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Los artistas del Metro

04 Mar, 2014 Etiquetas: , ,

Ellos son personas que combinan su gusto o facilidad por el canto, el beatbox o la comedia para ganarse la vida y expresarse. 

TEXTO Y FOTOS: CÉSAR PALMA

Es común ver en las distintas estaciones de la Red del Sistema de Transporte Colectivo Metro a quienes trabajan o buscan ganar una moneda ahí, en los vagones. Si recorremos la Línea 2 entre las 12 de día y la 1 de la tarde veremos cómo se agrupan: en General Anaya se ubican los vendedores de discos; en Chabacano, sobre todo por la tarde, la “banda más tronada”, es decir, personas de la calle, como los fakires; por Bellas Artes e Hidalgo podemos encontrar al hondureño de San Pedro Sula que bajó de La Bestia y lleva meses intentando juntar dinero para seguir su camino hacia a los Estados Unidos.  En Nativitas están los artistas. Esta vez nos acercamos a ellos.

A pesar de que el SCT-Metro promueve todas las formas de expresión, la actividad del grupo de artistas de Nativitas es informal. Para hacer uso de las instalaciones del Metro es necesario hacer una solicitud por escrito pero según las autoridades “no se admitirán solicitudes de carácter lucrativo o fines comerciales”. Ante esto los artistas responden: Nosotros somos trabajadores de la cultura. 

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Los Artistas, como se autodenominan, son un grupo sui generis en el sentido de que todos han elegido dedicarse a eso por convicción a diferencia de los comerciantes. Ellos tienen  aprecio por el escenario. Algunos son egresados de escuelas de música, de conservatorios o talleres. Otros se dieron cuenta que podían raspar una guitarra y se lanzaron a los andenes sin vacilar. Muchos de los artistas combinan su trabajo en los vagones del Metro y hacen presentaciones en restaurantes, bares o fiestas e incluso continúan profundizando en su especialidad.

El hijo del pueblo y Deiika

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—¿Cuál es tu nombre?

—El hijo del Pueblo.

El Hijo del Pueblo lleva 17 años dedicándose a la música. El metro es un escenario en el que hizo parada desde hace dos años y cinco meses. La música es su modo de vida, le da de comer y le divierte. Es multi instrumentista y compositor. Toca los timbales y las congas. Antes de terminar en la Línea 2 cantaba en un restaurante de la colonia Campestre Guadalupana en el municipio de Nezahualcoyotl. 

—¿Qué género cantas?

—Principalmente ranchera, balada y norteña.

Cuando sube al vagón arrastra su bafle amplificado hasta el centro del pasillo. Prueba que el micrófono esté encendido, lo mismo Deiika, su nueva acompañante. Empieza un beat con unos acordes de piano eléctrico. El bajo pasivo haciendo ritmo con la batería. Es una versión karaoke como la mayoría de los cantantes en el metro. Es Morir de Amor de Miguel Bosé. Algunos pasajeros voltean a mirar esperando que salga la voz. Cuando El Hijo del Pueblo habla tiene un registro medio, pero cuando canta es terciopelo, bastante afinado y ligero. Todos quedan atrapados desde el primer verso. Es una gran imitación de Bosé, pero él tiene un estilo propio: la imitación de voces es parte de su talento musical. Puede imitar a Juan Gabriel y a Roberto Carlos. No hay duda de que tiene voz.  Una señora va moviendo los labios al mismo compás. Deiika hace el coro con menor intensidad, parece menos familiarizada con el público que su compañero. A ratos se recoge el cabello. El Hijo del Pueblo disfruta toda la canción, algunos fragmentos con los ojos cerrados, hasta que escucha aplausos dispersos por el vagón.  Les agradece y recorré de un extremo al otro poniendo especial atención en las manos con monedas. Se abren las puertas y El Hijo del Pueblo y Deiika se apresuran a salir.

—¿Cuáles son las canciones que te dan más dinero?

—Las baladas románticas. A veces hasta me piden complacencias. Los 10 de Mayo o si es el cumpleaños de la novia.

El dinero que obtiene sirve para los gastos de familia, algunas personas dependen de él para cubrir las necesidades básicas.  

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—¿Cómo empezaste, Deiika?

—Por un amigo. Antes hacía beatbox. Ahora canto y me la paso muy bien.

—¿Qué piensan tus papás de que vengas al metro a trabajar?

—Al principio me decían que cómo, que debería buscar otro trabajo. No les gustaba para nada la idea, pero con el tiempo se dieron cuenta que gano buen dinero y soy independiente en mis gastos.

