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Los 43: La presencia de la ausencia

27 Sep, 2016 Etiquetas: , ,

Hace dos años, tras los sucesos en Iguala, Guerrero, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos [Ayotzinapa] fueron desaparecidos, desde entonces sus familiares y compañeros han exigido su presentación con vida. Este 26 de septiembre volvieron a las calles para refrendar su reclamo: justicia, castigo, verdad. 

TEXTO Y FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

Todo ocurre una vez más. Sus pies recorren Paseo de la Reforma. Su voz, sus reclamos, sus denuncias, suenan en las bocinas de un carro que avanza a unos metros de ellos, de ellas. Sus manos sostienen las imágenes de quienes les faltan: sus hijos —los 43 estudiantes normalistas desaparecidos tras los ataques ocurridos en Iguala la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014—. Son los padres y madres de aquellos jóvenes guerrerenses, personas que desde hace dos años preguntan al gobierno mexicano: «¿Dónde están? ¿Quién los tiene? ¿Por qué se los llevaron? ¿Por qué las autoridades se empeñan en proteger a los responsables? ¿Por qué tanto empeño en obstruir el camino de la verdad y negarse a que el mecanismo de seguimiento [del caso] avance?».

Detrás de ellos, caminan compañeros y compañeras de los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Les siguen contingentes de organizaciones sindicales [telefonistas], sociales [el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra —FPDT— de Atenco], integrantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero [CETEG], estudiantes de la UNAM, el IPN, el Colmex, la Ibero, la UAM; también escritores, cineastas, activistas, ciudadanos de a pie. Vuelven a ser miles las personas que les acompañan en el recorrido del Ángel de la Independencia al Zócalo, son ocho mil, según cifras oficiales.

Muros, vallas y paredes de la zona centro de la Ciudad de México son intervenidos para plasmar el enojo, la sentencia: «Fue el Estado». Miles de gargantas cuentan del uno al cuarenta y trés. Gritan «¡Fuera Peña Nieto!» y componen una melodía fúnebre que mezcla consignas y silencios con el ritmo de tambores, trompetas, pasos y clics de cámaras fotográficas.

Todo ocurre una vez más y al mismo tiempo es distinto. La ausencia, la rabia, el deseo de conocer la verdad, pesa más conforme se suman horas, días, meses, años sin certezas. Se refleja en la piel, en los ojos, en las manos de quienes lidian con esto, como los padres y madres de los 43, y miles de familias más que no saben en dónde están sus hijos, hijas, hermanos, hermanas.

—Exactamente hace dos años, como a esta hora, como en esta tarde, nuestros hijos todavía estaban a salvo, todavía no sabían lo que les iba a pasar, lo que este pinche gobierno les iba a hacer —suelta Epifanio Álvarez, papá de Jorge Álvarez Nava [un joven que quería ser médico, no profesor] poco después de las siete de la noche.

Epifanio, al igual que otros padres de los normalistas de Ayotzinapa, ha tomado la palabra en el mitin que se realiza en una esquina del Zócalo, cuya plancha está ocupada por una feria temática. Insisten en su reclamo de justicia, denuncian el hostigamiento del que han sido víctimas y aseguran que, aunque el gobierno le apuesta al olvido [por ejemplo, el PRI presentó un punto de acuerdo para que la comisión que lleva la investigación sobre el caso Iguala en la Cámara de Diputados, cambie de objetivo y se limite a la «atención a víctimas»], ellos seguirán luchando, pues el tiempo ha demostrado que no hay tal «verdad histórica». Mientras ellos hablan, los contingentes siguen llegando. El mitin se extiende hasta las 19:53 de la noche, momento en que entonan «Venceremos».

Todo ocurre una vez más y sigue sin cerrar. Los manifestantes se retiran poco a poco. Una luz atrae la atención. Un grupo de manifestantes —estudiantes según consigna Aristegui Noticias quema una figura de cartón y madera. Una luz que rompe con la oscuridad de la noche de este 26 de septiembre de 2016. Tan pronto se apaga, la prensa se retira también.

Yo me quedo un poco más, observo cómo las sillas que hace unos instantes ocuparon los padres y madres de los 43 se quedan vacías, es la presencia de la ausencia de la que he escuchado hablar cuando se toca el tema de las desapariciones y desapariciones forzadas, pienso, y evoco momentos del 8 de octubre de 2014, cuando se realizaron la primera marcha y el primer mitin para exigir la presentación con vida de los estudiantes desaparecidos y justicia para los asesinados. Entonces, el horror de Ayotzinapa apenas empezaba a revelarse. Ahora, aunque han transcurrido dos años sigue habiendo más preguntas que respuestas, quizá por eso, mientras camino hacia Bellas Artes, me resulta inevitable no traer a la mente un diálogo que escuché aquel día:

—¿Por qué está todo cerrado?

—No ves que iban a marchar.

—¿Y ahora por qué?

—Por lo de los normalistas.

—Ah, de los muchachos que están… ¿desaparecidos o muertos?

—Es lo que no se sabe.



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández

Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. Se la vive entre la sabrosura y el desasosiego. En Twitter e Instagram: @abismada_
Correo: lizbeth@kajanegra.com





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