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La construcción de redes, una respuesta ante las políticas migratorias de Estados Unidos

06 Ago, 2018 Etiquetas: , ,

Las políticas antimigratorias como «Tolerancia cero», impulsadas por el gobierno de Donald Trump, ponen frente a nosotros distintos retos. ¿Cómo hacerles frente? Creando y fortaleciendo redes. ¿Cómo hacer algo efectivo? Conociendo a detalle el contexto en el que dichas políticas se ubican. Así lo piensa Brenda Navarro, autora de Casas vacías, quien en este texto ensaya ideas sobre la cuestión migratoria, aborda preguntas clave con el especialista Jorge Romero León y hace un llamado a la acción que apoyamos desde Kaja Negra en alianza con Casa Tomada.

TEXTO: BRENDA NAVARRO / FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

El golpe

Leo en un libro de Velibor Čolić, un epígrafe que cita a Camus: «Toda la desgracia de los hombres proviene de la esperanza». Entonces recuerdo el rostro de la niña de alrededor de dos años que llora porque ha dejado de estar en los brazos de su madre, ya que ésta es interrogada por la Border Patrol. Dicha fotografía se volvió un ícono que resume lo que miles de familias viven en cuanto cruzan la frontera México-Estados Unidos: la condición de migrante, la cual se vuelve asunto de Estado, un crimen que pagan las y los niños que terminan confinados en jaulas mientras sus progenitores sufren el proceso de ser deportados, o no.

Pienso en la forma en la que, desde las redes sociales, algunos de nosotros reaccionamos ante estos casos de niños/as separados/as de sus padres y madres como parte de la implementación de la política migratoria de Trump llamada «Tolerancia cero»: lanzamos tuits de indignación y cuestionamos. Luego, muchas, volvimos a la fotografía y con impotencia, casi en un acto privado, alzamos con tristeza los hombros e hicimos de tripas corazón, pensando en esta idea, de que sí, puede ser que sí sea la esperanza la que nos mueve a ir más allá de lo permitido, porque de alguna u otra forma tenemos que sobrevivir.

Ante hechos como el descrito, o similares, ¿qué ven las mujeres? Antonella Picchio [Italia, 1941], economista feminista, dice: «Las mujeres ven la complejidad de la vida, ven que las personas son personas reales que tienen cuerpos y que son cuerpos vulnerables, y como cuerpos vulnerables pueden sostenerse sólo en relaciones con otros cuerpos y con otras pasiones. Eso no se refiere solamente a los niños y a los viejos; las mujeres son mamás de todos, de los hombres adultos que esconden su vulnerabilidad descargándola en el espacio doméstico […] El problema es que tenemos que cuidar la vulnerabilidad masculina que no aparece en el discurso público, y eso es peor que el cuidado de niñas y niños y de las ancianas y los ancianos» [Picchio, 2001:31].

¿A dónde voy con esto? Quiero hablar de las miles de mujeres que migran y huyen de la pobreza y la violencia de sus países de origen en un afán de insertarse en una red que les permita seguir viviendo. Saben que no van a dejar de ser vulnerables, y que es justo su vulnerabilidad,y la de los hombres, lo que hace que ellas por sí mismas se enfrenten a la desgracia: el exceso de trabajo remunerado o no remunerado, la eterna pobreza, la vejación, la falta de oportunidades, las familias fragmentadas [están sus familiares que han migrado antes] las abuelas cansadas; y la posibilidad de vivir en un eterno retorno. Así, la esperanza no es el sino de las mujeres que migran, por el contrario, es la desesperanza —te contesto, Camus— lo que nos lleva a buscar la gracia de nuestra propia vida.

