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La escucha, un acto de resistencia

23 Ene, 2017 Etiquetas: , ,

«Uno de los mecanismos del poder es hacer sentir que la gente no se escucha», dice la escritora y editora Mónica Nepote, por eso, señala, es relevante que exista una iniciativa como Escuchatorio, un espacio que «reposiciona la escucha como un ejercicio político». Para conocer más de este proyecto colectivo conversamos con Félix Blume y Mirna Castro, dos de sus impulsores.

TEXTO Y FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

La invitación resultó atractiva: «Una caminata sonora por diversos parajes del mundo, échenle oído, no se van a arrepentir», dijo en un tuit la editora y escritora Mónica Nepote. Era la tarde del 1 de mayo de 2016. El tuit contenía un enlace que dirigía a la siguiente dirección:

escuchatorio.net

¿Qué era eso? Ingresé a su sitio web para averiguar y supe que Escuchatorio es «un espacio que reposiciona la escucha como un ejercicio político». De inmediato empecé a revisar lo que habían publicado a través de sus redes sociales: «Escucha tus pasos…», leí en los primeros caracteres de un tuit publicado ese mismo 1 de mayo de 2016 a las 6:59 de la mañana. Decidí prestar oído e ingresar a distintos enlaces. Mientras mi cuerpo permanecía inmóvil, algo se produjo en mí: caminé a través de sonidos Camina. Y nació la inquietud: ¿Cómo surgió esta iniciativa?

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A través de la misma Mónica Nepote [que también es colaboradora de Escuchatorio] logré contactar a Félix Blume, el artista sonoro que orquestó el proyecto al que se han sumado personas de distintos ámbitos [diseñadores, escritores, ingenieros de sonido, artistas sonoros, cineastas, comunicólogos], entre ellos: Juanpablo Avendaño, Diego Aguirre, Mely Ávila, Luis Silva, Esteban Azuela, Brenda Hernández, Marcel Miranda, Rafael Olivarría, Marcela Flores Méndez, Nadia Baram, Sofía Ortega, Eric Flores, Salvador Chávez, Jacob Wick, Carlos Gamboa, Edith Caballero y Mirna Castro, quien se sumaría a la charla que acordé con Félix.

La conversación  se concretó semanas después en un café en el centro de la Ciudad de México. Ahí me explicaron los antecedentes de Escuchatorio, los cuales se remontan a julio de 2015, cuando Blume [artista sonoro francés] fue invitado a explorar las posibilidades de la radio y el internet a propósito del Día Mundial de la Escucha [18 de julio]. Aquella ocasión, aprovechando que el tema de la celebración era el agua, Félix pensó en transmitir todos los sonidos que pudiera conseguir. Hizo una emisión en vivo y pensó, también, en armar una pieza más condensada que fuera una remezcla o un collage de esos audios Agua. Al final logró transmitir cerca de doce horas. Y notó algo clave: «Hubo mucha respuesta. Había mucho potencial con internet. La gente podía contribuir. Nos dimos cuenta de que si la gente manda un sonido, pues escucha. Entonces, si queremos que la gente escuche pues tenemos que invitarlos a participar».

Y así empezó todo.

Mirna y Félix.

Poco después, Félix y sus colaboradores pensaron y concretaron propuestas: tener un espacio, una página, abrir un flujo sonoro, poner un tema, lanzar una convocatoria: la gente podía mandar un sonido, escuchar y difundir. Así, la escucha no era solo «un acto pasivo sino una propuesta, una forma de resistencia, es decir, una escucha activa, que también puede volverse como un acto político en algún sentido», en palabras de Blume.

Sabían que no todo era sencillo. Tenían que organizarse, ver qué pasaba con la convocatoria. Revisar el material, programarlo. Luego, determinar cómo sería la difusión a través de redes sociales de modo que permitiera involucrar más a los participantes [lo resolvieron dándoles su crédito en cada tuit o post de Facebook]. También siguió considerar puntos importantes para seleccionar los temas que se plantearían, entre ellos: «Que se pueda escuchar, que por lo menos tengas ganas de escuchar varias horas, que pueda llevarse a cabo en una fecha importante; es un evento y es necesario buscarle una forma de vincularlo con la vida directa», señala Félix.

