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Linux: Un medio técnico para un fin social

21 Sep, 2016 Etiquetas: , ,

Han transcurrido 25 años desde que Linus Torvalds emprendió el sueño de crear un sistema operativo [SO] gratuito y poderoso al alcance de todos: Linux. Un SO que ha contribuido de manera directa al hábitat digital que vivimos, principalmente, porque nos recordó que tenemos derecho a ser libres.

TEXTO: CÉSAR PALMA

Cuando tenía dieciséis años me encontraba en un debate interno sobre qué carrera estudiar: ingeniería en computación, informática u otra cosa. Finalmente, le di la espalda a la computación, pero nunca la dejé. Me mantuve al tanto, leí muchas cosas, algunas que nunca comprendí y otras más que me permitieron adentrarme al fabuloso mundo de la tecnología. Uno de los descubrimientos más interesantes para mí fue Linux.

En aquel entonces yo quería hacer correr mi computadora más rápido —siempre se pasmaba con el Windows Millenium, no podía navegar muy bien en internet, se trababa el Messenger de Microsoft, ni hablar de la posibilidad de instalar videojuegos— pero no tenía dinero para mejorarla. Así que indagué. Me sumergí en cientos de páginas hasta encontrar opciones para mejorar el desempeño de mi vieja máquina. Algunas, recuerdo, eran sencillas, al alcance de algunos clics y otras eran más complejas y heterodoxas: como modificar el hardware, destapar la computadora, instalar un sistema de enfriamiento para los componentes o finalmente migrar de sistema operativo [SO].

Leí sobre Linux, pero no comprendía muy bien de qué se trataba. El concepto no me quedaba claro, pero, a pesar de esta nebulosa información, mi curiosidad continuó. Primero tuve que resolver las preguntas que hoy se pueden atender de inmediato: ¿dónde lo adquiero? ¿cómo lo instalo? ¿qué va a pasar con mi computadora? ¿cómo se usa? ¿qué es Linux?

Como decía, me tomó algún tiempo hallar las respuestas. Descargué durante varias semanas archivos de distintos servidores. No sabía lo que estaba descargando, porque en ese entonces 2005 la web apenas comenzaba a ser intuitiva. Finalmente pude descargar Linux, lo copié a un CD-ROM y eché a correr mi máquina. Borré toda la información del disco, pero ¡crash! No pude instalar Linux. Pasaron varias semanas con la computadora en pantalla negra y una oración que se puede interpretar sin ser un gurú de las máquinas: «Kernel panic».

Me di por vencido esa primera ocasión y regresé a Windows ME.

Algunos meses más tarde, mi ánimo regresó. Estaba decidido a instalar el sistema de una vez por todas. En ese tiempo había leído artículos que me dieron más razones, entre ellas: que Linux era más seguro, ligero, gratuito, divertido y especializado. Seguramente omití lo negativo en mi afán de instalarlo, entre ellos [por lo menos en esos años] la facilidad para instalar el SO.  

La serendipia en esta investigación fue Ubuntu, una distribución de Linux; es decir, una «personalización» de las herramientas y aplicaciones que componen a este sistema —hay distribuciones diseñadas para computadoras de escritorio, para laptops, para máquinas de diseño gráfico, para ordenadores dedicados a la ciencia, etc.— con un propósito bien definido que resumía su eslogan «Linux para seres humanos».

Así, Ubuntu fue el paso definitivo para que comenzara a utilizar Linux de manera formal. Sin duda lo que me enamoró fue cómo me zambulló en la cultura libre con la distribución gratuita del CD-ROM donde venía el SO. Aunque, debo decir, primero no confié: ¿desde cuándo alguien te va a regalar algo?, pensé, pero con todo y temor metí mi dirección postal en el formulario. Meses después, desde la ciudad de Londres, llegó un paquete blanco con el interior forrado con plástico de burbujas y cinco discos. Era la distribución que cambió el panorama mundial de Linux. Los esfuerzos de Ubuntu estaban volcados en hacer accesible el uso de este SO, desde su instalación hasta la navegación en internet, escribir correos o editar un video. Hoy Ubuntu es la distribución de Linux más utilizada en computadoras personales.

Coloqué el CD en el lector y minutos más tarde había abandonado Windows.