Deiika trabaja de lunes a viernes, los sábados estudia el bachillerato técnico en enfermería en  un Cetis. La primera vez (hace dos meses) que vino a cantar al metro fue de “miedo”. Esperó que pasaran algunos vagones, simplemente estaba congelada. Los compañeros la alentaron y le dijeron que no lo pensara, que sólo se subiera “como saliera”. Subió y hasta el día de hoy disfruta trabajar en la Línea 2. Al principio olvidaba la letra de la canción. No le daban muchas monedas, pero sí se llevó algunos besos; los usuarios en forma de pago mejor le regalaban un beso en la mejilla o al aire con la mano.

Las ganancias de El Hijo del Pueblo y Deiika son divididas a la mitad. Trabajan en promedio seis horas al día. Ganan entre 400 y 500 pesos.  

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Robert Kaf

Robert Kaf es un artista temporal. No lleva diez años como los más viejos, apenas un par de meses. No está aquí por falta de empleo, porque tiene presentaciones teatrales y asiste a eventos con regularidad. Está porque la paga es buena y es una persona que debe estar de un lado para otro. Asiste a los talleres de clown del Centro Nacional de las Artes. Con lo que reúne piensa pagar vestuario y otros aditamentos que se necesitan para la actuación, el clown, los malabares.

—¿Qué es lo que más te gusta de ser actor?

—Interpretar. Te puedes convertir en cualquier cosa, en cualquier persona, puedes mostrar el lado positivo de las cosas o dejar que un estereotipo sea algo común.

—¿Qué dice tu familia respecto a ser vagonero?

—Nada. Antes, por ejemplo, estaba en el centro. Están acostumbrados a veces hasta me encuentro a vecinos por aquí. Mi hermano es chef y el otro es ingeniero.

El espectáculo que realiza Robert Kaf es malabarismo de contacto o simplemente Contact. Consiste en manipular dos esferas sobre las manos y todo el cuerpo creando ilusiones bastante interesantes.

Cuando sube al vagón sonríe de extremo a extremo. No habla con nadie, pero observa a cada pasajero, hace que todos lo miren. Saca un esfera primero, no parece gran cosa al principio. La coloca sobre la palma de la mano y la desliza como si fuera mantequilla en una sartén. Aunque es un movimiento “básico” todos saben que algo más pasará. Sin que la esfera caiga, Roberto se inclina por una segunda esfera. En este momento del espectáculo las esferas superan en tamaño la superficie de su mano, pero se mantienen ahí en un movimiento fluido como el modelo atómico. Suben y bajan de la mano derecha a la izquierda y sobre el antebrazo. Las esferas se siguen sumando a las manos de Robert Kaf, ahora las ilusiones ópticas son asombrosas. Las personas se preguntan “¿cómo es que están en contacto las esferas y no suenan?, ¿por qué no se le caen de las manos? Creo que las esferas están pegadas a las manos”. Son dos manos hábiles con una destreza poco usual en la vida diaria; manos de artista que manipulan dos objetos aparentemente inasibles, poco manipulables por su tamaño y peso. Hacen una pirámide, giran sobre su propio eje, se trasladan por el cuello y hombros de Robert como gotas gigantes de agua.

—¿Cuánto dinero juntas en promedio?

—Como cuatrocientos pesos. Tan sólo de diciembre a enero he gastado como 22 mil pesos en pagar vestuario, sesión de fotografía… es una carrera cara.

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Abraham “Azteca Beats”

—¿Por qué te dedicas a ser vagonero?

—Pues porque está chido, es una buena feria.

—¿Cómo llegaste a trabajar al metro?

—Por un amigo, me dijo que se sacaba buena lana. Ya estuve en varias líneas, en la 8, la de Ciudad Azteca, la de Universidad, la Línea A y ahora la 2. Este es donde se saca más varo.

—¿A qué te dedicas?

—Pues soy como un NINI, pero hago beatbox. 

—¿Te puedo acompañar?

—Cámara, vente. 

El amplificador que trae Abraham para trabajar en el metro fue el pago del dueño de una tienda de música a cambio de hacerle promoción a la tienda. El dueño se acercó a Abraham y a otro amigo para pedirles que hicieran “eso que hacen con la boca”, pero en su tienda. Lo hicieron y las personas no tardaron en arremolinarse en la tienda. Los sonidos que salen de la boca de Abraham son irreales para un humano, son sonidos que sólo has escuchado en un sintetizador, en una producción de estudio.

—¿Qué es el beatbox?

—Es hacer música con la boca.