En un principio la página de Escuchatorio se podía leer en inglés y español, pero al ver la participación de los franceses integraron la versión en ese idioma. El proyecto fue agarrando fuerza, distintas emisoras de radio [FM e internet, como en Ibero 90.9, Radio UNAM, NOFM, Sonic Protest, entre otras] se interesaron en reproducir fragmentos del ejercicio y otras personas [por su cuenta] se volvieron puntos de escucha [replicaron los audios a través de su computadora y/o celular para oírlos en colectivo]. Esto mostró que Escuchatorio tenía el potencial de una radio expandida, dice Mirna y matiza: «Parto de esa idea de que la radio no nada más tiene que ser comercial o de noticias, sino que tiene muchas posibilidades. Y en estos ejercicios se ve muy claro: personas que no tienen mucha noción técnica de cómo grabar lo hacen, y hay gente que sí se dedica a hacer piezas sonoras y que les cuesta hacer una grabación simple».

Así, la escucha no era solo «un acto pasivo sino una propuesta, una forma de resistencia, es decir, una escucha activa, que también puede volverse como un acto político en algún sentido».

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El primer llamado para participar en Escuchatorio fue lanzado en septiembre de 2015: se trató de Escuchatorio Protesta Protesta «en homenaje a todos aquellos quienes han ejercido el derecho ciudadano de la protesta, ya sea como medio o mecanismo cuyo fin último es tensar los sistemas normativos. Para obligar a pensar diferentes las cosas. Un escuchar dedicado a los 43, por todos los que han sido». Se llevó a cabo el 26 de septiembre de 2015, justo al cumplirse el primer aniversario de Ayotzinapa. La gente podía mandar lo que quisiera [sonidos, música, letras], no había límite ni censura. Tampoco importaba la calidad.

Si bien el principal eje de ese llamado empató con el aniversario de los hechos de Iguala, la convocatoria dio cabida a audios de cualquier tipo de protesta  Antidisturbios que estuvieron emitiéndose durante una jornada de 43 horas [este tiempo fue un gesto simbólico dedicado a los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, Ayotzinapa]. Al final se difundieron 450 sonidos diferentes. Y hubo 35 puntos de escucha —es decir, lugares donde la gente abrió espacios para escuchar— y las personas se conectaron desde Europa, Estados Unidos y América Latina.

«Escuchar protestas se volvía una forma de actuar o de hacer algo, de decir: hay muchísima gente gritando en las calles y nadie los está escuchando, ¿por qué no nos tomamos el tiempo para escucharlos?», relata Félix.

«A partir de ese momento nos quedamos con la idea de que queríamos continuar el proyecto. Es decir, no sólo haciéndolo anual. Desde un inicio se planteó que Escuchatorio era el proyecto y el apellido es el que iba a cambiar. En el primero fue Protesta y en el segundo fue Camina», agrega Mirna.

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Para Escuchatorio Camina el llamado Spot a los caminantes, a sus pies y a sus oídos decía, entre otras cosas:

«Camina tan silenciosamente que las plantas de tus pies se vuelvan tus oídos»
Pauline Oliveros

Caminar como acto de resistencia.
Caminar para perderse, para reencontrarse.
Caminar es estar alejándose de algo.
Caminar también como encuentro con la incertidumbre.
Caminar hacia el futuro y de regreso.
Caminar más lento, tomarse el tiempo, reducir el paso hasta detenerse.

¿Y qué implicó desde la escucha?

Mirna explica: «Fue pensar que el caminar también te permite ir escuchando lo que hay a tu alrededor. Y se planteó pensando en el paisaje sonoro del entorno de cada quien. A Diego [otro integrante de Escuchatorio] se le había ocurrido hacer entrevistas con migrantes, en esta idea de cómo ellos se tienen que desplazar casi todo el tiempo para llegar a un punto. O caminar para perderse».

