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La famosa Casa Serra

31 Jul, 2018 Etiquetas: , ,

La historia de este lugar inició como una tlapalería, pero terminó siendo un comercio emblemático para artistas mexicanos. Un lugar histórico que se ubica en el centro de la Ciudad de México: Casa Serra.

TEXTO: RICARDO CRUZ GARCÍA / FOTOS: CORTESÍA DE LA FAMILIA SERRA

Frida se detiene frente al mostrador. Es imposible no voltear a verla: sus gruesas trenzas con chispeantes flores, sus tupidas cejas, sus ojos vivaces y melancólicos, su sonrisa abigotada, su colorido atuendo. Todo en ella llama la atención en este local que desde 1906 abre en uno de los callejones de Mesones, en la capital mexicana. Tras echar un vistazo a los anaqueles, recibe los materiales que llevará para seguir pintando sus cuadros plenos de una extraña fascinación o, quizá, iniciar una nueva obra.

La Kahlo se despide mientras la persona que ese día atiende Casa Serra mira partir a la mujer que muchos años después se volverá objeto de culto en México y el mundo, al grado de crear la «fridomanía».

Escondida entre repisas, estantes y vitrinas, Casa Serra hoy es parte de la historia del arte mexicano, pues ha contribuido a que decenas de pintores y escultores encuentren aquella materia prima o herramienta necesaria para dar vida a sus creaciones. Seguramente muchas grandes obras nacionales se han realizado con los insumos adquiridos en este negocio.

Una sencilla tlapalería

Esta historia comenzó cuando el catalán Francisco Serra se embarcó rumbo a México a principios del siglo XX, procedente de Barcelona, España. Cupido quiso flecharlo antes de avistar a las mujeres de las costas veracruzanas y durante la travesía conoció a Matilde Aparicio, con quien se casaría más tarde, al llegar a la capital del país.

Al poco tiempo, don Francisco instaló la tlapalería Casa Serra, dedicada a la venta de tornillos, clavos, pasadores, alcayatas, candados, aldabas, barnices, anilinas, pinturas para cemento… Este trabajo lo mezclaba por las tardes con sus oficios de escultor y dorador [aquellos que cubren de oro o una sustancia parecida cualquier superficie], pues en sus ratos libres tallaba y decoraba muebles que llamaban la atención de los paseantes y clientes que recorrían los comercios de Mesones [hoy una tradicional calle repleta de papelerías, en el Centro Histórico de la Ciudad de México].

El señor Serra pronto se volvió famoso por las gubias de la preciada marca Henry Taylor que usaba o las láminas de oro con que cubría sus creaciones. Esos materiales no se podían adquirir en México, por lo cual la gente comenzó a pedirle que les consiguiera esos y otros productos, y herramientas que él traía de Europa. De a poco, la tlapalería fue cambiando de giro y, cuando menos lo pensó, don Francisco ya vendía todo tipo de pinceles, pigmentos, colas especiales, óleos y otros insumos: Casa Serra se había convertido en un local de venta exclusiva de artículos para artistas, el mejor y más reconocido del país.

Casa para el arte

El éxito no tardó en llegar, alimentado por el auge del arte nacional en aquellos años. Fue así que por el umbral de este negocio se vio cruzar tanto a un experimentado Saturnino Herrán como a un joven Diego Rivera o a la extravagante Frida Kahlo. Pero no sólo a ellos, pues frente a su mostrador se han parado los más importantes artistas visuales mexicanos del siglo XX y del XXI: de David Alfaro Siqueiros a Rufino Tamayo, del recién fallecido José Luis Cuevas a Luis Nishizawa, de Rafael Coronel a Adolfo Mexiac, de Pedro Friedeberg al ruso Vlady, de Arturo García Bustos a Manuel Felguérez, de Rina Lazo al oaxaqueño Francisco Toledo… La lista de creadores que se han proveído de material artístico en Casa Serra sería interminable, pues hasta la fecha los jóvenes estudiantes también acuden a ella para encontrar aquello que brilla por su calidad o es difícil —si no imposible— de conseguir en estos lares.

La fama y el reconocimiento de la comunidad artística hacia este comercio hoy centenario permitieron que en los años cincuenta se mudara al número 87-A de la calle Bolívar, en el centro de la capital, donde hasta la fecha se halla. En 1960 murió don Francisco y legó el negocio a uno de sus hijos, quien continuó con la tradición y comenzó a importar materiales ya no sólo de Europa y Estados Unidos, sino también de Japón.

 

En 1991 Casa Serra abrió una sucursal en el Centro Nacional de las Artes, al sur de la Ciudad de México, y actualmente la que fuera tlapalería se mantiene no sólo de la venta a creadores plásticos, sino a restauradores y artesanos que ahí pueden encontrar productos que se fabrican desde hace más de cuatrocientos años, como plumillas o cola de conejo [obtenida a partir de la piel y el cartílago de este animal].

Hoy aún se puede ver a personajes reconocidos recorrer alguna sucursal de Casa Serra, como el artista Pablo Weisz, hijo de la pintora y escultura surrealista Leonora Carrington, fallecida en 2011, de quien seguramente adquirió la tradición de comprar en este comercio que, como los personajes concebidos por la inglesa que radicó en México por muchos años, representa un ente único en su tipo, cuyos materiales darán vida a los sueños e ideas de muchos creadores.



Ricardo Cruz García
Ricardo Cruz García
Escritor, editor e historiador de la prensa mexicana. Es profesor de la FES Acatlán de la UNAM y se dedica a la divulgación de la historia. Obtuvo el premio a la mejor tesis de licenciatura sobre la Revolución mexicana, otorgado por la UNAM. Colaborador en diversas publicaciones impresas y electrónicas, es jefe de redacción de la revista Relatos e historias en México y autor de Nueva Era y la prensa en el maderismo (UNAM-IIH, 2013).



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