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La sed del ciudadano Welles

11 Oct, 2018 Etiquetas: , ,

El famoso ciudadano Kane fue más en la vida de su creador, el actor y director de cine, Orson Welles. Así nos lo describe Luis Aguilar en esta entrega de Can Cerbero, donde nos habla de las distintas facetas de Welles, también locutor de radio.

TEXTO: LUIS AGUILAR

Orson Welles es más conocido como  director de cine, sin embargo trabajó con el mismo empeño y fue una potencia en sus facetas como actor, locutor, escritor y amante de las mujeres. Desde que Welles inició su carrera en los escenarios, específicamente en puestas en escenas de obras de Shakespeare, los críticos le auguraban un futuro prometedor en la industria. Pero al no conseguir los ingresos esperados en el teatro, decidió explotar su voz, otro de sus talentos que, a sus 25 años y sin saberlo, le abrirían las puertas a un futuro de altibajos, rachas monetarias estrechas y posicionarse en los anales de la historia.

El 30 de octubre de 1938, la estación de radio CBS dio oportunidad a Welles de narrar la adaptación de La guerra de los mundos [The war of the worlds, 1898] de H.G. Wells; estaba empleado meses antes con la finalidad de llevar a cabo un programa semanal basado en la dramatización de obras literarias.

Las ideas que no descansaban en la mente de Welles lo llevaron a narrar dicha adaptación en forma de noticia: «Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia intercontinental de radio». Así iniciaron los 59 minutos con los que Orson Welles colapsó líneas de emergencia e infundió terror en los escuchas con cápsulas cada vez más alarmistas.

Orson envió un reportero al sitio del falso aterrizaje de las naves marcianas en la tierra, un pueblo llamado Grover Mills, en Nueva Jersey. La odisea terrorífica se detuvo hasta la muerte del propio Welles provocada por los gases que emanaban los invasores.

Se estima que alrededor de 12 millones de personas escucharon la radio, otras tantas buscaron refugio presas del pánico, inundando carreteras para salir de sus ciudades y buscando protección en estaciones de policía.

Afortunadamente Welles no perdió la vida, pero tampoco le bastó controlar masas sólo con su voz. Si bien su carrera como locutor llegó a su fin tras aquella emisión, la fuerza de sus días como director de cine tomó un nuevo aire hasta convertirse en leyenda.

A sus 26 años de edad firmó un contrato con la casa productora RKO por tres películas, donde controlaría el filme en su totalidad; sin consultar ni una decisión con productores, además de la abultada cartera para gastar como le viniera en gana.

La RKO mimaba a un niño que lo último que necesitaba era ser consentido. Con ese contrato, Welles no creía en imposibles y que el mundo, además de no tener límites, estaba para ser explotado.

El único filme que esta pareja [Welles-RKO] hizo lleva por nombre El ciudadano Kane [Citizen Kane, 1941]. Además de dirigir y actuar, Orson co-escribió el guion junto a Herman J. Mankiewicz. Ambos eran amigos hasta la primera proyección del filme, ya que Welles modificó el final en relación al guión original sin consultarlo con Herman.

A pesar de que la crítica cinematográfica de la época se rindió a los pies de Welles, la campaña del magnate de la prensa William Randolph Hearst, en quien está basado el personaje principal, Charles Foster Kane, demeritó el filme. Consiguió restarle importancia y, en su momento, convertirlo en un fracaso económico. Fue una venganza que tuvo como frutos la paulatina ruptura de la RKO y Welles, principalmente por los bajos dividendos recolectados en taquilla.

Si bien Citizen Kane aparece en la mayoría de las listas dentro de las mejores películas de todos los tiempos, para Welles significó el inicio de una vida envuelta en escándalos; una carrera artística irregular y apuros económicos que lo obligan a explotar sus múltiples facetas artísticas.

Welles cavó su propia tumba al crear películas de elevada calidad que escribía, dirigía y actuaba, resultando imposible superarse a sí mismo. Basta ver la revolución técnica que dio al cine con los complejos encuadres en El ciudadano Kane, o el impresionante plano secuencia con que da inicio Sed del mal [Touch of evil, 1958]. Ambos filmes son superiores a su nada despreciable y dramática visión de Macbeth [1948] y Otelo [1951]. Inclusive, nada pudo hacer el despliegue técnico montado para la persecución final en El extraño [The strangers, 1946].

Citizen Kane es inigualable porque desde la concepción de la idea, durante la filmación y postproducción, los momentos en que la genialidad e inspiración se hicieron uno, se alargaron tanto que le bastaron poco menos de tres meses para entregar el filme, específicamente 80 días. Quizá contagió la fuerza que le daban sus 26 años de edad al resto del equipo, tal vez los convenció de que estaban haciendo historia.

