Recomendamos

¿Y los Caifanes que yo conocí?

13 Dic, 2016 Etiquetas: , ,

Tras el reencuentro de la banda de rock, muchos de sus fans esperaban con ansias los conciertos de Caifanes, como el ocurrido el pasado domingo en el Palacio de los Deportes. Sin embargo, el autor de esta crónica deja claro que poco hubo de la música que los encumbró y del feeling de las composiciones que todos esperaban corear a todo pulmón.

TEXTO: CÉSAR PALMA / FOTOS: LULÚ URDAPILLETA / CORTESÍA OCESA

Desde las siete y media el Palacio de los Deportes ya estaba lleno aunque la invitación marcaba el comienzo a las ocho. La prueba de audio reproducía algo muy distinto a lo que esperaba la velada: Stravinsky y Prokofiev. Pero fue hasta las ocho y media que se escuchó el primer acorde: «Los dioses ocultos». El estruendo de los asistentes opacó por momentos el audio de las bocinas; los ingenieros reajustaron. Toda la gente se puso de pie y así se quedó durante dos horas y media, entre lo estático y lo emocionante.

La banda soltó cuatro éxitos de golpe para abrir el concierto: «Para que no digas que no pienso en ti», «Te estoy mirando», «Viento» y «Nubes». El público dejó todo lo que les ayudó a matar el tiempo, cerró los mensajeros de su teléfono, olvidó a su acompañante, dejó de beber cerveza y se pusieron a cantar.

El público estaba encantado, la lluvia de fotones del escenario caía sobre sus cuerpos. Los reflejos del traje de lentejuela de Saúl Hernández iban de un extremo a otro, la vestimenta que se espera de una estrella consolidada. Pero su voz, su ánimo contrastaba con la producción del escenario: era un hombre sin sonrisa, sin la voz de las grabaciones en estudio, mucho menos el hombre eufórico y expresivo de las décadas anteriores. Aún así logró cantar con una voz suave y aterciopelada que gustó. ¿Qué sucede?, me pregunté y la respuesta estaba en una de las pantallas gigantes: vi a un Saúl grande, arrugado, sin la cabellera a lo Robert Smith, serio, a ratos pensativo en quién sabe qué asuntos. Y cuando se dirigía a su público lo hacía como con un guión, frases hechas para levantar el ánimo: «Todo esto es posible gracias a ustedes raza».

caifanes-ocesa-lulu-urdapilleta-16

Luego Saúl continuó con la sesión, con un ánimo más energético, a lo mejor ya contagiado por el fervor del público. Y ni así su interpretación me terminaba de convencer, su voz se desvanecía entre la batería de Alfonso André, que sonaba con alegría, y la guitarra de Roberto Pérez, de quien hablaban los fanáticos, pero sólo para compararlo con el emblemático Markovich y los conflictos entre la banda. De hecho, Pérez no interpretó ningún solo original, únicamente improvisaciones y versiones ajenas al sonido característico de las canciones originales.

Por el contrario, el ánimo y la entrega del tecladista, Diego Herrera, se llevó las palmas en varias ocasiones, sobre todo en su magnífica interpretación de «Mátenme porque me muero» y «Amanece», sin contar los solos de saxofón que regaló el multi instrumentista al Palacio. El tecladista iba y venía de la parte alta del escenario al frente con el público. Cargaba su sax o su teclado, tocaba el piano, el órgano o unas percusiones.

