Publicado el Domingo, 11 Septiembre 2011 en la categoría Bata Blanca

Atención a niños quemados en México

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Carlos, Daniela y Raúl son parte de los 69 mil niños afectados cada año por accidentes de quemaduras en México. Representan el 60% de los 115 mil casos registrados por la Secretaría de Salud. Sus historias son el hilo conductor para entender este problema donde también las instituciones de salud juegan un papel determinante.

Carlos

Todo cambia en un instante

Karina tiene la mirada perdida y los ojos llorosos. Contempla el reloj en su muñeca cada cinco minutos; quiere que sean las cinco de la tarde, y exprimir sus dos horas de visita. Se cuestiona; irremediablemente, se castiga con el recuerdo. Recapitula momento a momento lo sucedido:

La tía, una mujer de edad avanzada, cocía los frijoles. Carlos jugaba con sus hermanos alrededor de la estufa. A ella le faltó fuerza para sostener la olla hirviendo y Carlos la recibió en la espalda, porque su madre sólo alcanzó a salvar a los otros dos pequeños.

“No está acostumbrado a estar solo. Llora cuando terminan las horas de visita... Los doctores dicen que no son quemaduras tan graves y que sólo estará hospitalizado de 15 a 20 días”, cuenta con la voz cortada Karina, madre del pequeño de cuatro años, quien convalece en la Unidad de Quemados en el Hospital Pediátrico Tacubaya, en la ciudad de México.

Carlos forma parte del 60% de población infantil de los 115 mil casos de accidentes por quemaduras que de acuerdo con la Secretaría de Salud se reportan anualmente. 13 mil de los cuales requieren hospitalización y seis mil presentan lesiones graves.

En el hogar, principalmente en la cocina y en la hora del baño, es donde acontecen los accidentes más frecuentes por quemadura en infantes, y en las áreas laborales; aunque también en las épocas de las fiestas patrias, en diciembre por el árbol de navidad y por los juegos pirotécnicos, comenta la Dra. Lourdes del Carmen Rodríguez, subdirectora del Centro Nacional de Investigación y Atención de Quemados (CENIAQ).

Para atender a los pacientes quemados en el Distrito Federal se encuentran los Hospitales Pediátricos Xochimilco y Tacubaya, el Hospital General Dr. Rubén Leñero, Hospital General Balbuena, Hospital Infantil de México Federico Gómez, que cuentan con Unidades de Atención a Quemados, además de las Unidades de Alta Especialidad del IMSS y del ISSSTE; y ahora también un centro nacional especializado: CENIAQ.Instalaciones del CENIAQ (Tomada de la página del INR)

Karina se desespera, como todos los padres que aguardan a las afueras del hospital para tener noticias de sus hijos.  El arribo de una ambulancia aumenta su nerviosismo y las lágrimas le brotan, observa a la mujer que carga a cuestas a la pequeña que desgarra el silencio con su llanto; recuerda cuando dos días antes llegó con Carlos sangrando de la espalda. Mira de nuevo su reloj. 17:00 horas. Lo único que la tranquiliza es saber que su hijo “no sufre como los otros pequeñitos que lo acompañan… ni necesitará un tratamiento tan exhaustivo”. 

Raúl
Una valoración multidisciplinaria

Al día siguiente de su inauguración, el pasado 14 de enero, el CENIAQ tuvo sus primeros pacientes; unos eran de Hidalgo y habían sufrido quemaduras por fuego, y otro proveniente de Cuernavaca con un 80% de quemaduras en su cuerpo.

Por los servicios médicos especializados en diagnóstico, rehabilitación física, psicológica y social, el equipo de tecnología de punta, y los beneficios del Banco de Piel y Tejidos, se logró que el paciente sólo permaneciera hospitalizado un mes, en vez de los 80 días que estaban proyectados inicialmente: un día por cada punto porcentual de su cuerpo quemado.Gimnasio. El CENIAQ cuenta con un gimnasio para rehabilitar a los pacientes quemados, además de un  sistema multimedia para los pacientes de movilicen más y realicen una acción más interactiva.

La apuesta, comenta la subdirectora del CENIAQ, es disminuir las estancias hospitalarias, los costos, el desgaste físico de la familia; actuar con rapidez para evitar o reducir las secuelas en el paciente quemado.

