirían a liberales y conservadores: derecho a la salud, a la vivienda, al trabajo, a la educación como ha señalado la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez.

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La preparatoria en los suburbios era una calca de las películas para adolescentes, pero la vida doctoral en Houston es algo sui generis. Más allá de las peculiaridades de la universidad, hay historias que narrar en los trayectos en autobuses semivacíos, en la inexistencia de espacios públicos, en el exagerado uso de alarmas y su contribución a una cultura del alarmismo. Historias de quienes inmigran y trabajan como meseros o lavaplatos, intendentes en los hospitales o en la construcción, levantando en pocas semanas estructuras de madera que se convertirán en casas idénticas la una a la otra. Quienes logran comprar coche, casa, que sus hijos vayan a la escuela. Quienes no quieren dejar esta ciudad aunque tengan varios trabajos para pagar sus créditos, teman tener un accidente de auto y que les pidan sus papeles, aunque teman que los deporten y se queden sus coches estacionados y sus casas vacías.

Sobre Nueva York todo se ha dicho. Cada sitio oculto se ha  multiplicado ya en pantallas o en libros y cualquier anécdota tiene un correlato fílmico. Houston es lo opuesto. Hay un hueco narrativo y una extensión territorial abrumadora, es la cuarta ciudad más grande del país. Tiene sus rincones, pero en general, no es una ciudad glamorosa. Aquí, si preguntas, la gente privilegia la comodidad a la moda. Remite de inmediato a la NASA, a la propulsión de cohetes y a los problemas de comunicación con los astronautas: Houston, tenemos un problema. Salvo esa famosa frase, es una ciudad que no ha sido tan explotada, quizá porque no todos logran enamorarse de ella.

En este espacio, les hablaré de ella para intentar encontrar sentido en el mundo de la post verdad y la polarización. Si bien Estados Unidos es un país que da mucha importancia a las identidades, son las historias familiares, de pérdida, de lucha, las que todos compartimos sin importar el origen o el color de piel. ¿Quiénes son ahora «los americanos» que retrató Robert Frank? Más allá de su aún vigente miedo al comunismo, me propongo averiguar aquí qué les preocupa, qué les afecta y qué los une.

[1 Me robé el título del grupo de whatsapp que comparto con mis compañeras de PhD.

 

Imagen de portada: Knowledge is Freedom by CEBImagery. Flickr [CC BY-NC 2.0]

 



Ana Emilia Felker
Ana Emilia Felker
Autora de Aunque la casa se derrumbe. Estudia el doctorado en Estudios hispánicos en la Universidad de Houston. Ha sido periodista en medios como CNN y la revista Chilango. Escribe en su cuaderno, servilletas y, cuando se le quita la pena, publica en Twitter e Instagram: @felkeriana



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