Ya han pasado once años de este momento, once años en que mis computadoras corren con Linux, no sólo Ubuntu, sino otras distribuciones más. Y han transcurrido 25 desde que Linus Torvalds emprendió el sueño de crear este sistema gratuito y poderoso al alcance de todos. Por eso, vale la pena rendir un breve homenaje como el que a continuación comparto.

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GNU/Linux by MedithIT. Flickr-[CC BY 2.0].

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La mayoría de las reseñas sobre el legado de Linus Torvalds [el sistema operativo Linux] nunca olvidan citar aquel mail que escribió a la comunidad de programadores de la Universidad de Helsinki el 25 de agosto de 1991, con apenas 21 años, durante su época como estudiante. En ese brevísimo y modesto comunicado daba cuenta al público sobre su proyecto y pedía comentarios del mismo:

«Estoy haciendo un sistema operativo gratuito [sólo un hobby, no será grande y profesional como GNU] […] Me gustaría cualquier retroalimentación sobre las cosas que a la gente le gusta/disgusta[…]».

Cuando se refería a GNU acrónimo que significa GNU No es Unix [como Ñú, pero en inglés, igual que el rumiante], hablaba de la iniciativa emprendida por Richard Stallman, uno de los fundadores del movimiento por el software libre y creador de múltiples herramientas que fueron moldeando el sistema operativo que Torvalds pretendía desarrollar.

No es sorpresa que GNU fuera el primer escalón sobre el que Torvalds iniciaría el ascenso en la montaña tecnológica, pues la filosofía de Stallman [también revelada mediante un mail, el 23 de septiembre de 1983] era el paso lógico para escribir líneas de código fuente sin ninguna restricción comercial; sólo bajo esos parámetros Torvalds pudo dejarnos ver de lo que era capaz.

Estos son los enunciados del proyecto GNU que resumen y dan sustento legal, a través de la licencia GPL [General Public License], que permitieron a Torvalds crear Linux hace veinticinco años:

enunciados-linux

¿Pero por qué diseñar un software gratuito? ¿Qué sentido tenía tal decisión?

Cuando Torvalds adoptó estos principios en el 91, yo era un bebé de dos años. La computadora, sobre todo la de escritorio, era una tecnología que no lograba la masificación de hoy en día. [Ni hablar de México, donde, años atrás, el gobierno había cerrado las fronteras a los equipos de cómputo extranjeros con la intención de apoyar a la industria nacional, pero causó el efecto inverso, pues se redujo drásticamente el número de técnicos e investigadores en el área al no haber campo para laborar. Migraron]. Aún no llegábamos al famoso Windows 95 y estábamos todavía más lejos de la revolución de las computadoras personales con Windows 98 y los productos de Apple. Además, el concepto de sistema operativo era conocido sólo por pocos sectores, entre ellos el industrial, quienes componían la única minoría capaz de costear la investigación e implementación de esta tecnología. La mayoría de sus invenciones estaban cobijadas bajo el esquema clásico de derechos de autor: pagar para usar, pagar para distribuir y pagar para copiar. Cada línea de código, componente e idea impulsada por estas corporaciones quedaba blindada e inaccesible para terceros, a menos que pagaran. A pesar de estas restricciones, los avances continuaban con cierta eficacia.

En aquellas décadas, y actualmente también, las universidades jugaban un papel importante en el progreso de la computación. En este ambiente se desempeñó Torvalds, pues a su corta edad y sin mucha experiencia, la academia era el único lugar donde podía dar forma a su sistema operativo. Ahí, en la universidad, conoció a Minix, un SO creado por Andy Tannenbaum, que tenía por objetivo ser una herramienta didáctica y gratuita que permitiera conocer el funcionamiento de un SO. Torvalds pretendía realizar modificaciones de Minix y adaptarlas a su gusto, pero cuando lo intentó, Tannenbaum ya había cedido los derechos de distribución a Prentice Hall y la única forma de acceder a Minix era pagando una licencia de 150 dólares. Para Linus destinar tal cantidad no era una opción, además pensaba que cobrar por el software era una limitación. En ese momento consideró a GNU como la opción ideal para mejorar y crear un SO gratuito.

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Desarrollar un sistema operativo libre era una idea que ya existía en la cabeza de varias personas, pero no había madurado hasta los niveles hoy alcanzados por Linux. Si regresamos a ese mail de hace veinticinco años, es fácil darse cuenta de la modestia de Linus frente al futuro:   

«(el SO) No es portátil [usa cambio de tareas 386], y probablemente nunca soportará otra cosa que discos duros AT, ya que es todo lo que tengo :-(».