“Los pacientes que nos son referidos se les valora de forma multidisciplinaria, todo el equipo del CENIAQ va a la sala de urgencias: cirujanos plásticos, rehabilitadores, nutriólogos, intensivistas, broncoscopistas, para determinar cómo se va a tratar y si sube a Agudos (pacientes que requieren cuidados intensivos) o Subagudos (pacientes menos críticos)”, narra la también cirujana plástica.

Las quemaduras se han convertido en un problema de salud pública porque pueden causar algún tipo de discapacidad física, psicológica, social y laboral, además de presentar un alto índice de mortalidad o dejar severas secuelas por la cicatrización, contracturas y deformación de las extremidades; incluyendo la repercusión económica por los altos costos del tratamiento y la rehabilitación.

Raúl cumplió en agosto pasado 10 años y también un año con la cicatriz que le abarcaba parte del cuello y media mejilla izquierda. Marca que no le permite desenvolverse normalmente en la escuela: todos lo miraban y se alejaban.

El accidente sucedió cuando varios amigos de Raúl jugaban cerca de la hoguera donde chamuscaban cartón. Los niños agarraron la botella de gasolina y rosearon; las llamas alcanzaron a Raúl y le provocaron quemaduras de segundo grado.

Sus padres lo llevaron al Pediátrico de Tacubaya para realizarle una cirugía que contrarrestara las secuelas de la mala atención que sufrió tras su quemadura. “Un doctor nos aseguró que lo dejaría bien… puras mentiras. Anduvimos tocando puertas hasta que un médico de Puebla nos dijo que lo trajéramos para acá”, cuenta el padre de Raúl, preocupado porque le avisaron que el Seguro Popular no cubre los gastos de la cirugía.Taller de prendas. El CENIAQ cuenta con su propio taller de prendas de comprensión. La costurera, Gaby,  fue capacitada en Estados Unidos.

“Yo soy campesino, no tengo cómo pagar lo que necesita mi hijo. Dice la trabajadora social que verán cómo ayudarme para pagar lo mínimo, yo sólo quiero que Raúl se recupere y vuelva sentirse bien…”. Desde marzo, ha tenido que viajar desde Chilchotla, el municipio poblano donde viven, al DF para conseguir que atiendan a su hijo. Seis horas de camino diarias.

Según la Dra. Rodríguez, el paciente quemado es muy caro porque depende de la profundidad de la quemadura, la cantidad de apósitos que se le coloquen, cuántos procedimientos quirúrgicos necesite, medicamentos y el tratamiento de las secuelas, lo que determina el costo de la recuperación.

Hay ocasiones en que se requieren más procedimientos quirúrgicos para tratar las secuelas, la principal es la cicatriz hipertrófica, que es la responsable de deformidades, desfiguramientos y contracturas.

“La lesión ha sido de forma tan agresiva que el mecanismo de reparación no es tan ordenado. Las cicatrices tienden a jalar y a disminuir los actos de movilidad del paciente y esto lo limita mucho, por lo que también tienen secuelas psicológicas. La piel es la carta de presentación y las cicatrices en cara y manos impiden la inserción (social) satisfactoria de los pacientes; además como sociedad no estamos tan habituados a ver pacientes con algún tipo de problema estético”, menciona la Dra. Mariana Morales, jefa del Servicio de Rehabilitación del CENIAQ.

Así, este centro se posiciona como uno de los más importantes en América Latina porque concentra todos sus investigadores y especialistas en una misma área para ampliar las acciones en la atención del quemado e impulsar la investigación científica en el ramo. La finalidad: que el paciente se recupere de manera integral; preserve la vida, recupere sus funciones y, finalmente, se le procure la estética.El CENIAQ cuenta con su propia cámara hiperbárica para el tratamiento integral del paciente quemado.

Dentro de los servicios con los que cuenta el edificio de 10 niveles se encuentra la consulta externa, hospitalización, banco de piel, laboratorio de biotecnología, medicina genómica, rehabilitación, investigación, quirófanos y un helipuerto. El edificio está diseñado para atender a las personas quemadas de cualquier edad.

Daniela
Piedra angular: la rehabilitación

Como todas las noches, Rosalba preparaba el agua para bañar a sus dos hijas pequeñas.  No se percató de que las niñas jugaban a “las atrapadas” y corrían por toda la casa. Rosalba abrió la puerta del baño y se encontró de frente con Daniela, su hija de ocho años. La niña se estampó contra su madre, quien no pudo sostener el recipiente con agua hirviendo.

