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La decadencia moral de la nación [*]

24 May, 2018 Etiquetas: , ,

A partir de las palabras del poeta Jorge Cuesta, el autor de este texto reflexiona sobre la fatídica coincidencia que hay entre el México de 1935 y el de este 2018.

TEXTO: ALEJANDRO ROJAS

Tan contundente como actual resulta el título que da inicio a estas líneas y el cual retomo de un ensayo publicado por el poeta Jorge Cuesta en el periódico El Universal en el año de 1935. Contundente porque hoy en día, una vez más, nos encontramos en un momento histórico que definirá el rumbo de nuestra nación en los próximos años. Actual porque no existe manera de negar o esconder la descomposición que hoy sufre el sistema de gobierno, situación que ha permeado en gran medida la columna vertebral del desarrollo social, político, económico y de justicia, y que supuestamente había logrado dar cierta estabilidad a nuestro país décadas atrás. Apenas dieciocho años llevamos de este nuevo siglo y México está inmerso en una medusa de circunstancias que lo alejan más y más del progreso y desarrollo tan anhelados en el siglo pasado. Pese al cambio de presidentes, de propuestas políticas, de estructuras de justicia y de nuevos programas sociales no hay manera de negar que el día a día para muchos mexicanos resulta hoy más un acto de sobrevivencia que de felicidad.

No está por demás mencionar que los comentarios de Cuesta corresponden a un contexto histórico determinado, en una época donde los efectos de reacomodo posteriores a la Revolución Mexicana comenzaban a surtir sus efectos en todas las estructuras del país –el marxismo, por ejemplo, estaba en boga en algunos personajes de la cultura y del gobierno como un nuevo discurso político y del cual el poeta manifestaba su tajante animadversión–  aunque más allá de cualquier proyección política o económica, existía en México un ambiente renovador, de esperanza y de confianza; en pocas palabras existía un sentimiento de resurgir después de la guerra mortífera que se había sucedido a partir de 1910.

Enumero algunos juicios, que a mi parecer, forman ahora parte de una fatídica coincidencia en el México actual, y en los cuales, Cuesta describe someramente la nueva estructura política posrevolucionarios y en su mayoría mantiene esa crítica contundente que exponía la inconsistencia política y económica en el actuar de los nuevos administradores del país.

1.- Cita casi al principio de su ensayo: el efecto de que ocupen los puestos públicos personas sin experiencia política y, muy a menudo, sin ninguna capacidad intelectual. Es probable que muchos de nosotros conozcamos funcionarios de alto, mediano y bajo calibre que cierran perfectamente este argumento. Pero lo más lamentable es que hoy abundan. No solo resultan patéticas y destructivas sus decisiones, sino hasta cómicos se han vuelto sus actos dentro la función pública. Todo cabe en estos esquemas del quehacer político contemporáneo. Ahora nuestros funcionarios, ante la desazón que ha dejado el político tradicional, algunos son actores, artistas, deportistas, músicos, amigos o amantes de algún otro funcionario de mayor rango; y lo peor, la mayoría carecen de conocimiento y experiencia en el ejercicio político, mucho menos lo tendrán en el ético o moral.

2.- Líneas adelante retoma la anarquía de Proudhon en esta aseveración: Las inepcias de los gobiernos hacen la verdadera fortuna de los pueblos que les brindan ocasión de formar su carácter. Cuesta reafirma su inclinación a creer que un pueblo o sociedad tienen en algún momento histórico la capacidad de encaminar el rumbo de un país, pese a la mala administración que se ha sufrido de un gobierno. Siempre considerando la posibilidad de cambio, la revolución misma, como en aquellos tiempos que señalaba el agotamiento de la administración porfirista, pero también del peligro que significaba que una nueva administración cayera en manos de revolucionarios sin experiencia política.

3.- En el todavía reciente aniversario del centenario de la Revolución Mexicana, surgieron varios historiadores y politólogos que cuestionaron desde diversos enfoques lo que también se critica en este artículo de hace 83 años. Y que hoy en México se refleja de manera inquietante en sus problemas actuales: Me pregunto, ante estas circunstancias, si la Revolución Mexicana, como algunas personas suponen, no habrá sido un movimiento superficial que no ha podido modificar las bases profundas de nuestra cultura política. Probablemente contestaríamos que tenemos la ligera sospecha y la triste certeza que más allá de la superficialidad del movimiento revolucionario, sí han cambiado las bases de nuestra cultura política; y que de paso sea dicho, se han sofisticado de tal modo que perfeccionaron el olvido de las causas revolucionarias y del desarrollo de la nación, en beneficio hacia los herederos de ciertos grupos políticos empresariales posrevolucionarios y de todo un sistema de control político que se ha vuelto un laberinto del cual no hemos podido salir.

4.- Los ideales de nuestra vida política no son, seguramente, los administrativos, sino los revolucionarios… En consecuencia, las épocas de administración, de felicidad y de economía dirigida son las que habrán de significar un abandono de nuestro destino y una decadencia moral de la nación. La polémica mordacidad con la que el poeta se manifiesta en esta aseveración alude directamente a lo que señala como el indicio de esa búsqueda por lograr un carácter de nación y que al parecer no logró consolidar todavía un país al nivel que se requiere en el contexto mundial. Para evidencia deja entrever que los años posteriores a nuestras principales revueltas histórico-sociales, la calma política ha sido más bien desastrosa porque nunca ha logrado dar certeza a los anhelos que dieron origen a la Revolución mexicana, sobre todo, política y económicamente.

5.- Cuesta, de alguna manera, vaticina una sociedad que ha dejado su destino al simplismo en que ciertos personajes actúan dentro de la vida política mexicana. Tanto en la cultura como en la infinidad de estrategias fallidas que en cada momento histórico han permeado claramente el retraso o adelanto de nuestro país. He aquí estas palabras: Una revolución no tiene por objeto perfeccionar las oficinas públicas; esta idea es meramente romántica. Por el contrario, una revolución se distingue por la humanización de la maquinaria administrativa, es decir, por los vicios e imperfecciones humanas que la dota.

En cuanto a la mayoría de los ciudadanos de a pie que habitamos este país, el poeta nos deja una última aseveración  —aunque ya no se incluya en su Decadencia Moral de la Nación —que matiza de manera enfática nuestro día a día: Ese momento fatal cuando se olvidó la obligación moral de ser inteligente y se puso a la crítica al servicio del comunismo y del fascismo. Los mexicanos que en este todavía joven siglo hacemos conciencia y recuento de otro momento fatal en nuestra historia, quienes no dejamos de contar nuestros muertos y desaparecidos; los mexicanos que nos sorprendemos e indignamos ante el cinismo, la impunidad y la corrupción en las esferas de los que hoy gobiernan, también sabemos que vivimos a expensas de las decisiones de funcionarios improvisados, narcopolíticos, mercenarios y depredadores con rostro de insignes empresarios, sin contar a nuestros vecinos del norte y a los asesinos en las calles; emulemos a Jorge Cuesta que bien podría referir: este otro momento fatal donde se vuelve a olvidar esa obligación moral de ser inteligente y se pone la crítica al servicio del neoliberalismo salvaje y de las izquierdas fallidas.

*Jorge Cuesta, El Universal, 1ª sección. 2 de mayo de 1935, p.3.

 

The Streets of Mexico by Richard Cawood. Flickr-[CC BY-NC 2.0]


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