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La Catedral y su Diosa de los Sueños

03 Nov, 2017 Etiquetas: , ,

Los hallazgos son así, inesperados, dice Gonzalo Trinidad, quien en esta ocasión en #CanCerbero, nos comparte el que hizo en La Catedral, un lugar de adoración del pulque y de la diosa June Palmer.

TEXTO: GONZALO TRINIDAD VALTIERRA / FOTOS: BAUDILIO MATUTE

Primero se llamó El Salón Casino; ahora, La Catedral del Pulque atiende a los parroquianos a partir de las diez de la mañana. En la esquina de Lorenzo Boturini e Isabel la Católica, colonia Obrera. En el corazón de la ciudad y los bebedores. Su confesionario, su imitación de La creación de Adán, su Catedral Metropolitana pintada detrás de los vitroleros de colores, dependiendo del curado, son los primeros detalles que saltan a la vista.

De pronto los barriles de madera bautizados con el origen del pulque —Nopaltepec, Hidalgo y Chalma— atrapan la atención del visitante; las frases inolvidables —Pulque y danzón, alegran el corazón—; el llamado de los comensales —Un curado de espanto— desde la puerta de servicio, antes departamento para damas; todo esto en unos cuantos metros cuadrados cuyos muros rebozan de fotografías. Es allí, en el detalle, en los pequeños marcos, entre las docenas de nostalgias, donde aparece como caída del cielo June Palmer, la Diosa de los Sueños.

Cualquier hombre, y una que otra mujer, tendría que hacer un esfuerzo por no robarse la fotografía, donde se observa a la actriz inglesa desnuda, insinuando un movimiento feroz. Desnudez sublime. Naturalmente voluptuosa. Nació en 1940 y se retiró del modelaje a finales de los años sesenta, con un historial impecable de desnudos y muchos seguidores que, sospecho, en su momento hubieran dado una pierna o un hijo a cambio de conocerla. Algunas de sus colecciones fotográficas vienen acompañadas de una candorosa advertencia: ¡Mantenga estas imágenes fuera de la vista de esposas y novias!

Cada pulquería haría bien en elegir una mujer, una musa, una santa de la desnudez, para adornar sus muros. Sin importar la nacionalidad. De preferencia en blanco y negro, porque el color distrae. Como los vitroleros sobre la repisa, arcoiris de ensueños y estómagos contentos. El vino de los mexicanos —como lo llamaba Hernán Cortés, amante de las bellas formas— invita al libador a hincar la mirada en la belleza, donde quiera que se encuentre, a veces en ensoñaciones alcohólicas en las que la vida es más llevadera, menos jodida. Habría que adornar las pulquerías con imágenes de idolatría carnal; cada abrevadero con su musa. Cada chango con su tarro.

Este vino de ascendencia divina no sería lo mismo sin su contraparte gastronómica. La salsa, las calabacitas, el chicharrón en salsa roja y las tortillas de ley. Así que —pa luego es tarde— los comensales hunden la cuchara en el plato. Y el pico en el tarro. Apenas son las doce del día. “Amar el pulque no es defecto, aunque las malas lenguas digan que hace vicio. No le hace, porque mire usted, uno sabe hasta donde… Échese otro, joven, yo le invito”, puntualiza un generoso hombre.

La Catedral exige de sus comensales que sean netos, que beban por el gusto de beber. A nadie se le trae a la fuerza. Así como sería impensable asistir a la Basílica, postrarse frente a la Virgen y rezar sólo porque eso se espera de nosotros. Las cosas se hacen con devoción. O mejor nos quedamos en casa, frente a la pantalla, solos, devastados, con los huevos en la garganta.

En la década de los cincuenta, en una Europa hastiada de la guerra, ávida de voluptuosidad y juventud, George Harrison Marks comenzó a fotografiar y grabar a las primeras modelos de glamour, entre ellas June Palmer. Las bases de la pornografía quedarían ligadas a sus nombres. Nada tiene que ver este cine con nuestra propia tradición rumbera, de comedia erótica y sangre afroantillana. Razón por la cual, el cuadro de la Diosa de los Sueños destaca con mayor fuerza, como un lunar en el mentón.

¿No parece extraño que el dueño de la pulcata haya puesto esta imagen y no la de cualquiera de nuestras famosas encueratrices? A mí me lo parece. Pero los hallazgos son así, inesperados. De lo contrario no pasan del efectismo y el truco barato. Y eso, los efectos especiales, no va con el espíritu de La Catedral. Lugar de adoración del pulque y de la diosa June Palmer.



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Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres.

Autores: Enrique I. Castillo | Gonzalo Trinidad Valtierra | Luis Aguilar





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