Gran parte del pecho y del brazo izquierdo le punzaban terriblemente. Su madre desesperada intentó aliviarla con una pomada. Varias horas después, Daniela cayó rendida, su madre no sabe si porque el dolor cesó o el cansancio de tanto llanto la debilitó.

A la mañana siguiente, una vecina le dijo que llevará a Daniela con los bomberos de la localidad y ellos la auxiliarían, e inmediatamente la trasladaron al Hospital Pediátrico de Tacubaya.

Han pasado más de ocho días desde que Rosalba llega a las 10 de la mañana y se va después de las siete de la noche. El camino es largo hasta Tecámac, en el Estado de México, donde sus otras tres hijas la esperan en casa. La mayor, de 15 años, ha cubierto su horario de trabajo como lava loza en una cocina, mientras, Rosalba espera el horario de visita de 12 a 2 y de 5 a 7.

Daniela presenta quemaduras de segundo y tercer grado. “Estoy desesperada. Su bracito es el que no quiere sanar, ya me dijeron los doctores que si no le funciona en dos días lo que le pusieron en el brazo, tendrán que hacerle cirugía… y mucha rehabilitación. No, no, tengo miedo. “Mejor me hubiera caído a mí el agua…”, dice Rosalba, mientras espera, cigarro tras cigarro, a que den de alta a Daniela…Áreas especiales en quemaduras.  (Tomada del manual de Manejo de Quemados del Hospital Pediátrico Tacubaya)

Además de un manejo multidisciplinario del paciente quemado, lo recomendable, y el plus con el que cuenta el CENIAQ, es iniciar con la rehabilitación desde que el paciente ingresa a la sala de urgencias para evitar secuelas y reintegrarlos a su vida diaria lo más pronto posible.

“Si dejas que el quemado se rehabilite cuando ya no tiene dolor, tendrá posiciones viciosas; incluso un injerto puede tomar esa posición viciosa”, cuenta la Dra. Rodríguez.

Por su parte, la Dra. Morales describe que el paciente se debe ir acomodando de acuerdo con la severidad y ubicación de las quemaduras, desde que está en la Unidad de Agudos o críticos se debe manejar su movilización temprana y se inicia un programa individualizado. “La rehabilitación no se debe dar hasta que el paciente está dado de alta. La idea es que el paciente egrese completamente independiente, logrando la mayor capacidad funcional”.

Otro aspecto fundamental en la rehabilitación es la Presoterapia: los medios de comprensión a través de prendas o placas de silicón, que deben hacerse a la medida del paciente para que contribuyan a que las cicatrices no se hagan hipertróficas.

Una recuperación satisfactoria depende de la cooperación del paciente, “sobre todo si el paciente sigue con su tratamiento después de egresar del hospital. Se les enseña porque en su hogar un 80% del tratamiento recae en el paciente: que haga sus ejercicios, aplique sus masajes y use sus prendas, de qué tan constante sea”, menciona la jefa de Rehabilitación del CENIAQ.

Ambas especialistas coinciden en que la rehabilitación y el médico especialista en esta área son piedra angular en las mejoras del quemado y lo que más necesita el paciente.

Un banco de piel: Por una cultura de la donación

Para que el paciente quemado no se infecte y se reduzca el dolor se emplean diferentes cubiertas cutáneas, conocidos como apósitos, los mejores son los aloinjertos de piel, porque contienen células productoras de crecimiento que estimulan la proliferación de las células epiteliales del propio paciente. Estas cubiertas temporales suplen  la función de la piel que se ha lastimado o perdido y proveen al organismo de señales que le indican que está en un proceso de reparación.

Dichos aloinjertos se obtienen de la donación, otro de los pilares en el tratamiento del paciente quemados. Los pasos son tres: la obtención y procuración del tejido, procesamiento y custodia, y uso.

Con una serie de procedimientos pioneros en México, el Instituto Nacional de Rehabilitación inauguró en 2009 el Banco de Piel y Tejidos, que ahora se encuentra en el séptimo piso del CENIAQ, donde se concentran especialistas farmacólogos, químicos,  biólogos experimentales y maestros en ciencias médicas con el objetivo de mantener en custodia tejidos y piel que tienen aplicaciones terapéuticas.