Hoy Linux es probadamente compatible con más de 7 mil 306 modelos de computadoras, sin contar tablets, smartphones y otros dispositivos, incluso automóviles. Lo que lo convierte en una de las opciones de software no-privado más destacadas en el mundo de la computación. Es un avance sin precedentes, un SO compatible con gran parte del hardware comercial. Algo inaudito si pensamos que este SO comenzó a desarrollarse en un solo equipo de un estudiante.  

¿Y si le damos más dimensión a esto último?

Regresemos un poco en el tiempo para ello. En la década de los ochenta el desarrollo de software y hardware era impulsado por distintos fabricantes; había una competencia importante en la industria, se buscaba crear las mejores computadoras y los mejores programas. Pero más tarde surgió una alianza entre Microsoft e Intel [dupla popularmente llamada Wintel] que transformó todo el mercado hasta que estas dos compañías se convirtieron en los monopolios más inmensos que han existido en la industria. La consecuencia más notable, según algunos especialistas, fue haber hecho más lenta la innovación de las computadoras personales, debido al acaparamiento del mercado por estas dos empresas.

Algunas de las estrategias de Microsoft e Intel, durante la década de los noventa, para afianzar su poder fueron: vender computadoras Intel con Windows pre-instalado [se estima que 9 de cada 10 computadoras vendidas en el mundo contaba con este sistema instalado de fábrica] y que el sistema operativo no funcionara con hardware ajeno a Intel. Esta relación durante varios años fructificó en millones de dólares para ambas compañías; pero los cuestionamientos estaban sobre la mesa: ¿estas prácticas eran justas o no?, ¿estaban reduciendo la libertad de elección de los compradores?, ¿estaban mermando la penetración  de otras empresas en el mercado?

En 1998 el Departamento de Justicia de los Estados Unidos inició un juicio en contra de Microsoft acusándolo de monopolio, particularmente por la forma en la que distribuyó su producto más famoso en aquellos años: Internet Explorer.

A diferencia de la empresa de Bill Gates, Apple siguió otra ruta para posicionarse como el segundo actor más importante en la industria. Apostaron por la creación de un SO que funcionara únicamente con el hardware que ellos diseñaban; además invirtieron tiempo y esfuerzo en hacer más amigable el uso de la computadora. Hasta la fecha su interfaz gráfica y lo estilizado de las gabinetes y carcasas de sus productos destacan por encima de todas las ofertas de SO y computadoras [aunque no necesariamente superiores a Linux].

Vale la pena señalar que el sistema operativo de las computadoras Mac a partir de la versión OS X [2001] se basó en UNIX, otro sistema operativo que inspiró a Linux y a Minix, el cual dotó a Mac de seguridad y robustez.  

Ante este escenario de grandes corporativos que invierten millones de dólares en diseñar tecnología, investigar nuevos campos y proteger sus patentes a través de departamentos legales tan extensos como sus otras áreas, Linux avanzó a un ritmo menor, pero seguro [las primeras versiones del sistema operativo todavía pueden descargarse libremente y podemos ver el bebé que era]. Apenas en su primera versión se podían leer 150 mil 867 líneas de código, instrucción tras instrucción sobre lo que debería de hacer la computadora y acotaciones que hacía Torvalds en partes del Kernel [núcleo del sistema y parte fundamental para la gestión de recursos del hardware como el disco duro, la memoria RAM, el teclado, el monitor, etc. El kernel es la principal aportación de Linus Torvalds] que no comprendía pues todavía era un programador en formación e inexperto. En el código, Linus, escribía «no sé cómo hacer funcionar esto», «no es elegante, pero funciona».

Las líneas de código de Linux se han construido también gracias a miles de individuos alrededor del mundo […] Un ejército que ha hecho resucitar las computadoras más viejas, los armatostes que dejamos arrumbados porque ninguna compañía ha vuelto a diseñar software para esas reliquias.

Actualmente se tienen registradas, hasta la versión 4.5.4, un total de 16 millones 980 mil 546 líneas de código [el kernel de Linux en su versión más nueva se encuentra en la 4.7.3].  