Sabo Romo, bajista, era la calma absoluta; de pie durante varias canciones se apegó a llevar la base rítmica y nada más; hasta entrado el concierto se animó a pasear por el escenario. Poco habló, pero todos lo ovacionaron como si sólo tuviera que tocar y punto.  

caifanes-ocesa-lulu-urdapilleta-6

Desde los palcos, gradas y sillas de pista cada asistente coreó canción tras canción. Muy pocos se animaron a bailar, pero sí se balanceaban con la base new wave de las primeras canciones que hicieron de Caifanes, tal vez, una de las bandas mexicanas más covereadas en bares y fiestas. También gritaron eufóricos y molestos cuando Saúl lanzó un mensaje político previo a la ejecución de «Antes de que nos olviden»: «La verdadera realidad no está en Los Pinos, no está con los senadores; está aquí, cuando te estás partiendo la madre», dijo. La rechifla a la clase política sonó con todo. Nuevamente, me pareció, mensajes ensayados, prefabricados, como versículo sacado de una biblia para azuzar a las masas. ¿Por qué? No lo sé, esa impresión me causó.

Pero también vimos a un Saúl moderado, reflexivo; a lo mejor producto de la parte sombría que todas las carreras explosivas tienen. Se colocó frente al micrófono y esta vez sí cerró los ojos; suspiró un poco más, moduló su voz y cantó «Piedra». Al finalizar la interpretación le preguntó al público: «¿Saben cuál es la mejor forma de combatir las drogas? No consumiéndolas». Hubieron algunas risas y aplausos. Y remató: «Ahí se las dejo nada más.»

caifanes-ocesa-lulu-urdapilleta-7

caifanes-ocesa-lulu-urdapilleta-4

Después de las canciones más efusivas la fiesta continuó con melodías más sensibles para el público. En las pantallas gigantes que flanqueaban el escenario se podían ver rostros de hombres lagrimeando y miradas de mujeres recordando algo. «Detrás de ti», «Amanece», «Aquí no es así», canciones que los Caifanes iban intercalando con pausas más prolongadas en las que se ocultaban tras el escenario. El ritmo del concierto cayó, se precipitó a causa del ¿cansancio? ¿un plan ya definido?

De pronto los músicos se fueron, las luces se apagaron. El público pensó que todo había terminado de manera abrupta; comenzaron a lanzar pisotones al suelo para hacer vibrar el recinto. Y Caifanes salió de nuevo, ahora con un homenaje dedicado a diferentes músicos como Óscar Chávez [«Por ti»], y a algunos fallecidos durante 2016: David Bowie [«Heroes»] y Juan Gabriel [«No me dejes nunca»].

Nuevamente los Caifanes regresaron a la parte de atrás, pero sus seguidores seguían pidiendo más música. Tardaron algunos minutos en salir hasta que regresaron con otro de sus temas más populares: «La negra Tomasa». El público se animó, pero continuaron de pie sin hacer mucho. Solo un puñado de personas en la parte más baja perdió la formación de los asientos y decidió moverse un poco más. La canción se interpretó de principio a fin como en su versión extendida. El tecladista se lució una vez más, también la batería, Roberto Pérez sonó con su propio estilo, pero Saúl Hernández se desvaneció.

Salí del Palacio con una pregunta: ¿Qué clase de Caifanes son estos?



César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com



  • JCarlos Ave

    Por dios, la banda cumplirá este año 30 años !!!! y seguimos con la pregunta estúpida de porqué son diferentes? Que ociosidad y falta de creatividad!

    • csarp

      Cierto, JCarlos Ave. Es una banda icónica del rock mexicano, su trayectoria siempre representará un reto a la hora de escribir. Yo lo intenté desde mi experiencia como escucha de sus discos y como asistente primerizo de sus concierto. Tal vez, sí, mi error fue esperar que fueran los mismos de hace décadas. Evidentemente no lo son. De todos modos aprecio tu comentario. ¡Saludos y gracias por leerme!


Artículo Anterior

Los hombres que arrastran clavos, fragmento de «Una historia de violencia»

Siguiente Artículo

Palabras mayores de las seis menores





También te recomendamos


Más historias

Los hombres que arrastran clavos, fragmento de «Una historia de violencia»

En Una historia de violencia. Vivir y morir en Centroamérica, el periodista Óscar Martínez ofrece 14 crónicas que dan cuenta...

07 Dec, 2016