El Dr. Francisco Martínez, jefe del Banco de Piel y Tejidos, comenta que éste es el único que tiene un programa de trabajo en el que el factor de la obtención o procuración del tejido es uno de los eslabones principales, además de realizar investigación vinculada a procesos asistenciales y de recursos humanos altamente especializados.

El también investigador en ciencias médicas describe que la donación de piel está abierta para todos los mexicanos mayores de 18 años (para los menores se necesita el consentimiento de los padres). Desde el punto de vista sanitario cualquier persona que no tenga ninguna enfermedad infecto-contagioso como VIH, SIDA, infección por hepatitis A, B o C, o infección por Sífilis, serían los grupos que no pueden donar.Dr. Francisco Martínez, jefe del Banco de Piel y de Tejidos.

Se evalúa a cada paciente y la piel se toma de donadores multiorgánicos; es decir, tipificados y controlados que cuentan con su tarjeta de donante; tras el último latido del corazón y hasta seis horas después de la muerte, porque el tejido comienza a deteriorarse.  En el caso de paro cardiaco, tan pronto como haya ocurrido el deceso se toma el tejido hasta seis horas después de la muerte o incluso 12 horas después, cuando el cadáver se mantiene en refrigeración a cuatro grados centígrados.

El proceso de obtención de las láminas de piel es a través una cirugía muy delicada y estricta en términos de esterilidad y antisepsia. La realiza un cirujano certificado por el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra). Se toma habitualmente de la región posterior del cuerpo (espalda, glúteo y muslo): láminas entre 7.5 cm de ancho por la mayor extensión posible (30-35 cm), dependiendo del área de superficie del donador, con un grosor de menos de medio milímetro.

“Una capa que equivale al grosor de una hoja de papel china. No se presenta un cambio de apariencia, y la zona donada se cubre con un material especial”, explica el también farmacólogo. A través de convenios  de colaboración con licencia de la Cofepris y la Secretaría de Salud, es como el Banco toma de las instituciones de salud (principalmente el Instituto de Neurología) los tejidos y piel de los donadores.

“Para usar la piel, primero se debe emitir un certificado de que el tejido está limpio; se le hacen pruebas moleculares. De 20 a 21 días se hacen lecturas microbiológicas para identificar la presencia potencial de hongos. Se dice que está en proceso de cuarentena, hasta que se tengan los resultados de que es sano y viable se puede utilizar en pacientes”, relata el Dr. Martínez.

Los beneficiarios son los pacientes quemados, niños principalmente, porque aprovechan sustancialmente la donación. Por eso el CENIAQ ha sido el único centro en México que ha utilizado aloinjertos de piel, pero también los pueden solicitar otras instituciones que comprueben la urgencia y necesidad del tejido o piel.

Los tres especialistas del CENIAQ coinciden en que uno de los principales retos para tratar satisfactoriamente a un paciente quemado radica en fomentar la cultura de la donación, en este caso de piel “que la gente se quite la idea de que van a desollar al donador, y sea capaz de ver que gracias a esa piel se están salvando miles de vidas o contribuyendo a la recuperación de un paciente quemado”, además promover la cultura de prevención para evitar accidentes que ocasionen quemaduras.

Mientras tanto  Carlos, Daniela y Raúl aguardan sanar pronto, recibir el tratamiento adecuado.  Se acompañan desde sus camas o en el área de juegos dentro de la Unidad de Quemados.  La espera a veces parece interminable.

Gravedad de quemaduras para la admisión del paciente en el CENIAQ

Adultos

Niños

Con más de 35% de la superficie corporal quemada; de segundo grado, superficial y profundo.

Menores de tres años con el 10% en delante de quemadura en la superficie corporal; segundo grado, superficial o profundo.

 

Mayores de tres años hasta 18 años con más del 20% de superficie corporal quemada; segundo grado, superficial o profundo o de tercer grado.

Cualquier paciente que se queme por electricidad, por químico o en áreas especiales como la mano de forma circunferencial, o la cara, el cuello y los genitales en un primer grado, segundo grado profundo o en tercer grado.

 

Elaborado con información proporcionada por la Dra. Lourdes del Carmen Rodríguez Rodríguez, subdirectora del CENIAQ.



 

 

 

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