Pero es también en el acto de migrar donde podemos ver una de las más valiosas resistencias humanas ante el abuso y el atropello: la de la creación de redes; es mediante éstas que las personas migrantes se sostienen y sostrendrán. El amigo, el primo, la tía, la hermana, la madre, siempre serán el primer contacto con las personas que migran. Los primeros días dormirán al lado de, en la casa de, compartirán la comida, aprenderán los códigos de sus semejantes para poder insertarse en la economía y después —ya insertas— parte de su dinero lo enviarán —también por medio de redes— a las personas que han tenido que quedarse y éstas, a su vez, darán de comer a las hijas de, a los sobrinos de, a los padres y a las madres de. La interdependencia de las unas con los otros, los cuidados y la sostenibilidad de la vida sólo es, y será posible, mientras las redes humanas se mantengan.

Protesta en apoyo a los padres y madres que fueron separadas de sus hijos e hijas en la frontera realizada frente a la Embajada de Estados Unidos en México. 21 de junio 2018.

Por ello, una fotografía de una madre y una hija —no podemos quitarle lo simbólico a esto— y una oleada de diversos reportajes que nos muestran que niños y niñas están siendo separadas de sus progenitores es un mazazo para toda la humanidad, porque se atenta contra el tejido social de manera tajante. Se condena a la infancia a vivir sin sentirse cuidada. Se les dice abiertamente, nos lo dicen a todas: aquí se acaban las redes, a partir de ahora, la vulnerabilidad humana tendrá que vivirse en soledad y, por ende, la desgracia desde una perspectiva patriarcal, pasa a anular —sin siquiera a ser contraparte— a la gracia de los cuidados para que, como explica Picchio, se pueda mantener intacta la vulnerabilidad masculina. Dejar sin redes a la infancia para sostener la estructura que mantienen en el poder al hombre, blanco, heteropatriarcal y todo poderoso. Ningún bad hombre, ninguna bad woman con la niñez; si acaso, se está apostando a las individualidades autómatas que crecerán en jaulas sin la posibilidad de tocarse y sentirse parte de un nosotros.

¿Y qué podemos hacer ante esto? Seguir construyendo redes. Siempre las redes. Por ello, desde y con Kaja Negra, me acerqué a diversos especialistas para tratar de entender de qué manera es posible ayudar a que el tejido social dentro del fenómeno migratorio no se rompa. Mi primera reacción fue acercarme a mujeres especialistas en estos temas, quienes, desde sus espacios, en un acto de solidaridad y congruencia, me remitieron a un especialista migrantólogo, pues consideraron que en temas así, y debido a la coyuntura que estamos viviendo, tiene que ser una voz realmente especializada la que dé respuestas. Así, busqué a Jorge Romero León, consultor independiente, especialista en migración, derechos humanos, políticas públicas y rendición de cuentas, quien accedió a responder las preguntas que consideramos necesarias para que nuestros deseos de ayudar sean realmente útiles.

 

Los retos ante la política antimigratoria de Estados Unidos, la conversación con Jorge Romero León

La primera pregunta que se nos vino a la cabeza es: ¿qué está pasando, qué fue lo que detonó que de pronto los medios dieran cobertura a esta situación, por qué ahora y por qué no antes?

Hay dos puntos importantes que enfatizar aquí: 1) sí hay diferencias importantes entre las condiciones de implementación de la política de detenciones y separación de las familias de la administración pasada y la de Trump. Decisiones concretas de la nueva administración han generado, sin ninguna duda, un escalamiento en el número de familias separadas, el encarcelamiento de sus padres, sujetos a proceso penal, y una falta de atención a las condiciones de los niños y niñas separados de sus padres que en algunos casos conduce a abusos claros; y 2) al darle seguimiento a la separación familiar en esta nueva modalidad, los medios han ido encontrando condiciones verdaderamente de escándalo [los niños drogados, los niños sin atención médica, abuso sexual en un par de casos, y ‘desapariciones’ porque no hay forma de darle seguimiento a dónde están].