No son gran cosa si se comparan con los casi 40 millones de líneas del Windows 7 o las 61 millones de líneas de Facebook o la inmensa cantidad de 2 mil millones de todos los servicios que componen Google. Pero las líneas de código de Linux se han construido también gracias a miles de individuos alrededor del mundo, personas insatisfechas en la forma que trabajaba su computadora, personas que buscaban otras alternativas, personas curiosas, programadores solitarios que deseaban contribuir. Un ejército que ha hecho resucitar las computadoras más viejas, los armatostes que dejamos arrumbados porque ninguna compañía ha vuelto a diseñar software para esas reliquias; y hoy, esos programadores hacen correr Linux en cualquier dispositivo digital que podamos imaginar, desde nuestro celular [sí, Android está basado en Linux] hasta el Gran Colisionador de Hadrones o los sistemas de la Estación Espacial Internacional. De hecho, más del 36% de los servidores en internet usan Linux.

Y es posible encontrar aportaciones de todo tipo, hechas por estudiantes, investigadores, aficionados o periodistas como yo [aunque no trabajé en el código, propuse algunas traducciones en otros proyectos de GNU/Linux]. También es importante mencionar a las compañías que han contribuido con distintos recursos [en especie y humanos], pero la base sigue siendo de los entusiastas del software libre.

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Torvalds se ha mantenido fiel a la filosofía de mantener libre su creación, a pesar de que podría amasar una fortuna inmensa al estilo de Mark Zuckerberg o Bill Gates. Pero no. Cuando le preguntaron sobre el tema, dijo esto:

Muchos investigadores hacen millones con nuevas tecnologías computacionales, pero tú preferiste mantenerte en el desarrollo de Linux. ¿No sientes que perdiste la oportunidad de tu vida al no haber creado Linux como tu propiedad?

No realmente. Primero que nada, estoy perfectamente cómodo. Vivo en una casa de buen tamaño, con un bonito patio, con venados apareciendo de vez en cuando y comiéndose las rosas [a mi esposa le gustan las rosas, a mí me gustan los venados. En realidad no nos importa]. Tengo tres niños y sé que puedo pagar su educación. ¿Qué más necesito? La cosa es que siendo un buen programador ganas bien; pero ser reconocido como programador de clase mundial te hace ganar todavía mejor. Yo simplemente no necesité empezar una compañía comercial. Y es la cosa menos interesante que puedo imaginarme. Odio absolutamente el papeleo. No podría cuidar de los empleados si lo intentara. Una compañía que empecé nunca habría tenido éxito, simplemente no es algo en lo que esté interesado. En su lugar, tengo una vida muy buena, haciendo algo que creo es realmente interesante, algo que creo que en verdad le importa a la gente, no sólo a mí. Y eso me hace feliz. Asi que pienso que habría perdido la oportunidad de mi vida si no hubiera hecho de Linux algo ampliamente disponible. Si lo hubiera tratado de hacer comercial, nunca habría funcionado tan bien, nunca habría sido relevante y probablemente estaría estresado. Por eso estoy muy feliz con las elecciones en mi vida. Hago lo que me importa y siento que estoy haciendo una diferencia.

En total, los Proyectos Colaborativos de la Fundación Linux ascienden a un valor de 5 mil millones de dólares, una ínfima cantidad si se compara con los 407 mil millones de dólares que vale el mercado de software a nivel mundial; aún es más pequeño Linux si se compara con los 145 mil millones de dólares que vale Apple o los 69 mil millones de dólares que vale Microsoft. Pero Linux no vale eso, es sólo un cálculo de lo que valdría si la organización fuera privada y lucrativa, ese valor sería el equivalente al trabajo de 1,356 desarrolladores durante treinta años de programación.

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Linux no es el mejor ejemplo de los negocios, pero es ideal para demostrar las capacidades de la descentralización. Junto con la Wikipedia e internet mismo, este proyecto rompió con el paradigma de la organización jerárquica y estructurada. Es común pensar que Linux no se ha posicionado como el primer referente de la computación debido a esta forma descoordinada de programación, donde cada quien le mueve cuanto quiere, publica sus propias versiones del SO y hace tantas adaptaciones como tipos de platillos tenemos en México. No obstante, este sistema de trabajo atomizado ha resultado el más eficiente para la rapidez que requiere nuestro mundo tecnológico.

Linux no es el mejor ejemplo de los negocios, pero es ideal para demostrar las capacidades de la descentralización.

