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La kaja negra de mi oficio

12 Oct, 2016 Etiquetas: , ,

El trabajo como indocumentado en Estados Unidos cambió la vida del escritor y periodista J. M. Servín: lo llevó a descubrir el entramado literario en las entrañas de la miseria, el caos y la violencia; también lo convirtió en el escritor que aspiraba ser. Así lo retrata en su novela Al final del vacío.

TEXTO: J. M. SERVÍN

[Videoentrevista]

La cita la pospuse en varias ocasiones. Me sentía apenado, no era falta de interés. La vida de un vago a veces está llena de compromisos y salvedades. Parece absurdo pero así es.

Finalmente, Kaja Negra llegó un viernes por la tarde. Periodismo literario digital. Generoso. Cuesta trabajo creer que aún haya proyectos así, dispuestos a aprender y compartir a través de otros.

Ese viernes por la tarde el sol y el calor aturdían en la ciudad castigada sin remedio, como Ícaro en su torpe empeño por alcanzar el cielo sin que sus alas se derritieran, a morir lentamente intoxicada por sus propios venenos.

Una entrevista en video. ¿Qué les puede interesar de alguien que no publica con la frecuencia que parece regida por una revista de chismes? Pareciera que sólo la novedad importa. No es verdad.

Una situación así es un enfrentamiento con mis recuerdos, con lo que ha significado llegar a donde estoy, en Bucareli, en un departamento amplio, vetusto, bien iluminado [demasiado, diría yo], rodeado de lo que más quiero: mi mujer, mis perros, libros y bebida. Cada entrevista me pone en guardia contra la autocomplacencia, el lloriqueo, el heroísmo impostado. Yo elegí lo que soy: un escritor que no sabe ordenar sus ideas, sobre todo en torno a mi oficio. Me refugio en la vida, mi vida. No sé argumentar por qué hago lo que hago.

El sol es un intruso, pesado, sofocante, deslumbrante. Lo mantengo a raya con unos oscuros de madera en las ventanas, tan viejos como el departamento. Apenas y me doy cuenta que el plantón sobre Bucareli, uno de tantos durante el año desde hace once, ofrece una ambientación extraña, casi sobrenatural. Kato y Gonzo están echados en la duela, abochornados. Se escucha el trinar de algunos pájaros, murmullos, música tropical sonidera proveniente de la Ciudadela, a una calle; donde a diario se reúnen espartanos bailarines y una fauna variopinta de personajes tristes, al parecer indiferentes a las horas, el tiempo y los avatares de la vida áspera pero apacible de la zona: santuario de ángeles caídos. Son mis vecinos, el espejo del mundo que he formado alrededor de mi vida y escritura.

Desde hace once años vivimos en una zona sitiada por granaderos, manifestantes, tráfico vehicular, abandono y demoliciones que parecen  planeadas para borrar nuestro pasado y conformarnos con el lujo y bienestar excluyentes de los nuevos complejos urbanísticos.

De eso charlamos con sendos vasos de cerveza fría y anís en las rocas. Al parecer el caos decadente es un incentivo para los nuevos inquilinos y pequeños empresarios de perfil bohemio profiláctico, que poco a poco han ido tomando la zona. Afuera, un desafinado trovador simpatizante del plantón en turno se acompaña de una guitarra para cantar canciones de Arjona. Al momento de escribir esta memoria, el bloqueo lleva instalado en Bucareli catorce días y la calma chicha en la calle de pronto le da un aire pueblerino a la zona. Al atardecer se apaga el ruido de máquinas constructoras, de sirenas y de escudos de  granaderos que se azotan en el piso como parte de su entrenamiento antidisturbios; los granaderos ríen y se divierten como escolares en hora de recreo.

La pesadilla pura.

Y yo frente a una sofisticada lente de video, un entrevistador y un camarógrafo. Un careo con mi incertidumbre, hablando de Al final del vacío. Ahí está todo.



J M Servín
J M Servín
Nació en la ciudad de México, el 5 de julio de 1962. Narrador de formación autodidacta. Desde 1989 publica crónicas, reportajes, ensayos, entrevistas, artículos y narrativa en Complot, DF, Día Siete, Dos Filos, El Ángel del Reforma, El Dominical de El Nacional, El Financiero, El Huevo, El Sol de México, El Universal, Gallito Cómic, La Crónica, La Crónica Cultural, La Crónica Dominical, La Jornada, La Pusmoderna, Letras Libres, Moho, Nexos, Nitro, Ovaciones, Postdata de El Independiente, Replicante, Revista Mexicana de Cultura, Revista Equis, Sábado del Unomásuno, Ventana Interior, entre otras. Durante siete años trabajó como indocumentado en gasolinerías, cocinas y campos de golf en Nueva York, Irlanda y Francia. Becario de FONCA en el Programa de Intercambio de Residencias Artísticas México-Colombia, en 2005. Premio Nacional de Testimonio Chihuahua 2001, INBA/CONACULTA y Gobierno del Estado de Chihuahua, por Periodismo Charter. Primer lugar de historieta en la Semana Negra de Gijón, 2000, por El Antojo. Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2004 en la categoría de reportaje escrito. Miembro del SNCA desde 2006.




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