Escuchatorio Camina se realizó el 1 de mayo de 2016. Se programaron 150 sonidos apróximadamente y la transmisión duró doce horas.

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Además de hablar con Mirna y Félix también platiqué con Mónica Nepote [por cuyo tuit descubrí esta propuesta] para contar con otra voz que permitiera darle más contexto a Escuchatorio.

—¿Qué elementos debemos tener en cuenta para pensar la escucha como un acto o ejercicio político?

—El ejercicio de la escucha yo creo que es una práctica que desde el poder se opaca. Desde los sistemas de poder, tanto político como económico, se entreteje todo un sistema de alejamiento de las personas, la ciudadanía y las comunidades para romper mecanismos de la escucha. Entonces, retomar la práctica de escuchar implica un ejercicio de conciencia, tanto personal como individual, de quien integra una comunidad. Y yo pensaría que quizá no hay nada más político que el ejercicio de la escucha. Es decir, suspender el flujo propio del lenguaje y escuchar el del otro y lograr la construcción del lenguaje común. ¿Y esto [la escucha] cómo se rompe? Pues se rompe con todo tipo de ruido, que puede ser desde el ruido visual, la saturación de la publicidad, la saturación de las indicaciones, la saturación de los discursos; es decir, se rompe el ejercicio de la escucha porque uno no quiere escuchar cosas como discursos automatizados, como los de los políticos, los políticos en campaña me refiero.

—¿Cómo pensar la escucha en el contexto que vivimos en México?

—Yo pienso que el ejercicio de la escucha y lo que ello implica, las zonas del cuerpo que implica, rompe con una tiranía de lo visual. Eso es algo de lo primero que me parece interesante plantear, porque, por ejemplo, un espacio muy ruidoso son las redes sociales. ¿Cómo se puede romper ese flujo al que te arrastran las redes sociales? Justamente con la escucha, con el oído. El oído tiene una forma de organizar en medio de un ruidajo, va distinguiendo o necesita poner una pausa. Como que podemos poner más altos en el oído, cuántas veces no hemos dicho a alguien: espérame tantito porque no te entiendo. Creo que es un mecanismo muy eficaz justo porque la organización que requiere la escucha corporalmente es mucho más pausada y mucho más lenta. Necesitamos escuchar una cosa a la vez, por así decirlo. Por ejemplo, aunque tengamos un campo sonoro detrás que está permeando, si hay una voz que nos interesa nos enfocamos en ella. A mí me impresiona mucho cómo lo que se escucha tiene un impacto en el cuerpo; a veces escuchar un testimonio tiene más impacto que leerlo.

[…] el ejercicio de la escucha y lo que ello implica, las zonas del cuerpo que implica, rompe con una tiranía de lo visual.

—Propiamente hablando de Escuchatorio, ¿qué destacarías del proyecto?

—Es muy impactante, impresionante y hasta conmovedor tener acceso a los bancos sonoros de discursos relevantes, por ejemplo de los movimientos en Inglaterra, en Francia, o escuchar cómo sonaban las voces en España con el movimiento de Los Indignados. Es decir, lo que me parece importante es que en contrapunto con los discursos —dado que la voz en los medios ha estado capitalizada por los discursos oficiales y del poder—, cuando tú escuchas los testimonios de los movimientos civiles, de los movimientos en resistencia, de los movimientos de desobediencia civil, cuando les pones voz y oído, sacude. Creo es lo que más me ha sacudido en lo personal, porque dices: existen [estas voces], es un hecho histórico que están entrando a mi cuerpo a través del oído. Entonces, juntar una serie de este tipo de testimonios —de distintos momentos en el tiempo— y conjuntarlos en un espacio de 24 horas o de 43 horas como fue el primer Escuchatorio, me parece que logra una fuerza que quizá sobrepase la que pudiera tener algo que fuera audiovisual o que estuviera almacenado en un libro. Lo que te puede caber en 43 horas de escucha si cierras los ojos y te dejas ir, te puede llevar tan lejos como una meditación. La voz alcanza unas zonas del cuerpo y unas zonas de la mente o el cerebro, y tiene una gran capacidad de transformación. Por eso, lo que valoro de proyectos como Escuchatorio es la fuerza simbólica de elegir 43 horas de transmisión y la fuerza real de tener la reconstrucción de estos discursos históricos y, por otro lado, construir un archivo in situ. Escuchar todas las partes y las voces que componen una marcha y que componen ese retrato sonoro de México: las voces de los padres de los 43, las de los jaraneros, las de niños, niñas, las de las feministas. Todas esas formas de expresarse vocalmente son al mismo tiempo un conjunto social y un conjunto de voces individuales. Y eso a mí me parece profundamente conmovedor y reflexivo. Es un decir: no estamos solos, ¿por qué estamos tan disgregados? ¿Por qué el poder no nos escucha? Pero si nos escuchamos nosotros, somos más. Somos mucho más poderosos. Y vuelvo a lo que decía al principio, uno de los mecanismos del poder es hacer sentir que la gente no se escucha.