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La fama llegó demasiado pronto,  Welles no supo manejar lo que tenía al alcance de sus manos. Tanto talento en un muchacho descarado quien conforme crecía se obstinaba por tener el control total sobre sus proyectos, resultó en un artista indisciplinado.

En su haber tiene una larga lista de trabajos inconclusos, que si bien al terminar los guiones dejaba precisas notas sobre las herramientas técnicas necesarias para llevar a cabo la filmación, no era suficiente. Nadie se atrevía a meter mano a la visión de este enérgico director.

Para salir de los apuros económicos en los que se sumergió por dejar proyectos inconclusos o bien, gastarse el dinero de las casas productoras en deliciosas comilonas a las que era aficionado y vivir cumpliendo los caprichos de su mujer en turno, tuvo que emplearse en diversos roles relacionados con el cine.

Fue narrador en el documental Churchill: The finest hours [1964], prestó su voz para filmes como Rey de reyes [King of Kings, 1961], o El proceso [The trial, 1962]. Como actor de cine interpretó a Harry Lime, uno de sus mejores papeles; un hombre sin escrúpulos que vende agua en lugar de penicilina en la Venecia destruida por la Segunda Guerra Mundial en El tercer hombre [The Third man, 1949].

Dentro de los tantos proyectos que dejó en el tintero, está el que se propuso con el poeta y escritor Salvador Novo. Con él trabajaría un guión en conjunto sobre la conquista de Tenochtitlan. Welles, además de actuar en el rol principal, escribiría su personaje, dejando a Salvador Novo la contraparte, quien desarrollaría el carácter de la mujer, interpretada por Dolores del Río, y del pueblo conquistado. La dirección correría a cargo de Welles, sin embargo el proyecto se estancó y nunca se supo más del mismo.

A su gusto por no finalizar los proyectos, se suma su difícil temperamento y complicada personalidad. El rodaje de Casino Royale [1967] fue un desastre que contó con seis diferentes directores y, entre otros motivos, porque Peter Sellers se negaba a rodar escenas junto a Welles, porque se sentía intimidado.

Orson llevaba sus abiertas críticas al extremo, por ejemplo: Lawrence Olivier le parecía un estúpido, a Chaplin lo llamó arrogante a pesar de que éste consideró Citizen Kane una obra maestra; a James Stewart siempre lo catalogó como un pésimo actor. Por si fuera poco, consideraba a Alfred Hitchcock un director sobrevalorado. Para nadie es extraño que a Borges lo llamara «medio cieg», señalando que su crítica negativa hacia El Ciudadano Kane se debía a que «en su mente [Borges] ve y ataca algo más. El problema es él, no mi obra».

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Durante el tiempo que trabajó en el cine y pasando parte de su vida entre Brasil, México y España debido a su relación con nexos comunistas, hubo una constante: las mujeres.

Orson Welles creaba películas para sus mujeres. Tal es el caso de Rita Hayworth y su protagónico en La dama de Shanghai [The lady from Shanghai, 1948], o bien Oja Kodar, quien fue incluida en Al otro lado del viento [The other side of the wing], filmada entre 1970 y 1976. A quien jamás dirigió, pero sí mantuvo a su lado a lo largo de los 80 días de filmación de Citizen Kane, y varios años más, fue a Dolores del Río.

A estas tres mujeres se suman Paola Mori y Virginia Nicholson quienes también fueron sus esposas; si bien Oja y Dolores no formalizaron su relación, todas tienen en común las infidelidades de Orson Welles. A la lista falta agregar varias mujeres más con quienes se involucró en filmaciones y puestas en escena.

La vida amorosa de Orson Welles podría ser como cualquier otra de tantas figuras de Hollywood, llena de escándalos sin rehuir de los reflectores, pero gran parte de su atractivo radicaba en su férrea personalidad y pujante genialidad, que se vio ensombrecida por su falta de constancia.

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Orson Welles fue capaz de tomar cualquier rol dentro de una producción cinematográfica; imagino que lo complicado de trabajar con él era seguirle el ritmo y tolerar su impulsividad. La historia ha dado su veredicto posicionándolo dentro de los mejores de todos los tiempos.

Su vida es el reflejo del artista megalómano que confió en su talento y creatividad sin consistencia en su trabajo. Si hubiera sido más estricto consigo mismo, alejado de las comilonas, mujeres y discusiones, tal vez hubiera terminado suicidándose. Una mente tan revolucionada, necesita de diversos placeres para evitar el hartazgo por la humanidad.

Imagen de portada: Untitled by bswise  Flickr- [CC BY-NC-ND 2.0].


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Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres. Autores: Enrique I. Castillo | Gonzalo Trinidad Valtierra | Luis Aguilar * Contacto: cancerbero0666@gmail.com



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