Entonces hay un par de casos de separación previa importantes, y una nota ‘vieja’; pero el escalamiento en las separaciones y la desatención a las consecuencias que tendría derivan de la decisión de procesar a todos los que cruzan sin papeles como criminales [aunque esta política está en vigencia desde 2005, y generó detenciones y procesos criminales a decenas de miles de personas, no se había aplicado consistentemente ni a solicitantes de asilo, ni a familias, lo cual ha llevado a violar obligaciones de derecho internacional y a la separación y ‘desaparición’ de niños y niñas].

Lo que detona la crisis es una confluencia de factores: 1) vuelve a aumentar el número de migrantes, de familias, y de niñas, niños y adolescentes migrando sin papeles, así como las detenciones; 2) la obligación de procesar a los padres de las y los niños criminalmente hace necesario separarlos; y 3) no hay ningún interés en dar atención especializada o seguimiento a los niños. Yo agregaría un 4to punto: Consistentemente se ha exacerbado [y premiado] la crueldad de los oficiales de la policía fronteriza [CBP] y de ICE {a cargo del control interno], lo cual ha facilitado que las y los agentes adopten la interpretación más lesiva posible de la norma en su trato a familias y migrantes. Se ha habilitado una ‘crueldad institucionalizada’. Ello no es menor y también dispara abusos y ‘omisiones’.

 

Diversas voces explican que esta política migratoria viene desde Obama, ¿por qué a Obama no se le responsabiliza de esto tan duramente como a Trump?

Esta política de separación NO viene desde Obama. En realidad, se trata de distintas políticas cuyas bases existen desde antes, y que se han venido fortaleciendo desde 2003, pero no con estos énfasis. 1) Se detiene y procesa criminalmente a muchos migrantes indocumentados [por el crimen de migrar sin papeles] pero hasta este año se había evitado procesar a personas acompañadas de niñas y niños, además de 2013 a 2016 el número de procesados había bajado de alrededor de 95 mil a 70 mil por año); 2) Se detiene a niñas, niños y adolescentes, acompañados y NO acompañados, pero hasta ahora no se había seguido una política estricta de separar a la unidad familiar cuando existe; 3) Trump y este departamento de Justicia han decidido procesar criminalmente a padres que pagaron a coyotes para traer a sus hijos [esto no se había implementado, ni sugerido, antes, es casi un crimen de lesa humanidad]; y 3) aunque los criterios de asilo siempre han sido laxos y las obligaciones del estado poco procuradas por los agentes de la patrulla fronteriza, se han endurecido mucho más desde el año pasado, al grado de hacer virtualmente imposible solicitar asilo [esto tampoco se daba antes de la administración Trump, a pesar de las dificultades].

 

En términos totalmente fríos, ¿qué va a pasar, los niños no volverán a reencontrarse con sus padres hasta que sean mayores de edad? ¿Los «acogerá» el Estado y después los deportará cuando sean mayores de edad?

La verdad es que, como con todo en política migratoria de EU, sabemos poco sobre las consecuencias de largo plazo, y los ‘caminos’ a seguir serán diversos. Donde las familias tengan apoyo especializado podrán pelear la reunificación; en algunos casos ahora se está reunificando contra orden de deportación aceptada y firmada. Donde ya hay deportados cuyos hijos están ‘perdidos en el sistema’ o con familiares en comunidades, no necesariamente van a volver a ver a sus familiares. Y muy probablemente se establezcan sentencias y precedentes legales que impidan que se deporte a familiares de hijos no presentados.

Así se congregaron distintas organizaciones y ciudadanas/os en la Embajada de Estados Unidos en México para exigir alto a la separación de niños y niñas de sus padres y madres en la frontera norte. 21 de junio de 2018.

 

¿En qué términos es que el gobierno de México debe de exigir un trato justo a la población migrante y cuáles son sus responsabilidades? Es decir, como ciudadanía, ¿cómo podemos exigir que el gobierno mexicano detenga esto, que exija el respeto a los derechos de estos niños?