Una de las razones por las que Linux es tan seguro se debe a esta forma de trabajo. Cuando en un sistema Windows o Mac aparece una falla de seguridad, que permite que un hacker nos robe información o que un virus nos infecte, el error puede tardar en corregirse desde semanas hasta meses; en Linux es inmediato el ajuste, a veces en un par de días, debido a la apertura que tiene el sistema, donde quien lo desee puede conocer las entrañas de cada parte. Aquel usuario que enfrenta el problema sólo debe mirar a los registros del sistema, ver qué fue lo que falló, sumergirse al código y modificarlo; si no es un especialista, sólo basta con notificar en los innumerables foros de la red y pronto alguien de la comunidad lo reparará. En los peores casos, los arreglos nunca llegan, principalmente cuando el software en cuestión tiene pocos desarrolladores o es poco conocido el programa defectuoso.

Este último escenario ha sido motivo de descalificaciones contra el software libre. Los detractores cuestionan la periodicidad, falta de atención y la falta de mejora continua de los productos libres. Se preguntan y contestan: qué pasa cuando dejan de brindar actualizaciones para una aplicación, se quedan vulnerables los usuarios si hay una falla en el futuro; cómo saber quién o quiénes están detrás de una aplicación, no hay respaldo de una empresa bien constituida.

Los defensores responden al golpe con más preguntas: ¿Y quién está detrás de las compañías más grandes de software? ¿Cómo sabemos que nuestra información está segura, si no conocemos las medidas de seguridad?

En un caso famoso que sirvió para especular sobre teorías de la conspiración, pero del mismo modo hizo reflexionar sobre la seguridad informática se debatió si Microsoft [otra vez bajo el escrutinio] le permitió a la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos acceder a las computadoras de sus clientes mediante una llave criptográfica previamente instalada por la empresa de Bill Gates. ¡Como si las llaves de nuestra casa estuvieran en manos de alguien más!

Este tema, por supuesto, no ha llegado a una respuesta definitiva. Todavía se discute sobre el acceso a la información, acerca de los pro y contras de tener una apertura completa de los sistemas que almacenan nuestra información. En el contexto mexicano, por ejemplo, falta mucho por discutir; se vienen a mi mente algunos asuntos interesantes: ¿Con qué sistemas informáticos está garantizada la información de las Cédulas de Identidad Nacional?  ¿Por qué falló desde el arranque, el pasado 5 de mayo, la Plataforma Nacional de Transparencia que por ley debía garantizar el acceso a información pública de más de 8 mil sujetos obligados? ¿Cómo un especialista podría conocer el código fuente y la arquitectura de la plataforma que diseñó la empresa Intellego para ayudar en la reparación de los fallos? ¿Es código abierto o privado el de la plataforma? ¿Sólo Intellego le puede dar soporte? En este sentido Linux reaviva el debate entre lo público y privado. Personalmente, creo, no hay una respuesta definitiva, pero sí hay matices donde lo privado es mejor y lo público ofrece más ventajas en otros ámbitos. Ni hablar de la información hacendaria, penal o electoral.

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Vista de la interfaz gráfica de Linux. Gnome 3.0 Beta by Okubax. [CC BY 2.0]

Las preguntas crecen cuando el software libre no se ve en el horizonte. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas; en Alemania, el gobierno de Munich decidió en 2003 utilizar Linux en todos sus sistemas para abaratar costos de operación, pero hace apenas dos años decidieron regresar a Windows porque los costos no disminuyeron: las personas tenían problemas para compartir archivos fuera de la ciudad, la productividad bajó porque los funcionarios debieron aprender a utilizar el SO desde cero y porque tuvieron que contratar empleados que supieran dar mantenimiento a Linux.

El ejemplo anterior es una gran enseñanza, pero no invalida todas las lecciones sobre la filosofía del software libre y de Linux. Vale preguntarse ¿En México cuándo vamos a atrevernos a probar las bondades de este SO de manera masiva? ¿Linux podría ser el aliado indicado para cerrar la distancia de la brecha digital que nos afecta?

Son 25 años de preguntas y respuestas que ha sembrado el proyecto de Linus Torvalds. Aunque no lo tengamos tan presente, Linux ha contribuido de manera directa al hábitat digital que vivimos. Principalmente porque nos recordó que tenemos derecho a ser libres. Y de manera más importante y general, el software libre nos ha enseñado que el conocimiento transforma al mundo. Al respecto, Richard Stallman dice que GNU/Linux es «un medio técnico para un fin social».

 

Imagen de portada: Linux password file by Christiaan Colen. Flickr-[CC BY-SA 2.0].


César Palma
César Palma

Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com





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