El sonido de un violín de sintetizador empezó a circular por todo el vagón, si las miradas no se inquietaban al menos los oídos sí. Terminó el sonido con un trémolo. Luego un exabrupto sonoro, un splash de caja de sonidos para avisar que la introducción había terminado. Se escuchó un sonido de tren, pero no era el convoy de la Línea 2, era la boca de Abraham, estaba circulando un tren dentro de un tren. El ritmo iba levantando varios rostros, era el efecto del Dubstep. Un género con mucha energía, las máquinas haciendo música.  En este caso Abraham haciendo de máquina. Después convirtió la locomotora en un bajo sumamente grave a través de remates hechos con una batería de cuerdas vocales. En pocos segundos tiene a todo el público en su mano. Algunos pasajeros todavía se rehúsan a voltear, pero con la mirada en el piso o cristal no dejan de poner atención. Una señora le explica a un niño que el sonido viene de su boca, el pequeño no deja de quitar la mirada del amplificador, convencido de que la música viene de ahí. La intensidad de la música sube y se hace más rápida, deja a un lado el Dubstep para jugar un poco con el el Drum & Bass. La velocidad del tren parece que aumenta; de pronto el sonido de la puerta a punto de cerrarse. En el climax, a modo de reto, Abraham dice “Ahora escuchen esto voy a tratar de hacer tres sonidos al mismo tiempo… dum dum dum… el primer sonido…dos…..tres……” Es definitiva la muestra de talento para los pasajeros. Sin que Abraham haya terminado, las dos filas de pasajeros comienzan a sacar monedas, también los pocos que van de pie.  Ni un sonido, las conversaciones se han parado, todo el público se ha rendido ante un espectáculo de “arte urbano” como lo denomina Abraham. Con una voz de robot pide “Monedas, cooperación, monedas, monedas…”

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—¿Qué piensas de las acciones de Miguel Ángel Mancera por retirar a los vagoneros?

—Es un puto hijo de perra.

—¿Por qué?

—Porque nos usa. Yo he ido a eventos de AMLO, Clara Brugada, donde según apoyan el arte urbano y luego salen con estas cosas.

Abraham ha conocido muchas partes del país gracias a su habilidad para hacer música con la boca. Se ha presentado en distintos programas de televisión y radio. Cuando cuenta los lugares que ha conocido, algo de nostalgia se puede escuchar en su reflexión: “A veces pienso que debí haber aprovechado todo el dinero que hice”.  Parte del dinero que ganó antaño se le fue en drogas, tuvo que asistir a un grupo de Alcohólicos Anónimos para dejar atrás las adicciones. Hoy en día está limpio y prefiere invertir su tiempo en una relación que mantiene.

Hace poco estaba aquí en el metro y un morro que se estaba moneando se quiso pasar de lanza con mi chava. Me enojé y pues nos peleamos. Total que llegan los policías y me detienen. Nos querían remitir. Luego me preguntan que a qué me dedico, les dije que beatbox, me preguntan “qué es eso”, me pongo a enseñarles y que se sacan de onda, les gustó un chingo y ahí todos me estaban escuchando. Me dan chance y me dejan ir, pero no querían dejar a mi chava, total que les dije que es menor de edad y que me creen.

En cada ocasión que Abraham sube al metro recolecta entre 40 y 50 pesos, dependiendo de la cantidad de personas, el horario e incluso la zona. Asegura que en General Anaya donde suben algunos estudiantes de la Escuela Nacional de Música y el CENART es donde más dinero gana. “Es gente que aprecia el arte, son chavos que les llama la atención, los he visto con sus instrumentos. Es muy buena esa banda”.

Paulina “La bombochas”

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El sketch que presenta en el metro primero lo practica con sus dos hijas. De ellas depende la calidad que tenga el espectáculo. Y ellas dependen del dinero que pueda conseguir su mamá. Desde luego la cantidad es mayor que la que ganaba en la fábrica de chocolates donde antes trabajaba. Aquí en el metro no hay falla con el flujo monetario, en el antiguo empleo le decían que no habría pago porque no hay dinero. Está feliz trabajando en el metro, las ganancias son mucho mayores, la jornada es más flexible, incluso puede traer a sus hijas.

—¿Cómo es que iniciaste como payaso?

— Fue por mi hermano -El Hijo del Pueblo-, él me dijo que aquí está bien para trabajar, que se puede hacer un poco más de dinero.

La Bombochas parece ser la persona que disfruta más su estancia en los andenes, se pasea con todos y platica animadamente sobre cualquier cosa. Es bastante risueña. Acompaña a sus compañeros en cada presentación, los anima mientras se recarga en la puerta del vagón.

—¿Qué es lo más difícil de ser payaso en el metro?

—Hacerlos reir. A veces las personas vienen cansadas, no tienen humor… pero si logras hacerlos reir aunque sea una vez te sientes muy bien. Una vez vinieron los boinas y me querían sacar, pero la gente les empezó a gritar diciendo que sólo estaba trabajando que no estaba haciendo nada malo, empezaron a jalar al boina para que me soltara y al final me soltó y todos me aplaudieron cuando terminé mi sketch.

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César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com




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