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No me elijas

10 May, 2016 Etiquetas: , ,

¿Cómo no sensacionalizar en el cine un tema como la trata de blancas? ¿Cómo contar esas historias desde otros ángulos y que no por eso pierdan la denuncia y la esencia de lo real? Esta reflexión aborda el tema a partir de la cinta Las elegidas.

TEXTO: CÉSAR PALMA

Entramos unos minutos tarde a la sala; sin embargo, llegamos en el quiebre de la historia, cuando dos adolescentes en la playa pasaban un buen rato a solas, con cervezas, en el momento en el que El Negro le confiesa a Sofía lo que su familia le encomendó: Quieren que te vayas de puta. Continúa la escena con silencio y el desconcierto de la adolescente y de la sala en general. Luego otra revelación de El Negro: «Te amo».

La historia se precipita directo a la podredumbre de Tijuana. Escena tras escena David Pablos, el director de esta película [Las elegidas] va sumergiendo al espectador en un territorio donde las mujeres no valen nada, o en realidad ya tienen un precio mínimo, se convierten en un bien explotable y de consumo. Una familia que controla una red de prostitución infantil. Donde El Negro es hijo de familia y enganchador en ciernes.

Los minutos pasan en la sala y las personas se reacomodan en los asientos, pasando el peso a la derecha y a la izquierda, enderezando y encorvando la espalda, subiendo y bajando una pierna del asiento. Es la incomodidad que causa la historia de Sofía, ahora llamada Andrea por sus explotadores: escenas inexistentes de sexo, pero con paisajes sonoros que todos reconocemos: el sonido característico de dos cuerpos chocando, el ruido de una pelvis embistiendo unas nalgas húmedas; el llanto de Sofía/Andrea al ser sometida con un cinto de cuero. De esto no hay ninguna imagen, pues como el director ya ha expresado: «Yo desde el principio tenía claro que no quería hacer una película sórdida; ante todo, ésta es una historia de amor. Me centré en los personajes y en desarrollar las relaciones que existen entre ellos». Pero sí hay algunas imágenes que turban: los rostros de hombres comunes y corrientes, sin ningún perfil de actor, sujetos como yo, desnudos y con la mirada posada sobre el cuerpo de la menor de edad Sofía/Andrea.

La historia de amor de Pablos, inspirada en la novela Las elegidas de Jorge Volpi, va mostrándose como un asunto irreal. De pronto hay risitas en la sala por situaciones que no deberían ser chuscas, porque son verídicas, pero en pantalla parecen un recurso de humor negro: los explotadores van de lo iracundo, lo inmoral y del esclavismo al festejo de un cumpleaños con pastel, de una charla coloquial acompañada de cervezas a las injurias más comunes: «puta» y «putita». La gente ríe cuando los personajes minimizan las actividades que realizan como algo rutinario o ironizan sobre sus emociones. Ya te clavaste Negro, le dice su hermano mayor cuando el joven enganchador de niñas le dice que no puede llevarse a Sofía. Porque la ama. Ríe la sala con la escena.   

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La violencia que ejercen los victimarios de Sofía/Andrea [un papá, un hermano, una esposa, todo un grupito de niños y El Negro] se siente en cada minuto. No obstante, también son retratados en situaciones de amor, de inocencia y vanidad. ¿Son tibios los personajes? [no, en términos de violencia, porque queda claro que no, si no en la profundidad de sus motivaciones, que se transmita parte de quiénes son y qué quieren]. Uno puede pensar durante la película que sí. Incluso fuera de la sala se escuchan afirmaciones sobre lo plano de la historia. ¿Cómo puede ser el amor un hilo conductor en una película con temática sobre explotación sexual, colusión de autoridades y violaciones a los derechos humanos? «Me esperaba una película con una denuncia más fuerte», aseguran a la salida.

Luego pensé que la valía de la película reside en que se dota de emociones a las personas involucradas en estas actividades delictivas, esas sensaciones que hacen humanos a las víctimas y victimarios. Porque vemos a El Negro abrumado por el amor inesperado que le provocó Sofía/Andrea y la presión de su familia para que se comprometa con el negocio y siga enganchando mujeres. Y, por supuesto, vemos a Sofía/Andrea confundida, anhelando la libertad que apenas probó a sus catorce años y también el amor que sintió por El Negro y del cual se aferró,para perderlo mientras sufría las vejaciones más terribles.

Las elegidas no fue una película tan potente, según los comentarios que pude intercambiar con otros espectadores: «No fue como cuando terminó Spotlight, que todos se quedan en su asiento, pasmados con el silencio incómodo. No hay muchos comentarios ni risas, porque te deja pensando». Por el contrario, y dejando fuera Spotlight como comparativo, considero Las elegidas una obra que desvía la mirada a los asuntos más humanos, a las preocupaciones y motivaciones más fuertes que florecen a pesar de la miseria más inaudita aunque parezca cliché: el amor.

Me he preguntado al respecto: ¿Qué pasará si seguimos viendo nuestras problemáticas bajo el tamís del odio [tampoco propongo un enfoque distante de la realidad, porque la emoción es costosa cuando de resolver problemas se trata]? Vale la pena pensarlo. Porque el odio y la putrefacción sólo nos hace pensar en círculos: eliminar al otro con más violencia. Las elegidas es tal vez una narración para encontrar las emociones que parecen ya no existir en nuestro país, en esos lugares en particular.

Tráiler oficial:


César Palma
César Palma

Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com





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