Los niños mexicanos casi no son detenidos, y los que son detenidos son deportados inmediatamente, desde siempre. Y la escalada de niños, niñas y adolescentes NNA migrantes no acompañados de 2010 a 2015 [con una explosión en 2014] no lo cambió: los centroamericanos son detenidos y procesados para asilo o reunificación; los mexicanos son deportados y puestos a disposición de autoridades mexicanas casi inmediatamente. Donde hay algunos niños detenidos [en la conferencia de prensa del canciller hace un mes mencionó menos de 30, de los casi 3 mil niños y niñas separados de sus familiares].

Lo que sí debe hacerse es exigir a México cumplir con sus leyes y protocolos y dejar de detener a migrantes [también hay separación, pero en muy pocos casos de riesgo para las y los niños, por no cumplir con los protocolos de atención a la niñez migrante]; también es indispensable exigir que deje de deportar a familias y NNA no acompañadas, y que fortalezca las políticas de asilo y los mecanismos para procesar a los solicitantes de asilo.

Aunque con el cambio de administración se abre una oportunidad, va a ser difícil. Porque institucionalmente no tenemos ni la cultura ni los mecanismos de protección necesarios. Hay que construirlos.

Hay que revisar los comunicados recientes del Grupo de Trabajo sobre Política Migratoria y Sin Fronteras / IMUMI, porque la exigencia está muy claramente expresada ahí, con puntos detallados de atención y compromisos inclumplidos.

 

Hablando de derechos humanos, ¿qué va a pasar ahora que Estados Unidos abiertamente se deslinda del cumplimento de los mismos en estas situaciones, cómo hacemos exigible que se priorice el bienestar la infancia si no hay métodos vinculantes que desde la comunidad internacional le exijan al gobierno de Trump?

Las condiciones y el trato se tienen que pelear en las cortes americanas, como ha ocurrido siempre [así se logró detener un par de órdenes, defender daca, ahora prevenir la detención sin reunificación]. Ese es el camino, y lo siguen organizaciones con décadas de litigio en materia de derechos [AILA, ACLU, MALDEF, NILC et al]. En cualquier caso no es un camino fácil, y llevará décadas deconstruir la política de crueldad habilitada en estos dos años, porque no hay como cambiar la cultura de los ‘enforcers’ [los agentes de ICE y CBP] en el corto plazo.

 

¿Hay alguna manera de detener esto en poco tiempo, los legisladores están dispuestos?

Ni en México ni en Estados Unidos hay condiciones para grandes coaliciones legislativas. El camino es cambiar el enfoque en la implementación [cuando salga Trump], y pelear en las cortes. En México hay margen si de veras hay un cambio en el enfoque, pero no es claro que así sea, al menos hasta ahora.

 

Desde afuera, se ha apelado a que la sociedad civil se movilice especialmente haciendo donaciones a organizaciones que trabajan en el tema. A mediano y largo plazo, ¿cuáles serían las ventajas de que las ONG reciban donaciones?

Básicamente, recursos para el litigio legal. En el caso de quienes proveen asistencia directa, poder acercar apoyo legal a madres, padres y niñas y niños, para mejorar sus probabilidades de acceso a protección y refugio.

 

Donar a las ONG, ¿le quita un peso importante al Estado que debería de estar asumiendo, o por el contrario, fortalece la participación de la sociedad mediante canales de comunicación y apoyo organizado?

El estado [americano] no provee asistencia legal a migrantes. Ni lo hará en el corto plazo. O lo hacen organizaciones, o no se hace.

 

Como experto en estos temas, ¿qué podemos hacer nosotros que lo estamos viviendo desde afuera, en qué cosas nos debemos de enfocar, en las leyes, en voluntariado, en presión política para México, en manifestaciones a embajadas estadounidenses? ¿qué acciones consideras que podrían tener impactos certeros?

Es complicado, pero un primer paso es tener y procurar información precisa; un segundo es ser claros en la exigencia legislativa y a las políticas de implementación. Un tercero es defensa legal. Porque Trump ha apostado todo su capital político a esta línea de implementación [sin excepciones, cruel, inhumana y xenófoba], lo que resta los siguientes dos o tres años es ganar batallas legales. Es [otra vez], la hora de las y los abogados. Y de construir redes de resistencia legal crítica. Yo ahí pondría los esfuerzos.