—¿Y a qué temas o aspectos consideras que debemos prestar más oído y escuchar más?

—Pienso que a nosotros mismos como seres individuales que integramos una comunidad. El oximorón clásico es que todos nos relacionamos, que estamos interconectados, pero al mismo tiempo se resalta mucho la individualidad. Bueno, el neoliberalismo ha vivido justo de resaltar los logros individuales y crear las competencias, y borrar mucho la idea de comunidad y de que los individuos juntos pueden crear un bienestar común. Creo que escucharnos, pero de veras escucharnos, no interrumpirnos —que es una maña que tenemos automatizada, que no sé en qué esté basada, si en una tolerancia muy baja o en algo más—, es importante. Creo que lo que tendríamos que hacer es retomar la idea de la escucha, de lo que significa la escucha, para eso son importantes proyectos como Escuchatorio, que es un ejemplo de estar juntos, algo que es incluso desafiante.

[…] uno de los mecanismos del poder es hacer sentir que la gente no se escucha.

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La charla con Mirna y Félix transcurre con calma. La mañana calienta cada vez más mientras me describen brevemente cómo es que la escucha se volvió importante en sus vidas. Félix, dice, no tiene un momento de revelación. Su camino profesional lo llevó en primer lugar a la música, «pero no quería ser músico, no lo veía como un trabajo. Tampoco quería encerrarme a producir, me gustaba sonorizar. Y así llegué al sonido para documental, trabajo en cine haciendo sonido, así fue que me di cuenta que me daba mucho placer. Y cuando uno siente mucho placer pues quiere compartirlo. Así yo con la escucha».

Mirna vivió algo similar: le gustaba la música pero quería hacer radio. Quiso ser ingeniera de sonido en vivo y poco a poco exploró la post producción para documentales y para radio. «Y justamente con esta idea del lenguaje radiofónico empecé a crear piezas. Y ya estando en la universidad [Mirna es comunicóloga] empecé a seguir a muchos artistas que retomaban la idea del sonido no solamente como elemento estético, sino que utilizaban los ruidos hasta la sobreexplotación. Y dije de aquí soy.»

Cerca del final de la charla decido ir un poco más allá en las preguntas, pasar de la descripción a la reflexión:

—¿Han pensando hacia dónde quieren llevar a Escuchatorio? ¿Cómo imaginan que pueden seguir?

—Creo que la idea es quedarnos un poco con lo que tenemos. Siempre estamos abiertos a nuevas ideas, pero sí creo que se quedará en una cosa sencilla porque además no somos técnicos, tenemos nuestros límites. Y también hay una cosa que no hemos dicho que es la cosa efímera de la radio, [Escuchatorio] es un evento que pasa. Esta cosa efímera también nos importa, y [pensamos] dejarlo sencillo para que la gente se sume —suelta Félix tras atajar la pregunta.

—Sí, lo efímero del sonido pero que también te deja retumbando los oídos. [Escuchatorio] es un evento efímero [del día en que se realiza] pero podemos seguir hablando de ese evento durante mucho tiempo. Podemos seguir resonando. Y la idea es dejarlo como lo hemos venido manejando, también hemos venido pensando en hacerlo en días importantes, buscar una fecha representativa, que no sea sólo como ay, se nos ocurrió, sino que tenga una implicación política, social o cultural.

