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La armonía del terror: Otto Dix, Violencia y pasión

01 Feb, 2017 Etiquetas: , ,

De octubre de 2016 al pasado 15 de enero, el Museo Nacional de Arte exhibió por vez primera en la Ciudad de México una muestra de más de 160 obras del artista alemán Otto Dix. Aquella exposición cautivó y aterró a quienes acudieron a visitarla, tal es el caso de Jimena Rivera, para quien resultó una experiencia estética grotesca y a la vez hermosa.

TEXTO: JIMENA RIVERA / FOTOS: INSTITUT FÜR AUSLANDBEZIEHUNGEN 

Sentí vergüenza. Aún no logro descifrar por qué, pero frente a «La trinchera» [1923], junto a todas las personas que ahí se encontraban, sentí que me faltaba el aire… ¿sería acaso un ataque de ansiedad, claustrofobia?

No sé, no era nada de eso.

Al ver las imágenes de hombres mutilados, desgarbados, muertos… mi temperatura se elevó desde el vientre hacia mi pecho, frente y al final a mis mejillas… era una vergüenza que deseé aliviar con lágrimas.

Me alejé, traté de encontrar un espacio donde mi bochorno desapareciera, logré apaciguarme lentamente. Esas imágenes no son fáciles de ver, los temas son crudos, los títulos son contundentes. ¿Cómo podría ser una imagen falaz, si es reproducida por alguien que vio esas escenas ante sus ojos, alguien que pudo simplemente morir en esa primera guerra y cuya visión pudimos nunca haber visto?

[…] estaba avergonzada de sentir placer en esas imágenes mórbidas y extrañamente hermosas, había sido capturada por la estética de lo grotesco.

Esta exposición [que estuvo hasta el 15 de enero en el Munal] no era para un paseo dominical a pesar de las más de seis mil personas que asistieron un domingo antes de que yo la visitara.

El señor Cosme, una de las personas de staff del museo, me vio deambulando alrededor de «Leonie» [1923] y me preguntó si buscaba alguna pieza en especial. La verdad estaba tratando de regresar a ella para verla una vez más, pero de nuevo el bochorno apareció… ahora lo comprendo, estaba avergonzada de sentir placer en esas imágenes mórbidas y extrañamente hermosas, había sido capturada por la estética de lo grotesco.

Usted viene a ver la exposición, ¿verdad? mucha gente viene aquí y se pasa de largo, nada más viene por morbo, no vienen a apreciar el arte. Eso me dijo Cosme, pero trataba de no verlo a los ojos. Era un señor de unos sesenta años, cabello cano y ligeramente gordo; me dio la sensación de calidez y protección de un abuelo imaginario. Él me pasó el dato de los más de seis mil visitantes del domingo anterior, y pronosticaba una concurrencia mayor para el último día de la exposición.

Otto Dix. Selbstbildnis als Raucher [Autorretrato como fumdor], 1914. Óleo sobre papel sobre cartón 70.5×56 cm. Kunstsammlung Gera.

Esta pequeña charla me dio la confianza para regresar a «Leonie», que me absorbía con su mirada como si estuviera llamándome.

Otto Dix, nació en la última década del siglo XIX y fue un lector asiduo de Nietzsche. Fue adepto de las filosofías ascéticas que estuvieron de moda en su tiempo. Es posible verlo en su obra: la curaduría lo nombra como «el desdoblamiento del yo» [1], sobretodo en un autorretrato donde el autor reproduce su figura en ángulos que son tenebrosos o desesperanzadores;  a final de cuentas era el inicio del siglo de los grandes contrastes.

Es necesario decir que su obra es muy versátil, tal vez por lo mismo es que se considera que después de la división de la Alemania oriental y occidental su trabajo fuera recibido en ambas fracciones porque no estaba «casado» con el estilo de ninguna corriente. Sin embargo, durante el Tercer Reich fue considerado por el régimen del nacionalsocialismo como un «artista degenerado» por lo que gran parte de su obra fue confiscada y destruida.

Dentro de la exposición se comenta la influencia de Goya y su colección «Los desastres de la guerra» [S. XIX] en la serie «Der Krieg» [La guerra, 1924] de Dix. Además del paralelismo en el tema, la técnica y la crudeza de las imágenes, se aprecia en «Desnudo reclinado» [1921] un símil extraordinario con la «Maja desnuda» del pintor español; sin embargo, Dix revela en su modelo femenino una sonrisa mordaz que muestra más la relación entre la sexualidad, la enfermedad y lo terrenal.

En cuanto a lo inherente a lo humano, la curaduría retoma el discurso de Eros y Tánatos [amor y muerte] en la obra. A esto se añade el título de la exposición «Otto Dix, Violencia y pasión». Me parece una vorágine de términos que probablemente no hacen justicia a la exposición y, como me dijo Cosme, avivan el morbo a causa de un discurso forzado.

No es trabajo ahora el debatir la asertividad de la curaduría del Munal o la intención tras este tipo de mercadotecnia; considero más valioso el diálogo que puede tener un espectador con obras de esta índole: conocer las historias detrás de las mismas, la repercusión de los hechos en las personas y la sociedad, y la actual situación de Alemania en conflictos heredados de aquel bélico siglo.

Otto Dix. Selbstbildnis mit Staffelei [Autorretrato con caballete], 1926. Óleo sobre madera 80.5×55.5 cm. Leopold-Hoesch-Museum & Papiermuseum Düren.

Hacia el final de su vida y a consecuencia de la presión política y estética de la época, Otto Dix experimentó con el romanticismo, aunque el cubismo también hizo mella en su pincel, regalándonos obras como la «Naturaleza muerta con velo de viuda» [1925] y «La elevación de la Santa Cruz» [1962].

La última obra que me gustaría comentar, dejando de lado varias sin duda sublimes, está el «Autorretrato con Marcela» [1962]. La elijo por las bellas figuras que la componen, un árbol verde y protector sobre la luminosa y definida Marcela, nieta del pintor, centro de la obra y tal vez el centro del mundo de Dix para ese entonces. Me atrevo a decirlo porque veo una sonrisa honesta en él, envejecido, resignado tal vez, ocupando un espacio ya no protagónico en su cuadro. Después de tantos autorretratos lívidos o furiosos, aparece ahora sentado, sonriente, desvaneciéndose al lado de Marcela y el árbol, como si fuera despidiéndose poco a poco del marco de la vida.


[1]  Curaduría a cargo de Ulrike Lorenz.

Imágenes: © OTTO DIX/BILDKUNST/SOMAAP/MÉXICO/2016.


Jimena Rivera
Jimena Rivera

La escritura y la ilustración son mis formas de comunicación preferidas. Estudié letras clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tengo un gato, antes tenía dos : (





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