En México hay que aprovechar la coyuntura que abre el cambio de administración para impulsar un cambio radical en el enfoque de gestión de flujos migratorios, que es el de securitización, detención y deportación sin excepciones. Es hora de asumir que ya somos un país de destino, y generar condiciones para recibir a más solicitantes de asilo, además de migrantes.

La violencia que genera el desplazamiento de los países del triángulo del norte, de Venezuela, y ahora de Nicaragua, no va a cambiar. Seguirán llegando por decenas de miles. Si esto ya es una crisis humanitaria, posponer el cambio de enfoque la va a hacer empeorar drásticamente.

Mensajes para protestar por la política «Tolerancia Cero» en las rejas colocadas frente a la Embajada de Estados Unidos en México. 21 de junio de 2018.

 

***

 

Paso a la acción

Entendiendo que nos importa seguir cuidándonos y que nuestra apuesta política es este cuidado, pretendemos apelar a las redes que tenemos a nuestro alrededor. Así, el proyecto editorial de Kaja Negra y el centro cultural Casa Tomada se unen para acompañar a la novela Casas vacías [mi trabajo y el trabajo de mucha más gente] en una venta de libros impresos; lo recaudado será donado directamente a RAICES, una organización que trabaja en la defensa y litigación de casos de los niños y las niñas que actualmente se encuentran separados/as de sus familias y sin la posibilidad de ejercer sus derechos.

¿Cómo participar?

Existen tres formas de adquirir Casas vacías para recaudar dinero:

  1. Habrá 10  libros impresos en Casa Tomada [dirección y horario] con un precio de 220.00 pesos mexicanos.
  2. Pueden hacer una donación equivalente a los 220.00 pesos mexicanos directamente en la RAICES, llevar el recibo a Casa Tomada y se les entregará el libro impreso.
  3. Pueden hacer la donación a la RAICES, enviar a redaccion@kajanegra.com el comprobante y descargar gratuitamente la novela, en el caso de que no lo hayas hecho. O, si ya la descargaste, pero quieres donar, sólo tienes que escribir a Kaja Negra para que podamos contabilizar la red de cuidados que pudo haberse creado.

La creación de redes, el sostenimiento de nuestra vulnerabilidad y el ejercicio de nuestra vida digna y los cuidados que conlleva, son parte de las resistencias a las que apostamos y queremos ser parte de esto en compañía de ustedes. Cuidarnos y cuidar a los demás.

No pretendemos «subirnos» a la causa, ni tener reflectores sobre nosotras, por el contrario, consideramos que es gracias a las redes sociales que los cuidados pueden comenzar a cambiar la visión de hombres y de mujeres. Que no sea una foto, que no sea sólo en el momento del discurso político, o que la urgencia de los distintos acontecimientos nos unan para que después nos desperdiguemos.

¿Qué ven los hombres y qué ven las mujeres? El derecho a migrar. La necesidad de problematizar que estamos rodeados de fronteras cuando, en otras partes del mundo, las fronteras son un trámite geopolítico, sin bardas, sin conflictos, sin policías; mientras que a nosotrxs las fronteras nos dividen los cuerpos, las familias, las formas de relacionarnos. Las fronteras son la violación sistemática de nuestras vidas sólo por no ser hombres, blancos, poderosos. La apuesta: llenar las casas vacías de gente y de experiencias. Hacernos compañía. Resistir.

 



Brenda Navarro
Brenda Navarro
Dirige el proyecto editorial Enjambre Literario. Es autora de Casas vacías [Kaja Negra, 2018]. Sus líneas de investigación están relacionadas con derechos laborales y usos del tiempo de las escritoras, el acceso de mujeres a la cultura, derechos y humanidades digitales, y la construcción de identidades dentro de los campos de poder de la industria editorial. En Twitter: @despixeleada



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