—¿Cómo han pensado ustedes, Félix, Mirna, el espacio público a partir de Escuchatorio?

—Creo que hablando del espacio público, esto de los puntos de escucha pues también es importante porque al utilizar un teléfono, una bocina, de alguna manera te reapropias de ese espacio público que siempre está invadido. Puedes insertar unos sonidos quizá ajenos. Amplificar el paisaje sonoro de la ciudad también es hacerte consciente de lo que estás escuchando, el ruido que aturde y meterte un poco del flujo del sonido —dice Mirna.

—Sobre el espacio público, bueno, siempre hubo una necesidad de que haya una relación con algo en vivo, que algo esté pasando. El día de lo de Ayotzinapa pues sí hubo varias marchas. Teníamos un número de WhatsApp para que nos mandaran lo que quisieran. Siempre había esto de un flujo ya programado y al mismo tiempo un flujo directo. No puedes saber qué va a pasar después, a diferencia de un programa de radio más clásico. Y para el día de la caminata también había una necesidad de que hubiera algo en directo. Ese día atravesé la ciudad caminando. Es decir, también aprovechar el tema para generar algo —completa Félix.

—Y, ¿cuál sería su reflexión, a partir de las experiencias que han tenido, sobre la importancia de escuchar?

Félix responde primero esta ocasión: «Bueno, yo, en general, por mi trabajo [como artista sonoro y como sonidista de documentales] pienso que la escucha es importante. Yo creo que la escucha puede cambiar todo. Me gusta apreciar la riqueza sonora y pensar en la influencia que uno tiene en estos sonidos, en cómo los puede guardar o manejar. Hoy en día todos podemos grabar. Muchísima gente toma fotos con su celular, pero hay menos gente que graba sonidos que le gustan. Y ahí está la herramienta. Para escuchar no se necesita nada, sólo estar atento. Hay que llevar a la gente a eso, a cuestionar la escucha, de ahí ya puede seguir pensar en una memoria sonora, en cómo intervenir en el espacio público».

Mirna toma la palabra para decir: «Para mí también [escuchar] es una de las prácticas más importantes dentro de lo que me dedico [trabaja en la Fonoteca Nacional]. Quizá el ambiente de la ciudad ya nos parece tan ruidoso que ya nos acostumbramos a él, pero no nos hemos detenido a explorarlo. Y es hacernos conscientes de lo que estamos escuchando. También la idea inicial con Escuchatorio Protesta era bueno, muchas voces se están levantando pero quién las escucha. Es decir, no te calles, pero también escucha. No dejes que el bullicio te impida escuchar lo que se está diciendo. Y todo esto te puede llevar a la parte política, al diálogo que luego se pierde mucho en esta ciudad».

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Meses después, me reencuentro con Mirna y Félix en el departamento de éste para hacer las fotos que acompañan este texto. Cada uno ha seguido con sus proyectos personales, al igual que lo han hecho los otros colaboradores de Escuchatorio.

Mirna y Félix beben café y yo un té. Se preparan para grabar el sonido del ambiente. Se concentran. Por momento parecen dos músicos antes de saltar al escenario. Acomodan su grabadora y micrófonos. Cierran sus ojos.

Mientras los observo recuerdo las palabras que pronunciaron meses atrás, cuando Félix dijo: «hay que enfocarse en los sonidos». Cuando Mirna comentó que es común que un playlist esté sonando mientras hacemos nuestras actividades cotidianas, pero muchas veces pasa a ser un ruido ambiental al que no prestamos tanta atención, que estamos tan poco habituados a la escucha que a veces ya ni exploramos un álbum de música completo y que hay ejercicios para practicar la escucha. Habló de algunos de ellos. Uno en particular se me quedó grabado e intento practicarlo luego de despedirme de ellos. El ejercicio dice: «Imagina el sonido de un círculo».



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com




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